Diamantes de café, oro negro,
que brilla ensalzando tu piel
hecha con nieve perpetuas
que saben a hidromiel.
Y en tu sangre el cáliz
que fue ofrecido por los dioses
allá entre las arenas del Kemet
de aroma dulce y color ocre.
Te hablé mientras dormías,
yaciendo callada y sola,
donde reinabas observando las estrellas
que un día conquistaran roma.
Tú, diosa de Egipto, te llamo
para que te unas a éste aquelarre
donde la magia yace en corazones
que hoy, como ayer, ya arden.
Lestat de Lioncourt
Dedicado con todo mi corazón a Akasha
1 comentario:
Un poema precioso, sin duda. ^^ Me ha gustado, sobre todo, el último verso. :)
Quería mandarte un email para pedirte que, por favor, si es posible, me explicases un poco más en detalle qué ocurrió, pero no lo he hallado en tu perfil de blogger, así que, si te parece bien, aunque sea por privado a través de tu página de Facebook, si me lo envías o te envío yo el mío, me gustaría saber más, siempre que sea posible.
De nuevo, gracias por tu amabilidad al explicarme las cosas, de verdad.
Un beso,
Mekare.
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