Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

viernes, 17 de mayo de 2013

Entrevista a la Hija del Milenio

Tras una larga pausa en sus entrevistas decidió tomar con delicadeza la próxima intervención. Se hallaba sentado en un salón elegante de un hotel cercano. Había pedido la suite más lujosa y pedido que llenaran la habitación de flores silvestres. Había un enorme mueble revistero donde se hallaban sendos ejemplares de periódicos del día anterior y varias revistas de moda, viajes y arte. La curiosidad de Pandora era intensa y al acceder a su petición decidió que todo estaría conforme a todo lo que él podía recordar de aquella intensa mujer. Una mujer apasionada y que guardaba secretos tras sus enormes ojos, sus sonrisas templadas y su caminar elegante.

La cámara grababa hacia el cómodo sofá forrado de piel en tono crema, los cojines eran rojos al igual que la hermosa alfombra que cubría las losas de mármol. El silencio era acogedor, para nada inquietante como en otras situaciones. Y, aunque la cámara no pudiese captarlo, el aroma a incienso y flores acaparaba todo provocando que todo fuese más cómodo, fresco y natural.

Pandora se hallaba vestida con un vestido rojo en un tono intenso casi granate, tenía tan sólo los labos pintados y los cabellos sueltos perfectamente peinados hacia atrás. Tenía la frente limpia, lo cual provocaba que sus ojos fueran más intensos y te provocaban un ligero escalofrío. Sus manos estaban sobre sus muslos cruzadas una sobre otra sin mostrar nerviosismo alguno.

David estaba a su derecha vestido con un traje de corte clásico, camisa crema como el sofá y corbata roja igual que los cojines. Tenía un aspecto pulcro y elegante, sobre todo por los gemelos pequeños y casi imperceptible engarzados de rubíes en base de oro blanco.

Lentamente alisó la falda de su vestido volteando lo más serena que pudo hacía el joven vampiro, pues una disputa con Marius había alterado un poco su humor; sin embargo, trató de disimularlo con una suave sonrisa entrelazando las manos, dejando estas sobre el escritorio del revistero a la espera de las acostumbradas preguntas.

-Es un placer tenerla aquí- comentó con una leve sonrisa gentil- Es un ejemplo para las mujeres que han sabido vivir una vida plena, o prácticamente plena. Para muchos es una auténtica desconocida, pese a desnudarse en aquel libro que hizo llegar a todos. Pues, muchos dicen que tras sus enigmáticos ojos guardan secretos demasiado dolorosos -estaba realmente entusiasmado de hablar con ella. Podía notarse su energía en sus ojos café, tan profundos como la entrada a una mina de carbón, y en sus labios que no paraban de deslizar sonrisas tenues- ¿Cómo se encuentra en éstos momentos? Es decir, todos deseamos conocer la impresión que tiene de su vida en estos días y los últimos pensamientos que recorren su mente.

Una sutil sonrisa se dibujo en su semblante, provocando que David la respondiera por gentileza y deseo. Se sentía ante una vieja amiga, alguien ya conocida, y sabía que su entrevista sería más relajada que la anterior del Druida Mael.

–Muy bien. Muchas gracias por llamarme a otro encuentro entre ambos desde aquel en esa cafetería no hemos vuelto a cruzar palabra alguna, salvo en ciertas reuniones. Como siempre un placer estar aquí. Con respecto a mi vida no ha cambiado mucho desde aquel entonces, la soledad sigue siendo mi compañera y con respecto a mis últimos pensamientos no son más que cosas insignificantes como leer algún libro pendiente o salir a pasear por algún sendero que me lleve al mar; cosas algo aburridas para algunos sin embargo para mí son gratificantes.

-La naturaleza es tu mejor compañía, así como la literatura, aunque tenía entendido que habías vuelto a ver a Marius- comentó algo sorprendido. Pandora y la soledad era una imagen común en su mente, pero también lo era esa mujer que una vez estuvo conquistada por el talante del que fue su esposo- ¿Aún discuten incansablemente?

-Oh- emitió suspirando pesadamente respondió- mi hermoso Marius, lo amo es verdad e intentamos volver, pero nuestros reproches mutuos lo impidieron. No lo niego su presencia aún después de dos milenios me pone nerviosa, sin embargo creo que nuestra convivencia puede ser definida con escasas horas a la semana.

Recordó las vivencias que ambos habían explicado en sus historias, las enseñanzas de dos seres cuya forma de ser terminaba golpeando su orgullo. Pandora jamás dejaría sus reproches por el abandono de Marius y él no podía dejar de vivir una vida dedicada al arte y a sus nuevos discípulos. Sin embargo, pensar que un amor tan intenso estaba siendo abolido por disputas le entristeció. Eran dos seres milenarios que no habían aprendido del amor y perdón, sin embargo él no era nadie para dar lecciones porque a penas había vuelto a sentir el amor en su pecho, olvidando así a Merrick y el amargo trago que fue saber que había desaparecido para siempre.

-En estos largos siglos ha tenido cientos de experiencias, pero estoy seguro que alguna ha sido la más satisfactoria ¿cuál de ellas? Estoy seguro que a los interesados en su historia están emocionados por saberlo de sus propios labios- su tono era cortés e intentaba encauzar la entrevista hacia un lado más agradable para ella.

-Aunque no lo parezca, fue vivir junto a quien amo por 200 años.. -respondió serena intentando ocultar la tristeza en su semblante y voz.- El fue mi mejor época- si bien, para él fue fácil descubrir como tras aquella mujer digna, firme y de ojos desafiantes había cierto dolor que no podía calmar.

-¿Aún desea comprender el amor? Recuerdo que quería sentirse amada- dijo con una tenue sonrisa- Es amada por muchas personas que han conocido su historia, así como aquellos que han comprendido su personalidad gracias a las palabras de otros inmortales, y yo mismo estoy encantado con tenerla entre mis contactos. Estoy seguro que el amor ha llegado, aunque no sea con una pareja firme sin embargo, deseo saber si aún desea querer experimentarlo de forma intensa.

-Bueno, mis mascotas me aman en cierto modo. Se llaman Pepinillo y Melchor, y son los perritos que rescate ¿Cuentan no? -soltándose a reír recobró la compostura- Soy un tanto seria a decir verdad, les quiero pero no es lo que yo busco...

-¿Y qué busca una mujer como usted?- intervino ansioso de conocer qué podía esperar ella del mundo, o más bien de las almas que lo rondaban. No importaba si eras mortal o inmortal, pues siempre esperabas algo y buscabas con ansias hallarlo aunque no lo demostrases.

-Me canse de buscar, como repito siempre- respondió con celeridad. Su rostro parecía iluminarse en cada comentario. Ella era una mujer hermosa y para nada frágil, pero su corazón tenía sentimientos que provocaban cierto dolor atenazado- Creo que lo único que he encontrado es la soledad, aunque parezca disco rayado. Aprendí muchas cosas gracias a ella, qué más quisiera revivir los años con Marius pero no es y será posible. Una gran brecha nos separa, la cual es acrecentada día a día con nuestros reproches mutuos por múltiples amantes a lo largo de nuestra existencia.

Observó con cierta melancolía el rostro del joven, alargando la mano diestra con suavidad a su rostro despejándolo sus cabellos en un acto puramente maternal. Los gestos sencillos, aunque excepcionales tratándose de quien se trataba, eran sin duda una muestra que tras su máscara de mujer firme, libre y de carácter había una flor delicada cargada de pasión y sentimientos.

–No cometas errores así querido David, no los cometas- murmuró sonriendo con amargura recobrando la compostura una vez más.

-¿Qué relación mantiene con el resto de inmortales? Lestat, de quien dice ser muy parecido a Marius, Mael, Armand y otros se han aproximado a él- comentó con su sutil y carismática sonrisa- ¿Con cuál comparte más vivencias actualmente? O al menos, comentarios en las fiestas donde solemos relacionarnos.

-Mael posee una platica muy agradable igual que Avicus, me agrada sentarme a platicar con ellos durante horas en las fiestas; sin embargo no pasa mas que unas cuantas horas y reuniones esporádicas -respondió con suavidad entrecerrando los párpados.

David alzó ambas cejas intentando comprender para sí como podía ser amable con otros, cuando con él fue tan cortante y prácticamente lo pateó alejándolo del establo. Aún no tenía el placer de conocer a Avicus, pero sin duda esperaba que fuese una entrevista agradable e intensa.

-¿Qué opina de las mujeres que como usted viven en la eternidad?-interrogó- Gabrielle, Petronia, Zenobia y otras tocadas por el Don Oscuro, como así lo llama Lestat al vampirismo- hizo un breve inciso enmarcando una sonrisa- Muchas de ellas tienen un carácter fuerte, sobre todo Petronia, y buscan la libertad de sus acciones. ¿Qué opina de ellas en general? ¿Cuál podría considerarse como una compañía agradable en uno de sus viajes por el mundo?

-Cada una tiene su perspectiva y modo de ver la vida, pero como compañeras no estoy del todo segura pues cada una tiene su vida. Tal vez, entablar breves conversaciones pero el don oscuro nos a hecho independientes a las reglas impuestas muchas veces por los hombres. Creo que en ello todas congeniamos, pero no estoy segura de querer compañía de otras.

Era cierto. El hombre siempre se había impuesto a los hombres, sin embargo ellas se revelaban como auténticas amazonas luchando por su libertad con los encantos de una sirena. Petronia era increíblemente fuerte en sus comentarios y Mona, su mona salvaje y cándida a la vez tan explosiva, era una mujer que no estaba dispuesta a aceptar de otros reglas. Todas y cada una de las mujeres que conocía tenían un valor extraordinario como hembras y como inmortales.

-¿Qué cree que le espera al hombre en el futuro?- era una pregunta que a más de uno ya le había realizado de diversas formas, pero siempre era interesante saber sus distintos puntos de vista.

-No estoy del todo segura, pero por sus acciones no será algo bueno-respondió escueta.

-Ésta era mi última pregunta- dijo estirando sus manos hacia ella, tomando entre las suyas las de Pandora. Eran mucho más ásperas, grandes y gruesas que las frías, delgadas y de dedos largos de ella- Ha sido un placer volver a tenerte cerca- susurró llevando las manos a sus labios para besar ambas en su dorso.

La cámara fue a negro mientras se escuchaba la peculiar risa suave, y escueta, de Pandora. Una risa encantadora, dulce, pese a su aspecto temerario. Era una mujer que vivía la soledad sosteniendo una pose digna sin importarle como la fragmentaba. David era un caballero que quería conquistar su afecto para entregarse a ella como una mano amiga.  

Entrevista conducida por David, 
Salvaguardada aquí. 

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Lestat de Lioncourt