Furia es un relato donde Claudia, mi querida damita, enloquece al saber por sí misma que no crecerá. Ella esperaba que yo lo admitiera, pero me parecía cruel.
Lestat de Lioncourt
Sus pequeños dedos tocaban con gracia
los diversos y pesados volúmenes. Cada libro proclamaba verdades
importantes en las creencias humanas. Ella buscaba respuestas que no
le daban, o más bien esquivaban, desde hacía algo más de una
década. Tenía el mentón apretado, sus ojos brillaban con cada
título y sus dedos pulsaban el tomo como si fueran pequeños
interruptores de cajas de música. Y entonces lo vio. Era un libro
especial sobre anatomía. Rápidamente sacó el libro, lo sostuvo
entre sus delgados brazos y caminó por la biblioteca a un ritmo
frenético.
Al llegar a una de las mesas lo soltó,
abrió la tapa y suspiró pesadamente. Sabría lo que Lestat no
querría admitir y Louis fingía no saber. Rápidamente, como si
fuera una pésima premonición, leyó el título sobre el crecimiento
humano “La adolescencia” que supuestamente ella había tenido que
pasar, pero que por desgracia no ocurrió. Cada párrafo la
desalentaba y finalmente quiso llorar.
No había crecido como ahí se decía.
Además, en los libros sobre vampiros decían que tenían aspecto
impermutable. Ella le había preguntado más de cien veces a sus
padres por su envejecimiento, es decir, por cuándo crecería y se
desarrollaría como una joven normal.
Los pasos suaves y cortos de la
encargada de la biblioteca, la señorita Stuart, la sacó de sus
pensamientos. Era una mujer que rozaba los treinta años, con un
elegante recogido y vestida de luto. Había conseguido el puesto de
bibliotecaria hacía varios años, poco después de quedar viuda, y
siempre tenía mano firme con aquellos lectores que se quedaban algo
más de la hora.
—Joven, no debería estar despierta
aún. ¿No es muy tarde?—preguntó clavando sus ojos verdes en
ella—. Vamos, vamos. Vaya con sus padres ahora mismo... aunque mi
trabajo finalizará pronto, ¿deseas que te acompañe? No son horas
para que una niña esté despierta.
Aquello sería lo último que diría.
Claudia estaba completamente frustrada y que le dijeran niña, en ese
crucial momento, la descontroló. Mató de un golpe a la pobre mujer
y huyó llorando. Lestat tendría que admitir la verdad, Louis
también y ella cargar con ese peso. Debían decirle la verdad, pero
bien sabía que la callarían comprándole una muñeca, cosa que
odiaba ya. Aquel retrato familiar ya le cansaba y comenzaba a desear
que ambos murieran.
No hay comentarios:
Publicar un comentario