Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

sábado, 24 de mayo de 2014

La tortura del demonio al violinista

Por suerte, o desgracia, nos enamoramos de algo imposible. La maldad a veces no tiene límites, del mismo modo que no la tiene el egoísmo. Memnoch y Nicolas son un ejemplo de la pasión, el egoísmo, la seducción y el dolor. 

Lestat de Lioncourt 


Nicolas dormía recostado en su cama revuelta, con sus cabellos castaños enmarcando su rostro con cierta gracia, sus mejillas estaban húmedas aún por haber llorado durante largo rato. Toda la habitación olía a sudor. La ventana se encontraba cerrada, pero no así las cortinas. Su cuerpo era muy atractivo, o al menos así se veía, gracias a la tenue luz crepuscular. Él decidió avanzar hacia aquel pequeño rincón en la habitación, se sentó en el borde de la cama y despejó su rostro rozando con la punta de los dedos sus pómulos marcados, sus jugosos labios y el mentón tan bien proporcionado.

Notó entonces la carta. No había apreciado aquel documento antes, cuando había llegado a la vivienda horas atrás. Estiró su brazo tomando el sobre de la mesilla, lo abrió con rapidez y elegancia, y comenzó a leer cada párrafo con una sonrisa cínica. De vez en cuando alzaba los ojos del papel y lo miraba, intentando con tener una risotada. Nicolas volvía a ser suyo como siempre debió ser.

Su contenido era doloroso, pero para Memnoch era el símbolo de su poder.

»Me pregunto constantemente si no soy más que una marioneta de hilos invisibles. Percibo tu malicia, puedo palpar el odio que tú sientes y provocas, sin embargo me convenzo a mí mismo que bajo esa capa oscura, pútrida y cruel existe algo que pueda salvarme. Quizás eres tú el tormento que tanto necesito. No sé bien a quién recurrir, pues no poseo a nadie más que a ti. Te has convertido en lo único que puedo desear, tener o simplemente imaginar; no sé si así lo deseabas, pero lo has hecho, y ya no hay posibilidad alguna de darse la vuelta.

¿Es mi triste verdad? ¿Tan triste como para no atreverme siquiera a pensar en mi libertad? ¿Soy libre? ¿Seré algún día realmente libre para elegir? No, no soy libre. Nunca seré libre. Jamás podré conocer algo más que tus cadenas. Ese poder que posees me ciega, tus enigmáticas respuestas a veces me congelan durante semanas y tu forma de no amarme es demasiado excitante. Me he convertido en algo yermo.

En mis pensamientos camino por un paraje de centeno gris, con un cielo encapotado y un cuervo revoloteando los granos. Puedo ver como se alza hacia el ceniciento sol, girando lentamente sobre mi cabeza, esperando que me muera para sacarme los ojos y finalmente huir con su preciado botín. Así me siento; tan vacío.

¿Por qué te amo? Tú no amas a nadie salvo a ti y posiblemente tu obsesión con Lestat, la misma que yo he llegado a tener, es porque te recuerda la luz que una vez tuviste. ¿No somos huérfanos de luz? ¿Por qué no me amas entonces?

Nicolas de Lenfent«

—Un problema menos para mí, Nicolas, eso eres—susurró desvaneciéndose para dejar al torturado violinista atrás, sintiéndose aliviado al saber que no rechistaría sobre sus futuras acciones y acataría sus deseos sin pensarlo.


No hay comentarios:

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt