Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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martes, 26 de noviembre de 2013

La fortaleza de mi madre.

Recuerdo de pequeño un lugar que me provocaba escalofríos y miedo. Usualmente me apartaba caminando a paso prieto. Había escuchado miles de historias sobre las fogatas que se alzaban en la noche, lamían los cielos y dejaban atrás una humareda con olor a carne quemada. El suelo estaba yermo y quemado, había un árbol retorcido que jamás conocía la primavera y era de tronco ancho. Todos en el pueblo decían escuchar voces, lamentos y maldiciones provenir del lugar, como si brotaran entre las piedras y las raíces del árbol.

-Madre quiero ir donde queman las brujas-dije de forma insistente una mañana.

Tenía diez años y había estado cortando leña. Tenía que hacer las labores de muchos de los sirvientes porque mi padre había dilapidado la dote de mi madre y su propia fortuna. Mujerzuelas, vino, fiestas y cualquier ocurrencia estúpida era mejor que cuidar a su familia. Ya había quedado ciego por una infección de transmisión sexual, pero eso no le quitaba el seguir gozando de cualquier puta barata. Él y no otros inocentes debieron arder en la hoguera.

-¿Y ese especial interés?-comentó girándose hacia mí mientras seguía con parte de su cuerpo apoyado en el gran ventanal del salón.

-Deseo ver donde destruían a inocentes-repliqué con los puños cerrados.

-¿Crees que todas lo eran?-interrogó con una leve sonrisa clavando su mirada en mí, como cuando quería ver más allá de mis simples acciones.

-Sí. No creo que fueran malas- repliqué.

Había sido apartado de la educación, el monasterio quedó atrás. Mi nivel cultural era bajo, pero eso no implicaba que no razonara ni meditara. Había estado pensando en ellas durante la celebración de los difuntos y semanas demás también lo había hecho.

-Tienes razón, cuando alguien no conoce algo suele temerlo. Muchas no eran brujas con hechizos y conjuros, sólo mujeres fuertes que sabían cuidarse incluso de sí mismas.

-Entonces tú eres una bruja.

Ella me parecía la mujer más fuerte que había conocido jamás. Sus cabellos se deslucían en las lóbregas habitaciones del castillo. Día tras día encerrada y únicamente liberada para asuntos puntuales, pero aún así lo suficientemente fuerte como para demostrar que no moriría aplastada por el llanto. Nunca vi llorar a mi madre. Jamás permitió que mi padre supiera que ella sufría. Se mantenía entera. Ella era de piedra en ese sentido, aunque sabía que yo era parte de su fuerza.

-No hijo, no. No soy una bruja, pues si lo fuera habría mandado al diablo para llevarse a tu padre- dijo en un murmullo con una sonrisa perfecta.

He conocido brujas y cuando las he visto he recordado aquel lugar. Me he estremecido al pensar que pudieran haber caído en manos de esos aldeanos estúpidos llenos de pensamientos paganos como si fueran cristianos, porque así era. Yo no lo sabía en aquel momento, pero la religión se había adueñado de tradiciones ancestrales y señalado a todo aquel que seguía con otras mucho más antiguas. Eran mujeres igual de fuertes que mi madre y por eso amo a Rowan, pues dentro de sus momentos de debilidad ha demostrado ser tan fuerte como mi madre. 


Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt