Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

Mostrando entradas con la etiqueta historia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta historia. Mostrar todas las entradas

martes, 15 de diciembre de 2015

El monstruo que soy

Khayman mostró quien era en éstas líneas y Jesse me las ha hecho llegar.

Lestat de Lioncourt


La humanidad es extraña. He visto cambiar el clima poco a poco, al igual que los rostros de las ciudades y las esperanzas que se aguardan más allá de la alcoba. Durante estos largos siglos he escuchado palabras vacías, pero también guerras vacías y revoluciones carentes de espíritu. El poder del dinero compra todo, salvo algunos sentimientos puros como el amor o el respeto. Puedes imitar lo que sientes, pero no puedes sentirlo ni demostrarlo con cada parte de tu cuerpo, con cada gesto sencillo y cada pensamiento puro.

No es bueno echar la vista atrás siempre, pero ocasionalmente me siento en las desoladas bancas, escaleras o fuentes de los parques. Suelo viajar demasiado, así que no importa el país o continente donde me encuentre. Sólo me siento y medito mirando las estrellas, las cuales parecen ahora más desgastadas que cuando era tan sólo un guerrero mortal.

Cuando era un niño solía divagar sobre los dioses, espíritus y poderes que se ocultaban en la noche, la música transcendental de la naturaleza y la fascinación que tenía hacia todos nosotros, los humildes y pecadores mortales. De fondo siempre escuchaba las viejas canciones de mi madre, acunando a mis hermanos menores, y a mi padre intentando transmitir sus verdades a mis hermanos mayores. Finalmente, cuando entré en el ejército, pocos de mis hermanos estaban vivos, mi madre murió mucho antes que yo pudiese tener algo de vello en la cara y mi padre poco después de ser ordenado general. Sin embargo, seguía mirando las estrellas cuando acampaba con el resto de mis compañeros, a los cuales consideraba algo más que amigos y aliados.

El ser humano está desesperado y desbordado. Ha dejado atrás parte de su alma por un pedazo de territorio al que llamar hogar, ha puesto vallas enormes para que otros no pueda contemplar sus muros, ha electrificado éstos para que la soledad sea la única que pueda reinar con su avaricia, ha aceptado guerras aún más injusta que las antiguas, come alimentos que están envenenados y no muestra empatía hacia aquellos que sufren escasez. El mismo ser humano que no quiere mirar atrás ni un segundo, que no es capaz de resistir los argumentos de otras culturas u opiniones igual de válidas que la suya, que se enfrenta a los hechos históricos y niega a los jóvenes un futuro mejor porque codicia demasiado. Vivimos en un mundo de gente extraña que desconfía demasiado. Personas que no saben darle voz a los que desean un mundo distinto, porque no es su pensamiento. La política, los gobiernos y empresas, han corrompido el alma de los soñadores y desechado a los que soñaban con alas para volar lejos de los muros. El ser humano se ha convertido en su propio enemigo, provocando por otro lado que los pocos hombres con alma pura, que siguen intentando encontrarse consigo mismo y desconfían de su propia filosofía, sean extraños seres que deambulan de un lado a otro sin encontrar un lugar concreto donde descansar.

Hoy redacto éstas palabras en un parque londinense, no muy lejos de uno de sus museos de historia más conocidos, y en una hoja arrancada de una libreta que he adquirido a últimas horas de la tarde. Soy un hombre demasiado blanco, pues parezco una estatua viviente, con el cabello extremadamente oscuro y largo, con ropas de simples y con anillos que recuerdan a los viejos faraones. Disfruto de lo nuevo, lo viejo, los símbolos y lo simple. Estoy aquí, escribiendo mis pensamientos con música fresca, joven y actual recordándome que sigo vivo tras más de seis milenios. Sigo vivo. Es curioso que la palabra “vivo” no se califique a los que son como yo, que sea un mero chiste que te hace sonreír con cierta ironía. Sin embargo, me siento vivo.

10 de Diciembre de 1996




lunes, 22 de diciembre de 2014

Una bala de pasión

Stella es una de las apariciones que tuve que soportar cuando conocí a los Mayfair. Pero juro que fue la aparición más agradable que jamás he tenido. Ella me encantó, pues era fascinante. 

Lestat de Lioncourt


Podía escuchar sus pasos por el piso superior, las discusiones con Julien eran frecuentes. Ellos hablaban como si fueran dos mitades divididas por un destino cruel. Era la malicia que a tío Julien le faltaba, esa malicia que le armaba de valor para elaborar planes terribles de venganza y dinero. Sabía que la atmósfera cruel que lo envolvía era parte del hombre manipulador y encantador que le sostenía de los hombros, besaba sus mejillas y rogaba que le dejase poner el mundo a sus pies. Ellos eran una dualidad terrible.

Conocía bien al ser de peligrosa mirada, modales remilgados adoptados por la simpatía hacia el cabeza de familia y escuchaba sus canciones penetrando bajo la puerta. Era tan sólo una niña cuando comenzó a visitarme con frecuencia. Tocaba mis cabellos apartándolos de mi frente, oprimía sus labios contra los míos y deslizaba las sábanas para contemplarme como si fuera un triunfo. Julien jamás le permitió que tuviese actos más funestos conmigo. Nunca logró mancillar mi honor, por así decirlo, mientras él estuvo vivo.

Los ojos azules de mi padre brillaban como canicas en medio de la oscuridad. Me vigilaba atentamente, con preocupación y amor. Respetaba la escasa inocencia que poseía, aunque a veces me arrastraba a los peores lugares de la ciudad. Eran lecciones. Quería que viese donde iban los desafortunados y desarrapados. Necesitaba que comprendiera que debía ser astuta. Él me tenía un amor único e irreemplazable. Jamás vi tanto amor de un hombre a una niña. Creo que porque además de ser su hija era su nieta. Yo representaba un vínculo para nada ordinario que traspasaba generaciones. Se sentía muy orgulloso de mi portentosa inteligencia y los dones que la genética me habían conferido. Yo era su pequeño talismán.

Mi hermana siempre me detestó. Creo que nunca aceptó mi forma de ser. Yo era vital y jamás tenía miedo a nada, ni siquiera al Hombre que se aproximaba a nosotras con gentiles sonrisas y un trato amigable. Mi madre lo ignoraba ocasionalmente, pero sé que también lo veía y hacía tratos con él. Sin embargo, quien imponía los grilletes al monstruo que nos engrandecía, colmaba de riquezas y colaboraba en nuestro mundo de poder era mi padre.

Siempre supe que era mi padre. Jamás me creí las historias que solían contarme sobre mi concepción. Mi madre amaba a su marido, pero el juez terminó siendo un borracho que no se sostenía en pie. La pobre eligió mal. Más bien, su corazón no supo elegir adecuadamente. Ella poseía una fuerza de la que él carecía y es posible que eso llamara su atención. No lo sé.

La música siempre me fascinó y noté rápidamente que enloquecía al pequeño diablillo que nos observaba. Supe rápido que tener música cerca era tener poder sobre él. Julien me lo confirmó. Me convertí en la elegida y sabía que llevaría pronto la esmeralda. Tan pronto como me casara o tuviese una hija. Las bodas no eran lo mío. No quería comprometer mi corazón tan rápido. Odiaba pensar que un hombre se acostara conmigo en la cama hasta verlo envejecer. El amor eterno no existía. Así lo veía yo. Aunque las mujeres y los hombres siempre me llamaron la atención. Sobre todo las mujeres que tenían cierto espíritu artista o vanguardista. Mujeres que para nada tuviesen que ver con el rostro gris y enfuruñado de mi hermana mayor. Carlotta siempre tuvo el ceño fruncido y la boca torcida. Jamás se divirtió. Decidió ser fuerte como nuestra madre y tener la carrera que su padre destrozó. Una abogada implacable. Una mujer de ley y orden... pero yo era lo contrario. Me gustaba vivir desenfrenadamente y descubrir.

Cuando tío Julien murió la casa se llenó de un duelo insondable. Podía escuchar los sollozos de aquel ser en su habitación. La tormenta fue terrible, pero también lo fue su trato conmigo. Pronto las visitas dejaron de ser meramente un juego para ser un terrible vínculo. Descubrí el sexo abriendo mis jóvenes piernas, dejando que él invadiera mi boca con el aire de su poderoso deseo y permití que mis manos tiraran de las sábanas mientras gemía como toda una mujer.

Tras la muerte del hombre más interesante que he conocido, tras la partida de mi adorado tío Julien, él decidió que yo ocuparía inmediatamente su lugar. Yo y no mi madre. Así que comencé a luchar para darle lo que quería y poder vivir así en paz, con la conciencia tranquila, para que mi tío, estuviese donde estuviese, se encontrara siempre tan orgulloso de mí como cuando era sólo una niña.


Un disparo puso fin a mi vida. Una vida que comenzó a truncarse. Yo quería huir, pero Carlotta no lo sabía. Deseaba huir de sus manos y sus juegos. Si bien, todo fue de mal en peor. Pobre de nuestro hermano Lionel, él tuvo que ser quien apretara el gatillo que ella no podía sostener.  

domingo, 19 de octubre de 2014

Piel humana

David nos deja una de sus experiencias. Una muy extraña.

Lestat de Lioncourt



El mundo está lleno de misterios que sobrecogen nuestros corazones y nos hielan la sangre. Nos convertimos en firmes candidatos para las típicas historias de terror. En ocasiones ocurren sin siquiera percatarnos hasta que la fría mano del destino nos atrapa por el cuello, aprieta con fuerza y entierra sus uñas en nuestra frágil piel mientras nos asfixian. No sirven de nada las excusas para valientes o cobardes. El destino aguarda con sus extraños caminos, enrevesados laberintos y complejos acertijos.

Cuando joven escuché muchas historias sobre espíritus perversos. Sólo era un novicio. Había tenido contacto con almas en otro plano, muchas de ellas eran momentos fugaces que ocurrían una y otra vez. Si bien, intentaba ayudarlas a olvidar el dolor y encontrar un camino cierto. Algunos de mis compañeros me rogaron que dejara de implicarme. Me pareció monstruoso ese comentario, pero a la larga me percaté que sólo era un aviso. Algunas entidades malévolas pueden camuflarse de simples espectros o almas en pena.

Llegó hasta a mí un libro polvoriento, ajado por el paso del tiempo, con un forro que parecía estar hecho de la piel de la vejiga de algún animal. Conocía como usaban el pellejo de las cabras, y otros animales, para crear encuadernaciones y pergaminos resistentes. Si bien, no sé como describir lo indescriptible. El olor a polvo era intenso. Pero también olía a musgo y ciertas plantas que no llegué dilucidar cuales serían. Se había conservado maravillosamente a pesar de las precarias condiciones. Poseía más de tres siglos. Era un libro extraño escrito en un idioma que se desconocía y que intenté descifrar usando mi ingenio.

Cierta noche me quedé dormido sobre el volumen. Soñaba con los bosques donde había sido encontrado. La biblioteca estaba tan silenciosa que desperté rápidamente al escuchar unos pasos. Parecían cascos de caballo galopando por algún monte, pero pronto escuché también unas botas y, después, de la nada apareció un hombre de aspecto blanquecino, con los ojos hundidos de color zafiro. Su aspecto era el de un guerrero, pero no sabía señalar de qué periodo o pueblo. En aquel momento sólo era un niño asustado. Un simple muchacho de casi veinte años.

Por segundos pensé que aún soñaba, pero sus manos eran muy reales. Intentaron alcanzar el libro, pero yo rápidamente tomé este entre mis manos y lo pegué contra mi pecho. Debía protegerlo. No había notado aún que era tan sólo una mera presencia. Si bien, al no ver sombra junto a su figura entendí que no era más que un fantasma. Al menos, eso creía.

—No temas—dije—. ¿Buscas algo que te perteneció en el pasado?

El ser no habló. Él tan sólo se echó hacia delante intentando atrapar el libro.

—Puedo ayudarte—susurré en tono quedo—. ¿Entiendes mi idioma?

Estaba asustado, pero a la vez extrañamente excitado. Pocas veces tenía la oportunidad de ver un fenómeno así tan claro. La imagen era nítida, el olor a fango y sangre era penetrante, y podía ver ciertos detalles en su imagen que me hacía sentirlo extrañamente real. Pero aún más asustado quedé cuando logró quitarme el libro, recitó unas palabras en un extraño idioma y la biblioteca comenzó a temblar.

Cientos de libros salieron despedidos de sus estanterías, estas caían hacia delante como si fueran fichas de dominó, el cuadro del director se deslizó de la pared y quedó destrozado. Las luces tintineaban. Algunas bombillas explotaron. Me sentí confuso y asustado. No sabía que hacer. La voz no me salía. Entonces esa cosa me atrapó, tiró de mí y abandonamos ese plano para caer en un mundo mucho más primitivo del que yo creía.

Muchos hombres morían, algunos eran torturados, el ritual se iniciaba con muchachos jóvenes que eran sacrificados. Había olor a fango, musgo, pino y sangre. Las lluvias habían convertido los caminos en un lodazal. Todos caminaban con cierto ritmo. Había a lo lejos un par de caballos. Los muchachos lloraban. Yo lloraba. Todo era extraño. Aquello era el infierno. Quería regresar a mi biblioteca. Debí permitir que el espectro se llevara lo que quisiera sin oponer resistencia u ofrecer mi ayuda.

En cierto momento logré deshacerme de su agarre y caí de espaldas. Cuando me incorporé estaba de nuevo en la biblioteca. Mis zapatos estaban manchados de barro. Aún podía oler a los caballos y sentir esas toscas manos. No me lo había inventado. El libro no estaba.

Expliqué con todo detalle a mis compañeros sobre lo ocurrido. Sobre todo porque la biblioteca parecía destrozada. Durante muchas noches escuché el relinchar de los caballos, el alarido de las víctimas siendo despellejadas. Ya sabía que era la piel de ese libro: piel humana. El pueblo que lo custodiaba jamás tuvo nombre para mí. Quizás eran nómadas. Puede que ni siquiera tuviesen importancia para el mundo en general. Pero aprendí que hay que saber cuando ayudar y cuando ser sólo un mero observador.


Durante años me limité a observar. Me fui a las selvas para encontrar ruinas perdidas y dioses paganos. Me hice sacerdote del candomblé. Quería comprender a las almas torturadas. Me impuse una fe que me condujo a aventuras extrañas. Sufrí malaria y dengue. Padecí ciertos infortunios, varios accidentes de coche y también con armas. Sobreviví. Sin embargo, en ocasiones recordaba esas gigantescas manos. La obsesión seguía. ¿Qué ponía ese libro? ¿Fue sólo una visión? ¿Era real? ¿Pudo ser trasladado de plano? ¿Era el pasado u otro mundo paralelo al nuestro? No lo sé. Aún eso me intriga. Pero sobre todo me inquieta el no saber que había en aquellas frases y la piel humana de su cobertura.  

domingo, 31 de agosto de 2014

Ella - Parte 3 - Archivo TALAMASCA

David pone el punto final de su historia. Yo os la ofrezco tal cual. ¿Qué? A mí me olía más al mayordomo...

Lestat de Lioncourt 


Las horas parecían eternas para David. Pasaban lentamente. Cuando llegó al punto de encuentro no quiso mostrar su rostro. Cuanto menos viese de él ese anciano era mucho mejor. Preguntó por la muchacha, su vieja dirección y su nombre. Consiguió los datos después de hundirse en sus recuerdos, pues aquel pobre diablo ni siquiera recordaba bien su edad. Se alejaron ambos prometiéndose colaboración y David terminó por aparecer en la dirección que le ofrecieron. Era una vieja casa, o mejor dicho mansión, que perteneció siempre a una familia de cierto estatus.

La vivienda era del arquitecto Charles Rennie Mackintosh. Era una vivienda cúbica, de juego de líneas rectas y ascendentes. Sin embargo, poseía formas abstractas y era una vivienda vanguardista. Principios del siglo pasado, evidentemente, pero era vieja y sólida. No era la vivienda más vieja que jamás había visto, el tenía aún una mansión que pertenecía desde hacía siglos a su familia. Aquella casa era el lugar de un misterio prácticamente desde su cimentación. Había estado a punto de ser derruida poco después de ser construida por problemas sobre la parcela y quién era el verdadero dueño. No obstante, era demasiado hermosa y poseía la firma de uno de los grandes arquitectos. No podía echarse abajo.

David conocía bien aquellas líneas, las figuras extrañas y la excesiva ornamentación. Se dejó guiar por los marcos de las ventanas y puertas, se perdió en el jardín lleno de setos y flores, así como por la pequeña pista de tenis que parecía ser uno de los encantos de la propiedad. Un lugar que no tenía mucho movimiento, pero sí un dueño. Aquel anciano estaba allí, junto a él, apoyado en el bastón mirando a la nada. La vivienda había pasado a manos de un primo suyo, cuando en realidad en el testamento constaba él y su hermano. Decidió venderla, quedarse con su parte y derrocharla, mientras que el dinero de la venta quedó guardado para su hermano. Sus padres lo hicieron, él no lo hubiese permitido.

—Mis padres pensaron que si él regresaba no querría esta casa—comentó mirando la fachada—. Creo que es lo que quería ver.

—¿Pasó algo aquí?—dijo apoyado en la cancela.

—No—explicó frunciendo el ceño, como si quisiera recordar algo que fuese sólo un borrón ya—. A penas recuerdo bien las cosas, estoy perdiendo la memoria. He derrochado parte de la fortuna, mi vida no ha sido decorosa. Creo que siempre me eché la culpa de todo. La desaparición de ambos ha caído sobre mi cabeza continuamente—hablaba pausadamente, con cierto esfuerzo, mientras intentaba no llorar.

Talbot recordó sus manos arrugadas, salpicadas de manchas de la edad, y esos dedos ásperos que se tocaban sus cabellos blancos, como la nieve, mientras meditaba sobre dónde había dejado los viejos informes que aún necesitaba. Pensó en su vida mortal, en los años que debía llevar muerto si hubiese seguido en aquel cuerpo lleno de achaques, y tembló unos segundos. Sin embargo, estaba allí, en plena noche, observando los setos y aquella vivienda con ojos nuevos. Unos ojos a los cuales ya estaba acostumbrado. Más de dos décadas son muchos años para acostumbrarse, incluso amar, lo que se ve.

—¿Cree que su primo puede saber algo?—interrogó con un tono amable.

—Eran muy amigos y él no tiene lagunas, ni de ese día ni de ningún otro—afirmó—. ¿Le he dicho que tengo mala memoria?

—Sí, en varias ocasiones—comentó con una ligera sonrisa franca.

Notaba alteraciones. Aquella casa tenía un aspecto elegante, algo moderno y desenfadado. Los ornamentos y el tejado eran lo que más llamaba la atención, así como aquella pista de tenis. Algo había pasado. No sabía porque pero destacaba. Era como si gritara. Pero también la ventana de la boardilla. Una boardilla que tenía el cristal muy sucio, como si no se usara, y era una lástima. Estaba deseando entrar, pero no habían sido invitados sino que simplemente lo habían conducido hasta allí.

Decidió tomar del brazo al anciano y guiarlo hasta el vehículo que se encontraba en la acera, un taxi que los esperaba. Había llegado allí en taxi, aunque podía moverse rápidamente con sus poderes, pero el anciano había bajado de un autobús, con la mirada algo perdida, mientras intentaba recordar porqué estaba allí. Las lagunas eran evidentes y no iba a dejarlo solo.

Después de deshacerse del anciano en la residencia donde vivía, no muy lejos de allí, se encerró en una de las bibliotecas municipales. Allí había periódicos, revistas y diversos documentos sobre las viviendas, construcciones cercanas, altercados y cientos de sucesos. Un mortal se hubiese ahogado en esa información, incluso un hombre de Talamasca, pero él ya no era humano. Sus ojos recorrían veloces por los distintos documentos, se hundía en ellos apreciando los titulares y buscando relación entre ellos. Rápidamente la desaparición de una joven le llamó la atención.

Era ella.

Su cabello negro destacaba en aquella fotografía. Había desaparecido un año antes de las apariciones. Tenía una sonrisa dulce, una mirada desenfadada y poseía una belleza única. Sin duda la típica chica que puede robar corazones y romperlos en mil pedazos. No vivía lejos, aunque no era de familia acomodada. Solía trabajar para la familia de Anderson. Richard fue quien dio la voz de alarma, pues no se presentó para cuidar a su hermano. Desde aquel día ni una pista.

Richard había mentido. Conocía al fantasma y temía sus acusaciones, quizás. Tenía que volver a invocarla, en aquella casa y quizás en la pista de tenis. Pero antes, debía saber algo más.

Buscó un teléfono público, miró su reloj y comprendió que quedaban tan sólo unas horas para esconderse del sol. Rápidamente marcó el teléfono del anciano, pero no contestó. Nadie respondía. Supuso que al ser tan tarde ya descansaba. Y él debía hacerlo.

La noche siguiente le aguardó una desagradable sorpresa, el anciano había muerto al tomar demasiada medicación. Tal vez una enfermera se equivocó o él tomó el doble de la dosis al no recordarlo. No lo sabía. La medicación que llevaba era nueva, más fuerte que la anterior, y le provocó un infarto que acabó con él. David Talbot se personó en el funeral y entonces lo vio. Estaba allí junto a la tumba, mirando la tierra que tiraban sobre el ataúd. Las sonrisas falsas le asqueaban, igual que las lágrimas, y al difunto no parecía gustarle siquiera las flores.

—Me ha matado, también la mató a ella y a él. Nos mató por la casa, por la herencia, por todo—habló atropelladamente corriendo hacia David—. ¿Puede verme?

Eran las seis. Ya había atardecido y el funeral finalizaba. David podía verle, oírle y también sentirle. Él tan sólo asintió y miró hacia el horizonte añadiendo en un murmullo “te escucho”.

—Tenía once años cuando ella venía a casa. Me enseñaba a jugar al tenis, me ayudaba con los deberes y me atenía las escasas horas que mi hermano debía estudiar. Pero él terminó uniéndose a nosotros, disfrutando de las limonadas y del té con pastas—se echó a reír a carcajadas—. Lo que uno recuerda cuando se muere, ¿verdad? Los sabores y olores, también las lágrimas...

David no se movía, escuchaba calmado aguardando la verdad.

—Un día mi primo se enteró de todo. Mi padre lo había criado como a un hijo, pero no era suyo. Era el hijo de la hermana de mi madre, un niño huérfano que tenía todo gracias a él salvo... la herencia. Además, ella le gustaba. Se llamaba Virginia Stuart—se apretó la frente con la mano derecha y luego le miró—. Eso ya lo sabe, porque ni siquiera es humano... ¿qué es?—lo miró y tembló, pero siguió hablando—. Como sea... la mató en la boardilla, la tiró por la ventana y luego decidió enterrarla donde ahora está la pista de tenis. Antes sólo había una pequeña red y nada más, era de hierba, pero se estaba construyendo la actual. Así que la tiró allí, al día siguiente echaron el cemento y se acabó.

—¿Y su hermano?—preguntó.

—Quería ir a la policía, pero le convenció que pensarían que fue él y que además podía hacerme daño. Guardó el secreto y por eso ella lo atacó. Me contó que la veía allí donde iba—susurró apesadumbrado—. Me contó todo, confió en mí, quizás para ponerme sobre aviso. Yo cuando crecí no quería la casa, ni quería saber nada de ella... hasta que usted vino.

—Te mató él—dijo en un murmullo que nadie más pudo escuchar.

—Sí, pero no se puede probar... pero el cuerpo de Virginia sigue allí.

—Arreglaré esto, lo haré—fue lo último que dijo antes de salir del cementerio.


Noches más tarde la policía tuvo un soplo, de un informador, y varias pistas muy suculentas sobre una vieja desaparición. Allí estaba el cuerpo, donde habían dicho, en la casa de los Anderson bajo el pavimento de la pista de tenis. Sin embargo, el cuerpo de Richard no se hallaba allí ni en ninguna parte de la casa. Su primo, Gordon Peterson, confesó poco después para que le dejaran en paz. Decía que llevaba años viéndolo como un ente, persiguiéndolo en sueños, y que sólo quería dormir a pierna suelta una noche. Estaba en el lago de un parque cercano, en una enorme caja de plomo. Pudo deshacerse de ese modo de él por sus contactos. Todo fue por desamor y una suculenta herencia.  

viernes, 29 de agosto de 2014

El instinto del periodista

Daniel nos ha contado alguna vez algo sobre esa noche, pero no todo. Poco a poco se va conociendo al hombre que había tras la grabadora. ¿Quieren aventurarse?

Lestat de Lioncourt


Nunca pensé que aquella noche, en aquel tugurio de mala muerte, fuese a encontrarme cara a cara con la muerte. El vaso de whisky ya se había servido, los hielos se derretían dejando que el licor se enfriara, los dedos de mi mano izquierda acariciaban el cristal con cierta ansiedad y mis ojos vagabundeaban por el local mientras anotaba, de vez en cuando, algo en mi libreta. Una noche más, o eso creía. Día tras día había vivido de un salario precario, haciendo peripecias con la comida y el alquiler, mientras intentaba encontrar una historia que realmente mereciera la pena. Normalmente tenía mirones, mujeres despechadas, matones de poca monta sin muchos escrúpulos y con ganas de ganarse unos dólares por una historia de bar, chicos que como mucho habían robado calderilla de alguna tienda a punta de navaja y estúpidos soñadores que creían que se convertirían en el nuevo Lovecraft o Arthur Conan Doyle. Sin embargo, no había nada interesante. Quería un asesino que me confesara sus secretos más turbios, un hombre de la mafia que quisiera exponerse por la salvación de su alma o un soldado que me hablara de una guerra terrible que estaba aún en la conciencia de todos. Pero no, sólo tenía borrachos de tercera. Por eso jamás creí que algo así ocurriría.

Él apareció como de la nada. Por su forma de andar, tan elegante, pensé que iba a meterse en problemas al estar fuera de lugar. Su traje negro a medida, su chaleco verde impoluto y su corbata de hombre de negocios gritaban que era un hombre con bastante dinero en la cartera. Quise abordarlo desde el primer momento, pero siempre intento que ellos se aproximen a mí. Un hombre como aquel, en un antro de ese estilo, no encajaba en un ambiente tan turbio. Pensé que podía ser un informador, un pobre diablo que hubiese perdido su fortuna recientemente o un asesino buscando su próxima victima. No estuve muy desacertado con la última opción. Sus ojos no parecían humanos, pero quería creer que sí lo era.

Tenía una de esas miradas frías que te hielan la sangre, pero a la vez podía notar cierta sensibilidad y dolor. Por como miraba la calle, completamente a oscuras con tan sólo un par de luces diseminadas por las esquinas, pensé que podía estar perdido. Me miró en varias ocasiones, como si me invitara a sentarme a su lado. No esperé mucho. Acabé con mi trago y me acerqué presentándome como solía hacer. Mi nombre no era muy conocido, mi columna tampoco era muy famosa, pero yo tenía la impresión que un día mi nombre se escribiría en la historia. Estaba harto de ser un perdedor. Ansiaba ganar por una vez. Él era mi mejor apuesta. Nunca había estado tan seguro de algo, ni siquiera cuando aposté cien de los grandes por uno de los caballos más torpes y lentos que he visto correr en mi vida. Las apuestas me tenían ahogado, las deudas se acumulaban, la nicotina ya no me calmaba y el whisky era agua. Tenía que ser él, no había otra solución. Esa noche necesitaba una buena historia.

—Soy lo que has estado esperando toda tu vida—me aseguró, con una voz muy atractiva y en un tono acaramelado. Mis ojos recorrieron rápidamente su rostro y pude ver que sus labios se movían lentamente, como si murmurara algo más que lo que había logrado escuchar—. Mi nombre es Louis de Pointe du Lac—se presentó con elegancia—. Y tengo la historia que quieres.

—Adelante—dije abriendo mi libreta con cierto nerviosismo.

—Me han dicho que buscas historias, yo te daré la mía... pero aquí no—murmuró inclinándose hacia delante—. Hay un edificio aquí cerca, está abandonado y creo que podríamos conversar allí. Mi historia es larga, pesada, trágica, y algo grotesca. No quiero hablar en público de ella.

—¿Eres un asesino?—pregunté echándome a reír a carcajadas, como si aquella posibilidad fuese imposible.

—Mato todas las noches, ¿eso responde a tu pregunta?—sinceramente, su respuesta me heló la sangre aún más. Noté como todo el vello de mi nuca se erizaba como si fuera el lomo de un gato. Mis ojos se abrieron como platos y él sonrió cortés levantándose de su asiento—. Si me sigues tendrás más respuestas, joven.


Otro en mi lugar se hubiese quedado allí, mirando como se iba una de sus mayores oportunidades en la vida, pero yo tenía el agua al cuello y había rezado, a Dios que nunca escucha, un poco de suerte en mi vida. Sabía que él iba a cambiar esa suerte. No me sentía amenazado, pero sí atraído. Sus perfectos modales, sus ojos de esmeraldas brillantes y ese cabello negro bien peinado cayendo sobre su traje caro... me invitaban a pensar que hay oportunidades únicas en la vida.  

jueves, 12 de julio de 2012

Comentario del autor




He finalizado la novela que llevaba publicándose desde hace meses, lamento el gran parón que he tenido en mis publicaciones. Mi vida social me asfixia, dentro y fuera de Internet. 

Estos meses he conocido a gente increíble. Desde hace unas semanas he tenido la posibilidad de conversar con una escritora que ya pasa los cincuenta años, aunque para mi su espíritu es el de una niña. Hablé con ella días atrás sobre la imaginación, la intuición y sobre todo lo difícil que es desprenderse de una obra. Todos los escritores amamos nuestras obras, aunque siempre nos parezcan mediocres comparadas con las de otros mucho más grandes y quizás desconocidos ante los terribles y estúpidos críticos. 

He publicado en mis otros blog, lo confieso, pero eran textos o poemas que surgían mientras caminaba. Jamás he dejado de escribir, no puedo hacerlo. La persona que realmente ama la literatura se expresa mediante ella. 

Estoy inmerso ahora en otro mundo distinto al de las finanzas, la bolsa, la economía y a la vez ligado. Estoy estudiando cocina. Para mí la cocina es un mundo increíble, un arte que es efímero y poco valorado. Los cocineros trabajan cuando el comensal disfruta y pasa los peores momentos cuando un plato no está como el cliente desea. 

Mi gran pasión, lejos de las letras, siempre fueron los fogones. Soy un gran aficionado a la comida de cuchara, los platos tradicionales quizás con un toque moderno y con nuevos aromas. Me he dado cuenta que España es un país con platos muy variados, una oferta gastronómica increíble, y que muchos platos franceses en realidad son españoles. También me he percatado la gran influencia de Fenicios, Griegos, Romanos o Musulmanes en nuestra grastronomía. Sabía de este mundo, pero cada vez lo estoy conociendo más y mejor.

Ayer tuve entre mis manos el uniforme. Cuando me contemplé al espejo con la casaca blanca abotonada, los pantalones impecables, el trapo del sudor a un lado y el gorro de cocinero quedé maravillado. 

Estos días entre libros, notas, bolígrafos, prisas, calor y fogones me ha dado tiempo a conocer a los que serán mis compañeros y compañeras durante siete meses. Muchos de ellos son mayores que yo, pero también los hay más jóvenes. Todos tenemos algo en común y es el deseo de mejorar en un campo muy extenso, algo que no tiene vallas y es como escribir, o componer. 

También estoy invirtiendo todas mis energías en un nuevo proyecto. Muchos conocen mis personajes más crueles, otros aún no han llegado a conocerme tan bien. Kiseki, mi loca y a la vez dulce mangaka, sabe bien de qué hablo y me siento muy orgulloso de haber sido animado por ella. Aunque ella no es la única, muchos amigos me están apoyando en estos días para que finalmente salga adelante.



Caim es uno de mis personajes más crueles, aunque siempre he dicho que más que cruel es consecuente con su raza. Los demonios que caminan con felicidad, paz y amor por el mundo me provocan náuseas. Nunca aceptaré que una raza que debe ser cruel no lo sea, es como pedir que las rosas huelan a basura. 

No es el personaje principal, pero es uno de los demonios más importantes e influyentes. Diez son los demonios que encontrarán en Beyond Hell causando estragos, aunque hay otros de estatus medio y bajo. 

Olvídense de todo lo que han imaginado, creído y sopesado en las largas noches en las cuales uno toma cierto carácter filosófico para su vida. Imaginen un mundo lleno de seres de otros planetas, los cuales han sido denominados como Ángeles, Demonios, Dragones y Dioses. Céntrense en un tiempo muy avanzado donde el hombre ya no tiene humanidad, puedes verlos como jauría aliados a los demonios y dejando que estos contaminen su mundo por el simple hecho de recuperar el suyo. 

Hay razas que no existen en otros foros, como tampoco hay nada similar en la red. Es cierto que ángeles siempre hay, así como dioses o leyendas, pero esto ha sido creado por la imaginación de tres mentes apoyadas por más de seis personas que lo han dado todo por conseguir un universo nuevo, variado y colorista.

Nuestro contenido está protegido por Derechos de Autor y Licencia. Reconozco que he sido quien ha elaborado los escritos donde pueden leer las descripciones, pero no soy yo el único que ha puesto su mente a funcionar. Les pido que nos den una oportunidad de mostrar lo divertido que puede ser luchar en un mundo distinto al que conocemos. 



Les dejo aquí la historia del foro:



El 4 de Octubre de 1957 el primer satélite artificial del mundo, es puesto en órbita por la Unión Soviética. Comenzaría así una carrera espacial entre dos grandes Titanes y también una lucha contra reloj entre fuerzas desconocidas que rigen el Universo. El mundo jamás pensó que un acontecimiento tan importante llegara a crear una impronta tan decisiva en la historia de la humanidad, mucho más allá de alcanzar los sueños de los escasos locos que deseaban tocar la superficie de la Luna y otros planetas que hasta el momento eran grandes desconocidos. 


Hasta el momento la ciencia creía poder aplicar respuestas honestas y simples para la creación del universo, más allá de la vieja historia narrada por los libros sagrados de distintas culturas. Sin embargo, aquel lanzamiento abría una brecha en una verdad que jamás sería revelada, ni siquiera en estos mismos instantes del año 3000 D.C. 


Los demonios siempre habían dominado el mundo desde las quejumbrosas tinieblas, las frías calles abandonadas de los barrios más bajos y los altos edificios cargados de responsabilidad, dinero y prestigio. Demonios que tiraban de los hilos de la vida y manipulaban el cauce real de la historia. La Tierra había sido abandonada por seres especiales de Luz, quedando en manos de seres crueles y manipuladores más allá de la imaginativa locura, desesperación y caos general que se podía apreciar en aquellos acusados de dementes. Realmente tras cada billete de dólar había una inversión proveniente de los infiernos, un lugar al cual sólo se podía acceder mediante portales que no debían ser descubiertos. Sin embargo, la reciente intromisión del hombre en desear alcanzar las estrellas ponían en serio riesgo esta verdad oculta. 


Primero la Unión Soviética y después Los Estados Unidos de América acabaron siendo comprados y dominados por un grupo reducido de demonios. Estos demonios se hacen llamar los Presidentes de los Infiernos, un cargo de responsabilidad que oculta la verdadera organización muy distinta a la cual dicen las sagradas escrituras. Estos demonios expertos en el engaño, la cortesía y la inventiva han logrado dominar, extorsionar y manipular a los humanos, sus inventos y el destino de la Tierra. 


Actualmente el ser humano ha vivido ya una III Guerra Mundial, la cual dejó bastante mermada a la Tierra, sus recursos y sus habitantes. El Imperio Caim, una empresa constructora e intergaláctica, se ha hecho con el dominio del planeta y ha ofrecido a los hombres vivir y convivir con otros seres de mundos próximos, planetas que hasta hace unos siglos se creían desérticos y sin posibilidades de vida. Varias empresas inversoras de alto potencial también están colaborando con estudios en laboratorio, codo con codo con la NASA y otras empresas espaciales, medioambientales y de logística. Los seres humanos viven engañados, creen que ellos han logrado alcanzar mundos increíblemente lejanos por su propio conocimiento, si bien tras estas empresas están los Presidentes Infernales y su deliciosa trama por dominar los universos y esclavizar el resto de razas. 


Los Seres de Luz que una vez innovaron y se involucraron con la Tierra han dado la espalda al mundo, los denominados ángeles por los terrícolas, se han apartado de ellos debido a los tratos con los demonios. La Tierra está en serio peligro, pero ellos ya han decidido no colaborar jamás con los humanos porque siempre acaban tentados para luego lamentarse. Ellos tienen sus propios problemas, los grandes magnates infernales parecen estar tramando una guerra contra ellos y su planeta natal.


En medio de todo este caos existe un reducto de hombres que luchan contra la imposición demoníaca, así como por encontrar la tan ansiada libertad. La Tierra, sus mares y montañas, deben volver a las manos de los humanos para esta vez cuidarla como merece. Son tachados de locos, perseguidos por las fuerzas oscuras y negados en ayuda por los ángeles con los cuales intentan forjar una alianza. 


No son los únicos que luchan contra los demonios, otras razas alien están intentando impedir lo inevitable. Si bien, parece que es imposible parar los pies a seres que incluso han intervenido en la historia de los libros sagrados manipulándolos a su antojo, ofreciendo a los hombre mentiras desde su surgimiento. 


Ahora que lo sabes tu vida está en serio peligro. Buena Suerte.




Diario de Abordo del 20 de Mayo del 3000.








Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt