Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

martes, 24 de junio de 2014

Furia

Furia es un relato donde Claudia, mi querida damita, enloquece al saber por sí misma que no crecerá. Ella esperaba que yo lo admitiera, pero me parecía cruel. 


Lestat de Lioncourt 


Sus pequeños dedos tocaban con gracia los diversos y pesados volúmenes. Cada libro proclamaba verdades importantes en las creencias humanas. Ella buscaba respuestas que no le daban, o más bien esquivaban, desde hacía algo más de una década. Tenía el mentón apretado, sus ojos brillaban con cada título y sus dedos pulsaban el tomo como si fueran pequeños interruptores de cajas de música. Y entonces lo vio. Era un libro especial sobre anatomía. Rápidamente sacó el libro, lo sostuvo entre sus delgados brazos y caminó por la biblioteca a un ritmo frenético.

Al llegar a una de las mesas lo soltó, abrió la tapa y suspiró pesadamente. Sabría lo que Lestat no querría admitir y Louis fingía no saber. Rápidamente, como si fuera una pésima premonición, leyó el título sobre el crecimiento humano “La adolescencia” que supuestamente ella había tenido que pasar, pero que por desgracia no ocurrió. Cada párrafo la desalentaba y finalmente quiso llorar.

No había crecido como ahí se decía. Además, en los libros sobre vampiros decían que tenían aspecto impermutable. Ella le había preguntado más de cien veces a sus padres por su envejecimiento, es decir, por cuándo crecería y se desarrollaría como una joven normal.

Los pasos suaves y cortos de la encargada de la biblioteca, la señorita Stuart, la sacó de sus pensamientos. Era una mujer que rozaba los treinta años, con un elegante recogido y vestida de luto. Había conseguido el puesto de bibliotecaria hacía varios años, poco después de quedar viuda, y siempre tenía mano firme con aquellos lectores que se quedaban algo más de la hora.

—Joven, no debería estar despierta aún. ¿No es muy tarde?—preguntó clavando sus ojos verdes en ella—. Vamos, vamos. Vaya con sus padres ahora mismo... aunque mi trabajo finalizará pronto, ¿deseas que te acompañe? No son horas para que una niña esté despierta.


Aquello sería lo último que diría. Claudia estaba completamente frustrada y que le dijeran niña, en ese crucial momento, la descontroló. Mató de un golpe a la pobre mujer y huyó llorando. Lestat tendría que admitir la verdad, Louis también y ella cargar con ese peso. Debían decirle la verdad, pero bien sabía que la callarían comprándole una muñeca, cosa que odiaba ya. Aquel retrato familiar ya le cansaba y comenzaba a desear que ambos murieran.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt