Nuevo Archivo de TALAMASCA de mano de David Talbot, que ha decidido desempolvar viejos casos, para que ustedes puedan leerlos.
Lestat de Lioncourt
LA OTRA VIDA
La siguiente historia ocurrió en
Londres, las mismas calles que vieron nacer a varios de nuestros más
ilustres dirigentes. Sí, estas calles llenas de encanto y secretos.
Todos conocemos los crímenes sangrientos que ocurrieron en ellas,
pero pocas veces apreciamos los nacimientos más relevantes o las
muertes más curiosas, que no sangrientas, que aquí han sucedido.
Todo comenzó el 6 de Octubre de 1868,
un invierno duro para todos. En uno de los barrios obreros, donde la
inmundicia cubría todo, se levantaba un pequeño ataúd que había
sido velado durante dos largas noches por una madre destrozada y un
padre hundido. El pequeño cuerpo que había en su interior, inmóvil
y con sus prendas de los domingos, era el de Allan Smith de siete
años de edad.
La comitiva enfiló hacia el cementerio
intentando concentrar sus mayores esfuerzos en apoyar a la madre, la
cual llevaba en sus brazos al pequeño Sam, pues parecía
desvanecerse por instantes. Allan era el hijo mayor y había crecido
fuerte y sano hasta el verano. El pequeño comenzó a enfermar, las
fiebres eran recurrentes del mismo modo que sus pesadillas y solía
ver cosas que nadie más veía. Muchos estaban convencidos que eran
las fiebres, pues les hacía delirar, pero otros opinaban que era un
demonio que había entrado en su pequeño y tierno cuerpo. Sea como
sea, el pequeño, encontró la paz reuniéndose con su creador.
El entierro fue trágico, pues tan sólo
estaba comenzando a vivir y a conocer lo duro, pero maravilloso, que
era el mundo que le rodeaba constantemente. El pequeño había dejado
una brecha terrible en la familia y cuando regresaron al hogar la
madre no podía dejar de llorar, temblar e incluso se repetía a sí
misma que había sido su culpa. El pequeño Sam lloraba en su cuna,
sin ser cuidado por su afligida madre, y Allan Smith, el padre del
pequeño Allan, abría una botella de whisky de mala calidad para
poder quitarse la sequedad de la garganta.
Tres días más tarde apareció la
policía frente a la casa. El padre pensó que se debía a un error,
pero cuando estos pasaron visiblemente afectados, con el rictus de su
cara lleno de consternación, sintió que no podían estar
engañándolo. Pidieron al hombre que se sentara y que no avisara a
su esposa hasta que el asunto fuese aclarado.
» —Sr. Smith debemos comunicarles,
mi compañero Charles y yo mismo, que hace unas noches alguien
escuchó ruidos próximos a la tumba de su hijo Allan—dijo
provocando que el padre reaccionara llenándose de furia y también
de un dolor casi imposible de soportar.
—¿Quién ha sido?—preguntó
apretando sus puños con fuerza.
—El centinela del cementerio decidió
inspeccionar la zona, pero no había nadie. Los ruidos venían de
dentro del ataúd y decidió sacarlo con gran esfuerzo—explicó—.
Supuso que el pequeño podía estar vivo.
—¿Qué?—se llevó las manos a la
cabeza y después al uniforme del agente—. ¿Qué ocurrió?
—El pequeño estaba dentro, con
claros síntomas de hipotermia y asfixia. Anoche quedó estable, pero
le hemos informado hoy, a primera hora como usted ha podido
comprobar, porque no era casi imposible de encontrar la vivienda—dijo
con calma mientras veía como el hombre recuperaba la vida en su
mirada.«
Lo que nadie, ni siquiera el señor
Smith, podía imaginar es que ese pequeño, de ojos azules y cabello
azul cobrizo, no traería precisamente la felicidad. Al llegar con el
pequeño, lo presentó a su madre como un milagro, ésta reaccionó
de forma terrible rechazándolo. Ella no podía aceptar que su
pequeño había regresado, algo que para otras madres hubiese sido un
increíble milagro. Decía ver el mal en sus ojos azules y redonda
cara blanquecina.
Una semana más tarde encontraron al
pequeño ensangrentado, llorando por las calles, y al personarse en
su vivienda se encontraron los cuerpos de su hermano pequeño, su
madre y su padre asesinados, descuartizados de la forma más
horrible, y él lloraba incesantemente. Sus pequeñas manos estaban
manchadas de sangre, igual que su pijama, y parecía estar en medio
de una terrible conmoción.
Al no tener más familia en la ciudad,
y al no quererse hacer cargo nadie, lo llevaron a un orfanato donde
ocurrieron sendos suicidios de profesores, accidentes terribles de
alumnos y algún que otro animal. El muchacho despareció del mapa,
como si los propios infiernos lo hubiesen acogido, durante años. Se
supo de nuevo de él poco antes de los crímenes de Jack “El
destripador”. Después, silencio de nuevo.
Algunos de nuestros laureados
investigadores han intentado seguir sus pistas, pero no han hallado
nada. Ni siquiera pueden asegurar que los crímenes fueron cometidos
por él. La asombrosa resurrección y vida de Allan Smith sigue
siendo un misterio sin resolver.
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