Otra vez Arjun ha regresado a dejarnos uno de sus textos. Otra vez nos hace quedar mal a todos. Gracias, majo.
Lestat de Lioncourt
Puedes escuchar en el silencio de la
noche los sueños que se escapan lentamente de nuestros cuerpos, es
como un murmullo imposible de descifrar. La noche es para los sueños,
pero nosotros caminamos entre los fríos y oscuros callejones robando
vidas, dejando atrás un reguero de muerte y dolor. No importa si es
un villano o un bendito. Una vida es una vida. Son como poemas que
quedan truncados, sin final aparente, en los labios mortecinos de su
asesino. Aún así, no me importa beber de ellos. No siento lástima
eterna por un asesino, un despreciable borracho o un pobre mendigo
que de todas formas, pese a los intentos vanos de unos pocos, iba a
morir de frío, hambre o por enfermedades que lo corrompían por
dentro. Hay muertes más dulces que morir en soledad. Ellos mueren en
mis brazos, Pandora.
Me convertiste en esto. E un ser que
busca la sangre y se regodea con la última gota. El corazón se
acelera, pero luego queda al mismo ritmo que el propio y finalmente
descansa en un mar tenebroso. Me hiciste ser el escritor del final de
muchas vidas. Puse término a cientos de sueños o anhelos. Soy quien
camina bien vestido por ciudades de hombres envueltos en harapos.
Dejé de ser príncipe para mendigar tus caricias, pero aún así mis
rubíes, diamantes y caros atuendos llaman la atención a cualquiera.
Piel bruñida por mi raza, ojos
oscuros, cabello lacio y negro, manos grandes aunque finas,
constitución delgada pese a la musculatura, alto pero sin excesos y
con un alma atormentada. Eso he sido y seré siempre. Quedé
enamorado de ti, Pandora, y mis sueños se convirtieron en mi propia
vida. Tú eras mi sueño, musa y diosa. Caminé por la senda del
dolor y el placer de tu mano. Recorrí mundos extraños y fríos,
otros tan cálidos como alocados. Quedé a tu lado. Pero cuando te
fuiste, mi diosa, decidí dormir para hallarte en ellos. No hay mejor
veneno que los sueños más dulces.
Me acurruqué bajo mi vieja mansión,
tomé una almohada cómoda y cerré los ojos recordándote. Siempre
has sido bella y fuerte, pero a la vez frágil y voluble. Amarte, eso
es todo. Yo sólo quiero amarte. Amarte sin medidas ni condiciones.
Amarte. Y ahora que has vuelto, que te tengo a mi lado, recito viejos
poemas y acarició tus cabellos enredando mis dedos en ellos. No me
odies por amarte, no me temas por quererte. Por favor, quédate a mi
lado.
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