Como bien os comentamos hemos dejado que elijan en el ciclo Navideño cuales son los textos que quieren leer sobre estas fechas. Este pequeño fic es un texto sobre los sentimientos de Armand y una de las travesuras de Benji.
Lestat de Lioncourt
Navidad a tu lado
La nieve es casi inexistente en New
Orleans, por eso cuando cae es todo un espectáculo. El clima tan
frío no es tan común tan al sur, sin embargo aquel día había
caído varios centímetros de nieve. Santino había traído a varias
de sus ratas, las cuales tenían un tamaño similar al de un gato, y
dormían plácidamente frente a la hoguera de uno de los salones del
primer piso. Allí estábamos reunidos Sybelle, Benji, Santino y yo
mismo. Ella tocaba el piano de forma maravillosa mientras el pequeño
jugaba con las ratas con cierta diversión. Santino, sin embargo,
parecía perderse por instantes en las llamas del fuego.
El calor del hogar siempre fue algo que
venía a mis recuerdos, igual que la nieve, el frío, los dedos
congelados, el olor a pintura en mis prendas y el dolor de mi alma al
recordar los retablos. Si bien, podría decirse que era feliz en
medio de aquellos momentos en los cuales la llama de los recuerdos
arrasaba todo. No sabía que podía estar pensando Santino, pues era
cerrado y solía guardar cada pensamiento para él salvo cuando
supusiera algo de interés general.
Algunas de sus ratas quedaron quietas
mirándolo mientras movían sus enormes bigotes. Benji las tomaba en
brazos abrazándolas, pero ellas no lo sentían como un líder.
Santino era el líder de las ratas, de si mismo y en parte de mí.
Para mí sería el hombre que destruyó mi felicidad y me otorgó
otra, mucho más austera y cargada de misticismo. Él quiso acercarme
a Dios cuando fui arrancado de sus brazos.
Cuando él se incorporó y decidió
salir fuera lo seguí. No tenía mucho que hacer allí salvo escuchar
de fondo la música de Sybelle, la cual escuchaba cada noche, y de
permitir a Benji que jugara como si aún fuese un niño, pues esa era
su apariencia y lo sería para siempre. Mis pasos eran más cortos,
aunque también más rápidos, y lo alcancé justo en medio del
jardín mientras miraba hacia los cielos.
-Pronto será Navidad-dijo con aquel
tono suave con su voz profunda, la cual tenía unos matices oscuros
que siempre habían sido mi debilidad. Aquella boca sutil, sus ojos
oscuros y su cabello cayendo sobre sus hombros con esa ropa clásica,
tan clásica como sencilla, me hacían temblar. Veía a Dios en él,
pero también al mismísimo demonio- ¿Has pensado que quieres para
estas fechas? Jamás te he ofrecido algo más que mis lecciones y
compañía.
-No, no deseo nada-respondí quedando a
su altura, con las botas cubiertas por la nieve y mis cabellos
alborotados cubriéndose de pequeños copos blancos.
-Yo sí deseo algo-murmuró girándose
hacia mí mientras permitía que me matara con aquella mirada cargada
de misterio y deseo- Quiero que te quedes conmigo. Sé que tu corazón
está dividido y a pesar que lo niegues no puedes evitarlo. Pero te
pido que te quedes conmigo. Podemos visitar algunas iglesias en éstas
fechas y hablar aún de temas que no han sido tratados.
-Hablas como si creyeras que regresaría
con él- dije molesto mientras notaba como sus manos caían sobre mis
hombros.
-Nunca se puede estar seguro de
algo-dijo depositando un beso en mi mejilla derecha para luego
empezar a escuchar fuertes gritos procedentes de la vivienda.
Ambos corrimos hacia el interior y
encontramos a varias empeladas domésticas llenas de harina,
merengue, mermelada, chocolate y un sinfín de productos usados
habitualmente para la repostería. Todas corrían de un lado a otro
como pavos sin cabeza. Benji reía descarado mientras sostenía tres
de las ratas cubiertas de los mismos productos. Todas terminaron por
subir por las escaleras, hacia la zona de servicio, para poder
limpiarse y quitarse el asco que habían sentido.
-Yo sólo quería añadir una sorpresa
a la tarta de la celebración de ésta noche. Seguro que Lestat
habría visto que era una buena idea-comentó esbozando una sonrisa
que iluminó su rostro árabe.
-¿Cuál?-dije frunciendo el ceño
sintiendo que ya había hecho otra jugarreta.
-Las ratas saldrían de la tarta que
estaban realizando. Había pensado que vistieran gorritos de
fiesta-esas palabras provocaron que Santino riera y tomara a sus
pequeñas amigas, las cuales al menos pesaban más de tres kilos cada
una.
Decidí seguir de nuevo a Santino, el
cual subió por las mismas escaleras que aquellas mujeres, y terminó
adentrándose en uno de los baños para limpiar a los roedores. Estos
comenzaron a nadar en una enorme bañera que previamente había
llenado de agua tibia. Me quedé a su lado, con los ojos fijos en los
juegos de aquellos curiosos animales, y medité sus palabras una vez
más.
-Estoy cansado de sus
desprecios-susurré- Quiero sentirme apreciado-me había arrodillado
frente a la bañera y Santino hizo lo mismo, después me tomó del
rostro y me besó de una forma profunda y ruda que hizo que olvidara
el tema que estábamos tratando.
Aquella noche sentí que el tiempo se
había detenido, sobre todo cuando me oculté en su pecho y olvidé
por completo la soledad que había reinado en mi vida desde que me
desvinculé de él, Marius se olvidó de mí y el mundo se llenó de
tinieblas. Dejé de ser un ángel de alas negras para convertirme por
unos minutos en un chiquillo buscando el calor de otro cuerpo.
El sonido del piano seguía sonando,
como si fuera una caja musical, mientras sentía que a nuestras
espaldas se encontraba Benji observándonos desde la ranura de la
puerta. Podía sentir aquellos ojos oscuros, su tez canela y su
sonrisa infantil esperando a ser invitado para compartir esos
momentos con nosotros y los animales que aún nadaban como si fueran
expertos buzos. Sin embargo, no deseaba compartir a Santino con otro
ser, excepto sus ratas.