Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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viernes, 2 de octubre de 2015

Bruja

Poesía de Tarquin a Mona Mayfair. El amor está en el aire...

Lestat de Lioncourt


Elegante perfume en tu cuello,
seducción intensa de mujer fatal
que enloquece mis sentidos
y me hace viajar entre el bien el mal.

Tú, bruja seductora
de perversas risas encantadoras
me has hechizado con la libertad
esa que junto a tu cuerpo siento en cada hora.

Mírame, soy esclavo de tus besos
y he conjurado a los espíritus
para que vengan con nosotros a lo profundo
donde encontraremos el Santuario en la orilla.

Bésame entre las flores de los helechos
esos que hablan de amor eterno
y sueños excitantes como prohibidos.
Dame el placer de besarte con amor verdadero.

Tú y yo, seducidos por el veneno
que es en realidad el antídoto de todo.
La soledad se ha ido, despejando las nubes
y ha dejado al descubierto la verdad que intuyes.

Estamos unidos, más allá de una maldición.
Somos dos almas que al fin se han entendido
y han correspondido a los versos del olvido...
dejando que con amor cicatrice el dolor.

Tienes nueva vida
y yo he dejado de ser de la tristeza siervo.


Te amo...  

lunes, 22 de diciembre de 2014

Una bala de pasión

Stella es una de las apariciones que tuve que soportar cuando conocí a los Mayfair. Pero juro que fue la aparición más agradable que jamás he tenido. Ella me encantó, pues era fascinante. 

Lestat de Lioncourt


Podía escuchar sus pasos por el piso superior, las discusiones con Julien eran frecuentes. Ellos hablaban como si fueran dos mitades divididas por un destino cruel. Era la malicia que a tío Julien le faltaba, esa malicia que le armaba de valor para elaborar planes terribles de venganza y dinero. Sabía que la atmósfera cruel que lo envolvía era parte del hombre manipulador y encantador que le sostenía de los hombros, besaba sus mejillas y rogaba que le dejase poner el mundo a sus pies. Ellos eran una dualidad terrible.

Conocía bien al ser de peligrosa mirada, modales remilgados adoptados por la simpatía hacia el cabeza de familia y escuchaba sus canciones penetrando bajo la puerta. Era tan sólo una niña cuando comenzó a visitarme con frecuencia. Tocaba mis cabellos apartándolos de mi frente, oprimía sus labios contra los míos y deslizaba las sábanas para contemplarme como si fuera un triunfo. Julien jamás le permitió que tuviese actos más funestos conmigo. Nunca logró mancillar mi honor, por así decirlo, mientras él estuvo vivo.

Los ojos azules de mi padre brillaban como canicas en medio de la oscuridad. Me vigilaba atentamente, con preocupación y amor. Respetaba la escasa inocencia que poseía, aunque a veces me arrastraba a los peores lugares de la ciudad. Eran lecciones. Quería que viese donde iban los desafortunados y desarrapados. Necesitaba que comprendiera que debía ser astuta. Él me tenía un amor único e irreemplazable. Jamás vi tanto amor de un hombre a una niña. Creo que porque además de ser su hija era su nieta. Yo representaba un vínculo para nada ordinario que traspasaba generaciones. Se sentía muy orgulloso de mi portentosa inteligencia y los dones que la genética me habían conferido. Yo era su pequeño talismán.

Mi hermana siempre me detestó. Creo que nunca aceptó mi forma de ser. Yo era vital y jamás tenía miedo a nada, ni siquiera al Hombre que se aproximaba a nosotras con gentiles sonrisas y un trato amigable. Mi madre lo ignoraba ocasionalmente, pero sé que también lo veía y hacía tratos con él. Sin embargo, quien imponía los grilletes al monstruo que nos engrandecía, colmaba de riquezas y colaboraba en nuestro mundo de poder era mi padre.

Siempre supe que era mi padre. Jamás me creí las historias que solían contarme sobre mi concepción. Mi madre amaba a su marido, pero el juez terminó siendo un borracho que no se sostenía en pie. La pobre eligió mal. Más bien, su corazón no supo elegir adecuadamente. Ella poseía una fuerza de la que él carecía y es posible que eso llamara su atención. No lo sé.

La música siempre me fascinó y noté rápidamente que enloquecía al pequeño diablillo que nos observaba. Supe rápido que tener música cerca era tener poder sobre él. Julien me lo confirmó. Me convertí en la elegida y sabía que llevaría pronto la esmeralda. Tan pronto como me casara o tuviese una hija. Las bodas no eran lo mío. No quería comprometer mi corazón tan rápido. Odiaba pensar que un hombre se acostara conmigo en la cama hasta verlo envejecer. El amor eterno no existía. Así lo veía yo. Aunque las mujeres y los hombres siempre me llamaron la atención. Sobre todo las mujeres que tenían cierto espíritu artista o vanguardista. Mujeres que para nada tuviesen que ver con el rostro gris y enfuruñado de mi hermana mayor. Carlotta siempre tuvo el ceño fruncido y la boca torcida. Jamás se divirtió. Decidió ser fuerte como nuestra madre y tener la carrera que su padre destrozó. Una abogada implacable. Una mujer de ley y orden... pero yo era lo contrario. Me gustaba vivir desenfrenadamente y descubrir.

Cuando tío Julien murió la casa se llenó de un duelo insondable. Podía escuchar los sollozos de aquel ser en su habitación. La tormenta fue terrible, pero también lo fue su trato conmigo. Pronto las visitas dejaron de ser meramente un juego para ser un terrible vínculo. Descubrí el sexo abriendo mis jóvenes piernas, dejando que él invadiera mi boca con el aire de su poderoso deseo y permití que mis manos tiraran de las sábanas mientras gemía como toda una mujer.

Tras la muerte del hombre más interesante que he conocido, tras la partida de mi adorado tío Julien, él decidió que yo ocuparía inmediatamente su lugar. Yo y no mi madre. Así que comencé a luchar para darle lo que quería y poder vivir así en paz, con la conciencia tranquila, para que mi tío, estuviese donde estuviese, se encontrara siempre tan orgulloso de mí como cuando era sólo una niña.


Un disparo puso fin a mi vida. Una vida que comenzó a truncarse. Yo quería huir, pero Carlotta no lo sabía. Deseaba huir de sus manos y sus juegos. Si bien, todo fue de mal en peor. Pobre de nuestro hermano Lionel, él tuvo que ser quien apretara el gatillo que ella no podía sostener.  

miércoles, 5 de noviembre de 2014

A ti, mi gran amor

Un pequeño texto donde Quinn demuestra de nuevo su romanticismo y, al resto de hombres, nos deja tirados en la cuneta. 


Lestat de Lioncourt 


He aceptado la verdad de tus ojos como el único camino hacia tu alma. Ten rebelde, tan libre y a la vez tan atada a los sentimientos que nacen de la tristeza, la amargura y los ingratos recuerdos de una infancia tortuosa. Comprendí que tú y yo somos seres que nos comunicamos por el dolor. Las lágrimas las convertimos en risa, los silencios en sonrisas y las manos en un vínculo más eterno que la sangre. Tomé la decisión de amarte por encima de cualquier cosa, sin impedimentos ni miedo.

Tu cabello de fuego, que cae como vigorosa sangre sobre tus hombros, tienen la forma de miles de enredaderas con la fragancia de mil flores. He decorado tu pelo con pétalos de mil flores silvestres, igual que si fueras Ophelia y decidieras encaminarte a la muerte. Tus manos de nieve parecen de porcelana fina, como si fueras una muñeca inanimada, cuando las alzas hacia el cielo esperando que caiga la lluvia. Tu cuerpo es el de una niña que apenas lograba ser mujer. Tan joven, tan delicada y a la vez tan firme y llena. Estabas en la plenitud de la vida cuando la muerte te llamaba, y yo decidí que debía salvarte como si fuera un príncipe azul en pleno cuento de hadas.

Caer enamorado frente a ti es fácil, mantener el juramento pese a las dificultades y amarte sin remedio es lo complejo. Yo jamás he podido dejar de amarte. Nunca he podido olvidarte. Me convertido en un ser completamente hundido en tu belleza, fuerza y rebeldía hasta límites que no sospechas. Te amo tal cual eres, pues sé que eres como una amapola salvaje que nace donde desea y con la fuerza de mil demonios.


No, Mona. No puedo dejar de amarte. No puedo olvidarte. No puedo dejar de desearte. No. Estoy condenado y la condena no es cruel, sino apetecible.  

miércoles, 27 de agosto de 2014

Aún puedo besarte en mis recuerdos

Louis de Pointe du Lac, alias el chico de la chispa o llamaradas locas, ha escrito algo. Merrick era una mujer sensacional y aún me duele saber que se fue demasiado pronto. Supongo, que para Louis es aún peor al ser su creador. 

Lestat de Lioncourt 


No te puedo olvidar. Tampoco deseo perdonar todo lo que hicimos. Mi corazón sigue convaleciente. Estoy afectado por tus palabras y actos. Pude tenerte entre mis brazos, sentir tu cálida y suave piel, deslizar mis labios por tu cuello y olvidar mis manos en tus caderas. Una mujer como tú, tan ardiente, me provocó los últimos recuerdos de mi antigua vida. Ahora soy distinto. Pudiste ver el cambio con tus ojos de color esmeralda, tan parecidos y distintos a los míos. Ambos nos convertimos en cómplices durante una noche y nos despedimos como desconocidos, aunque teníamos el corazón roto y el alma llena de arañazos.

Me diste esperanza. Por unas horas pude creer que podría reconciliarme con mi pasado, con el daño que hice y que jamás creí que fuera tan terrible. Verla a ella de nuevo frente a mí, con aquel encantador vestido y sus pequeños ojos puestos en mí, fue demasiado. No soporté su odio. Jamás pude soportar el tan sólo imaginar que me odiaba. Tú lo sabías bien. Me habías indicado que era peligroso, pero me sentía fuerte cuando te tenía a mi lado. Caí enamorado de ti, no importa si fue un hechizo o simplemente el destino. El amor que siento por ti aún perdura, igual que prosigue ese sentimiento agridulce cuando pronuncio el nombre de Claudia.


Te abrí mis brazos del mismo modo que te abrí mi corazón. Te di todo lo que jamás debí darte. La vida eterna no te hizo bien, no ayudó en tus propósitos ni en tu felicidad. Del mismo modo, que no me ayudó a mí. Nada ocurre como uno desea. Sin embargo, no puedo negar que aún te amo. Parte de mí se ha desquebrajado, caído por completo a los pies congelados del vacío y dejado allí, como si fuera una ofrenda a dioses que jamás existieron, mientras el resto late en un pequeño murmullo cálido, el cual sólo aparece cuando la sangre fluye y siento el pecado de mis víctimas coloreando mis mejillas. Soy un monstruo cruel e imperecedero. He vivido entre los hombres durante siglos alimentándome de ellos, dejando que sus vidas terminaran vacías como sus cadáveres. Soy la muerte. Y la muerte te sigue amando, Merrick. Sigo amándote a mi modo. Completamente coaccionado a tus encantos, tu recuerdo, tu belleza y tu fuerza. Aunque no estés siempre tendrás un hueco entre mis brazos.  

miércoles, 25 de junio de 2014

Je t'aimais, je t'aime et je t'aimerai

No hay poesía más pura que la de tus ojos, ni paz más refrescante que tus silencios. He aprendido a sentir tus distintas formas de amar y las he comprendido poco a poco, como el niño que comienza a caminar, con inicios torpes y miles de sensaciones adheridas a mi piel. He acabado desnudando mi corazón, como si fuera un envoltorio de caramelo, y lo he dejado en tus manos para que lo contemples. La calidez de tus palabras contrasta con el ronco sonido de la lluvia de tu mirada. Detesto cuando lloras, pues mi alma se desquebraja y comienza a ser trozos de papel al viento.

Quiero atraparte como si fueras cometa, atarte a mí con un simple lazo y decirte que es el destino, pues he logrado tomarte entre mis brazos. Necesito besar tu frente, mejillas, labios y mentón mientras deslizo mis manos por tus rizados cabellos. Estoy obligado, por promesas que le hice a una estrella lejana, a desearte de mil formas distintas y suspirar cuando veo flores nuevas en el jarrón de mi habitación.

Ámame como nunca nos hemos amado, aunque pensemos que no hay nuevas formas ni gestos para comunicarlo. Sin embargo, el amor es tan extraño que siempre se puede hallar una nueva, aunque sea con una simple palabra que no tenga que ver con el verbo amar. Por favor, ésta noche cuando te visite ten la ventana abierta, así como los brazos, porque éste príncipe inconsciente, testarudo y desobediente, irá a buscarte para arrancarte una sonrisa de esos hermosos labios que tú posees.

Espérame.



Lestat de Lioncourt, 
Para Rowan Mayfair 

viernes, 29 de noviembre de 2013

Eras un sueño

Bonsoir mes amis

Merrick Mayfair era una mujer distinta a cualquier otra que he conocido, aunque posiblemente ninguna mujer se parezca a otra. Sin embargo, pese a sus juegos sucios puedo decir que no me ofendió. Comprendí su dolor, rabia y deseo. Sin ella Quinn seguiría sufriendo ataques muy dolorosos por parte Goblin. 

David ha decidido crear un pequeño homenaje. Espero que lo lean y comprendan su dolor. 

Lestat de Lioncourt


Creo que ya no recuerdo el timbre exacto de tu voz. He intentado reproducirlo en mi cabeza en más de una ocasión cuando he quedado a solas, contemplando alguna de tus fotografías e intentando comprender porque sucedió todo tan rápido, sin poder sostenerte una vez más entre mis brazos y besar por última vez tus labios. Te conocí cuando eras solo una niña y sentí que debía protegerte incluso de mí mismo, pues despertabas el dormido cazador de deseos que rondaba muy cerca del borde de tu vestido floreado.

Eras tan hermosa desde tu adolescencia que cuando floreciste como mujer no dudé en caer en tus encantos. Recuerdo como me besabas, la furia que tenían tus ojos y la habilidad para acariciarme que poseían tus manos. Hiciste que este hombre centrado que mil veces te había aconsejado, escuchado y conversado contigo soportando la cruz del deseo, cayera a tus pies como un estúpido.

Te convertiste en la isla para el náufrago, pero finalmente éste terminó ahogado. Me alejé de ti debido a mi monstruosa transformación, sin embargo no podía dejar de espiarte por las noches. Verte dormir era para mí un lujo. Pero tú lo sabías, aunque no decías ni hacías nada. Tú lo sabías. Y como buena Mayfair, aunque deslindada de la familia al ser de color, tomaste tu venganza contra alguien preciado para mí. Aún así todos perdonamos tus actos, te hicimos una de los nuestros y volví a sentir que era amarte.

Sólo un idiota no te hubiera amado. Sólo alguien sin corazón ni sueños. Tú eras un sueño y ha sido duro despertarse de él. Merrick, allá donde estés espero que encuentres la felicidad.



Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt