Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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viernes, 16 de octubre de 2015

Sabios ignorantes

Memnoch ha vuelto, pero sólo deja misivas. No sé qué es, pero insiste que es el demonio.

Lestat de Lioncourt


Es divertido jugar a ser Dios, ¿no es así? Disfrutáis arrancando los misterios de éste mundo, dándoles una explicación adecuada y comedida, para no sentir el pánico de una existencia vacía, sin fe y con un orgullo demasiado elevado. Aceptáis los cambios violentos que sacuden a los conocimientos como si fueseis máquinas predispuestas, puros ordenadores que procesáis información sin asimilarla ni comprenderla, y que, como animales adiestrados, explicáis sin sentimiento alguno.

Odiáis los logros alcanzados de otros, detestáis que puedan ser superiores intelectualmente y mortalmente, por eso lucháis por dejar un legado. Los viejos legados, las huellas de éste estercolero, antes eran ofrecidas como un paso a la inmortalidad y beneficio mutuo. Ahora es puro ego, puro deseo de destacar por encima de todos, y querer ser el científico del año, el doctor del año, el literato del año y, porqué no, el economista que salve el desastre que otros no supieron explicar.

Sois sucios y rastreros. Pertenecéis a una evolución pueril, con unas almas atroces y decadentes, pero a la vez tenéis una inteligencia excepcional y sois capaces de amar. El problema es que habéis olvidado amar lo sencillo, lo puro, lo alcanzable y necesario. Habéis olvidado que hay huellas que perduran más que un descubrimiento y son vuestros hijos, los que llevarán algún día la gloria de vuestra sangre, y os precipitáis a odiar manchando vuestras almas heridas.

La envidia os corrompe, del mismo modo que la corrupción por la ambición de dinero sucio y fácil. Sois enemigos de vosotros mismos, pues hasta vuestro reflejo os desprecia, pero alejáis la mirada y seguís el rumbo que creéis correcto, merecedor de esfuerzos y medallas. Me duele admitir que aún os amo y busco entre vosotros almas puras, hermosas y delicadas, que salvar. Pero es difícil. Estoy perdiendo la esperanza y las fuerzas.

Sólo veo miseria, deseos de grandeza, ganas de hundir al prójimo porque sentís que podéis ser los siguientes y un desprecio descomunal a la historia que os ha forjado. Olvidáis las guerras y creáis otras similares, tropezáis siempre con la misma piedra y encumbráis al ladrón que vende su patria a pedazos. Os creéis cualquier mentira regada en papel y tinta. No sabéis soñar si no os ayuda el cine, la televisión cargada de programas indecentes y los psicoanalistas baratos. Ya no tenéis capacidad de imaginar porque la anuláis. En las escuelas os recortan el alma, cuadriculan vuestras mentes y os obligan a ser iguales. Lo distinto os asusta, cuando eso os hace fuertes, libres y sabios.


Abrid los ojos, queridos míos, porque yo estoy aquí y quiero abrir mis alas para protegeros.  

viernes, 2 de enero de 2015

Mi alma

Y ahí vienen los pensamientos del manco... digo de Nicolas. De nuevo viene su espíritu a traernos su dolor. 


Lestat de Lioncourt


Cuando llegas al fondo de tu alma, donde anidan tus más terribles pensamientos y pesares, sabes bien que puedes volverte loco o fortalecerte. Muchas personas no quieren reflexionar sobre el mundo porque saben que son capaces de hacer cosas terribles. Gente honesta que en realidad desea sacrificar al mundo, postrarlo ante sus pies y deleitarse con el jugo de la mentira. Miles de sensaciones te aguardan en el páramo donde el cuervo grazna, los árboles son retorcidos y no existe fruto alguno. Allí donde todo es yermo y el dolor es lo único que surge del suelo.

Yo he caminado por las profundidades de un enjambre de zarzas, he visto montañas de palabras robadas y he contenido el aliento ante la horrible visión de mi verdadero yo. Después he derramado miles de ríos de tinta en los folios que acumulaba junto a mi ataúd. Allí, exponiendo el dolor, explicaba todas las sensaciones amargas de las que disfrutaba de forma retorcida. No obstante, extrañaba su luz. La luz cálida de un sol que provocaba brotes tiernos de felicidad bajo mis pies. Esa luz que él tenía. La luz que codicié. El amor que dejé escapar. Él.


Toco sin dejar de mecerme ante el sufrimiento. Voy con los ojos vendados mientras juego en el hilo frágil de mi destino. Sé que cada nota musical que surja de mi violín puede ser la última y que cada palabra escrita testimonio de mi locura, pasión y despedida. Si cae el telón que caiga conmigo. Mi actuación debe ser la final de un gran misterio.  

martes, 9 de diciembre de 2014

Seré...

Memnoch otra vez. Quiere ser un héroe, ¿para qué? Mejor que nos salvemos cada uno. Yo a él no le creo.

Lestat de Lioncourt


Cuando el silencio se convierte en melodía y acompaña a tus lágrimas, sueños rotos y preguntas sin resolver es tan doloroso como una espada atravesando tu corazón, el cual aún late y tiene ciertas esperanzas que sabes que son en vano. Aprendes a secarte las lágrimas por ti mismo, sacudirte el polvo e intentar curar esas heridas que parecen infectadas por la amargura. El dolor sólo te hace más fuerte, pero a veces esa fortaleza se enquista con el rencor y la venganza.

He visto mis alas cubrirse de luto. Pluma por pluma se han teñido con el nulo color de la desesperanza. La oscuridad cubrió mi cuerpo, convirtiéndolo en mármol oscuro, mientras mis manos se convertían en garras que rasgaban el aire buscando la mano que ya no me tenderían. Acepté mi destino, el reto impuesto por Dios, pensando que sería fácil la encomienda. No lo es.

En el lugar donde me hallo las almas se lamentan de sus posibles pecados, se alzan como ráfagas de aire hacia el cielo y bajan como si fueran tormentas huracanadas. Hay miles tienen forma humana todavía. Los ves caminando decaídos, fustigándose, lamentándose y clamando al aire porque no comprenden el motivo por el cual están siguiendo el camino amargo, cruel y desesperado que llaman infierno.

He visto a niños caer en este lugar. Pequeños con el rostro cubierto de lágrimas buscando a sus padres en mitad del horror de una guerra. Soldados abrazados al enemigo pidiendo perdón. Mujeres arrastrando los pies mientras se abrazan a sí mismas, posiblemente preguntándose porque están allí y cuál es su pecado. Muchos no seguían a Dios. Había quienes siquiera sabían que seguir las órdenes de un alto mando, el cual podía hundir su vida y la de los suyos, sería su condena. Hay quienes cometieron un pecado nimio, pero Dios es así de cruel. No escucha, no atiende razones, simplemente ve almas manchadas y las expulsa de su territorio. Me las envía a mí, para que las contemple como si fueran mi derrota. Sin embargo, yo en ellas veo su derrota y ceguera. Nadie es perfecto, ni siquiera él.

Los ángeles, mis hermanos, cometen pecados en nombre de Dios. Ellos niegan la ayuda que deben ofrecer, pues miran hacia otro lado mientras miles de personas claman y rezan. La vida injusta. Muchos cometen pecados para poder llevarse un mendrugo de pan a la boca. Dios ha matado a miles porque nos los veía aceptables para formar parte de su imperfecto plan. Él es el cruel, no yo.


Sin embargo, yo soy quien cargo la cruz del miedo, dolor y culpa. Soy el pecador más grande. En mis manos está salvarlos y aún no sé la clave. No soy bondadoso, pero tampoco soy el monstruo que dicen que soy. Vivo en la oscuridad como todos ustedes, aunque aún poseo la luz que contengo con tenacidad. No permitiré que la esperanza huya y le amputen las alas en un precario intento de condenarnos nuevamente. Yo seré el héroe. Os lo demostraré.  

viernes, 10 de octubre de 2014

Diez almas

Memnoch está buscando aún sus diez almas y yo sigo diciendo que no le creo. Que diga el Demonio lo que quiera, a mí plin. 

Lestat de Lioncourt

Llevaba varias horas apostado en una calle. La lluvia caía como si fueran las lágrimas de un Dios inocente, que llora por todos y cada uno de sus hijos, junto a un coro de ángeles que cantan alabanzas terribles sobre lo sucedido. Los rayos y truenos parecían romper el mundo en mil pedazos. El cielo, completamente oscuro, no dejaba ver bien la silueta de la ciudad. No había luz. Ni una sola farola funcionaba. Los habitantes de la gran ciudad, una cualquiera, se arremolinaban entorno a velas que se encendían precipitadamente. No había televisor que les lavase el cerebro, ni música que calmase sus almas o Internet que se inyectara como una droga a través de las ondas. No. No había nada. Sólo quedaba el silencio de los coches intentando llegar a casa, rozando el asfalto y pisando charcos que se acumulaban. Alguna que otra pisada a lo lejos, un par de gritos, una charla amena, un niño que llora y un par de ancianos que rezan sus oraciones es todo lo que queda de una urbe bulliciosa.

Contemplaba aquello con fascinación. Era como si nunca hubiese visto el mundo. Pero él conocía bien todos sus secretos. Podía leer el alma de aquel paraíso destrozado y desquiciado. Sabía palpar los muros de tal forma que podía derrumbarlos. Sin embargo, permanecía quieto con aquella pose de chico perdido. Sus largos cabellos rubios se pegaban a su rostro, sus cejas se fruncían suavemente por algún ruido nuevo y miraba con curiosidad cualquier acción humana. Él no confiaba en su verdad, pero su libro seguía vendiéndose en todo el mundo. Ya nada podía cambiar.

Tenía una misión, pero la había olvidado. Salvar diez auténticas almas. Mostrarle a Dios que todos eran perfectos para estar en su reino. Y, sin embargo, estaba allí parado obsesionado con el mundo moderno y con las dificultades que se ponían en su camino. Aún no había determinado como hacer la criba. Tal vez por la inocencia y curiosidad. Almas como las de ese vampiro que le había dado la espalda. Un vampiro que juraba que él le había mentido, que la iglesia estaba corrupta y que no caería de nuevo en sus trucos baratos. Ya lo veía como una fábula, un cuento para irse a dormir, cuando era tan real como él. Sintió deseos de ir a su encuentro, de viajar hasta donde se encontraba y besar su frente diciéndole: Te perdono.

El frío comenzaba a penetrar en su carne, calando sus huesos, mientras algunos viandantes alocados, que buscaban refugio, reparaban en él. Allí de pie, como una aparición, era sospechoso, pues parecía esperar un milagro que no llegaba. Un loco más, suponían. Pero no, era el Diablo. El Diablo en persona. Un ser grotesco según las diversas religiones, pero él poseía un rostro perfilado por la belleza y el desconsuelo.


—¿Cómo podré encontrar esas diez almas?—murmuró para sí mismo—. Si ni siquiera puedo convencer a un vampiro ególatra.  

viernes, 1 de agosto de 2014

Todo se reduce a un par de sentimientos

Mael me ha hecho llegar esto, me ha pedido que lo comparta y que difunda su mensaje. En sí, estoy de acuerdo en muchas cosas. El mundo muere y la belleza natural parece que aterra al hombre moderno. 

Lestat de Lioncourt 



Los verdes bosques en los cuales crecí, de altos y robustos árboles, prácticamente han desaparecido. El hombre moderno no ve la belleza natural, el deseo imposible de abrazarlos y sentir la vida vibrando dentro de ellos sin necesidad de corazón. Los nuevos hombres, esos que se creen de desafiante inteligencia, no son más que monstruos que no respetan la vida. Ellos sólo ven madera y recursos para lograr alcanzar un nivel económico superior. Sin embargo, sus almas se pudren del mismo modo que se pudren los campos ante una plaga.

En muchas ocasiones he sentido el impulso de salir corriendo, ir en busca de mis viejas raíces y no mirar atrás. Sin embargo, me siento con paciencia en las paradas de autobús de las ciudades modernas. Veo el tránsito de todos y cada uno, tan centrados en sí mismos que no son capaces de alzar el rostro y dejar que otros ojos los escruten. Me concentro en observar las lenguas de asfalto recorriendo cada calle, el temblor del tubo de escape de los vehículos que nos matan con su humo y el continuo cambio de luces en los semáforos. Las ciudades de hormigón, cristal y plástico no son impresionantes. Muchos se golpean el pecho hablando de las grandes infraestructuras, pero yo sólo veo basura acumulándose con fervor.

A veces camino con las manos metidas en los bolsillos, sintiendo que mi pelo se mueve al son de la brisa contaminada e imagino que son los antiguos pastos cultivados de mi pueblo. Puedo sentir el sol incidiendo en mis mejillas, escuchar el murmullo de las arpas o las espadas chocando, y saborear los sabrosos frutos de la primavera. Puedo hacer todo eso porque mi memoria aún es excelente y me niego a olvidar quién fui. Tras miles de años es todo lo que tengo. Mis recuerdos acumulando polvo y sentimientos.

La única maravilla que he encontrado en el corazón de las ciudades, su pequeña dinamita, es que aún hay niños que dibujan el sol en todo lo alto, el cielo azul y hermosos campos que jamás han visto. Está en nuestros genes, sean cuales sean, encontrar el paraíso verde y fresco, la tierra húmeda, el canto de las aguas en movimiento y la vida surgiendo bajo nuestros pies. Lástima que, ya de adultos, todos olvidan ese instinto. El mundo se muere y ninguna de las almas, encerradas en sus ataúdes de mentiras y hormigón, es capaz de salir a reclamar la tierra como algo propio.


Hoy he encontrado un fresno, lo he acariciado recordando las viejas leyendas y el sabor de la hidromiel. He cerrado los ojos y he aspirado el aroma que cargaban sus hojas. Gracias a él he decidido emprender un nuevo camino, buscarlo a él donde sé que se encuentra y rogarle que venga conmigo a los bosques donde nos encontramos. Quiero sentir las caricias del viejo are que tan bien recordamos, aunque sea bajo la oscuridad y un pequeño puñado de estrellas. Su amor es mi único consuelo y apoyo. He aprendido que no importa el tiempo en el cual hemos estado separados, sino el momento en el cual hemos vuelto a estar juntos. Somos dos almas que se han encontrado en éste purgatorio moderno y que comprenden el dolor por el cual han pasado, el deseo que aún les invade y la nostalgia que muestran en sus ojos cuando se contemplan. Todo se reduce a esperanza y amor, como si fuera una vieja leyenda que surge entre las sombras de los edificios más caros y luminosos. Un mundo plástico para dos almas encerradas aún en un árbol, posiblemente una metáfora más de la vida que aún sostenemos. 

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt