Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

sábado, 18 de enero de 2014

Nadie como tú

Bonsoir mes amis

Bienvenidos a una noche más. Arion nos trae un texto conmovedor sobre Petronia. Espero que lo lean, comenten y disfruten.

Lestat de Lioncourt


Nadie como tú

La observaba con los ojos fijos en sus manos. Tenía unas manos finas que parecían frágiles como la porcelana, pero eran rápidas y firmes. Ella poseía una paciencia ilimitada con aquellas artesanías, pero no así con el resto de seres que la rodeaban. Sabía que en su mente llegaban recuerdos de Pompeya y por supuesto de cada una de esas aventuras que ni siquiera él sabía, pero eso era algo que guardaba para sí y no compartía. Sin embargo, tras tantos siglos juntos comprendía cada uno de sus movimientos. Sabía que se dejaba llevar por las emociones mientras las joyas tomaban forma en aquellas manos expertas.

-Petronia-dijo tras más de una hora en silencio sentado en el fondo de la sala, con las manos sobre sus muslos y el cuerpo recto otorgándole cierta magnificencia- Petronia, hija mía.

-Maestro me distraes- murmuró endureciendo sus facciones para girar suavemente su rostro hacia él. Aquel rostro de profundos ojos oscuros de largas pestañas, perfectas cejas y mandíbula sutilmente masculina, le estremecía. Deseaba besar sus pómulos de mármol y rogar que se detuviera por unas horas para acompañarlo, pero aquella mirada firme le recordaba que necesitaba su espacio y una libertad personal muy peculiar- Si sigues distrayéndome jamás terminaré este camafeo y créeme que no te agradará como me siento al respecto.

-Puedes acabarlo mañana-comentó incorporándose para caminar hacia ella.

Deseaba estrecharla sin importar nada en absoluto. Quería hundir su rostro en su cuello, acariciar con cuidado sus largos cabellos negros y peinarlos para luego trenzarlos con habilidad. Pero ella quería silencio, soledad y sus herramientas de trabajo junto a su caja de materiales.

-Puedo empezar a gritar, destrozar la habitación y marcharme-dijo clavando aquellas dagas negras en él mientras sin importarle nada él avanzaba- Mi querido maestro ¿quieres que discutamos?

-¿Cuánto hace que no cepillo tu pelo y lo trenzo con esmero?-preguntó sacando una suave sonrisa en el rostro de su criatura- Antes lo hacía cada noche.

-Antes parecía importarte más mi presencia y mis ausencias-susurró girándose para seguir con aquella talla.

Era la diosa Minerva. Había decidido recrear el casco de la diosa porque sentía que era similar a ella. La diosa tenía carácter e inteligencia y era sin duda una luchadora tenaz. Petronia no se había olvidado de los dioses que una vez poblaron la tierra con sus enormes edificios, sus vírgenes, sacrificios y esculturas que engalanaban las calles de todo el Imperio.

-Siempre me has importado-su voz se volvió profunda y llena de tristeza.

-¡Arion te he dicho que me dejes!-exclamó al sentir sus manos soltando sus herramientas para golpearlo, pero él detuvo sus manos agarrándola por las munecas para llevarlas a sus labios y besar sus dedos con mesura- ¡Arion!

-Petronia-susurró arrodillándose frente a ella para verla desde aquel ángulo- Mi fuerte Petronia. Tú siempre me has importado.

-A ti sólo te importa jugar al ajedrez o las cartas con ese viejo chocho que jamás debí crear-respondió intentando alejarse de él, pero finalmente la tomó de la cintura rodeándola con sus brazos- ¡Maestro!

-Perdóname-aquello brotó de sus labios con firmeza pero en un tono suave, como si fuera una caricia- Perdóname por no comprenderte.

Petronia lo abofeteó de inmediato, pero después dejó sus manos sobre sus hombros y suspiró resignada. Él le había dado la vida y una oportunidad que nadie se atrevía a ofrecerle. Si bien con cuidado apartó sus manos de su cuerpo y él se incorporó besando estas, así como su rostro y sus hombros. Después, con cuidado, tomó un cepillo que se hallaba en un tocador cercano y deshizo la trenza del cabello de Petronia para cepillar cada mechón con cuidado mientras ella seguía tallando aquel camafeo.


Por una noche no discutirían y Manfred tendría que soportar el silencio de ambos, la distancia y el recuerdo pesado de Virginia Lee en su habitación rodeado de la penumbra que siempre se instalaba en sus noches eternas.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt