Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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miércoles, 11 de diciembre de 2013

Ciclo navideño: Parte I - Navidad a tu lado

Bonsoir mes amis

Como bien os comentamos hemos dejado que elijan en el ciclo Navideño cuales son los textos que quieren leer sobre estas fechas. Este pequeño fic es un texto sobre los sentimientos de Armand y una de las travesuras de Benji.

Lestat de Lioncourt

Navidad a tu lado


La nieve es casi inexistente en New Orleans, por eso cuando cae es todo un espectáculo. El clima tan frío no es tan común tan al sur, sin embargo aquel día había caído varios centímetros de nieve. Santino había traído a varias de sus ratas, las cuales tenían un tamaño similar al de un gato, y dormían plácidamente frente a la hoguera de uno de los salones del primer piso. Allí estábamos reunidos Sybelle, Benji, Santino y yo mismo. Ella tocaba el piano de forma maravillosa mientras el pequeño jugaba con las ratas con cierta diversión. Santino, sin embargo, parecía perderse por instantes en las llamas del fuego.

El calor del hogar siempre fue algo que venía a mis recuerdos, igual que la nieve, el frío, los dedos congelados, el olor a pintura en mis prendas y el dolor de mi alma al recordar los retablos. Si bien, podría decirse que era feliz en medio de aquellos momentos en los cuales la llama de los recuerdos arrasaba todo. No sabía que podía estar pensando Santino, pues era cerrado y solía guardar cada pensamiento para él salvo cuando supusiera algo de interés general.

Algunas de sus ratas quedaron quietas mirándolo mientras movían sus enormes bigotes. Benji las tomaba en brazos abrazándolas, pero ellas no lo sentían como un líder. Santino era el líder de las ratas, de si mismo y en parte de mí. Para mí sería el hombre que destruyó mi felicidad y me otorgó otra, mucho más austera y cargada de misticismo. Él quiso acercarme a Dios cuando fui arrancado de sus brazos.

Cuando él se incorporó y decidió salir fuera lo seguí. No tenía mucho que hacer allí salvo escuchar de fondo la música de Sybelle, la cual escuchaba cada noche, y de permitir a Benji que jugara como si aún fuese un niño, pues esa era su apariencia y lo sería para siempre. Mis pasos eran más cortos, aunque también más rápidos, y lo alcancé justo en medio del jardín mientras miraba hacia los cielos.

-Pronto será Navidad-dijo con aquel tono suave con su voz profunda, la cual tenía unos matices oscuros que siempre habían sido mi debilidad. Aquella boca sutil, sus ojos oscuros y su cabello cayendo sobre sus hombros con esa ropa clásica, tan clásica como sencilla, me hacían temblar. Veía a Dios en él, pero también al mismísimo demonio- ¿Has pensado que quieres para estas fechas? Jamás te he ofrecido algo más que mis lecciones y compañía.

-No, no deseo nada-respondí quedando a su altura, con las botas cubiertas por la nieve y mis cabellos alborotados cubriéndose de pequeños copos blancos.

-Yo sí deseo algo-murmuró girándose hacia mí mientras permitía que me matara con aquella mirada cargada de misterio y deseo- Quiero que te quedes conmigo. Sé que tu corazón está dividido y a pesar que lo niegues no puedes evitarlo. Pero te pido que te quedes conmigo. Podemos visitar algunas iglesias en éstas fechas y hablar aún de temas que no han sido tratados.

-Hablas como si creyeras que regresaría con él- dije molesto mientras notaba como sus manos caían sobre mis hombros.

-Nunca se puede estar seguro de algo-dijo depositando un beso en mi mejilla derecha para luego empezar a escuchar fuertes gritos procedentes de la vivienda.

Ambos corrimos hacia el interior y encontramos a varias empeladas domésticas llenas de harina, merengue, mermelada, chocolate y un sinfín de productos usados habitualmente para la repostería. Todas corrían de un lado a otro como pavos sin cabeza. Benji reía descarado mientras sostenía tres de las ratas cubiertas de los mismos productos. Todas terminaron por subir por las escaleras, hacia la zona de servicio, para poder limpiarse y quitarse el asco que habían sentido.

-Yo sólo quería añadir una sorpresa a la tarta de la celebración de ésta noche. Seguro que Lestat habría visto que era una buena idea-comentó esbozando una sonrisa que iluminó su rostro árabe.

-¿Cuál?-dije frunciendo el ceño sintiendo que ya había hecho otra jugarreta.

-Las ratas saldrían de la tarta que estaban realizando. Había pensado que vistieran gorritos de fiesta-esas palabras provocaron que Santino riera y tomara a sus pequeñas amigas, las cuales al menos pesaban más de tres kilos cada una.

Decidí seguir de nuevo a Santino, el cual subió por las mismas escaleras que aquellas mujeres, y terminó adentrándose en uno de los baños para limpiar a los roedores. Estos comenzaron a nadar en una enorme bañera que previamente había llenado de agua tibia. Me quedé a su lado, con los ojos fijos en los juegos de aquellos curiosos animales, y medité sus palabras una vez más.

-Estoy cansado de sus desprecios-susurré- Quiero sentirme apreciado-me había arrodillado frente a la bañera y Santino hizo lo mismo, después me tomó del rostro y me besó de una forma profunda y ruda que hizo que olvidara el tema que estábamos tratando.

Aquella noche sentí que el tiempo se había detenido, sobre todo cuando me oculté en su pecho y olvidé por completo la soledad que había reinado en mi vida desde que me desvinculé de él, Marius se olvidó de mí y el mundo se llenó de tinieblas. Dejé de ser un ángel de alas negras para convertirme por unos minutos en un chiquillo buscando el calor de otro cuerpo.


El sonido del piano seguía sonando, como si fuera una caja musical, mientras sentía que a nuestras espaldas se encontraba Benji observándonos desde la ranura de la puerta. Podía sentir aquellos ojos oscuros, su tez canela y su sonrisa infantil esperando a ser invitado para compartir esos momentos con nosotros y los animales que aún nadaban como si fueran expertos buzos. Sin embargo, no deseaba compartir a Santino con otro ser, excepto sus ratas.  

Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt