Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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domingo, 11 de junio de 2017

Irreal

La sociedad hace tiempo que dejó atrás sus años de revolución y tumulto. Es como si hubiese sido adoctrinada en la desesperanza y hubiesen asumido que no hay solución alguna. Veo a los ojos a los jóvenes y no observo rabia alguna. Sólo contemplo un gran vacío en un páramo destrozado, oscuro y cubierto de una pátina de lágrimas que no son capaces de desbordarse. No había sentido jamás tanto miedo como ahora.

Llevo algunos años viendo como la esperanza se reduce en los corazones. Las manifestaciones cada vez son menos multitudinarias. Y cuando suceden la represión es tan brutal que el pueblo decide no hacerlo. Se crean leyes mordaza para que los gritos sean solapados con denuncias y condenas en firme. Veo a muchos activistas llorando siendo arrastrados por el suelo. No importa si gritan por la destrucción de la naturaleza, por la violencia contra la mujer, la igualdad sanitaria, el respeto a personas que viven o sienten diferente e incluso si lo hacen en contra de bombardeos. Este es le mayor acto terrorista que existe en el mundo y es meter miedo en el pueblo.

Un pueblo que se sienta frente al televisor y es testigo de guerras, disturbios, saqueos, asesinatos en directo, ejecuciones y corrupción. Ven al mundo deshumanizado y creen que esto es lo habitual, lo necesario, lo propio y que no hay solución. Han visto tanta basura que asumen que no se puede deslindar nuestro mundo de esta.

Recuerdo cuando el pueblo se alzó en otras ocasiones. Gritó contra la explotación de reyes, esgrimió consignas en un paro de días para que las fábricas asumieran que eran hombres y no máquinas, lucharon por respeto y dignidad en decenas de ocasiones y fueron fusilados aferrados a una bandera constitucional de una república que ya no existe debido a represiones fascistas. Muchos murieron si alcanzar su objetivo, pero murieron libres. Ahora mueren muchos más creyéndose libres y seguros, pero están viviendo como esclavos sin alma y sin respeto hacia sí mismos.

Muchos tiemblan y tienen miedo a lo diferente porque les han vendido que son distintos a ellos. Ven en los rezos de otros fanatismo, pero no es lo mismo si lo hacen ellos en las iglesias. Contemplan titulares sobre “integrismo islámico”, pero nada se habla del judío o cristiano. Las víctimas parecen de segunda categoría si son en países orientales y no en ciudades como París, Madrid o Londres. Las armas son vendidas por los mismos países que dicen haber sido heridos por quienes las empuñan. La hipocresía, la falacia, el miedo, la falta de respeto en uno mismo y la carencia de humanidad los aboca a ser esculturas en mitad de un tablero de ajedrez.

He leído miles de libros donde esto se narraba como algo a largo plazo. Ciudades que son controladas por cámaras de televisión, por un equipo de seguridad que acata leyes injustas impuestas por tiranos que roban llenando sus bolsillos con los impuestos, sueños y necesidades del ciudadano, y que no hay nadie, absolutamente nadie, que alce la voz.


Soy un vampiro. Vivo al margen de esta oscuridad en otra muy distinta. Tengo mis propias leyes. Debería gritarles que despierten, pero es difícil. Asumen que sólo soy un personaje y carezco de razón. Ven esto como algo irreal.  

jueves, 8 de junio de 2017

Humanidad

Louis y yo deberíamos hablar más sobre esto.

Lestat de Lioncourt

—¿Qué miras con tanto estupor?—pregunté.

Tenía el ceño fruncido y la boca torcida. Era un gesto de brutal desagrado y preocupación. Podía apreciar en sus rasgos una consternación inusual.

—Las cifras de abandono de animales en las épocas vacacionales—murmuró sin levantar sus encantadores ojos azul grisáceos con destellos violáceos.

—¿Por qué?—dije tomando asiento al otro extremo de la mesa.

Estaba sentado en la gran mesa de reuniones con las botas sobre el borde de esta. Armand lo iba a matar si lo veía de ese modo, pero no estaba en la ciudad. Había decidido viajar a San Francisco para un musical que iban a estrenar en uno de los teatros que apoderaba.

—¿Has olvidado de dónde era Mojo?—dijo cerrando el periódico para dejarlo a un lado.

—Un perro callajero—respondí.

—Exacto—dijo con una sonrisa amarga.

—Mon coeur, ¿pero por qué te disgustas leyendo semejantes datos?

—Porque pienso donar algo de dinero, aunque esto sólo se soluciona con conciencia. Cuando los animales dejen de ser objetos, usados como juguetes o seres sin sentimientos... Cuando se les otorgue derechos y se les blinde, entonces y sólo entonces, podremos decir que donar a protectoras de animales tendrá algún sentido. Entretanto la cultura del abandono proseguirá—decía aturdido.

Realmente se sentía horriblemente abatido. Odiaba verlo de ese modo. Desde la muerte de Mojo buscaba sus ojos en cada animal. Sentía el dolor que ellos sentía. Sabía que jamás se perdonaría la muerte de aquellos lobos en la nieve, aunque fue una proeza por pura supervivencia. Aún así ahora sentía uno con la naturaleza. Solía y suele decir que vivimos en un jardín salvaje y todos y cada uno somos flores extrañas, las cuales surgen con un aroma distinto, y los animales, sean cuales sean, son iguales y deberían tener una vida digna. Si bien, ni siquiera tienen vidas dignas muchos niños y ancianos. Las calles cada vez se llenan de mendigos más jóvenes, de ancianos rebuscando en la basura y no hace falta que se vaya a países supuestamente en crisis alimentaria. Sólo hay que salir al balcón de cualquier edificio y mirar hacia abajo.


El ser humano había olvidado la humildad, el honor, el amor, la compasión y la humanidad. Realmente había olvidado lo que es la humanidad. El cúmulo de creencias y sentimientos habían quedado destruidos en pos del progreso. Algún día tal vez se darán cuenta y entonces no quedarán animales, no quedará nada.  

martes, 15 de diciembre de 2015

El monstruo que soy

Khayman mostró quien era en éstas líneas y Jesse me las ha hecho llegar.

Lestat de Lioncourt


La humanidad es extraña. He visto cambiar el clima poco a poco, al igual que los rostros de las ciudades y las esperanzas que se aguardan más allá de la alcoba. Durante estos largos siglos he escuchado palabras vacías, pero también guerras vacías y revoluciones carentes de espíritu. El poder del dinero compra todo, salvo algunos sentimientos puros como el amor o el respeto. Puedes imitar lo que sientes, pero no puedes sentirlo ni demostrarlo con cada parte de tu cuerpo, con cada gesto sencillo y cada pensamiento puro.

No es bueno echar la vista atrás siempre, pero ocasionalmente me siento en las desoladas bancas, escaleras o fuentes de los parques. Suelo viajar demasiado, así que no importa el país o continente donde me encuentre. Sólo me siento y medito mirando las estrellas, las cuales parecen ahora más desgastadas que cuando era tan sólo un guerrero mortal.

Cuando era un niño solía divagar sobre los dioses, espíritus y poderes que se ocultaban en la noche, la música transcendental de la naturaleza y la fascinación que tenía hacia todos nosotros, los humildes y pecadores mortales. De fondo siempre escuchaba las viejas canciones de mi madre, acunando a mis hermanos menores, y a mi padre intentando transmitir sus verdades a mis hermanos mayores. Finalmente, cuando entré en el ejército, pocos de mis hermanos estaban vivos, mi madre murió mucho antes que yo pudiese tener algo de vello en la cara y mi padre poco después de ser ordenado general. Sin embargo, seguía mirando las estrellas cuando acampaba con el resto de mis compañeros, a los cuales consideraba algo más que amigos y aliados.

El ser humano está desesperado y desbordado. Ha dejado atrás parte de su alma por un pedazo de territorio al que llamar hogar, ha puesto vallas enormes para que otros no pueda contemplar sus muros, ha electrificado éstos para que la soledad sea la única que pueda reinar con su avaricia, ha aceptado guerras aún más injusta que las antiguas, come alimentos que están envenenados y no muestra empatía hacia aquellos que sufren escasez. El mismo ser humano que no quiere mirar atrás ni un segundo, que no es capaz de resistir los argumentos de otras culturas u opiniones igual de válidas que la suya, que se enfrenta a los hechos históricos y niega a los jóvenes un futuro mejor porque codicia demasiado. Vivimos en un mundo de gente extraña que desconfía demasiado. Personas que no saben darle voz a los que desean un mundo distinto, porque no es su pensamiento. La política, los gobiernos y empresas, han corrompido el alma de los soñadores y desechado a los que soñaban con alas para volar lejos de los muros. El ser humano se ha convertido en su propio enemigo, provocando por otro lado que los pocos hombres con alma pura, que siguen intentando encontrarse consigo mismo y desconfían de su propia filosofía, sean extraños seres que deambulan de un lado a otro sin encontrar un lugar concreto donde descansar.

Hoy redacto éstas palabras en un parque londinense, no muy lejos de uno de sus museos de historia más conocidos, y en una hoja arrancada de una libreta que he adquirido a últimas horas de la tarde. Soy un hombre demasiado blanco, pues parezco una estatua viviente, con el cabello extremadamente oscuro y largo, con ropas de simples y con anillos que recuerdan a los viejos faraones. Disfruto de lo nuevo, lo viejo, los símbolos y lo simple. Estoy aquí, escribiendo mis pensamientos con música fresca, joven y actual recordándome que sigo vivo tras más de seis milenios. Sigo vivo. Es curioso que la palabra “vivo” no se califique a los que son como yo, que sea un mero chiste que te hace sonreír con cierta ironía. Sin embargo, me siento vivo.

10 de Diciembre de 1996




domingo, 15 de noviembre de 2015

Haz bondad

Daniel Molloy me ha dado éste texto para subirlo a la web. Me ha pedido que lo hiciera urgentemente en éste día. Como periodista quizás sabe más que todos nosotros lo que es informar, transmitir y hablar a otros. Incluso yo me siento a veces saturado y no sé como explicar lo que siento, pero él sabe poner cada coma en su lugar.

Lestat de Lioncourt


Convirtieron el caos en religión y la religión fue absorbida de nuevo por sus inicios. La nebulosa rojiza que penetró, como pequeñas agujas, en el cuerpo de Akasha dio paso a una diosa peligrosa sedienta de sangre y poder. La misma diosa que cubierta de pecado, ambición y equívocos pensamientos creó numerosos guerreros para que extendieran su reino a lo largo de los senderos de arena, el refrescante Nilo y los diversos mares y océanos. Se convirtió en un monumento a la verdad absoluta, el poder y la belleza eterna. Venerada, amada y temida se encumbró como la única luz en la oscuridad.

Durante cientos de años fue tomada como emblema de una estirpe de condenados. Se ocultaba del sol para evitar la muerte, como si fuese una gigantesca plaga, de sus primeros soldados y descendientes. Los guerreros de la Reina Akasha se guarecían en gigantescos árboles, venerados como dioses de distintas tribus, impartiendo justicia entre los pecadores. Otros, como no, seguían caminando por el mundo, completamente sedientos y descontrolados, buscando un refugio para alzar su voz y ser temidos. Algunos iniciaron religiones sangrientas llenas de sacrificios humanos, como Azim, otros decidieron ser bondadosos y complacientes como Avicus. Cyril, por ejemplo, decidió rondar el mundo en busca de un destino, de algo que entretuviese su mente intranquila y su alma torturada, usando largos periodos de descanso bajo las ciudades que visitaba.

La primera Quema mató a muchos jóvenes, provocando que sólo los más antiguos sobrevivieran convertidos en huesos oscuros o piel terriblemente quemada. Ella fue expuesta al sol, mostrada como si fuese un objeto maldito que debe ser destruido, junto a su consorte, Enkil, durante todo un día. A lo largo y ancho del mundo cientos de hombres y mujeres, seres de la oscuridad, sintieron el sol como si estuviese bajo sus cabezas. Muchos gritaron en mitad de la noche, otros golpearon con rabia y dolor los gruesos troncos de los árboles, hay quienes intentaron calmar aquel drama hundiéndose en el mar... ¡La Sangre ardía! ¡Ellos ardían!

La segunda Quema fue cuando ella despertó. Un joven vampiro decidió mostrarle al mundo entero la verdad, un secreto que se había ocultado por supervivencia y miedo, a todos los demás que jamás habían escuchado tales testimonios. Se convirtió en un héroe, pero también en un proscrito. Muchos deseaban eliminarlo, pero la mayoría fueron sentenciados a muerte. La Reina Akasha, La Madre, lo protegía y se alzó como una fiera, igual que una leona protege a su cría, contra todo aquel que deseaba matar a su nuevo consorte, pues Enkil había perecido en sus brazos.

La vieja guerra volvió, la fe convertida en venganza surgió con fuerza y agitó los cimientos de ésta era tecnológica y ligeramente artificial. Los focos del escenario temblaron, estallaron y se convirtieron en el símbolo del desastre. Muchos jóvenes estallaban en llamas, otros corrían sintiéndose pequeñas hormigas que eran señaladas con una gigantesca lupa y miles, en todo el mundo, lloraban heridas, morían sin poder siquiera salir de su ataúd o despertarse de su largo y próspero sueño. El regreso de La Reina nos narró una historia de venganzas palaciegas, mentiras y corrupción así como un pequeño gesto de amor, bondad y respeto que se convirtió en el inicio, en el Germen, tras un ataque de una neblina rojiza llamada Amel.

Aquel espíritu vengativo estaba uniéndonos a todos, poseía vida dentro de ella aunque muy débil. Él comenzó a cobrar conciencia cuando ella despertó, pero eso no lo sabíamos. Y, cuando él tuvo fuerzas suficiente, más allá de balbucear algunas simples palabras, la siguiente Quema se inició. La Tercera Quema arrasó la noche durante semanas, iniciando focos en Brasil, India y diversos lugares de Europa. Los jóvenes ardían de nuevo. Muchos antiguos eran usados como viejos soldados que entraban en guerra mientras una voz, suave y testaruda, pedía que murieran en su nombre, por su dolor y poder.

Los seres humanos también están matando ahora. Matan en nombre de un Dios que dice hablarles, pero sólo es su ambición, estupidez y peligrosos deseos políticos que se envuelven en religión. Las verdaderas religiones fueron creadas para mostrarle al hombre la piedad, bondad, respeto, superioridad y comprensión. El hombre no era perfecto, por eso creó a Dios. Deseaba que alguien superior le mostrase el camino a seguir y, de ese modo, mejorar su vida, así como la de los suyos, pero la sed belicosa de los distintos pueblos, el deseo insaciable de llevar la razón, los convirtió en monstruos. Mataron en nombre del Dios cristiano en las viejas guerras, del mismo modo que mataron a su profeta los judíos creando esa religión cristiana, y así matan ahora, indiscriminadamente, en nombre del Dios musulmán. Mentira. Todo es mentira. Son actos crueles de personas manipuladas por el poder político y económico, pues las guerras generan dinero y éste es necesario en una sociedad capitalista. El soporte económico de éstos malditos grupos de asesinos, torturadores y tercos está en Estados Unidos. La represión, el odio, la violencia, las bombas cayendo sobre territorio musulmán generó el odio y las armas provienen de intereses armamentísticos de ese país, cuna de las libertades y las balas fáciles, así como de Europa. Nos venden miedo y compramos protección, regalamos odio y el mundo yace en ruinas, sangre y dolor.

Nosotros los vampiros nos hemos unido, sin importar nuestros orígenes, ¿por qué no lo hacen ustedes? Unan sus manos sin importar sus religiones, recen con fe aunque no sea a un Dios, y respondan con palabras sabias a las mentiras, odio y venganza que están plantando en sus corazones. Y, por favor, no olviden las víctimas de todas las guerras. A veces siento que sólo hiere cuando son atacados países occidentales, como si los orientales no sufrieran. Todos sufren.

Quien guarda rencor, responde con odio, muestra rabia e indignación en vez de palabras justas, bondad y lazos de hermandad. Quien rechaza y sólo ve sus miserias, aquellos que no son capaces de pensar que también son víctimas los musulmanes, pues atacan usando su cultura y su fe, está ciego y equivocado. Ustedes son parte de La Tribu, La Familia Humana de Maharet y Khayman, y deben aprender a convivir, respetarse y no atacar desde la venganza. Y ésto, compañeros mortales, se aplica a todos sus actos. Quien posee odio en sus corazones, quien sabe que actúa mal, se pudre y se convierte en desperdicio. Haz el amor, posee integridad y sigue tu honor. Sé un ejemplo de buena voluntad y no de estupidez, mediocridad y odio.


sábado, 29 de agosto de 2015

Todos

Memnoch vuelve a la carga. Y bueno, mes amis, razones tiene. 

Lestat de Lioncourt


Todos quieren ser bendecidos. Todos desean tener respeto. Todos desean ser enardecidos. Todos quieren ser la estrella fugaz que permanezca en las noches de un verano eterno. Pero no es posible. Los seres humanos son como flores que germinan, florecen y se mueren. Son la semilla del cambio, o un veneno demasiado atractivo. Tienen distintas formas, esencias y colores, pero son básicamente lo mismo. No dejan de ser muerte. Mueren todos los días un poco, desgastan sus horas y su tiempo cada noche entre sábanas llenas de sueños, pesadillas, sexo e insomnio. Todos codician la juventud eterna y se esfuerzan por complacer a las miradas de quienes se cruzan con ellos en las aceras.

Quieren ser los mejores, los más atléticos, los más importantes en la vida de otros, llamar la atención con sus victorias y ocultar bajo las alfombras sus más humillantes derrotas. No son humildes, aunque lo intentan. No son pacíficos, aunque intentan cambiar sus actos violentos no olvidando su historia. Pero la historia se repite. Siempre se repite. He visto los mismos errores en miles de almas, como si estuviesen programados antes de nacer, y esos errores han truncado sueños, momentos imposibles, vidas y también, porqué no, muertes.

Estoy cansado de observar siempre lo mismo. Es como un desfile de hormigas que ya he visto demasiadas veces. Se esfuerzan demasiado y no son felices. Nunca son felices. Jamás serán felices si están subsistiendo con mentiras, escalando metas demasiado altas y ocultando lo que realmente aman. Tienen deuda consigo mismos, pero también con el mundo. Esa deuda nunca decrece. Es una deuda que jamás quedará solventada.


Algún día habrá un gran silencio y esas calles, absolutamente abarrotadas, no serán más que parte de la dinamita. El mundo llegará a su fin, así como llegará el fin del universo. Todo tiene un fin. Pero mientras me entretendré jugando con sus dudas, sus miserias, sus sueños, sus logros, su orgullo, su verdad y su mentira.  

lunes, 3 de noviembre de 2014

The Devil

El demonio ha dejado un escrito. No sé si es o  no es. Vosotros decidiréis. 

Lestat de Lioncourt



Soy Memnoch. Memnoch el diablo, tenlo presente. He observado el mundo desde su creación. Vi como Dios lanzaba los dados y empezaba su juego salvaje. Como si fuera un niño exploraba todas las maravillas dejándose arrastrar por su soberbia. Nosotros, los ángeles, temíamos y nos sentíamos confusos. Una confusión que aún perdura. La vida se ha desarrollado de una forma rápida, tortuosa y desmedida. Hay millones de almas que jamás han podido tener una oportunidad. Viven en la oscuridad, como muchos de ustedes. Hay que desvelar la verdad, quitando la venda a todos, para que dejen de seguir la Senda del Diablo y se adentren en la luz. Ese es mi cometido. El castigar al pecador no es mi gran trabajo, sino recluir sus almas en un lugar donde van a parar todas por mandato divino.

No puedo hacer nada. Ni siquiera puedo decidir que él me crea. Un ser tan impertinente y engreído como Lestat, pese a su sed de conocimiento, no llegó a comprenderme ni a creerme. No soy temido por él. Se siente libre de mí, pero no de mis mentiras. Os puedo asegurar que todo lo relatado es cierto. Por eso os ruego que me creáis.

El destino no está echado. Sois libres de elegir vuestros pasos. Por ello estoy aquí. Entre mortales. Con un aspecto común de un muchacho delgado, de cabellos rubios y rostro ambiguo. Me muevo por los andenes del metro, aguardo el autobús con un libro entre mis manos, escucho música mientras me mezclo entre la muchedumbre de las calles, he entrado en bibliotecas llenas de sabios y no he encontrado más que polvo acumulado sobre viejos ejemplares y me he dejado llevar por la emoción de un buen sueño en un motel cualquiera. Sí, he sido un hombre. He compartido con otros el pan y el vino. He decidido explorar como siempre lo he hecho, de la forma que Dios decidió hace tiempo experimentar, y he acabado por amaros. Sufro por vosotros. Sufro también por mí.


Algún día encontraré la forma de presentar las diez almas ante Dios; si bien, creo que cualquier alma es lo suficientemente importante para ser salvada. Es injusto y reprobable. Así es Dios.  

viernes, 1 de agosto de 2014

Todo se reduce a un par de sentimientos

Mael me ha hecho llegar esto, me ha pedido que lo comparta y que difunda su mensaje. En sí, estoy de acuerdo en muchas cosas. El mundo muere y la belleza natural parece que aterra al hombre moderno. 

Lestat de Lioncourt 



Los verdes bosques en los cuales crecí, de altos y robustos árboles, prácticamente han desaparecido. El hombre moderno no ve la belleza natural, el deseo imposible de abrazarlos y sentir la vida vibrando dentro de ellos sin necesidad de corazón. Los nuevos hombres, esos que se creen de desafiante inteligencia, no son más que monstruos que no respetan la vida. Ellos sólo ven madera y recursos para lograr alcanzar un nivel económico superior. Sin embargo, sus almas se pudren del mismo modo que se pudren los campos ante una plaga.

En muchas ocasiones he sentido el impulso de salir corriendo, ir en busca de mis viejas raíces y no mirar atrás. Sin embargo, me siento con paciencia en las paradas de autobús de las ciudades modernas. Veo el tránsito de todos y cada uno, tan centrados en sí mismos que no son capaces de alzar el rostro y dejar que otros ojos los escruten. Me concentro en observar las lenguas de asfalto recorriendo cada calle, el temblor del tubo de escape de los vehículos que nos matan con su humo y el continuo cambio de luces en los semáforos. Las ciudades de hormigón, cristal y plástico no son impresionantes. Muchos se golpean el pecho hablando de las grandes infraestructuras, pero yo sólo veo basura acumulándose con fervor.

A veces camino con las manos metidas en los bolsillos, sintiendo que mi pelo se mueve al son de la brisa contaminada e imagino que son los antiguos pastos cultivados de mi pueblo. Puedo sentir el sol incidiendo en mis mejillas, escuchar el murmullo de las arpas o las espadas chocando, y saborear los sabrosos frutos de la primavera. Puedo hacer todo eso porque mi memoria aún es excelente y me niego a olvidar quién fui. Tras miles de años es todo lo que tengo. Mis recuerdos acumulando polvo y sentimientos.

La única maravilla que he encontrado en el corazón de las ciudades, su pequeña dinamita, es que aún hay niños que dibujan el sol en todo lo alto, el cielo azul y hermosos campos que jamás han visto. Está en nuestros genes, sean cuales sean, encontrar el paraíso verde y fresco, la tierra húmeda, el canto de las aguas en movimiento y la vida surgiendo bajo nuestros pies. Lástima que, ya de adultos, todos olvidan ese instinto. El mundo se muere y ninguna de las almas, encerradas en sus ataúdes de mentiras y hormigón, es capaz de salir a reclamar la tierra como algo propio.


Hoy he encontrado un fresno, lo he acariciado recordando las viejas leyendas y el sabor de la hidromiel. He cerrado los ojos y he aspirado el aroma que cargaban sus hojas. Gracias a él he decidido emprender un nuevo camino, buscarlo a él donde sé que se encuentra y rogarle que venga conmigo a los bosques donde nos encontramos. Quiero sentir las caricias del viejo are que tan bien recordamos, aunque sea bajo la oscuridad y un pequeño puñado de estrellas. Su amor es mi único consuelo y apoyo. He aprendido que no importa el tiempo en el cual hemos estado separados, sino el momento en el cual hemos vuelto a estar juntos. Somos dos almas que se han encontrado en éste purgatorio moderno y que comprenden el dolor por el cual han pasado, el deseo que aún les invade y la nostalgia que muestran en sus ojos cuando se contemplan. Todo se reduce a esperanza y amor, como si fuera una vieja leyenda que surge entre las sombras de los edificios más caros y luminosos. Un mundo plástico para dos almas encerradas aún en un árbol, posiblemente una metáfora más de la vida que aún sostenemos. 

sábado, 7 de junio de 2008

Encerrado



Resting by Beloved Creature

A las cosas por su nombre - Habeas Corpus

La sociedad es decadente, nos dicen que debemos pensar y qué hacer. Matan nuestra poca humanidad. Nos recluyen en un mundo sin libertad...si no piensas como la mayoría te dan de lado.

Encerrado







Quiero liberar mi alma de este veneno
Grito mis penas y solo tengo respuesta del eco Me pego a los barrotes y tiro de ellos Y luego caigo llorando en una cama de heno


Soy el ladrón de la paz
Soy el mismo demonio
Y tú a la vez
Disfruta de tu Alcatraz

Libertad, esa gran quimera de la humanidad

Es lo que merezco tras años de guerra

Y ahora en vez de medallas

Tengo marca de latigazos en mi espalda

No te mereces nada, lo sabes
Deja ya de pedir cosas que no lograste
Olvida el nombre de tus amigos y familiares
Aquí nadie podrá ayudarte

He luchado por la felicidad Pero jamás la encontré en este mundo Tan corrupto que no entiende mis palabras Y ahora estoy en el averno más iracundo

Las llamas alcanzaran tu cuerpo
El azufre se pegará a tu piel
Tus pulmones morirán
Bebe tus últimos segundos de hiel

¡Exijo poder tener alas! ¡Quiero salir! Necesito liberar mi alma ¿Has olvidado quién soy? Yo siempre he logrado sobrevivir

Ahora tu mundo me pertenece
Lo siento, todos te dan por muerto
Admira el nuevo amanecer
Que me llevará a mí a buen puerto




Y cuentan que así fue como el cielo se volvió oscuro, las nubes descargaron su ira contra la ciudad y los habitantes quedaron exhaustos. Pocos son los que aún albergan a este reo tan preciado, el poder de la imaginación y la fortaleza, pues ya no hay tiempos para pensar, tampoco para honradez. Poco a poco lo bueno que teníamos lo hemos perdido…¿dónde está la humanidad?

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt