La noche era tormentosa y fría. Muchas
calles se encontraban anegadas por la tremenda lluvia. El agua rozaba
los bordillos y las alcantarillas ya no podían soportar más litros.
Sin embargo, la tormenta parecía alejarse. Ya sólo era un murmullo
suave que acariciaba la ciudad y posiblemente se iría en menos de
una hora. La mansión se hallaba en aparente silencio. Algunos
inmortales leían en sus habitaciones, conversaban con otros o como
Armand y Benji que jugaban a videojuegos mientras Sybelle se prestaba
a ser de juez.
Lestat era el único que tenía la
música a todo volumen. Bon Jovi sonaba en ese momento explotando en
los altavoces mientras sus risotadas se alzaban por encima del ruido
que provocaba. Rowan estaba con él observando como se desenvolvía
tarareando y aproximándose a ella para besarla. Pronto ambos cayeron
en la cama completamente desnudos.
Gabrielle había llegado a la ciudad
hacía tan sólo unas horas. Deseaba moverse por sus calles porque
quería contemplar los pantanos, los cuales estarían inaccesibles.
Lo único que podía hacer era llevar un 4x4, su propio vehículo,
que permanecía aparcado en el garaje de la mansión desde hacía
prácticamente una semana. Aquel vehículo era de fuerte tracción,
con unas enormes ruedas y un tamaño gigantesco en su totalidad. Sin
embargo, no recordaba donde estaban las llaves. Su nerviosismo era
tal que era incapaz de recordar.
Entonces, en la mansión se pudo
escuchar un grito terrible. Gabrielle había subido a la habitación
de su hijo, abriendo sin llamar, mirando la escena y preguntando como
si nada por las llaves de su propio vehículo. Lestat había gritado
un “Madre” y Rowan corrió a cubrirse con las sábanas.
-Sólo quiero las llaves-dijo
encogiéndose de hombros para luego acomodar su cabello-Las llaves de
mi pequeño bebé. Pienso llevarlo a los pantanos y ver por mis
propios ojos como están. Deseo sentir la vida salvaje muy cerca de
mí.
-¡Pero estaba teniendo sexo!-gritó
levantándose sin pudor alguno aún duro frente a su madre, la cual
conocía a la perfección el cuerpo de su hijo.
-¿Y?-dijo mirando a los ojos a su
hijo- Ni que fuera tan importante el sexo.
-¡Estaba con mi mujer!-respondió
furioso porque no se iba.
-¿Me vas a decir donde están las
llaves?-interrogó dejando sus brazos en jarra- Es importante.
-En la caja negra del garaje están
todas las llaves. Que yo sepa la tuya tiene un pequeño sombrero
negro por llavero.
-¡Es cierto!-exclamó llevándose las
manos a la cabeza-Gracias hijo- se giró hacia la puerta y antes de
irse miró a Rowan- Sigue disfrutando de mi hijo, Rowan.
Al cerrar la puerta Lestat se sentó en
la orilla de la cama mientras ella empezó a reír abrazándolo por
la espalda. Sin embargo él parecía un niño molesto, aunque su molestia se disipó como humo cuando ella comenzó a besar su cuello tirando de él hacia atrás en la cama.
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