Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

jueves, 27 de marzo de 2014

Por un beso

Bonsoir 

Arion y Petronia tienen sus momentos en cierta románticos, aunque siempre poseen también un poco de humor y violencia. 


Lestat de Lioncourt



La primavera había llegado a Nápoles. El clima se había llenado de inestabilidad. Algunas noches era fresco y otras caluroso, había pequeñas lloviznas pero luego podías ver las estrellas en los montes, y sobre todo era agradable pasear por las calles observando los pequeños cambios. Los árboles comenzaban a cubrir sus ramas desnudas y las macetas se llenaban de flores. En los jardines era habitual ver parejas de la mano a primeras horas de la noche. Los café, bares y demás antros nocturnos iban tomando vida más allá de los fines de semana. El mundo se estaba llenando risas, palabras indiscretas, comentarios al azar y una sensación de pasión intensa.

Petronia se hallaba en el balcón. Su menuda silueta estaba inclinada hacia delante y sus codos se encontraban apoyados en la barandilla. Tenía el rostro sereno y el cabello al aire. La suave brisa movía la fina tela de su vestido. La noche era agradable y ella había decidido sacar toda su feminidad.

—Es una noche magnífica para contemplar a una musa—dijo con su voz templada y masculina provocando que ella se girara.

Era Arion. Se encontraba en la entrada al balcón. Su camisa blanda de algodón estaba ligeramente abierta, los tirantes negros marcaban su pecho y los pantalones negros de pinza eran muy elegantes. Llevaba uno de esos mocasines de cuero que solía adquirir en las tiendas más exclusivas de Roma. Tenía un sombrero de ala ancha sutilmente colocado de lado y los puños de su camisa estaban remangados hasta su codo. Posiblemente había estado reunido gran parte de la noche. Ya habían dado las doce y ambos se encontraban por primera vez en una semana. Había huido de sus brazos, alejándose en los pantanos de New Orleans y visitando a Quinn. Ella sentía cuando la necesitaban y se preocupaba por el muchacho, aunque éste pensara que era un monstruo cruel sin corazón.

—¿Dónde estabas?—preguntó sin girarse a contemplarlo.

Los ojos dulces y profundos de Arion jugaban por las curvas poco acentuadas de Petronia. Tenía unas caderas casi diminutas, pero al poseer cierta delgadez se marcaban un poco más de lo normal. Sus hombros eran pequeños y su espalda estrecha. Tenía un bonito trasero que hacía que ese traje, ese en concreto con la espalda descubierta, se viese erótico. Sus largas piernas no se podían disfrutar, pero él las imaginaba bien torneadas bajo la tela del vestido que caía hasta sus tobillos. Llevaba tacones y eso era todo un reto. Ella no solía ser tan femenina, pero parecía querer provocar un cortocircuito en la mente de su compañero y maestro.

—He estado reunido en el local The Night durante más de dos horas. He cerrado un acuerdo importante con una joyería en París, muy cerca de Versailles—dijo llevando sus manos a los bolsillos mientras se apoyaba en el quicio de la puerta—. ¿Y tú?

—Hablar con el inútil de nuestro creado—susurró.

—¿Cuál de ellos?—comentó tras una enorme risotada y con un tono divertido.

—El único que continua deseando vivir como un mortal—dijo girándose para verlo.

Durante unos segundos ambos clavaron la mirada el uno en el otro. Arion disfrutaba enormemente viendo así a Petronia. Aunque llevara un escote barco sus pequeños senos se veían realzados. Tenía en el cuello una cadena de oro con un camafeo que él le había regalado. No era la única que sabía crear joyas, pues en realidad él le había enseñado a ella.

—Ya deja que se estrelle si lo desea—contestó encogiéndose suavemente de hombros.

—Esa mujer no es buena para él—nunca le había agradado Mona, tal vez porque era demasiado seductora y a veces hacía lo que quería. Pero Petronia también lo hacía. Posiblemente era mera rivalidad femenina que un hombre no puede entender.

—Petronia...—dijo tras un largo suspiro en forma de regaño.

—No me hables con ese tono—comentó girándose hacia él para verlo así vestido, cosa que intensificó sus celos.

—¿Y cómo debo hablarte?—murmuró divertido inclinándose hacia delante mientras ella se dirigía a la entrada.

—Ya nada. Me había puesto el mejor traje que tengo para ti y ni siquiera me has dicho nada—dijo molesta achicando sus ojos.

—Te lo dije cuando llegué—se irguió dejando de estar apoyado para bloquear el paso hacia el salón, el cual se hallaba bien iluminado a sus espaldas. El pan de oro, los muebles clásicos, los frescos y grandes obras artísticas se veían conferidas con un toque único de belleza y simbolismo. Un lugar donde cualquiera desea refugiarse aunque fuese de una terrible discusión.

—Aparta, que me voy—comentó con los brazos en jarra.

—¡No!—dijo desafiante mientras la tomaba de los brazos, justo bajo la zona de los hombros.

—Arion me sueltas o te suelto tal bofetón que sales volando a la luna. ¿Me enti... —decía agitándose para deshacerse de él, pero Arion se apoderó de sus labios y calmó a la fiera durante algunos minutos.


Ambos se habían extrañado y por lo tanto necesitaban contacto. Un abrazo y un beso ofreció a los dos un momento especial y único. Sin embargo, cuando finalizó, Arion sintió ese bofetón fuerte y contundente de su gran amor. Después escuchó sus tacones por toda la vivienda mientras gruñía remangándose la falda. Él no pudo evitar soltar una carcajada e ir tras ella. Petronia siempre sería una mujer de fuerte carácter.

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt