Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

domingo, 6 de abril de 2014

Amar hasta su carácter

Bonjour 

Comenzamos la noche con Arion y Petronia. Ésta pareja siempre nos da para momentos divertidos o distintos. 


Lestat de Lioncourt


A penas había movido un músculo o pestañeado. Se encontraba concentrado en aquel tablero de ajedrez. Sus ojos oscuros seguían cada trazo de las hermosas figuras de marfil. La mesa era redonda, justa en su tamaño, y con un pie extremadamente atractivo. Manfred estaba frente a él con su semblante serio, sus manos arrugadas y manchadas con síntomas de vejez sobre el borde de la mesa y sus ojos, pequeños y vivarachos, jugueteando de igual modo con las piezas.

—¡Por supuesto que estabais aquí!—tronó la voz de Petronia cuando se abrieron las puertas—. ¡Par de zopencos inútiles! ¡Sólo eso sabéis hacer! ¡Me tenéis molesta y cansada!

—¿Qué ocurre?—preguntó desviando la mirada para contemplara.

Vestía un traje muy clásico, pero sin corbata, y parecía dispuesta a salir a resolver algunos negocios. Sus ojos eran llamativos por su pasión y su boca se veía ruda, masculina y para nada sensual como cuando sonreía. Sus pómulos estaban marcados y parecía el rostro de una gorgona. Furiosa, completamente desatada, y con ganas de empezar una discusión que no llevaría a nada bueno.

—¡Para colmo lo preguntas así! ¡Maldita sea! ¡Desgraciado!—gritó acercándose a él—¡Imbécil!—espetó marcándole la cara con un fuerte bofetón.

—Pues sí—dijo calmado mientras notaba como Manfred se alteraba y se alejaba.

—¡No huyas Loco!—lo señaló con ganas de agarrarlo, pero Arion la tomó del brazo y provocó que lo abofeteara de nuevo— ¡Quítame tus sucias manos de encima!

—Dime ¿por qué tanto alboroto?—preguntó mirándola a los ojos mientras ella contenía la rabia por unos segundos.

—¡Tienes a otra! ¡He encontrado una nueva colección que no me has mostrado! ¡Tienes a otra!—se revolvió agarrándolo del cuello— ¡Miserable!

—¡Lo vas a matar!—dijo Manfred armándose de valor mientras comenzaba a llorar— ¡Suéltalo!

Con cierta dificultad Arion se apartó de ella y la miró desafiante, con una sonrisa en los labios que pocas veces ella lograba ver. Esa sonrisa de satisfacción que provocaba que su rostro se llenara de un atractivo distinto y prácticamente se iluminara.

—La colección de los reptiles—susurró y ella chilló histérica tirando la mesa, y por lo tanto el tablero con sus piezas—. Era un regalo sorpresa ¿a caso pensabas que iba a dárselo a otra?—aquello no la apaciguó, pero sí la detuvo—. Es hermosa ¿verdad? Sobre todo las serpientes y ese broche que aparenta ser el ojo de un caimán...

—¡Por qué!—masculló empujándolo— ¡Por qué no me lo dijiste negro miserable!

—Porque era una sorpresa—repuso encogiéndose de hombros—. Por eso.

Petronia lo abofeteó y salió de la habitación farfullando, pero en sus ojos se notaba la ilusión. Había creado aquellas joyas para ella y las luciría. No le importaría que pudieran pensar de esos extravagantes collares de serpientes multicolores, anillos que aparentaban estar hechos con escamas o el colgante del ojo del caimán. Eran para ella y los luciría aunque fuese tan sólo para discutir con aquellos dos inútiles.


Arion guardó la calma, pero cuando se alejó lo suficiente empezó a reír bajo. Estaba enamorado de ella, incluso con ese carácter que se gastaba. Pues él la amaba incluso con aquellos arranques, porque demostraba que realmente había un alma tras esa máscara perfecta que era su rostro.

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt