Nuevamente estoy con ustedes para traeros un texto sobre la transformación de Mael. ¿No desean leerlo? ¿No se mueren de curiosidad?
Lestat de Lioncourt
La auténtica verdad
Cuando la desesperación te aplasta y
no tienes escapatoria cualquier opción es la adecuada. La revolución
no ocurre hasta que el problema nos marca y provoca que queramos huir
allá donde podamos. Los grilletes sólo pesan cuando están en
nuestras muñecas, pues mientras saboreamos la libertad, y yo puedo
hablar perfectamente de ello porque lo viví. No comprendes nada
hasta que las consecuencias te superan.
Recuerdo sus ojos desafiantes en la
oscuridad del bosque. El fuego se avivaba fuera, los cánticos se
entrelazaban con el crepitar de la madera y dentro de aquel roble,
gigantesco y milenario, se hallaba él sediento y algo calcinados.
Aproximé la antorcha que me habían ofrecido para poder observar el
rostro del ser que me haría ser un Dios, como él, y entonces me
estremecí.
Un rostro algo redondo, pero anguloso,
con los ojos intensos de mirada profunda y desesperada. Tenía los
labios agrietados por la sed y los colmillos parecían asomarse en un
tormento oscuro. Sus manos eran huesudas, todo su cuerpo era un
esqueleto en realidad, y la ropa era harapos. Carecía de sandalias o
botas. Estaba aterrado, al igual que yo lo estaba, porque quizás
significaba que aquella noche lo cambiarían por mí o tal vez
buscarían pronto a otro que correría la misma suerte.
-¿Van a quemarme?-preguntó con su
poderosa voz- No quiero sentir de nuevo el fuego. Pídeles que si me
van a matar que no sea con fuego- me pareció ver una lágrima, pero
tenía los ojos secos y algo hundidos.
-¿Eres tú el Dios del Roble?-pregunté
erguido intentando mostrar que no sentía miedo alguno.
-Sólo soy un hijo de la
sangre-susurró-Ustedes me llaman Dios del Roble, pero en realidad
hace mucho tiempo fui un hombre como tú y tuve sueños. Mis sueños
están muertos pero yo sigo vivo.
Siempre había amado las historias y
decidí escucharle. No dudé en desear huir, pero no quería huir
solo. Hice un pacto con él. Me daría el Don y yo le ayudaría a
huir. Aquella noche en mis labios brotó la sangre de varios amigos,
los cuales se transformaron en enemigos al querer que tuviese un
destino tan miserable. No comprendí el dolor del Dios hasta que él
lo narró y mostró, así como no comprendí el peso de la
inmortalidad hasta que se aproximó a mí.