Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

jueves, 20 de marzo de 2014

Conversaciones con Avicus

Bonsoir 

Mael me ha pedido que publique esto para que todos logren ver parte de sus vivencias con Avicus. Espero que les agrade.

Lestat de Lioncourt


Sentados frente a frente en medio del jardín observábamos los rasgos que iluminaba el fuego. Comenzaba la primavera, un tiempo mágico. Las flores comenzaban a dispersarse por entre las ramas de los árboles, arbustos y pequeñas macetas. Podías contemplar una numerosa variedad de plantas que iban desde el jazmín, el dondiego, rosas o margaritas. El césped había crecido con las recientes lluvias y posiblemente sería cortado, pero de momento se veía un manto salvaje y verde que se extendía por toda la finca. Avicus parecía silencioso, como siempre, observando y desafiando al silencio a permanecer refugiando a ambos.

—Pronto vendrá el tiempo caluroso por estas tierras—dijo recordando que la humedad siempre permanecería, pero el calor en New Orleans se intensificaba nada más empezar la primavera y no se iba hasta bien entrado el otoño. Aún así era un clima agradable comparado con otras zonas.

—Sí, así es—susurró mirando sus manos.

—¿En qué piensas?—lancé mi pregunta intentando que hablara de una buena vez—. ¿En la estúpida esa?

—No, no pienso en Zenobia—dijo con una leve sonrisa amarga—. Pienso en como se encuentra Lestat.

—Al diablo ese idiota—respondí en un gruñido—. Él nunca se habría preocupado por ti o por mí. Lo sabes. Sólo le interesa sus más cercanos y ya. Olvídate y deja de sentirte mal por alguien que no quiere entender jamás que se mete en líos, sí o sí, y nos arrastra a todos.

—Tiene carácter como tú. Posiblemente raíces celtas—aquello me hizo achicar los ojos y torcer los labios—. Mael deja de hacer esa mueca.

—Mira con referente a Lestat sólo sé que aún llama a Marius. Marius y él son igual de tozudos e idiotas. Igual de imbéciles. Admitamos que parecen padre e hijo y que no nos interesa que ocurra—me crucé de brazos y él se incorporó para acercarse a mí, sentándose a mi lado, y tomando mi mentón para verme bien a los ojos—. ¿Qué?

—¿Por qué no admites que te preocupa?—preguntó—. O ¿por qué no admites que Marius te agrada?

—¡Calumnias!—grité sonrojándome por primera vez en mucho tiempo.

—Tu coraza es dura, pero yo puedo ver a través de ella—dijo riendo bajo para luego explotar en carcajadas.

—Que simpático—mascullé mientras me rodeaba con sus fuertes y anchos brazos, sintiendo su pecho contra mi cabeza y notando que tenía razón.

Todo vampiro es algo huraño, pero eso no nos hace indiferentes. Somos sentimentales, orgullosos, tercos, aventureros a veces y por supuesto cercanos al dolor. La belleza nos deslumbra por igual y el amor nos contagia. Yo mismo he amado muchas veces, aunque ciertamente no de forma tan intensa como lo he hecho con Avicus. Quizás porque él me ha descubierto un mundo intenso, cargado de armonía y silencio.

—Te amo—susurró buscando mis labios para besarme de forma ruda como besa un guerrero.

Los insectos sonaban, el fuego hacía crujir los maderos y la noche parecía cargada de magia. Sin embargo mi realidad era mucho más poderosa y el murmullo de sus dedos acariciando mis cabellos era intenso, gratificante y conmovedor. Avicus siempre sería mi creador y compañero, aunque en ocasiones pasaran siglos sin saber de él. De algún modo siempre estaría conmigo, a mi lado, guardando silencio y esperando que estallara una discusión.


No obstante el dolor del “Príncipe” era notorio y a todos nos afectaba. Ver a un hombre destrozado era ver el reflejo de muchos de nosotros cuando el dolor nos carcomía. Esperaba que pronto la esperanza regresara, aunque no tenía siquiera yo esa brizna que a veces enciende la ilusión. Si bien recostado contra el pecho de mi compañero, con su aroma impregnando mis prendas, me preguntaba si yo alguna vez me había hundido tanto por su partida y si lo haría si algún día volvía a suceder.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt