Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

domingo, 12 de enero de 2014

Pompeya

Bonsoir

¿Qué sentirían ustedes si hubiesen vivido la tragedia del Vesubio? Arion lo vivió con Petronia y ella se salvó gracias a sus indicaciones. Él la amó desde el primer momento en el cual posó sus ojos en ella y ella quedó a su lado sintiendo la libertad.

Arion nos ofrece este relato dedicado a Petronia. 

Lestat de Lioncourt

Pompeya

Las lágrimas que parecían no querer salir de su hermosos y profundos ojos negros, los mismos que esquivaban mi mirada, provocaban en mi alma un tremendo espanto. Temía que un día te deshicieses en llanto y no estuviera cerca de ti para rodearte alejando las terribles pesadillas que se arremolinaban junto a ti. Eran enormes pájaros negros que graznaban tragedias que ni siquiera eras capaz de comprender. Tan joven y oprimida por una realidad trágica que te arrancaba la esperanza.

Contemplabas el atardecer esperando mi llegada. Me sentaba frente a ti ofreciéndote un nuevo traje que lucir, besando tus manos y rogando que el mundo se detuviese y las horas no transcurriesen tan rápidas. Mi piel oscura contrastaba con la tuya y ambos sabíamos que era el peso de las cadenas sin siquiera mostrarnos las heridas de los grilletes. Yo ya era libre, pero tú aún eras presa.

Cepillaba tu largo cabello negro durante horas y después besaba sus hombros, mejillas y frente. En cada beso te dejaba una promesa. Y cuando pude libertar tu cuerpo sentí que tu alma también lo hacía. Te compré para que fueras mi amiga, confidente de grandes secretos y una hermosa presencia que me alegrara las noches con sólo su mirada.

Fiera, fuerte y tenaz. No te dejabas rendir cuando aprendías un oficio para mantenerte tu misma. Te ofrecí compañeros para que ellos trabajaran para ti por un salario digno. Te di la oportunidad de ser una mujer por completo, pero preferías tener la apariencia de un chiquillo desdeñado hasta que yo aparecía. Entonces te perfumabas, vestías esas hermosas túnicas que yo te compraba y me abrazabas con un cuidado excepcional. Temías hacerme daño y yo temía romperte.

Han pasado milenios y sigo a tu lado. No puedo dejarte a pesar de tu carácter porque recuerdo que temías ser feliz. Aún temes esa felicidad. Creo que nunca has podido ser feliz por completo porque el dolor sigue presente. Aún así cuando te tomo del brazo y miro tus ojos veo la libertad, esa furia incontrolable por alcanzar el éxito y una pasión que me seduce por completo. Me enamoré de la fuerza enjaulada que posees y que liberas en cada uno de tus golpes de genio.

Si tú no hubieses existido o no hubiese tropezado contigo estoy seguro que no hubiese podido vivir tantos siglos. Eres mi complemento porque gracias a ti no tengo un vacío en el pecho. Conocí el amor y lo comprendí cuando besé por primera vez tu rostro.

Tú eres el último resquicio que queda vivo de Pompeya.


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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt