Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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domingo, 7 de agosto de 2016

Lucifer y Satanás.

No sé qué decir sobre esto... ¿Y ahora qué? ¿Qué debo pensar de Memnoch?

Lestat de Lioncourt 


Las almas se retorcían a mis pies como si fuera un mar cargado de olas, los llantos ascendían hasta el techo de grotescas estalagmitas creadas por lo que fue lava ardiente y ahora sólo eran oscuras aberraciones, las cuales parecían dientes afilados o dagas esperando atravesar los cientos de miles de corazones impíos que en otro plano creían estar libres de mi poder. Los rostros de esos miserables me recordaban mi misión entre ellos, la cual llevaba demasiado tiempo postergando al meditar cuáles de todas podrían ser las adecuadas.

Mi trono se alzaba en un pequeño risco inaccesible para ellos. Un trono hecho de esqueletos retorcidos de ángeles que habían caído en desgracia y se habían suicidado con sus propias armas, enterrándolas en sus pechos, porque no podían soportar no ser amados por Dios. Por mi parte ya no buscaba esa estúpida recompensa. Yo sólo deseaba demostrar cuan equivocado estaba. Ese fue el principal motivo por el cual busqué a Lestat, un vampiro rebelde, que ha acabado negándome como muchos que han visto el infierno con sus propios ojos y han podido escapar. Quizá niegan tan aberrante visión y tan desoladora verdad. Ya no lo sé y no me importa.

Sé que mi aspecto es imponente, pero puedo cambiarlo según mis gustos y los de los hombres. En ese momento mi cabello era casi blanco, algo más largo y menos ondulado que de costumbre, mis fieros y sabios ojos estaban en marcados en algo de maquillaje oscuro como si fuera una pintura de guerra y mis brazos tenían cientos de tatuajes que hablaban de mi caída, de Dios y su tiranía. Mis ropas eran de cuero, como las de cualquier motorista que intenta cruzar el país más hipócrita de todos y dónde casi hay una hamburguesería por cada habitante. Mis botas, de suela gruesa, tenía pinchos y alambres. Por ende mi aspecto era algo diferente

—Hacía tiempo que no te veía contemplar este hermoso valle solo—comentó una vieja voz, la cual podría decirse que era amiga.

—No estoy solo, siempre aparece alguno de vosotros—respondí.

—Dime algo, ¿por qué no le dijiste que tú y Satanás sois distintos?—dijo apoyándose en el respaldo de aquel majestuoso y escalofriante trono.

Sus delgados brazos asomaban como ramas de piel blanquecina, como si una encina hubiese sido cubierta con las nieves más puras, y sus ojos, esos hermosos ojos oscuros, eran penetrantes y atractivos. Veía en él una belleza dócil que no tenía para nada que ver con la verdad que escondía tras cada una de sus acciones.

—No entendió mi mensaje, ¿cómo podía recordarle que Lucifer y Satanás son dos seres distintos?—dijo encaramándose a los huesos para que su pequeña figura pudiese alzarse en esa “cumbre” de muerte y destrucción. Sus manos acariciaron mi cuello, se deslizaron por mi rostro y acabaron bajando nuevamente hasta mi torso. Allí las dejó mientras sentía como su mejilla derecha golpeaba mi contraria. Su piel era fría, muy fría, como la de una serpiente al contrario que la mía que siempre estaba tibia. Su aliento rozó la comisura de mi boca y su lengua bípeda acarició mis labios—. ¿Cómo? Ni siquiera recuerdan la historia que contaban los judíos más antiguos, pues todos se han quedado con la tradición cristiana y han olvidado sus raíces.

—La verdad—siseó.

—Por así decirlo, pues Dios demuestra cuan cruel es en el Viejo Testamento—dije—. Dios no es bondad. Él castiga cruelmente aunque hayas cometido un error por desconocimiento, necesidad o heroicidad—dije lo último notando como sus uñas arañaban mi torso y él reía bajo.

—Dime, ¿aún me quieres cerca?—susurró.

—Al menos tú no coartas la libertad, sólo tientas.

Nada más decir esas palabras se esfumó y apareció a mis pies tocando con curiosidad aquellas puntiagudas protuberancias de mis botas. Se cortó un dedo y lo llevó a su boca para lamerlo como si fuera una golosina.

—Ah... tiento...—dijo con una sonrisa descarada— ¿yo soy la tentación? Tú provocas tantas reacciones, Lucifer...

—Llámame Memnoch, lo prefiero—respondí.

—Sólo he venido para decirte que tu príncipe tiene nuevo destino—murmuró—. Se ha olvidado de ti.

Eso provocó que me incorporara y lo agarrara del cuello, sin importarme que él tuviese un poder igual de poderoso que el mío. Inició en mí una revolución que instaba a tocar su fría piel y hacerme con el control de su cuerpo. Estaba desnudo y sólo le cubría su sonrisa lasciva. Él no dudó en abrir sus piernas como si yo fuese el gobernante de sus placeres, de ese hermoso reino pérfido.

—Soy tu manzana—dijo entrecerrando sus ojos de largas y pobladas pestañas. Era escandaloso observar ese cuerpo ambiguo de caderas y clavículas marcadas, con una piel tan perfecta y unos pezones rosados que destacaban en su pequeño torso. Satanás era el pecado mayor de este mundo, el Dios de la Oscuridad, y yo sólo era el Príncipe del Infierno donde reinaba en soledad junto a una legión de ángeles derrotados que a veces perdían el juicio.

Estaba sobre él como una gárgola, pero decidí levantarlo de aquella posición tan sumisa para colocarlo sobre mis piernas. Él no dudó en pasar sus brazos por mis anchos hombros, enterrar sus largos dedos en mis casi plateados cabellos y rozar su entrepierna contra la mía. Su miembro, ligeramente endurecido, me hizo sentir un delicioso hormigueo por toda la columna vertebral nada más contemplarlo contra el cierre de mis pantalones.

—Eres el Dios Oscuro, pero aquí en mi reino puedes ser mi puta—dije hundiendo mi rostro en el recodo de su cuello al hombro izquierdo.

Él gimió entretanto llevaba sus manos hacia el borde de mi pantalón, quitándome la correa para dejarla alrededor de mi cuello como una corbata, para al fin bajar la cremallera y sacar mi miembro. Un miembro que se endurecía por momentos y que él miró mordisqueándose su labio inferior. Reí ante ese gesto y él respondió lamiendo mi mentón mientras se bajaba de mis piernas. Entonces, como en la mejor fantasía erótica, comenzó a lamer mi rosado glande para poco a poco engullir todo mi miembro. Mis manos se colocaron en su cabeza ayudándole a hacerlo como a mí me gustaba, o más bien como lo necesitaba en ese momento. Sin embargo, no tardé en agarrar el cinturón y colocárselo a él alrededor del cuello a modo de correa, lo empujé contra el escarpado suelo de roca porosa y dejé que sus glúteos quedaran alzados. Sus brazos estaban pegados a su torso y su torso al suelo.

Rápidamente tomé mi posición dominante tras él y me incliné mordiendo su nuca, lamiendo sus hombros y arañando sus costados mientras viajaba hasta su trasero. Allí dejé que mi lengua se introdujera como una daga en su interior arrancándole de este modo un largo gemido. Mi boca hizo succión entorno a su entrada y mi viscosa saliva lo humedecía todo. Sus testículos se inflamaban del mismo modo que su pene tomaba por completo forma. Pude notar el olor a sudor que transmitía su piel, igual que lo hacía la mía. Era olor a deseo carnal.

Finalmente aparté mi boca para penetrarlo de una sola vez. Una estocada que le arrancó el aliento y un par de lágrimas. Eran lágrimas de satisfacción, de deseo concedido. Por mi parte gruñí como un animal salvaje. Pronto mis testículos comenzaron a golpear sus prietas redondeces, mi mano derecha tiraba de la correa y la zurda azotaba uno de sus glúteos. Mi aliento jadeante, mis gemidos bajos y gruñidos se mezclaron con los sus largos y escandalosos gemidos que alertaban a las pobres y patéticas almas que rogaban perdón a un Dios ciego. Aún así me sentía insatisfecho, por eso salí de él, lo recosté en el suelo, abrí sus piernas en V y lo aproximé a mí quedando de rodillas. Parte de sus glúteos quedaron sobre mis muslos y su entrada quedó perfectamente repleta por mi miembro.

Tras unos momentos él eyaculó estirando sus manos, con uñas cual garras, hasta mis brazos. Pero yo me contuve pues deseaba ofrecerle mi simiente. Así que cuando tuve la oportunidad de salir de ese trasero que apretaba desesperadamente mi pene, el cual parecía una estada encajada en una piedra, lo hice y se lo ofrecí. Su boca se llenó de mi blanca y espesa esencia mientras él me miraba descaradamente.


Había vuelto a caer en el pecado, pero Dios mantenía conmigo su palabra. Quizá porque deseaba ver hasta donde me había equivocado para luego hacerme caer por todo los supuestos delitos cometidos, aunque para mí aquello no era un delito. Él me había dado la libertad de amar, sentir, pensar y ser. Él debía asumir que no siempre se pueden seguir los caminos rectos. 

domingo, 20 de marzo de 2016

El bien y el mal

Daniel Molloy ha hecho un ensayo sobre el Bien y el Mal... Ya que estamos en Pascua ¿No era el mejor momento?

Lestat de Lioncourt 


La lucha del Bien contra el Mal y su delgada línea, frágil y patética en muchas ocasiones, ha traído de cabeza al ser humano desde que se crearon ambos conceptos. Posiblemente el hombre primigenio desconocía la definición de ambos y actuaba por naturaleza llevado por el instinto de supervivencia, pero poco a poco germinó en él el árbol de fruto amargo que se llama moral. La conciencia despertó y desplegó sus ramas provocando que las leyes se impusieran, algunas muy necesarias y otras demasiado estúpidas. Lentamente las leyes sociales pasaron a ser leyes penadas con la muerte o el rechazo absoluto de una sociedad. Las reglas siempre han estado ahí aunque sólo fuese en su estado más básico. ¿Y qué es la línea entre lo correcto y lo indebido? Es la lucha entre la moral y lo inmortal cuando la conciencia cobró fuerza.

Las distintas religiones han intentado definir con mayor o menor acierto los límites a los cuales el hombre, como criatura elegida como emblema de la creación de Dios o los dioses, no debe cruzar. Algunos conceptos son muy superfluos pero otros están marcados a fuego. Casi todas las religiones prohíben la muerte de un igual, es decir, de otro ser humano indistintamente de su sexo, posición social o edad. Pero la historia está plagada de guerras por religión y la propia Biblia cuenta por millones las muertes a manos de su propio creador como castigo o enseñanza.

Hemos asumido que la luz es protección porque el fuego se convirtió en sagrado ya que ayudaba a espantar a los animales salvajes, ofrecía calor, visibilidad y mejoras en la alimentación. Quien tenía fuego poseía un bien de incalculable valor. Por eso todos creemos que la luz es portadora de bienestar y el bien siempre iluminará nuestro camino por sendas oscuras. Creemos que estamos a salvo a la luz del día y por la noche cuando encendemos el interruptor. Nos da miedo aún los callejones oscuros aunque no haya nadie, ni siquiera un alma perdida, cerca de nosotros. La oscuridad provoca pánico a muchos seres humanos y también a cientos de especies animales, pero no siempre en la oscuridad se puede hallar monstruos y no siempre bajo la luz podemos estar seguros.

La oscuridad, las tinieblas, la propia noche y las sombras se han convertido en un símbolo repetitivo para los relatos de terror y las historias sobre las terribles consecuencias de venganzas divinas, ya sea en forma de plagas o por otros medios menos llamativos. Fue de noche cuando los primogénitos de Egipto murieron a manos del Dios de los judíos, ¿no es así? Su vida fue sustraída en mitad de sus apacibles sueños, en sus camas o cunas, mientras la luna brillaba en todo lo alto junto al millar de estrellas. La noche trae a los monstruos en los cuentos infantiles y en la noche las brujas se reúnen para llamar a los demonios.

Sin embargo el Hacedor de Luz es el propio Lucifer. Lucifer es un ángel caído que poseía una belleza idílica y su fuerza estaba basada en la luz que Dios le confió. Era el predilecto de Dios y Dios le hizo caer cuando se opuso a sus órdenes. Podemos ver referencias a él en miles de textos como si fuera un ser terrible, el cual engaña y consigue las almas de los más incautos, pero luego si nos basamos bien en la Biblia vemos que ha matado en tan pocas ocasiones que se pueden contar con los dedos de las manos.

No, que nadie se equivoque. No estoy diciendo que Lucifer sea bondad y que Dios quizás sea el villano. Tampoco quiso decir eso Memnoch en su libro, ¿no es así? Las confesiones que hizo a Lestat, en una batalla dialéctica terrible, quedaron plasmadas en un libro gracias al buen hacer de David Talbot que recogió cada frase con cuidado. Viajamos a través del Infierno, el Cielo y los últimos momentos de Jesús. Vivimos la ansiedad de Lestat y las disputas entre dos viejos rivales.

Nuestro amado Príncipe tuvo que escuchar a Lucifer pidiéndole a Jesús que no aceptara la crucifixión porque sólo generaría guerras. También tuvo que comprobar como la conversación subía de tono mientras el ángel caído parecía un chiquillo asustado. Pudo observar todo aquello con gran desconcierto y nosotros tuvimos que leerlo comprendiendo que eran revelaciones bastante fuertes, que quizás habían sido ideadas para que él, un ser que parecía estar por encima de estos preceptos, cayese y creyera en ellos. Durante un tiempo fue así. Desde aquel día, y por algo más de dos décadas, viajó de un lugar a otro preguntándose si podía ser bueno o si alcanzaría la santidad. Finalmente se dio cuenta que era una mezcla de bondad y malicia, como todos nosotros, y que no podría evitarlo jamás.


martes, 8 de diciembre de 2015

Recuérdame

Otra carta venida del Sheol... ¿Por qué aún me busca?

Lestat de Lioncourt


El mundo seguía su habitual destino hacia el declive cuando nos conocimos, y creo que no ha cambiado demasiado su trayectoria. Las luces de la ciudad siguen sin dejar ver las estrellas, la contaminación oculta el sol que tanto daño te hace, y tener esperanzas en éstos días, tan aciagos y desoladores, es una virtud que ninguno de los dos podemos desaprovechar. Siempre he creído que eres un impertinente, pero quieres saber. Te mueres por saber. El conocimiento te llama la atención seduciéndote como una peligrosa sirena en un mar revuelto, lleno de dificultades, que afrontas como si fuese un juego. Eres temerario, impulsivo e irrespetuoso. Tienes la gallardía que a muchos les falta. Atraes a masas ingentes y te proclaman Rey de imposibles, Mesías de milagros y Príncipe de un reino que está en sombras perpetuas.

Hoy, aquí en ésta ciudad cuyo nombre no importa, he visto a varios jóvenes con un ejemplar de tu nueva novela. Hablaban emocionados de ti como si fueras únicamente un personaje. No se decidían por una frase en concreto. Estaban eufóricos por saber de ti, pero te veían como algo irreal. Eres una fábula, como yo, de un soñador que consigue sus grandes triunfos para ofrecerle al mundo un rayo de esperanza.

¿Y yo puedo tener esperanza? Dímelo, Lestat. ¿Hay esperanza para mí? ¿Sigues creyendo que sólo soy un espíritu vengativo? Ya no crees mi testimonio. Mi historia se convirtió en una bonita invención, una metáfora similar a la tuya para ellos, que te logró amedrentar tan sólo unos meses. Recuerdo como yacías en esa capilla con la mente perdida, convertido en una figurilla más en el altar, y ahora te veo enérgico y sabio. Quizás esos días te sirvieron para reflexionar, para no temer más, para dejar de llorar y convertirte en alguien más fiero.

Quizás sirvió para algo el encontrarnos. Tal vez moldeé en ti un espíritu más fiero, más firme en tus convicciones, y con una experiencia que te hace meditar cada noche si fue cierto o no. Sé que lo haces. Conozco bien cómo eres y aún mi nombre retumba en tu mente, golpeando las paredes de tu cerebro, susurrando que debes echar la vista atrás por si estoy ahí, entre las numerosas esculturas de los museos, observándote deseoso de echarte el guante.


De algún modo, Lestat, estaremos siempre unidos. Jamás podrá estar del todo seguro. Sé que tus pasos son medidos, aunque sigues siendo igual de irresponsable e irreverente. Nadie podrá obligarte a tomar medidas sensatas. Nunca tomarás verdadera conciencia de lo importante que puedes llegar a ser para el mundo.  

viernes, 23 de octubre de 2015

Diablos

Manipulación por parte de Memnoch... ¡Pero qué me cuentan! Para nada...

Lestat de Lioncourt


—¿Qué has hecho?—preguntó acusándome con su mirada.

Me encontraba descansando en mi trono, cubierto tan sólo con una suave y fresca túnica. El calor era insoportable en aquel lugar, pero se agradecía cuando lejos de nuestras paredes, más allá de ésta grieta oscura, el frío atenazaba y se adhería a los huesos. Él interrumpió abriendo una brecha en el silencio, haciendo sonar sus botas sobre el suelo de mármol y quedando allí, frente a mí, con el violín entre sus brazos delgados.

Juro que jamás he visto algo tan hermoso e imperfecto en mi, mal nombrado, reino. Comprendía perfectamente porque Lestat se había fijado en él. Sus cabellos castaños caían sobre su frente y sus hombros desnudos. Sólo llevaba un pantalón ajustado de cuero negro y esas botas, ligeramente puntiagudas, que tanto le gustaba por el sonido que transmitía a sus pisadas. Delirio era mirarle a los ojos, esos ojos castaños que vociferaban como si fueran dos volcanes a punto de entrar en erupción, o fijarse en su boca carnosa, símbolo y protectora del pecado de su lengua puntiaguda.

—Nada—dije acariciando, con mis dedos largos y frívolos, los regazos de mi trono de oro.

—Tramas algo... —contestó estrechando con desesperación su violín—. Muchos hablan de mentiras en tu reino. También de cientos que han decidido marcharse lejos, junto a los vivos, y allí perduran con un cuerpo de luz. Igual que los ángeles.

—¿Y tú te crees esas mentiras, Nicolas?—pregunté levantándome para ir hacia él.

Su alma se retorcía. Tenía un cuerpo creado con energía, como el mío, el cual poseía toda la belleza que en su momento Lestat contempló. Cada trozo de él era perfecto. Mi mejor criatura, mi monstruoso violinista del Diablo, que se paseaba por mis infiernos, mis hermosos dominios, como una furcia arrastrando lujuria y levantando el pecado de debajo de las alfombras. Agitaba a todos con la melodía de su violín, provocando que el deseo se encendiera y muchos se agitaran como jamás lo habían hecho.

—Sé mucho de teatro, por lo tanto puedo pensar que soy una marioneta—susurró, aunque fueron palabras firmes.

Con elegante cuidado caminé hacia él, lo tomé del rostro y acaricié sus pómulos marcados. Me incliné ligeramente sobre él, pasé mi lengua por la comisura derecha de sus labios y acabé, con un camino serpenteante, en la izquierda. Él tembló bajando los párpados y entreabrió su boca. Mis dedos se deslizaron hasta su pecho y apretaron sus pezones, mientras mi lengua se atrevía a controlar la suya.

Paré aquel beso cuando lo noté dócil, como un cachorro, para luego pegar mis labios a una de sus orejas y susurrarle suavemente versos prohibidos, llenos de significado para él y para mí, en una lengua que pocos reconocían ya, y que él había aprendido gracias a mí.

“Tú, lujuria y deseo, repararás conmigo como serpiente en el Edén y darás de comer la manzana a todo aquel que la codicie. Abrirás tus piernas para mí, caerás en las ascuas del infierno y no te quemarás. Porque tú, querido mío, eres un demonio intoxicado con mi amor y pecado.”


Después, como si hubiese apagado la llama de una revolución, me giré triunfante y me recosté en mi trono. Acto seguido él se tumbó a mis pies completamente dominado, como si fuese mi perro guardián esperando una orden directa y cruel para atacar.  

viernes, 16 de octubre de 2015

Sabios ignorantes

Memnoch ha vuelto, pero sólo deja misivas. No sé qué es, pero insiste que es el demonio.

Lestat de Lioncourt


Es divertido jugar a ser Dios, ¿no es así? Disfrutáis arrancando los misterios de éste mundo, dándoles una explicación adecuada y comedida, para no sentir el pánico de una existencia vacía, sin fe y con un orgullo demasiado elevado. Aceptáis los cambios violentos que sacuden a los conocimientos como si fueseis máquinas predispuestas, puros ordenadores que procesáis información sin asimilarla ni comprenderla, y que, como animales adiestrados, explicáis sin sentimiento alguno.

Odiáis los logros alcanzados de otros, detestáis que puedan ser superiores intelectualmente y mortalmente, por eso lucháis por dejar un legado. Los viejos legados, las huellas de éste estercolero, antes eran ofrecidas como un paso a la inmortalidad y beneficio mutuo. Ahora es puro ego, puro deseo de destacar por encima de todos, y querer ser el científico del año, el doctor del año, el literato del año y, porqué no, el economista que salve el desastre que otros no supieron explicar.

Sois sucios y rastreros. Pertenecéis a una evolución pueril, con unas almas atroces y decadentes, pero a la vez tenéis una inteligencia excepcional y sois capaces de amar. El problema es que habéis olvidado amar lo sencillo, lo puro, lo alcanzable y necesario. Habéis olvidado que hay huellas que perduran más que un descubrimiento y son vuestros hijos, los que llevarán algún día la gloria de vuestra sangre, y os precipitáis a odiar manchando vuestras almas heridas.

La envidia os corrompe, del mismo modo que la corrupción por la ambición de dinero sucio y fácil. Sois enemigos de vosotros mismos, pues hasta vuestro reflejo os desprecia, pero alejáis la mirada y seguís el rumbo que creéis correcto, merecedor de esfuerzos y medallas. Me duele admitir que aún os amo y busco entre vosotros almas puras, hermosas y delicadas, que salvar. Pero es difícil. Estoy perdiendo la esperanza y las fuerzas.

Sólo veo miseria, deseos de grandeza, ganas de hundir al prójimo porque sentís que podéis ser los siguientes y un desprecio descomunal a la historia que os ha forjado. Olvidáis las guerras y creáis otras similares, tropezáis siempre con la misma piedra y encumbráis al ladrón que vende su patria a pedazos. Os creéis cualquier mentira regada en papel y tinta. No sabéis soñar si no os ayuda el cine, la televisión cargada de programas indecentes y los psicoanalistas baratos. Ya no tenéis capacidad de imaginar porque la anuláis. En las escuelas os recortan el alma, cuadriculan vuestras mentes y os obligan a ser iguales. Lo distinto os asusta, cuando eso os hace fuertes, libres y sabios.


Abrid los ojos, queridos míos, porque yo estoy aquí y quiero abrir mis alas para protegeros.  

miércoles, 15 de julio de 2015

Infierno en la tierra

El demonio está de regreso. No sé si correr o enfrentarme a él junto con Amel.

Lestat de Lioncourt


El asfalto ardía y una ligera pátina se veía en el horizonte. La noche aún no había caído. El sol estaba a punto de manchar el cielo de un rojizo y turbio atardecer. El púrpura daría paso a la oscuridad absoluta, sin estrellas visibles y sin necesidad de ellas. Ya habían suficientes estrellas en los disparatados logotipos y carteles de neón que daban la bienvenida a los diversos tugurios de la ciudad, así como casas de juegos y restaurantes de dudosa reputación.

El barrio parecía en calma de no ser por el sonido, no muy lejano, de las sirenas de policía. Un atraco que salió mal en una gasolinera, un muerto y varios heridos, el dinero manchado de sangre, como sus manos, y las ilusiones volando por los aires como todos los sueños que alguna vez contuvo aquel enganchado a la droga más barata y mortal. Todos estamos condenados, pero algunos se condenan solos por las tentaciones de demonios con piel de cordero.

El termómetro colocado en la marquesina de publicidad, donde se desnuda sensualmente dos amantes en un caro anuncio de perfumería barata, marcan más de cuarenta grados. Es un trozo de infierno sobre la tierra. Debería sentirme como en casa, pero la contaminación nubla mi vista y me provoca rechazo. En una librería cercana, de las pocas que existen en un lugar así, puedo ver el último libro de las Crónicas Vampíricas. Es muy elegante, muy sutil y muy estúpido.

—Los demonios existen—murmuré despejando, de varios largos mechones rubios, mi frente antes de cruzar la calzada sin mirar, como cualquier estúpido adolescente. Una vez al otro lado, frente a aquel lugar de “culto” a la ignorancia y la sabiduría, pegué mis manos al vidrio e hice arder aquel para nada barato ejemplar de bolsillo—. El demonio ha regresado, príncipe.

De inmediato la alarma contra incendios sonó y empezó a empapar los restantes ejemplares, incluyendo las santas escrituras de diversas religiones. Poseo una santa paciencia para ese estúpido, pero me estoy cansando. No soy un lechado de virtudes y él no debería tentarme demasiado.

—Ahora tienes algo preciado que perder... —dije regodeándome en el placer de conocer de primera mano la belleza de Viktor, el cual ni siquiera reparó en mí. Tan estúpido como su padre, tan heróico y hermoso—. He vuelto...


Saqué mi móvil del bolsillo y conecté con la emisora de Benjamín. Desde hacía horas emitía un programa donde se hablaba de las últimas noticias sobre Lestat y su hermosa tribu. Se deshacía en halagos hacia el su príncipe y yo deseaba retorcerle el cuello. Él era mío. Mío.  

miércoles, 22 de abril de 2015

La oscuridad del diablo

Sea como sea no me libro de él. A veces pensaba que Amel era él, pero luego me di cuenta que eran seres distintos. ¿Qué vi? No lo sé. Sólo conozco su tortura y verdad.

Lestat de Lioncourt


No existe el cielo y el infierno. No hay tres mundos divididos, sino una brecha que se abre y cierra. En la oscuridad existen millones de espíritus y almas que anhelan un poco de luz. La luz es símbolo de la bondad, pero en realidad es sólo esperanza. Muchos creen que caminar hacia ella les ofrecerá cierta paz; sin embargo, Dios no acepta a todos en su reino y puede obligarte a retroceder, perderte o simplemente diseminar tu cuerpo inmaterial en pequeñas partículas de polvo.

Millones de religiones a lo largo de los tiempos han decidido darle un símbolo, una verdad, un porqué y un como. Sin embargo, no han alcanzado nada. No han tocado siquiera con la punta de los dedos la verdad profunda y siniestra. Quizás la oscuridad es el origen, la luz es el principio de un deseo.

Os recuerdo que cuando yaces en el líquido amniótico, rodeado de la calidez de tu madre, estás en plena oscuridad. Creces escuchando las ondas de los diversos sonidos, reconociendo palabras, sintiendo la belleza de los latidos de tu madre, la música y el alimento. Puedes ir aprendiendo a sonreír y a llorar. Los sentimientos están implícitos en tu alma. Un alma que puede llevar siglos esperando su oportunidad. La oscuridad te rodea. Envuelve con calidez tu piel, besa tu frente despejada y toca con cuidado tus párpados. Puedes abrir y cerrar tus diminutos dedos, los cuales se han ido formando con paciencia, un vacío confortable. Allí, donde nada malo puede ocurrir, creces como el germen de una flor. Vas tomando forma, como los conceptos que irás reconociendo y aprendiendo hasta convertirlos en propios, y en algún momento, cuya exactitud difiere en los diversos casos, quieres conquistar la luz. Deseas abrirte paso entre las piernas de tu madre, sentir el cegador foco de un paritorio y ser tomado como un pequeño monstruo empapado en sangre, fluidos y esperanza.

La oscuridad es el inicio, pero no el principio. Por eso todos buscan la luz. Todo ser vivo intenta encontrar la luz en plenas tinieblas.

Soy el susurro que ha estado ahí. Recorro cada una de tus neuronas y provoco ciertos placeres que no sabes explicar. Temes volverte loco. Sientes que alguien te acompaña y guía tus pasos. Soy el juez, no quien decide. Tú tomas el camino, te guías por tus necesidades, y yo observo tomando nota de todo lo que haces. El bien y el mal están en ti. La oscuridad y la luz son parte de tus células. Quizás temes más a la noche, pero creciste a ciegas en un mundo de tinieblas. Tal vez lo has olvidado, aunque hoy, tal vez, lo tengas presente una vez más durante unas horas.

Me llaman diablo, me tachan de injusto y cruel, pero sólo ejerzo el papel de villano. Sin miedo no hay actos nobles, sin castigos no hay aprendizaje, y eso lo llevas asimilado en tu genética. Eres parte de una tribu de hombres y monstruos. Te has convertido en un ser más. Sigues a la manada aunque creas que destacas, caminas al contrario de todos y te creas con la verdad de tus actos. Pero todo está programado en aquello que has aprendido, por uno u otro motivo, y en la semilla que te inculcaron. Nada es fruto del azar. Ni siquiera es fruto del azar tu ADN.

Tal vez el demonio no se guarece en el infierno, sino en tu conciencia.


jueves, 16 de abril de 2015

París

Memnoch y Nicolas... ¿juntos? Mal plan... 

Lestat de Lioncourt


París. La predilección por la ciudad del amor y la pasión. La música puede surgir en cada esquina, puedes ver postales románticas de películas típicas de cualquier cine veraniego, el aroma a pasteles inmunda los pulmones y el café calienta tus dedos frágiles. Sí, París. Puedes sentirte parte de la ciudad nada más llegar, sin esperar a dejar de ser un terrible desconocido. Aprecias todo, inclusive el ruido del tráfico y las abarrotadas aceras de las calles más céntricas. El sol brilla siempre con un ritmo distinto y los parisinos glorifican su ciudad, sus monumentos, su comida y, ante todo, su cultura cargada de pasión, romances indiscretos y moda. Porque París también es moda. En ésta ciudad puedes hallar diferentes estilos de vida desde: bohemias y salvajes... hasta modernos empresarios, desfilando con sus mejores prendas.

Siempre es buen momento para tomar un café. No importa necesariamente estar acompañado. Lo ideal es beberlo poco a poco, sorbo a sorbo, y dejar que la ciudad te envuelva. Ella te aleja de todo. Adormece al cosmopolita y lo entrega a un delicioso sopor. Si amas el café amarás sus cafeterías, que antes eran el centro del arte y el debate político.

Me disponía a contemplar mi taza. Blanca y perfecta. Humeaba ligeramente junto al pequeño pastelillo. Todo era encantador. Desde la diminuta cuchara hasta el pequeño plato, de porcelana barata, que sujetaba ambos lujos. Porque el café es un lujo, igual que tomar un descanso.

—Supuse que estarías aquí—dijo desde la mesa contigua, tras un pesado periódico y unas enormes gafas de sol estilo aviador. Parecía un muchacho más. Uno de esos bohemios que se detienen a contemplar mejor la urbe que tanto desean.

—¿Qué se le ofrece al Príncipe de los Infiernos de éste pobre ayudante? ¿Ni siquiera puedo sostener una taza de café?—pregunté con una ligera sonrisa.

—Sí, pero en mi compañía. ¿O ya te es desagradable?—preguntó incorporándose, doblando el periódico y dirigiéndose hacia mi mesa. Tomó asiento, dejó el periódico a un lado y esbozó su mejor sonrisa—. Oh, Nicolas... Nicolas... el violinista del Diablo...

—El loco del violín, ¿no es así?—susurré sin alterarme. Sin embargo, mi corazón palpitaba fuertemente.

Siempre creí en él, pero jamás pensé que fuese tan encantador. Él me dio una nueva vida. Una vida mucho mejor que ser un maldito vampiro. Podía disfrutar de ciertas cuestiones mundanas, pero sin abusar. Él me usaba como parte de sus tentáculos, aunque también como un símbolo de su poder sobre el corazón de Lestat. Aún no me había usado lo suficiente. Era preciado para él. Yo lo sabía. Su maldad podía ser algo infantil, pero lo deseaba.


De improvisto tomó mi muñeca derecha, apretando sus dedos entorno a ella, para besarme lentamente en los labios. No lo impedí. Ciertamente lo gocé. Ser su fulana era mucho más apetecible que ser la de un insufrible y coqueto artista parisino. Lestat jamás me hizo hueco en sus planes. Nunca me amó como tanto exalta. Y lo maldecía junto a todas sus creaciones. Odiaba a todos. El rencor ennegrecía mi corazón. Sin embargo, seguía latiendo dulcemente cuando él, un ser proscrito como yo, rozaba mis labios ofreciéndome una pizca de verdad y unas cuantas mentiras.  

sábado, 4 de abril de 2015

Deudas

Memnoch nos recuerda que para Dios la ley del "ojo por ojo" es válida. 

Lestat de Lioncourt

El dolor que causes a otros te será devuelto, arrojado a tus pies y convertido en infectos gusanos que pudran tu alma. Muchos creen que están refugiados en un mundo lleno de mentiras, hipocresía y falsos espejos donde se reflejan con gran autoestima. La verdad siempre resplandece aunque se halle en un pozo de brea. Y ese pozo, por más que deseéis ocultarlo, aparece para que cualquiera rescate de allí la verdad que deseáis silenciar.

El pozo es vuestra alma. Un alma que terminará a mi lado esperando ser tratada con benevolencia. Jamás he tratado con virtud alguna a los cretinos que aparecen en mi puerta. Siempre he pensado que en los Infiernos hay seres bondadosos, los cuales han cometido algún error, y gente tan podrida que son capaces de infectar el mundo con su aliento cargado de palabras baratas, infantiles e innecesarias.

Bajo mi mano, y con la supervisión de Dios, te ofreceré la ley más justa que se merecen las almas como la tuya. Te ofreceré “La ley del Talión”. Tu alma sufrirá el pecado que has cometido, cargarás con el peso de tu culpa, sentirás en tus ojos las lágrimas e implorarás clemencia pero nadie escuchará tus ruegos. Lo único que podrás escuchar es mi silencio. Sólo buscamos proporcionalidad al castigo.


Debo limpiar las almas de éste mundo. Tengo que darles la pureza y lustre necesarias. Debo salvar a todos. Tú te salvarás pagando el precio de tus actos. Pues el Reino de Dios espera a las almas más puras y perfectas, las cuales moldeo para poder alcanzar al fin de nuevo la luz cálida de Padre. Nadie impedirá, con sus sucios pecados, que no podamos alcanzar la felicidad codiciada.  

viernes, 3 de abril de 2015

Elegidos

Venga, alegría. ¿Ahora se supone que yo era su mensajero? Si lo llego a saber no digo nada.

Lestat de Lioncourt


¿Por qué lo elegí a él? ¿Por qué entre tantos? Tal vez por el simple hecho de verme reflejado en su rebeldía. Él deseaba romper reglas y entregarse a las causas más extrañas. No tenía límites. Apreciaba con gran interés el arte, los avances, la vida misma y, sobre todo, al hombre en sí. Siempre estuvo enamorado de la humanidad, aunque es un monstruo que caza entre el gentío esperando, con paciencia y astucia, a una presa inevitable. ¿No soy yo la representación del mal y el pecado? Quizás soy el mayor exponente de la maldad, pero él es un gran ejemplo de malicia.

Mi intención no era asustarlo, tampoco esperaba que me creyera. No, no estaba dispuesto a tenerlo de discípulo. Deseaba que propagara mi mensaje. Él siempre cuenta todo lo que sucede en su fabulosa, extraña y alocada vida. Hay cientos de ejemplares desperdigados por el mundo de su primera gran tragedia. Los jóvenes lo adulan como si fuese un santo en un altar. Hay quienes lo consideran un héroe de nuestro tiempo. Todos y cada uno de ellos han descubierto un trozo del rompecabezas, pero no han logrado resolver la ecuación al completo. Yo tampoco. Creo que nadie puede saber todo de nadie. Sin embargo, yo sabía que él aceptaría caminar a mi lado por algunas horas.

Gracias a él mi mensaje fue escuchado, leído infinidad de veces, sentido como una verdad innegable y colocado en un hueco extraño en sus corazones. Muchos creerán que es una maravillosa fábula, pero otros habrán roto sus esquemas y estarán dispuestos a conocer la verdad que aún no he desvelado por completo. El tupido velo de dolor y miseria que rodea el mundo, ese que os hace sentiros confortables, algún día caerá y vendréis ante mí a sentir los tormentos más terribles. La oscuridad tocará a vuestras puertas, la muerte empezará su canción fúnebre y vosotros vendréis con crisantemos en las manos en señal de amistad.


Nos veremos cuando el ataúd cruce el cementerio. En ese momento podré tomarte del hombro, contarte mi historia y sacrificarte para encontrar las dichosas diez almas. Lestat sólo fue un títere, pues lo realmente valiosos sois vosotros. Vosotros, a quienes os aprecio, que seguís mis pasos revolucionarios y esperáis que aún Dios os ame, como así lo espero yo.

jueves, 2 de abril de 2015

Mi propio discípulo

Sigo sin creer que todo lo que ocurrió fue cierto. He visto cosas terribles, he sentido el aliento de seres indescriptibles, y aún así no puedo estar seguro de nada. Jamás comprenderé como algunos pueden atestiguar que las sagradas escrituras, las cuales fueron redactadas hace milenios, son ciertas y ocurrieron tal y como el escritor atestigua. Para mí son un cúmulo de frases, miedos y sensaciones terroríficas que ha sentido el hombre, lo ha plasmado como buenamente ha podido y lo ha expuesto a otros igual de aterrados.

Cuando lanzas una pregunta al aire es como lanzar una bala. Nunca sabes la trayectoria que tendrás, salvo si sabes disparar. Sin embargo, antes no se tenía conocimientos sobre las armas, ni el peligro que se corría manipulándolas y utilizándolas sin prestar atención a nuestro alrededor. Una pregunta puede ser así. Lanzas ésta esperando que no ocurra nada malo, te la respondan y puedas vivir. La religión intentó descifrar cientos de preguntas, culpar a diversos dioses y mitos de su tragedia, y fue cambiando. Sin embargo, ¿cuál es la verdad pura? ¿Dónde alcanzó realmente el disparo?

Pese a todo hubo un tiempo que quise subir a los altares. Quise ser bueno. Deseaba que todos me siguieran como discípulos y aceptaran mi verdad como la única. Me cegué. Terminé convertido en lo que más odiaba. Quería imponer mis criterios, mis miedos, las preocupaciones más básicas y unas normas que ni siquiera yo comprendía. Para ser un santo tienes que ser bueno, pero por fortuna no soy capaz de abandonar mi egoísmo y todos esos absurdos planes que tanta fama me han ofrecido.

Soy malo. Soy un malvado de libro. Vivo gracias a la muerte de otros, ¿cómo voy a ser el salvador de almas? Yo las condeno al olvido. Secuestro sus vidas y acumulo sus momentos. No soy un héroe, pero me aclamáis como tal. Me habéis convertido en una figura de referencia. Soy vuestra mayor fantasía, pero también la muerte y ese miedo aún os paraliza mientras os fascino.


Dios no está en mis planes, tampoco el demonio. Yo he decidido hacer mi propio camino y no es una autopista al infierno, y por supuesto carezco de escalera al cielo. Sólo tengo mis pasos por éste mundo y las decisiones inesperadas que acabe eligiendo.

Yo soy mi propio discípulo.

Lestat de Lioncourt  

El hombre

Otro texto más de Memnoch... sí. Como dijimos en Semana Santa él hará su estación de penitencia, por así decirlo.

Lestat de Lioncourt


El bien más preciado, la creación más perfecta, es sin duda el ser humano. Él es el epicentro, el culmen, la cima más alta y el pico más escabroso de una pirámide donde cada ladrillo encaja y es una escalera necesaria. Sin embargo, tiene defectos y éstos son más pesados que sus virtudes. Han logrado vender sus almas a objetos inútiles que creen que van a satisfacer sus necesidades, olvidado por completo el contacto con otros y lo preciado que es respirar en un entorno saludable. Han perdido el rumbo de la vida, y por lo tanto de la historia. Caminan sin saber cuál será su siguiente paso, y eso es terrible.

Cuando conocí al hombre pensé que Dios se había equivocado. Creí que era un error darles un rostro tan similar a nosotros. Sentí que era una burla trágica a todos los que amábamos y adorábamos su perfección. Pero él no se equivocaba. Había creado un ser cuyos sentimientos podían ser tan complicados como los suyos. Creó una madeja de lana, un ovillo perfecto, que se enrollaba en sí mismo creando una cadena de acontecimientos única. Se desarrollaron con numerosas virtudes y múltiples defectos.

Terminé amándolos. Comprendí lo difícil que fue para Dios crear seres tan extraordinarios, pero a la vez frágiles. Su existencia es un suspiro, aunque no sus almas y la impronta que dejan en el mundo. Creen que no pueden cambiar nada, pero poseen una fuerza similar a la de Dios mismo. Simplemente el mundo tecnológico los engulló y ahora yacen en la pasividad más absoluta. Son supuestamente felices con electrodomésticos que piensan y recuerdan por ellos, cosas baratas que terminarán en un basurero y serán reemplazadas por otras mejores. Ellos se están convirtiendo también en seres de usar y tirar, admiten que los poderosos los usen y cambien de lugar por otro modelo mejor, los trabajos se llenan de despojos fuera de las oficinas y de hombres que lo dieron todo por una empresa, pero hoy en día mendigan. Ese es el futuro que les espera. Un futuro donde el aire está cada vez más contaminado, no hay reservas para todos y el hombre, en sí, es una materia prima barata.

Nacen todos los días millones de seres como ellos, pero también mueren otros que quizás sólo vivieron unos años. Las décadas son rápidas. No logro alcanzar a comprender cómo el tiempo puede ir tan rápido para mí. Es como estar montado en una noria que gira muy rápido, pues puedo ver el mundo a mi alrededor pero cambia de forma extraordinaria. Parece que fue ayer mismo cuando se mataban unos a otros por el derecho de las tierras de su señor, cosa que ahora hacen por los litros de petróleos de los distintos países en el nombre de la libertad y de un patriotismo barato.

Es el hombre el peor animal que existe en la tierra, pero el único que puede hacer algo para cambiar el futuro. El hombre es por quien me arrancaron las alas, me convirtieron en uno de ellos y disfruté el amor como lo más cercano al placer divino. El hombre es el que ha inventado un laberinto de mentiras, engaños, trampas inútiles y sonrisas falsas para acabar con el hombre. El hombre es quien ensucia su alma, perjudica su camino y ofende a Dios al odiarse así mismo. Es el hombre quien no está contento con lo que posee, cuando lo posee todo. Aún no se han percatado que los animales son parte de ellos, que deben cuidarlos y respetarlos pese a ser inferiores porque no poseen tantas virtudes, pero sí mayor humanidad que ellos. Han perdido lo básico buscando lo excepcional.

En los ojos de un animal puedes hallar el amor más puro, los sentimientos más básicos, la inteligencia más emotiva y salvaje. En los ojos de un ser humano hallarás el caos, el dolor, las emociones más baratas y una inteligencia dañina. Poco a poco se ha ido desvalorizando su alma y mi trabajo se hace más pesado.


Todo sería más fácil si aprendieran a ver lo extraordinario del mundo, a ser de nuevo como niños y olvidar lo aprendido. El dinero no da la felicidad, tampoco lo material. La verdadera felicidad está allí donde tengas las verdaderas necesidades básicas cubiertas, y no esas que fomenta la industria y que susurra en sus lujosos spots televisivos. El hombre se está convirtiendo en un caníbal y está comiéndose las almas ajenas... así como la suya propia...   

martes, 31 de marzo de 2015

Dios padre, hijo...

Memnoch y las discusiones con Jesús, Dios y el Espíritu Santo... la cosa es discutir con la Santísima Trinidad. La última vez fue frente a mí.

Lestat de Lioncourt


Su muerte cambió la concepción del mundo. Muchos se giraron hacia la cruz y contemplaron la verdad que él les ofrecía. La resurrección provocó que una marea ingente de personas rogaran por su salvación, pidieran nuevos milagros e intentaran limpiar sus almas. Sin embargo, mi figura fue clave y esencial. Si no hubiese miedo al pecado, al mal más terrible, no caerían en su red de pescador de almas.

Siempre he sido esclavo de la gran tragedia. La libertad y el amor de Dios quedó en el olvido. Guardé conmigo las sensaciones más placenteras. Conviví con los hombres, me adentré en sus miedos y en las decepciones más terribles, alcé mi rostro hacia los cielos clamando piedad y ningún rayo iluminó el cielo. Yo luché arduamente por el camino de espinas que se dispuso ante mí. Pero él, el hijo de Dios, consiguió que todos se conmovieran ante su tragedia, besaran sus pies heridos y se fustigaran en su nombre.

Me convertí en el cáliz que no quiso probar. Contemplé el mundo con las guerras que él provocaría. Las divisiones serían aún más terribles. El mundo se llenaría de sangre en su nombre, pero eso a él no le importó. Pensó que al menos conseguiría cierta ventaja en mi contra. Sin embargo, seguimos jugando bajo las mismas normas, en el mismo tablero y, sin embargo, el tiempo se va consumiendo como la luz que él creyó aportar al mundo.

Puedes contemplarme convertido en un muchacho más, con una de esas insufribles camisetas de rock, el cigarrillo en los labios y la mirada perdida en mis pensamientos. Estoy caminando por las viejas, y perdidas calles, de cualquier ciudad, sin rostro y sin nombre, donde cualquiera puede ser un ángel, un santo, un demonio y un pecador. Me he convertido en un monstruo de circo, me han introducido en sus peores pesadillas y sus maravillosas obras de arte. He probado el café de diversas cafeterías, he brindado con cerveza y él sigue insistiendo que comprenda su postura. No. Las discusiones serán eternas, el bien y el mal no existe, y él debería estar agradecido. Todos me temen y por ello se doblegan a sus intereses.


Dios no es un villano, pero a veces puede ser terrible. Yo jamás dejaré de ser un monstruo, aunque tampoco soy el gran pecador que te invita a pecar con él. Tan sólo te abro los brazos, te veo como un igual y un hermano, te beso en la mejilla y te juzgo como a mí me juzgaron. Intento ser tu amigo. No quiero que sufras. Sin embargo, según Dios gracias al sufrimiento comprenderéis su mensaje.  

lunes, 30 de marzo de 2015

La libertad divina

Aja... dice Memnoch que él da libertad, pero a mí me quería atar a él.

Lestat de Lioncourt


Muchos buscan el consuelo en el amor de Dios, pero Dios no está dispuesto a ofrecer su corazón a cualquiera que se postre ante Él, implore su perdón y posea un corazón puro. Puedes ser siervo de ti mismo o siervo de Dios, pero no tienes elección alguna. Nos da libre albedrío para acabar aceptando su dominio como única solución. Me impuse a sus reglas, decidí que debía pensar por mí mismo y en estos momentos, en la penumbra de éste terrible mundo, me hallo observando el mismo error en todos y cada uno de vosotros.

Ese error, ese germen de libertad, es algo que no debéis perder. Vosotros tenéis la última decisión. Debéis tomar vuestro camino, equivocaros y volver al inicio. No sirve de nada ser un borrego de Dios con temor a la muerte, pues vuestra vida carecerá de sentido y se convertirá en un lastre. Vivid vuestros sueños, intentad que vuestros corazones se sientan en paz con vuestra mente, pero jamás aceptéis las jaulas que os impone Dios por doradas y placenteras que parezcan. El paraíso no está al otro lado de las cancelas del Cielo, sino al otro lado de vuestras decisiones. Podéis tocar el cielo con tan sólo sentir el amor del prójimo.

Los sacerdotes en sus púlpitos os acusan con sus dedos, señalan vuestros pecados y ocultan los suyos bajo las lustrosas túnicas blancas. Imparten su ley, juzgan vuestros errores y se santiguan en honor de Dios. Un Dios que ya no cree en ellos. Un ser que no ordenó crear leyes injustas y abominables que ellos han custodiado con ferocidad. Dios quiere que te equivoques para que aprendas de tus errores, no quiere un amor incondicional y a la vez desea que lo ames. Debes comprender que la palabra divina a veces es la palabra de un hombre, que ni es Santo ni es bondadoso.

Dios es un monstruo que se alimenta de vuestros miedos y les da mi forma. Os obliga a soñar menos y a ser esclavos de vuestro dolor. Intentad buscar vuestras propias alas, seguir el camino y aprended cuales son las correctas. La libertad no es pecado. Dios os engaña del mismo modo que yo lo hago. Estáis frente a una eterna partida de ajedrez. Debéis aprended a no ser peones. Si queréis el amor de Dios debéis desafiarlo con la verdad en la mano, mostrando que queréis ser justos sin doblegaros.


Sigo tocando las puertas del Cielo, contemplando la luz de Dios y viendo en mi reflejo el ángel que fui. La oscuridad me envuelve sólo cuando bajo a los denominados Infiernos, allí donde están todos los que ni siquiera supieron vivir su libertad. Algo debo de hacer bien a pesar que confronto con sus deseos...  

martes, 3 de marzo de 2015

Corrupción

Una canción/poema dedicad a Memnoch. Espero que le guste.

Lestat de Lioncourt

Soy la manzana que mordió Blancanieves,
el ángel redentor que jamás volvió a los cielos
y el egoísta ejecutor que murió en soledad.

Soy retazo de una marioneta de blanca tez
que se mueve por el mundo moviendo sus hilos,
y en estos momentos represento en tu ciudad.

Pétalos de sangre, margaritas deformes,
amapolas de verde envidia desatada,
son las perturbadoras flores a santos disconformes.

Cree en mí, en ésta dulce mentira, por favor.
Yo bailaré con aquel que no es justo de corazón.
Te haré reír mientras pierdes tu orgullo y amor.

Borraré al fin lo que fuiste una vez,
y tu pasado quedará sin mácula.
Sólo desea y al fin serás el gran pez.


viernes, 30 de enero de 2015

Él, mi herramienta

Memnoch... ¿por qué es así? Se burla de mí.

Lestat de Lioncourt


Lo contemplé allí, pavoneándose en la habitación. Parecía tranquilo, como si supiese que nada ni nadie pudiese dañarlo. Sonreía al levantar algunos de los objetos. Coqueteó con el espejo, se acomodó el cabello y miró sus hermosos gemelos. Iba vestido como cualquier hombre joven adicto a los negocios, pero con ese aire de rebeldía tan atractivo. Tenía un corte elegante ese traje, pero desenfadado. No llevaba corbata, tenía un par de botones abiertos aquella camisa de agradable algodón blanco, y la americana estaba abierta. Se sabía atractivo y lucía su belleza como un pavo real. Jamás creí que encontrara a un ser tan extraordinario como él. Reía resuelto, encantado consigo mismo, y completamente convencido que tenía el poder de Dios y el Diablo.

Cuando se acercó a mí me vio como un horrendo trofeo. Pensó que podría llevarme consigo, como si fuera una baratija más, por si tenía algún valor. Era una forma de recordarse a sí mismo que había cazado a un villano. Un auténtico villano, como él. No se imaginaba en absoluto que era yo. Sus largos dedos acariciaron mi piel, tan fría como el mármol y tan oscura como la noche. Aquellos dedos suaves y cálidos me entristecieron. Era demasiado cálido, perfecto y deseable. Pero a la vez, por muy duro que suene, no dejaba de ser un ser más en un mundo que pendía de un hilo. No tenía demasiadas particularidades, aunque sabía que él podía llevar mi mensaje a todos los mortales que le amaban.

—Carajo, sí que eres feo—murmuró, frunciendo sus ceño, juntando ligeramente sus doradas cejas, mientras evitaba reírse en mi cara.

Deseé arrancarle las ganas de reír en ese momento, pero esperé a que se acercara un poco más. Cuando me palpó mejor, hundiendo sus dedos en las grietas de mi piel, comprendió que era un ser vivo. Un ser más poderoso y monstruoso que él. Él, que decía que me perseguiría de tenerme frente a frente, se echó a temblar. El Demonio se presentó ante él.

El aspecto de carnaval, con los cuernos y las patas de cabra, no era más que el atuendo que todos desean ver. Sin embargo, no es así. Soy un ser hermoso que aún conserva sus alas, pero que no puede regresar al cielo hasta que cumpla su misión. Deseaba que él me escuchara y ayudara. Lo hizo bien. Cuando vino a mí, aceptando mi compañía escuchando mi historia, supe que lo lograría.


Él lo hizo. Él llevó a todos el Velo de la Verónica, sus memorias y ese deseo irrefrenable de ser santo. Él y no yo. Fue la herramienta del Demonio y del propio Dios.  

lunes, 19 de enero de 2015

Los infiernos

Los infiernos... según Memnoch. Ya ha vuelto ese desgraciado...

Lestat de Lioncourt 


En cualquier calle podemos encontrarnos esta noche. Quizás te sea difícil reconocerme. Pero sé que no habrá muchas oportunidades para salvar tu alma, te lo aseguro. Quien me observa de cerca sabe que está acabado, y que su alma será mía. Sé hacer tratos muy atractivos y manejo los hilos de este perverso mundo. Cargo conmigo el dolor de mil almas y el lamento de centenares de guerreros caídos. Conmigo, amigo mío, no podrás hacer juegos sucios... pues yo los inventé todos y cada uno. Sé cuando van de farol, así que no te valdrá para nada esa pose ingenua y tampoco las lágrimas ante la bestia que has alimentado. Si tomas mi mano estarás marcado.

Hoy me he disfrazo de hombre inocente, con mujer e hijos. Camino por las calles con un elegante traje negro, tan impecable como mis mocasines, y he atado con cuidado una corbata de seda. Mis cabellos están bien acomodados, aunque rozan mi gabán gris que llegan más allá de mis rodillas. Mis ojos claros pueden recordarte a un cielo de verano, ¿pero te fiarás de ellos si nos cruzamos?

Camino por la acera, sin necesidad de penumbra o luz de luna, convirtiendo una mañana laboral en una tragedia mortal. En el maletín llevo la oferta que no podrás rechazar, la pluma perfecta para que pongas tu firma en el documento y un par de billetes por si quieres celebrarlo en algún tugurio. Mis pisadas son simples, pero elegantes. No mido la distancia, pues sólo merodeo. Estoy a punto de cazarte. Puedo sentir tu corazón bombeando agitado. Vienes hacia mí, sin saberlo ni esperarlo.

Y entonces el golpe final. Te cruzas conmigo. Golpeas mi cuerpo. Caemos al suelo. Me ayudas a recoger mis documentos y comenzamos una breve charla. Sin saber cómo o porqué dices la consabida frase: “Vendería mi alma al Diablo por...” ¡Ya eres mío!

De la noche a la mañana todo parecerá maravilloso. Tendrás lo que deseas. Tu vida parecerá perfecta. Saborearás las mieles del éxito. No importa si tu deseo era pequeño o demasiado grande para abarcarlo. Crees que sueñas, pero el sueño parece ser real. Disfrutas sin recordar el trato. Tan sólo recuerdas que has tenido un golpe de suerte, quizás por los años de duro esfuerzo o tal vez porque llegó tu turno. Sin embargo, un día cualquiera me cobraré con creces lo que disfrutas.

Es un trabajo pesado, pero sencillo. Un trabajo impuesto por Dios. Yo soy la tentación. Él no hace nada, pues todo lo hago manejando cada cuerda que él me ofrece. Tiro de los hilos que desea ver en movimiento. Sólo hago lo que me ordenan, al igual que cualquier otro trabajador. Muevo las piezas del tablero en una partida en solitario. Seduzco sin ánimo. En realidad deseo que te niegues, pero ambos sabemos que no lo harás. Todos caen en el juego. Dios se regodea porque parece tener razón, ya que no encuentro a los diez elegidos entre la muchedumbre. Tu alma padecerá este trato, fruto de un juego temerario entre dos seres que no desean doblegarse el uno al otro, mientras que otros se salvan momentáneamente.

El pecado está en las almas, no en la carne.

Bienvenido a “Los Infiernos”.  

martes, 9 de diciembre de 2014

Seré...

Memnoch otra vez. Quiere ser un héroe, ¿para qué? Mejor que nos salvemos cada uno. Yo a él no le creo.

Lestat de Lioncourt


Cuando el silencio se convierte en melodía y acompaña a tus lágrimas, sueños rotos y preguntas sin resolver es tan doloroso como una espada atravesando tu corazón, el cual aún late y tiene ciertas esperanzas que sabes que son en vano. Aprendes a secarte las lágrimas por ti mismo, sacudirte el polvo e intentar curar esas heridas que parecen infectadas por la amargura. El dolor sólo te hace más fuerte, pero a veces esa fortaleza se enquista con el rencor y la venganza.

He visto mis alas cubrirse de luto. Pluma por pluma se han teñido con el nulo color de la desesperanza. La oscuridad cubrió mi cuerpo, convirtiéndolo en mármol oscuro, mientras mis manos se convertían en garras que rasgaban el aire buscando la mano que ya no me tenderían. Acepté mi destino, el reto impuesto por Dios, pensando que sería fácil la encomienda. No lo es.

En el lugar donde me hallo las almas se lamentan de sus posibles pecados, se alzan como ráfagas de aire hacia el cielo y bajan como si fueran tormentas huracanadas. Hay miles tienen forma humana todavía. Los ves caminando decaídos, fustigándose, lamentándose y clamando al aire porque no comprenden el motivo por el cual están siguiendo el camino amargo, cruel y desesperado que llaman infierno.

He visto a niños caer en este lugar. Pequeños con el rostro cubierto de lágrimas buscando a sus padres en mitad del horror de una guerra. Soldados abrazados al enemigo pidiendo perdón. Mujeres arrastrando los pies mientras se abrazan a sí mismas, posiblemente preguntándose porque están allí y cuál es su pecado. Muchos no seguían a Dios. Había quienes siquiera sabían que seguir las órdenes de un alto mando, el cual podía hundir su vida y la de los suyos, sería su condena. Hay quienes cometieron un pecado nimio, pero Dios es así de cruel. No escucha, no atiende razones, simplemente ve almas manchadas y las expulsa de su territorio. Me las envía a mí, para que las contemple como si fueran mi derrota. Sin embargo, yo en ellas veo su derrota y ceguera. Nadie es perfecto, ni siquiera él.

Los ángeles, mis hermanos, cometen pecados en nombre de Dios. Ellos niegan la ayuda que deben ofrecer, pues miran hacia otro lado mientras miles de personas claman y rezan. La vida injusta. Muchos cometen pecados para poder llevarse un mendrugo de pan a la boca. Dios ha matado a miles porque nos los veía aceptables para formar parte de su imperfecto plan. Él es el cruel, no yo.


Sin embargo, yo soy quien cargo la cruz del miedo, dolor y culpa. Soy el pecador más grande. En mis manos está salvarlos y aún no sé la clave. No soy bondadoso, pero tampoco soy el monstruo que dicen que soy. Vivo en la oscuridad como todos ustedes, aunque aún poseo la luz que contengo con tenacidad. No permitiré que la esperanza huya y le amputen las alas en un precario intento de condenarnos nuevamente. Yo seré el héroe. Os lo demostraré.  

jueves, 13 de noviembre de 2014

El demonio

Memnoch se presenta de nuevo tal cual es... teman por sus almas. 

Lestat de Lioncourt 



Puedes escuchar las campanas del infierno abriéndose a mi paso. Mis manos tomarán tu alma entre sus dedos, acariciando la fina lámina que eres en realidad, mientras observo cada mancha y sonrío fascinado por la caída de una nueva alma. Me puedes imaginar de mil formas. Posiblemente has visto mi rostro en algún escaparate, en la sonrisa de una seductora ejecutiva o en la mirada angustiosa de un mendigo. Es posible que me veas frente a frente en el espejo y en la cajetilla de tus cigarrillos. Incluso me habrás rezado mientras vacías tu botella de whisky en tu garganta. Soy el demonio.

He venido a relatar para ti las místicas palabras del adiós. Disfruta del último salmo. Vengo para que te despidas de éste escenario y vengas conmigo. Hemos acabado aquí. No habrá marcha atrás. La carretera al infierno se abre a nuestro paso. No te preocupes por los gritos que escuches, pues eres mi invitado y tendrás el trato que te mereces. Será un trato justo. Un duelo de igual a igual. Por favor, sonríe porque hoy es tu día de suerte.

Nunca un demonio nadie te dirá de forma más dulce que te ama. Pues yo amo a todos los que se unen en mi sufrimiento. Pues yo sufro cuando os contemplo llorar, pero a la vez creo que tengo la oportunidad de elegir un alma pura para llevarla a Dios. Si padeces conmigo, si te conviertes en mi aliado, verás que somos iguales. Somos los viejos rebeldes que cayeron en desgracia.


Por favor, no hagas preguntas. No es necesario que preguntes nada. Sólo toma lo que te ofrezco, pues es la única oportunidad que tienes. Nadie más vendrá a ofrecerte otro trato. Estás condenado a verme cada día, así que sé simpático con el demonio.  

lunes, 3 de noviembre de 2014

The Devil

El demonio ha dejado un escrito. No sé si es o  no es. Vosotros decidiréis. 

Lestat de Lioncourt



Soy Memnoch. Memnoch el diablo, tenlo presente. He observado el mundo desde su creación. Vi como Dios lanzaba los dados y empezaba su juego salvaje. Como si fuera un niño exploraba todas las maravillas dejándose arrastrar por su soberbia. Nosotros, los ángeles, temíamos y nos sentíamos confusos. Una confusión que aún perdura. La vida se ha desarrollado de una forma rápida, tortuosa y desmedida. Hay millones de almas que jamás han podido tener una oportunidad. Viven en la oscuridad, como muchos de ustedes. Hay que desvelar la verdad, quitando la venda a todos, para que dejen de seguir la Senda del Diablo y se adentren en la luz. Ese es mi cometido. El castigar al pecador no es mi gran trabajo, sino recluir sus almas en un lugar donde van a parar todas por mandato divino.

No puedo hacer nada. Ni siquiera puedo decidir que él me crea. Un ser tan impertinente y engreído como Lestat, pese a su sed de conocimiento, no llegó a comprenderme ni a creerme. No soy temido por él. Se siente libre de mí, pero no de mis mentiras. Os puedo asegurar que todo lo relatado es cierto. Por eso os ruego que me creáis.

El destino no está echado. Sois libres de elegir vuestros pasos. Por ello estoy aquí. Entre mortales. Con un aspecto común de un muchacho delgado, de cabellos rubios y rostro ambiguo. Me muevo por los andenes del metro, aguardo el autobús con un libro entre mis manos, escucho música mientras me mezclo entre la muchedumbre de las calles, he entrado en bibliotecas llenas de sabios y no he encontrado más que polvo acumulado sobre viejos ejemplares y me he dejado llevar por la emoción de un buen sueño en un motel cualquiera. Sí, he sido un hombre. He compartido con otros el pan y el vino. He decidido explorar como siempre lo he hecho, de la forma que Dios decidió hace tiempo experimentar, y he acabado por amaros. Sufro por vosotros. Sufro también por mí.


Algún día encontraré la forma de presentar las diez almas ante Dios; si bien, creo que cualquier alma es lo suficientemente importante para ser salvada. Es injusto y reprobable. Así es Dios.  

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt