Te fuiste lentamente y en silencio,
dejando que el camino borrara tu
huella.
En tu senectud se podía leer la guerra
en las cicatrices de tu pose regia.
¿Has logrado comunicarte al fin?
Los viejos dioses guardan tus palabras
aguardando tu regreso para que las
abras.
Sé que algún día nos encontraremos.
Nunca pusiste a tu alma un precio,
sino que fuiste libre en cada momento
buscando la libertad y el conocimiento
en las raíces de la tierra, tu guía.
Seré el guardián eterno de tu jardín
lleno de dibujos hechos en el aire
mientras movías tu falda en el baile,
ese que conmemoraba la vida que
tenemos.
En los árboles encerrados están los
secretos,
en los cielos se escapan suspiros de
gloria
y en el amor se halla la verdadera
felicidad.
Te amé calmado y también te amé con
furia.
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