Bonsoir
¿Qué sentirían ustedes si hubiesen vivido la tragedia del Vesubio? Arion lo vivió con Petronia y ella se salvó gracias a sus indicaciones. Él la amó desde el primer momento en el cual posó sus ojos en ella y ella quedó a su lado sintiendo la libertad.
Arion nos ofrece este relato dedicado a Petronia.
Lestat de Lioncourt
Pompeya
Las lágrimas que parecían no querer
salir de su hermosos y profundos ojos negros, los mismos que
esquivaban mi mirada, provocaban en mi alma un tremendo espanto.
Temía que un día te deshicieses en llanto y no estuviera cerca de
ti para rodearte alejando las terribles pesadillas que se
arremolinaban junto a ti. Eran enormes pájaros negros que graznaban
tragedias que ni siquiera eras capaz de comprender. Tan joven y
oprimida por una realidad trágica que te arrancaba la esperanza.
Contemplabas el atardecer esperando mi
llegada. Me sentaba frente a ti ofreciéndote un nuevo traje que
lucir, besando tus manos y rogando que el mundo se detuviese y las
horas no transcurriesen tan rápidas. Mi piel oscura contrastaba con
la tuya y ambos sabíamos que era el peso de las cadenas sin siquiera
mostrarnos las heridas de los grilletes. Yo ya era libre, pero tú
aún eras presa.
Cepillaba tu largo cabello negro
durante horas y después besaba sus hombros, mejillas y frente. En
cada beso te dejaba una promesa. Y cuando pude libertar tu cuerpo
sentí que tu alma también lo hacía. Te compré para que fueras mi
amiga, confidente de grandes secretos y una hermosa presencia que me
alegrara las noches con sólo su mirada.
Fiera, fuerte y tenaz. No te dejabas
rendir cuando aprendías un oficio para mantenerte tu misma. Te
ofrecí compañeros para que ellos trabajaran para ti por un salario
digno. Te di la oportunidad de ser una mujer por completo, pero
preferías tener la apariencia de un chiquillo desdeñado hasta que
yo aparecía. Entonces te perfumabas, vestías esas hermosas túnicas
que yo te compraba y me abrazabas con un cuidado excepcional. Temías
hacerme daño y yo temía romperte.
Han pasado milenios y sigo a tu lado.
No puedo dejarte a pesar de tu carácter porque recuerdo que temías
ser feliz. Aún temes esa felicidad. Creo que nunca has podido ser
feliz por completo porque el dolor sigue presente. Aún así cuando
te tomo del brazo y miro tus ojos veo la libertad, esa furia
incontrolable por alcanzar el éxito y una pasión que me seduce por
completo. Me enamoré de la fuerza enjaulada que posees y que liberas
en cada uno de tus golpes de genio.
Si tú no hubieses existido o no
hubiese tropezado contigo estoy seguro que no hubiese podido vivir
tantos siglos. Eres mi complemento porque gracias a ti no tengo un
vacío en el pecho. Conocí el amor y lo comprendí cuando besé por
primera vez tu rostro.
Tú eres el último resquicio que queda
vivo de Pompeya.
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