Recuerda la nana que caía por tus
ropas puras,
tan puras como la nieve que te rozaba
y el frío que te cubría mientras la
luna
lloraba por el destino que te tocaba.
Recuerda ese canto amargo entre
lágrimas
y deja que te tome entre mis brazos
para llevarte lejos de esta angosta
cima
donde se desgarra tu vestido de raso.
Eras la novia de un infantil diablo
un ser que te sacaba de tu inocencia
y te colocaba en un oscuro retablo
donde eras la Virgen María de la
ciencia.
Eras la mujer más hermosa que he visto
la misma que tuve que besa en el roble
y que recé y adoré como si fuese
cristo
al sentir que tus sentimientos eran
nobles.
Y decidí amarte de forma entregada
olvidando por completo las reglas
de un juego donde se venden las almas
y a los diablos estas se les regala.
Te tuve entre mis brazos ese día
besé su rostro y tu cuello de cisne
y como si fuese una loca profecía
tuve que replegar mis pasos e irme.
¡Pero ahí estás ahora en mi cama!
¡Ahí con tu vestido blanco de novia!
¡Ahí con ese rostro inmaculado!
Esperando a que bese tus labios.
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