Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

miércoles, 13 de noviembre de 2013

A su recuerdo

Cuando conocí a Merrick sentí que mi corazón se contradecía. Por un lado la maldecía por el daño que había causado, como Louis había caído en la trampa y David se enfurecía; sin embargo, al contemplarla veía una mujer hermosa con sentimientos contradictorios y llena de un sufrimiento extraño por haber sido apartada de la familia, la cual incluso no quería saber que era mucho más poderosas que otras de sus brujas. Sus ojos verdes parecían llamar la atención de todos, inclusive de mí, y sus labios tenían una expresión triste.

Ella deseaba ser tan fuerte como David, inclusive más fuerte que yo mismo, pero el don no siempre es igual. No todos toman el don de la misma forma, ni se moldea el cuerpo del mismo modo y tampoco los poderes son idénticos. Louis jamás tuvo el don de la mente, el mismo don que le hace ser fiero y atacar a cualquiera que se aproxime a él cuando tiene apetito. Si bien ella no quiso escuchar.

Estreché su cuerpo poco después de marcharse de mi lado, fue una visita inesperada. Parecía algo triste y su sonrisa se enturbiaba. No quise hacer caso a esa expresión, pues significaría que ni siquiera haber hecho aquello le hubiese dado felicidad.

Entre mis recuerdos está la noche en la que regresé a mi hogar y vi a David sentado en uno de los sillones. Se encontraba inquieto. Tenía sus ojos café con destellos dorados muy vivos, pero hundidos. Rápidamente se abalanzó sobre mí con una pregunta muda. Sabía que algo malo había ocurrido con ella. Tuve que soportar en mis brazos su llanto amargo mientras yo me contenía. Finalmente ambos lloramos su muerte.


Pero ella ha regresado. Sea como sea, no importa que sea tan sólo un fantasma. Ella ha vuelto a nosotros. Ahora parece algo más calmada. Disfruto cuando aparece y observo sus ojos tan vivos como antes. Desearía darle mayor paz, pero de momento no puedo hacer nada. Tan sólo puedo afirmar que no la odio como algunos dicen que debería, porque a una mujer como a ella no se puede odiar. Hay que comprender su pasado para comprender sus pasos en éste mundo.  

Lestat de Lioncourt

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Lestat de Lioncourt