Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

sábado, 3 de septiembre de 2011

Y esta es la historia...




Este fic se lo dedico a mis seguidores más leales y a sus comentarios, especialmente a mí querida Louise.

Los personajes pretenecen a Anne Rice, está hecho por un fan y para fans.

Imagen de Kamijo Yuuji






Y esta es la historia

Siempre me resultó tentadora la idea de jugar con lo imposible, es como si me atrapara con una fuerza extraña. Dados mis deseos de jugar con los dados del destino, de adentrarme por terreno desconocido sin miedo alguno, cierta noche crucé palabras con una mujer.

Recuerdo que las primeras hojas caían ya de los árboles, devastando así el trabajo de la primavera y el caluroso verano. Horas atrás el cielo se había encapotado con nubes grises que pronosticaban lluvia, en ese momento las primeras gotas de un terrible aguacero comenzaban a caer. Mis pasos eran calmados, pues siempre había amado la naturaleza y sus imprevistos. Me guarecí mejor con mi gabardina negra, dejando que el único rastro de mi persona fueran mis rubios cabellos rizados.

-Disculpa.-escuché aquel susurro provenir de un callejón cercano.-Vampiro.-después de aquella confesión sobre mi persona escuché leves carcajadas.-Tengo un pequeño regalo para ti, algo que puede resultarte interesante.

-Ignoro que puedes darme que yo pueda desear.-respondí sin siquiera pararme a contemplarla.

-Algo que no podrías tener de otra forma si no te lo ofrezco.-susurró riendo bajo, siguiéndome finalmente y quedando a mi lado.

Era una mujer de rojos cabellos y piel de porcelana. Sus ojos verdes eran excesivamente enormes para su pequeño rostro. Sus labios estaban fruncidos y pintados de carmín. Sus ropas, qué decir de sus ropas, parecía una de esas chicas amantes de lo oculto y el rock más clásico. Su cuerpo estaba cubierto de cuero y más cuero, completamente vestida con él de pies a cabeza.

-¿A cambio de qué?-interrogué alzando una ceja.

-Dinero, por muy bruja que sea no puedo hacer que crezca de los árboles. Deseo tener una vida digna y opulenta. Sé que tú desearás lo que te ofrezco, lo sé porque te conozco y sé bien a qué vampiro se lo estoy proponiendo. Tú el dinero lo puedes sacar de tus víctimas. Yo soy una bruja, tengo leyes y he de cumplirlas. Si bien, puedo hacer tratos con mortales e inmortales. Créeme, será un regalo que adorará Louis.-eso hizo que parara mi camino y aceptara el aguacero que ya caía finalmente.

-¿A Louis? ¿A mí Louis?-dije girándome hacia ella para ver como sus labios se sellaban con una hermosa sonrisa triunfadora.

-Un niño, te ofrezco un niño.-alcé una de mis finas cejas cuando dijo aquello.-No un niño cualquiera, un niño que sea vuestro. Te ofrezco la posibilidad de tener un pequeño en tus brazos como lazo de vuestro imperecedero amor, un niño vampiro que crecerá lentamente hasta su completo desarrollo.

-¿Y en ese momento?-pregunté con cierta intriga.

-En ese momento parará su crecimiento y será un vampiro común, aunque con vuestra fuerza y belleza.-hizo aparecer entonces dos pequeños frascos.-Uno será para Louis, otro para el niño en su etapa adulta.

-¿Y cómo sabré que funciona?-dije clavando mis ojos en los suyos, intentando indagar en su mirada.

-Eso lo sabrás cuando el vientre de Louis comience a tener forma, entonces te buscaré para que me pagues.

-¿Y por qué no cuando nazca?-interrogué con astucia, podía hacer que Louis se inflara y que no tuviera nada en su vientre.

-Podría ser, tú pondrías las condiciones del pago.

-¿Cuánto?-la idea me parecía tentadora, hacer que Louis bebiera eso a escondidas y tener un hijo de ambos.

-Un millón de euros, nada que tú no puedas conseguir.-ciertamente tenía amasada una suma cien veces superior a la que decía.

Era un hombre extremadamente rico, un rico que jamás moriría. Acumulaba ahorros desde que era un recién nacido en la noche. Había hecho grandes inversiones, tenía dinero para vivir mil años. Esa cantidad no era nada, nada en absoluto, y la tentación demasiado grande. Me froté las manos meditando, pero yo soy más de impulsos y terminé arrebatando los frascos de su mano.

-Te pagaré la mitad cuando nazca y la otra mitad cuando cumpla veinte años, en el momento en el cual beberá el otro frasco. Así me cuidaré que tú hagas alguna argucia y mates a mi hijo. No voy a permitir que me tomen por idiota, no esta vez.-ella rió a carcajadas.

-De acuerdo, tú impones las condiciones.-respondió con una media sonrisa.

Guardé los frascos en mi bolsillo aún preguntándome cómo y dónde entregarle a Louis aquello. Tal vez debería considerarlo con él, pero si se oponía no tendría lo que tanto deseaba. Un hijo de ambos, uno que ocupara parte del vacío que dejó Claudia.

Claudia fue nuestro fuerte vínculo de unión, un lazo que creí que no se podría romper. Mi hermosa niña, mi ángel... mi muñeca. Podríamos tener una nueva oportunidad y tal vez eso haría que yo no me marchara de su lado, sino que me quedara implicando con ello la felicidad de ambos.

Temía al compromiso, al amor que le ofrecía y me ofrecía. Si bien, teniendo algo tan importante entre mis manos no me iría. Sería como una muestra de amor hacia él, de necesidad camuflado en un hermoso regalo.

Durante noches estuve tramando mi plan en secreto. Conseguí una hermosa víctima de la cual extraje sangre y la mezclé con aquella pequeña botella. Aparecí frente a Louis con ella y flores. Últimamente estaba siempre encerrado en la biblioteca, leía libros de todo tipo y por mero placer. Sabía que no se alimentaba bien y era mi oportunidad.

Se veía tan tentador, tan deliciosamente tentador. Sus cabellos estaban algo revueltos, su vista fija en aquellos papeles que para mí no tenían mucha importancia o significado, ya los conocía y no tenía porque volver a ellos. Su camisa blanca estaba desabotonada, ya que tenía encendida la chimenea y parecía sofocado. Aún no era tiempo para tener el fuego encendido, pero parecía que esas maderas crujiendo entre llamas le inspiraban a leer más calmado.

-Louis.-dije en un tono de voz atrayente para captar su atención.

-Ahora no Lestat, ahora no.-murmuró amontonando el libro que acababa de leer.

-Louis no te has alimentado bien, deberías tomar un trago de esta sangre que te traigo. Te prometo que si la bebes me iré.-comenté dejándola frente a él con una sonrisa.

-¿Y a qué se deben las flores? Lestat, tú tramas algo.-respondió tomando la botella entre sus manos.-Alcohol y sangre, mala combinación.

-Oh, Louis.-dije dejando frente a él las flores, apoyando mis manos sobre aquel revuelto de documentos y libros.-Sólo estoy preocupado.

-Ya, por supuesto.-murmuró desconfiado, como siempre, de cualquier acción que pudiera hacer por y para él.

-Louis, te amo. No quiero verte sufrir por la sed indómita que domina tus sentidos. Llevas más de dos noches sin salir, encerrado aquí buscando soluciones al mundo cuando este las desecha por si sólo. Por el amor de Dios, Louis. Por favor, créeme y acepta este regalo que te ofrezco sin segundas intenciones. Sólo quiero hacer que bebas esta pequeña botella de sangre y alcohol. Eres un bohemio, un filósofo bohemio, que necesita calmar su sed ¿o me lo niegas?

-No, no lo niego.-dijo descorchándola.-Pero no te creo, algo quieres. Sin embargo, tengo sed.

Y bebió. Claro que bebió. Yo no mostré interés alguno cuando lo hizo, no quería que viera mis ansias y mi necesidad de triunfo. Me quedé quieto contemplando la leña arder, crujir entre aquellas llamas. Las ascuas saltaban como palomitas de maíz, el calor se expandía y no sólo en la habitación sino también en él.

-Lestat.-su tono de voz era distinto, muy distinto.-Lestat quiero que me abraces.

Cuando giré mi rostro hacia él lo contemplé con las mejillas rojas, tan rojas como manzanas maduras, y sus labios parecían dos cerezas. Estaba excitado, como si esa bebida hubiera sido un revulsivo. Su cuerpo temblaba como si estuviera desnudo y únicamente lo cubrieran mis caricias.

-Louis, ven conmigo.-estiré mi mano hacia él con una de mis sonrisas.

-Lestat.-balbuceó tomándola tras levantarse de aquel asiento, apartándose al fin de su lectura para centrarse en mí.

Estreché su cuerpo entre mis brazos, acariciando lentamente sus cabellos y su rostro perfecto. Sus ojos verdes me regalaron una mirada que desconocía en él, un deseo que nacía de lo más profundo de su alma. Parecía que se apartaba finalmente la máscara, que se mostraba tal cual es sin reparo alguno. Besé su frente mientras se hacía hueco en mi pecho, con una respiración algo rápida y que demostraba lo agitado que estaba.

-Louis, acepta este vals.-murmuré justo antes de sellar sus labios con los míos.

El beso fue lento, aunque él quería volverlo candente. No, no quería que todo fuera precipitado. Deseaba que si se concebía algo aquella noche fuera recordada por especial, no por su fogosidad. Era tentador notar como temblaba mientras desnudaba su cuerpo, tanto como sus leves jadeos cuando apartaba mi boca de la suya.

Desnudé su cuerpo frente a la chimenea, como si fuera un perfecto maniquí. Sus manos se aferraron a mis ropas, sus dedos aprisionaban la tela de mi mi camisa con cierto deseo. Su lívido le jugaba una mala pasada, la pasión despertaba muy fogosa esa noche. Rasgó mi camisa, la hizo trizas, mientras besaba mi cuello y murmuraba poemas en francés.

-No quiero juegos.-susurró antes de morder el lóbulo de mi oreja derecha.-Quiero que me embriagues de placer, hazme descender a los infiernos y después muéstrame el paraíso.

Dicho eso se arrodilló frente a mí. Sus manos se movieron rápidas desabrochando mi cinturón, provocaron también la bajada de mi cierre y la caída final de mis pantalones. Palpó mis muslos besándolos de forma lasciva, mientras su mano acariciaban mi entrepierna sobre mi ropa interior. Yo simplemente lo contemplaba fascinado, jamás lo había visto como una concubina ciega por el deseo.

Cuando sacó mi miembro no estuvo mucho tiempo al descubierto, su lengua dio buena cuenta de él. Cada porción de mi sexo fue lamida y besada antes de ser succionada. Sus labios apretaban mi glande, así como la base de mi miembro. Yo dejaba escapar profundos jadeos y suspiros por su buena labor, pero recordé que deseaba que aquello fuera especial y no por sus hormonas completamente alteradas.

Sin embargo, todas mis buenas intenciones se quedaron en papel mojado cuando me miró. Vi sus ojos rogándome que lo hiciera mío, que le recordara quién era dueño de sus sentimientos. Terminé apartándolo y arrojando todo de la mesa. Tumbé su cuerpo en ella, su pecho contra la madera y su espalda libre para ser besada. Mis besos y mordidas sobre sus hombros eran tan intensas como mis manos sobre sus nalgas. Apreté su trasero antes de empezar a dilatarlo, lo hacía ciego por la anticipación al acto.

Mis dedos ahondaban en él y sus gemidos se volvían más atractivos, cosa que hizo que entrara sin poder evitarlo. Gritó de placer al sentirme dentro y de inmediato comenzó a mover sus caderas. Bendito era mi Louis, mi dulce Louis, que se entregaba a mí de esa forma. No podía calmar su deseo, sólo lo agrandaba con cada toque o movimiento de mi pelvis.

-Je t'aime mon amour, mon ange.-susurré jadeoso, sintiendo al final el infierno bajo nuestros cuerpos y el cielo llamándonos con su canto celestial.

Aquella noche lo hice mío en tres ocasiones, todas como la aquí narrada. Fue como si no nos hubiéramos tenido el uno al hombro por décadas, aunque tan sólo fueron unas noches atrás. Una completa locura que se liberó gracias a ese licor.

Nueve meses después nació él, Leilo. Fue un niño sano, sediento de sangre. Durante el embarazo tuve reproches, golpes, castigos y maldiciones por culpa de Louis. Pero cuando fue nuestro todo cesó. Aquel hechizo era cierto, nos trajo felicidad.

-¿Por ello tenías que traumatizarme contándome como fui concebido?

-Porque hijo mío, si te lo cuento con la historia típica de la cigüeña no suena tan divertido.

-¡Lestat! ¡¿Qué te había dicho?!

-Por el amor de Dios, Louis. Es un joven de quince años, podrá con la verdad...

-¡Yo te mato!

2 comentarios:

Kiseki dijo...

Pero qué malo Lestat, como se calla XDD Claro, como no es él el que va a pringar… Y ahí maquinando su malévolo plan al detalle. “Acepta este regalo que te ofrezco sin segundas intenciones” Sí, claro XDD No se puede ser más cantoso!

Owo Y Louis tomando la iniciativa! Adoré esa parte!

Ajajajaja!!! Pero lo que me he podido reír al final! Anda que contarle eso XDDD

Muy bueno este fic, sí, sí! En serio, me ha encantado! <3

Athenea dijo...

A mí también me ha gustado bastante. Nunca había leído uno parecido. Al principio, no me fiaba de la bruja, pensaba que lo estaba engañando para sacarle la pasta, pero no. La parte final ha sido genial, muy propio de Lestat contarle a su hijo cómo fue concebido detalladamente XDD. Ese hombre es incorregible... Por eso nos encanta. Un fic genial :)

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt