Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

sábado, 17 de mayo de 2014

La otra vida

Nuevo Archivo de TALAMASCA de mano de David Talbot, que ha decidido desempolvar viejos casos, para que ustedes puedan leerlos. 

Lestat de Lioncourt 

LA OTRA VIDA 


La siguiente historia ocurrió en Londres, las mismas calles que vieron nacer a varios de nuestros más ilustres dirigentes. Sí, estas calles llenas de encanto y secretos. Todos conocemos los crímenes sangrientos que ocurrieron en ellas, pero pocas veces apreciamos los nacimientos más relevantes o las muertes más curiosas, que no sangrientas, que aquí han sucedido.

Todo comenzó el 6 de Octubre de 1868, un invierno duro para todos. En uno de los barrios obreros, donde la inmundicia cubría todo, se levantaba un pequeño ataúd que había sido velado durante dos largas noches por una madre destrozada y un padre hundido. El pequeño cuerpo que había en su interior, inmóvil y con sus prendas de los domingos, era el de Allan Smith de siete años de edad.

La comitiva enfiló hacia el cementerio intentando concentrar sus mayores esfuerzos en apoyar a la madre, la cual llevaba en sus brazos al pequeño Sam, pues parecía desvanecerse por instantes. Allan era el hijo mayor y había crecido fuerte y sano hasta el verano. El pequeño comenzó a enfermar, las fiebres eran recurrentes del mismo modo que sus pesadillas y solía ver cosas que nadie más veía. Muchos estaban convencidos que eran las fiebres, pues les hacía delirar, pero otros opinaban que era un demonio que había entrado en su pequeño y tierno cuerpo. Sea como sea, el pequeño, encontró la paz reuniéndose con su creador.

El entierro fue trágico, pues tan sólo estaba comenzando a vivir y a conocer lo duro, pero maravilloso, que era el mundo que le rodeaba constantemente. El pequeño había dejado una brecha terrible en la familia y cuando regresaron al hogar la madre no podía dejar de llorar, temblar e incluso se repetía a sí misma que había sido su culpa. El pequeño Sam lloraba en su cuna, sin ser cuidado por su afligida madre, y Allan Smith, el padre del pequeño Allan, abría una botella de whisky de mala calidad para poder quitarse la sequedad de la garganta.

Tres días más tarde apareció la policía frente a la casa. El padre pensó que se debía a un error, pero cuando estos pasaron visiblemente afectados, con el rictus de su cara lleno de consternación, sintió que no podían estar engañándolo. Pidieron al hombre que se sentara y que no avisara a su esposa hasta que el asunto fuese aclarado.

» —Sr. Smith debemos comunicarles, mi compañero Charles y yo mismo, que hace unas noches alguien escuchó ruidos próximos a la tumba de su hijo Allan—dijo provocando que el padre reaccionara llenándose de furia y también de un dolor casi imposible de soportar.

—¿Quién ha sido?—preguntó apretando sus puños con fuerza.

—El centinela del cementerio decidió inspeccionar la zona, pero no había nadie. Los ruidos venían de dentro del ataúd y decidió sacarlo con gran esfuerzo—explicó—. Supuso que el pequeño podía estar vivo.

—¿Qué?—se llevó las manos a la cabeza y después al uniforme del agente—. ¿Qué ocurrió?

—El pequeño estaba dentro, con claros síntomas de hipotermia y asfixia. Anoche quedó estable, pero le hemos informado hoy, a primera hora como usted ha podido comprobar, porque no era casi imposible de encontrar la vivienda—dijo con calma mientras veía como el hombre recuperaba la vida en su mirada.«

Lo que nadie, ni siquiera el señor Smith, podía imaginar es que ese pequeño, de ojos azules y cabello azul cobrizo, no traería precisamente la felicidad. Al llegar con el pequeño, lo presentó a su madre como un milagro, ésta reaccionó de forma terrible rechazándolo. Ella no podía aceptar que su pequeño había regresado, algo que para otras madres hubiese sido un increíble milagro. Decía ver el mal en sus ojos azules y redonda cara blanquecina.

Una semana más tarde encontraron al pequeño ensangrentado, llorando por las calles, y al personarse en su vivienda se encontraron los cuerpos de su hermano pequeño, su madre y su padre asesinados, descuartizados de la forma más horrible, y él lloraba incesantemente. Sus pequeñas manos estaban manchadas de sangre, igual que su pijama, y parecía estar en medio de una terrible conmoción.

Al no tener más familia en la ciudad, y al no quererse hacer cargo nadie, lo llevaron a un orfanato donde ocurrieron sendos suicidios de profesores, accidentes terribles de alumnos y algún que otro animal. El muchacho despareció del mapa, como si los propios infiernos lo hubiesen acogido, durante años. Se supo de nuevo de él poco antes de los crímenes de Jack “El destripador”. Después, silencio de nuevo.


Algunos de nuestros laureados investigadores han intentado seguir sus pistas, pero no han hallado nada. Ni siquiera pueden asegurar que los crímenes fueron cometidos por él. La asombrosa resurrección y vida de Allan Smith sigue siendo un misterio sin resolver.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt