Recuerdo las épocas en su compañía
observando sus ojos que me estremecían, así como su diabólica nuca
que siempre me ofrecía, y el placer de las caricias enterradas bajo
la tapa del ataúd. En las noches de luna llena aún puedo encontrar
su aroma en mi pelo. Aquel pequeño monstruo con cara de ángel sin
dejar de ser de enrevesada maldad. El frío nocturno asecha con sus
ojos profundos y sus labios de sonrisa contaminada por la sangre de
los inocentes.
Ella vino a mí, para que la amara. Me
pidió que lo hiciera sin medirme en ningún momento. La tomé entre
mis brazos y acaricié su diminuta sonrisa. Era tan sólo una niña
con colmillos y yo un viejo guerrero cansado de seguir luchando
siempre contra mis impulsos. Tus enormes ojos me contaban historias
que tuvieron lugar siglos atrás y su voz era el de una sirena. Me
arrancaba el corazón del pecho y lo arrojaba a los mares cálidos
del futuro.
Viajamos por todo el mundo y
coincidimos con otros como nosotros. Ella parecía fascinada por el
cambio de las modas en las prendas, peinados y joyas. Sin embargo,
para mí era aún agradable caminar prácticamente desnudo por los
bosques mientras la primavera afloraba allá donde alcanzaban mis
ojos. Tan enloquecedora, tan cruel con otros y bondadosa conmigo.
Jamás quise apartarme de ella y si lo he hecho ha sido porque lo ha
decidido.
Fue una noche como ésta donde el
tiempo se detuvo. Pudo observar mi rostro serio mientras el carruaje
continuaba la marcha y yo me quedaba en mitad del camino, acompañado
únicamente de dos maletas. Escuché su llanto y pude oler su
tristeza mientras las riendas crujían sobre el lomo de los caballos.
Habíamos luchado contra la condena de asesinar a los inocentes que
se interponían en nuestro camino, pero siempre éramos señalados y
más cuando la noche de difuntos se aproximaba. Era como si ellos
pudieran ver en nuestros rostros la innegable verdad.
He estado durante siglos caminando
solo, enterrándome en los bosques y aullando con los lobos mientras
las nieves caían cerca de donde me hallaba cubriendo las pisadas del
ayer. Allí, donde el mundo pierde su nombre porque es desconocido,
estuve buscando motivos por los cuales no corrí tras ella. Tal vez
nuestro tiempo había acabado. Aún así todavía la lloro y la amo,
rindo tributos a su persona y escribo en letras su nombre: Zenobia.
I still I love you.
I know you'll be back.
You will return to the darkness from my
arms.
We will be devils for men and angels to
hell.
Avicus para Zenobia.
El Jardín Salvaje
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