Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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sábado, 25 de marzo de 2017

Religión

Santino en su más puro estilo...

Lestat de Lioncourt


Todo es inmoral. Todo es pecado. Todo. Incluso respirar podría ser considerado algo en contra de Dios. Siento que la iglesia ha tomado un poder cuestionable y ha enlutado la razón. Siempre han existido religiones, pero se ha avanzado. La antigua Grecia o el antiguo Egipto poseían politeísmo, así como otros países asiáticos donde algunos rituales y ceremonias ancestrales siguen ocurriendo mientras el progreso avanza. Pero Europa, conquistada por la religión cristiana, se volvió un pozo infecto donde los viejos manuscritos ardían, las mujeres eran tratadas peor que al ganado y se promovía los pecados dentro de la matriz del Vaticano mientras al pueblo llano se les engañaba con bulas, terribles sentencias de hoguera o tortura.

Recuerdo esto con gran asombro cuando se señala hoy en día a la religión musulmana como dictadora de crímenes y ejecutora de guerras. Fue la iglesia cristiana católica quienes enfundaron a sus sacerdotes de guerreros y los desplegaron con la Orden del Temple. La misma iglesia racista que partió a África a secuestrar hombres y mujeres jóvenes, así como a niños, para enviarlos a las nuevas tierras, así como a los viejos territorios ocupados por señores medievales, para que sirvieran. La misma que fue a la India a condenar a todos, así como a otras zonas de Asia. El adoctrinamiento fue duro para los nativos americanos que incluso fueron despojados de sus riquezas para colocarlos en los huesos de supuestos santos, iglesias pomposas, monasterios y la comida de los más ricos. El pueblo llano, sin importar sus orígenes, pasaba penurias y estaba siempre bajo el yugo de las creencias que ellos impartían.

En la propia Biblia habla que el pecado de Eva se condena mucho más que el pecado de Adán, pues a él prácticamente se le libera de toda culpa. Del mismo modo que ellas son impuras desde el nacimiento y les toca sufrir la condena de ser vasallas de los hombres. Son sólo herramientas para parir y servir.

El velo musulmán está mal visto, pero si una monja cubre su cabello y su cuerpo del mismo modo es algo natural. La homosexualidad y la transexualidad son parte de la naturaleza, pues su supuesto Dios creó flora y fauna hermafrodita o que cambiaban de género a conveniencia, así como se ha dado muestra de homosexualidad en más de cien especies distintas. Si bien, ellos tachan de antinaturales, de abominaciones y pecadores. Del mismo modo que lo hacían con las matemáticas que están implícitas incluso en las flores y sus pétalos. La ciencia, como la medicina, es pecado a sus ojos y sigue siéndolo en muchos de sus conceptos.

Ciegos y sordos, vacíos y llenos de pecados a la vez, caminan estos hombres de fe y yo formé parte de esta locura. Si escribo estas líneas es porque necesito desahogarme y despojarme de tanta miseria. Pandora, amiga mía, sé que tú me entenderás. Eres una mujer de razonamiento exacerbado y fuerza. Ayúdame. Dejé la fe porque me pregunté demasiado y me di cuenta de mi estupidez, aún así mis creencias eran hacia Satanás que es el opuesto. Tanto un Dios como otro son terribles. Pero, ¿qué hay de Lucifer? Creo que él me representa en estos momentos aunque no exista, aunque me jures que no es más que una vieja patraña, porque querida mía se hizo cuestiones innegables y Dios lo castigó por ello.

Estoy llorando en mitad de una iglesia al ver tanta incoherencia, al comprobar que un sacerdote ha echado del templo a un desarrapado mientras vende imágenes de su Dios en un pequeño trozo de cartón. ¿No fue Jesús quién echó a los mercaderes del templo? ¿Quién echa a estos opulentos desgraciados que incluso tienen horas en televisión para el adoctrinamiento y la perversión de los más inocentes? ¿Quién salvará al hombre de la religión? Me siento perdido. Si escribo esto, como te digo, es porque me siento terriblemente angustiado.


Deseo ser libre, pero no puedo. Veo tanta injusticia...  

martes, 2 de febrero de 2016

Lucifer

Había vivido una vida de pulcro puritano. Era el típico beato que se arrodillaba frente al altar y miraba directamente, con devoción sincera, hablándole en voz baja como si fuese un íntimo amigo. Su cuerpo delgado, de clavículas marcadas, era también de una estatura baja ofreciéndole un aspecto similar al de un querubín. Delicado y postrado ante aquellas imágenes religiosas, consagradas a un atajo de ladrones que vendían paz a almas corruptas y limpiaban remordimientos bajo el símbolo de la limosna, la ostia consagrada y el vino barato de mesa.

Pero esa vida quedó destruida, consumida como la llama de un cirio, transformando su vida en un calvario de sensaciones demasiado placenteras. Bajo ese aspecto de ángel se guarecía un diablo que deseaba saborear el pecado, paladeándolo hasta alcanzar el delirio en pleno éxtasis, dejándose bañar en mitad de una bacanal de sensaciones.

Había sido observado desde las alturas, señalado como corrupto, pues los demonios se reconocen entre ellos. La llegada de un nuevo párroco, de aspecto de divinidad pagana, hizo que en él comenzaran a susurrarle las llamas del pecado, invitándolo a un paraíso de corrupción. Estaba abocado al fracaso.

Aquel joven sacerdote lo acogió en su casa, abriéndole la puerta, para ofrecerle consuelo. Esa conversación taciturna, en voz baja, provocó que el párroco palpara su dulce rostro con sus inmaculados dedos. El mismo que acabó desnudando su cuerpo destruyendo sus ropas, provocando que saltaran los frágiles botones de nácar de su camisa, jalara de sus pantalones y rompiera con saña sus prendas más íntimas.

Su cuerpo quedó marcado por la lascivia mientras sus labios se abrían entre oraciones a los infiernos. Los azotes sobre su espalda, crujiendo como auténticos truenos enviados por Dios, hacían que se retorciera como la serpiente que reptó por el manzano hasta hacer caer la manzana. La lujuria hizo que cayera piedra a piedra su iglesia, arrebatándolo del camino recto, mientras permitía que las palabras sucias se mezclaran con penetraciones fuertes y tortuosas. Sus manos buscaban sostenerse en la sotana de quien le enviaba a Lucifer, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas de placer. Su cuerpo, perlado por sudor y sangre, ya no era el de un ángel sino el de un hombre terrenal que padecía por placeres carnales.


Así es de fina la línea entre el éxtasis religioso el lívido desenfrenado.  

domingo, 17 de enero de 2016

Ídolos

Daniel ha decidido dar un homenaje a los ídolos caídos.

Lestat de Lioncourt


Muchas veces las religiones nos dan un bálsamo de tranquilidad, un lago de confort, un hermoso sueño que nos calma y nos hace sentir elegidos por la mano de un dios o dioses. Desde temprano el hombre ha querido mejorar, encontrar un ser perfecto y las religiones han proliferado, cambiado con el cambio de sociedad y cultura. Han ido evolucionando con el paso del hombre por la tierra dejando diversos vestigios, creencias, documentos y obras de arte. En cada rincón de éste mundo ha existido un dios, o varios, y creyentes fieles a sus tradiciones.

Actualmente siguen las supersticiones alrededor de las viejas pirámides dependiendo de las inscripciones que hay en la puerta de las tumbas, en los pasadizos mal iluminados y en las trampas puestas para que los ladrones, así como los ayudantes de los constructores, perdieran la vida. Todavía hay nuevas culturas que surgen del Amazonas y muestran su baraje cultural dejando impactados al mundo. Podemos pasearnos por las viejas tierras de Babilonia con una Biblia en la mano y leer su pasaje en alto en cientos de idiomas. También podemos contemplar como la piedra sagrada musulmana atrae a cientos de creyentes. Los judíos siguen apoyando su cabeza en el muro de las lamentaciones. Jesús aguarda en la cruz. En la India todavía se reza a dioses con cuerpos, o esencia, de animal y se venera a elefantes o ratas. Hay miles de culturas y diferente forma de creer en los espíritus, en la esencia de la naturaleza y sus magníficos poderes ocultos.

Todos alguna vez hemos rezado, aunque fuese cuando tan sólo medíamos medio palmo. Sabemos el proceso, aunque quizás nuestras palabras difieren. Nos arrodillamos ante la belleza de una imagen, sea física o mental, y rogamos por nosotros o por aquellos que amamos. Siempre son deseos, a veces egoístas y otras veces llenos de inocencia. Pero rezar no es lo único que se debe hacer, pues es un alivio hacerlo ¿y ayuda? Quizás calma tu alma, tu mente o conciencia, pero los actos son los que nos acercan al perdón o el milagro.

Nuestros actos, y no nuestras promesas o rezos, son quienes nos recordarán. Algunos seremos recordados sólo por un puñado de personas, pero luego están los que hicieron éste mundo mucho más magnífico o agradable. Aquellos que con su arte, sus palabras o simplemente con su carisma despertaron devoción. Los que con canciones, pintura, actuaciones o mejoras científicas nos hicieron soñar que todo era posible. Esos que serán aún más inmortales que los vampiros y los propios dioses.


¿Homero no sobrevivió a su cultura y sus dioses? ¿Ovidio no ha seguido siendo leído? ¿Platón o Aristóteles? ¿Todavía no son recordados los grandes reyes del Valle del Nilo? ¿Acaso no hay canciones que siempre han estado en nuestros corazones y lo siguen estando aunque el autor haya fallecido? Los dioses están ahí, pero no siempre están basados en una religión. Los inmortales no siempre tienen colmillos.  

domingo, 15 de noviembre de 2015

Haz bondad

Daniel Molloy me ha dado éste texto para subirlo a la web. Me ha pedido que lo hiciera urgentemente en éste día. Como periodista quizás sabe más que todos nosotros lo que es informar, transmitir y hablar a otros. Incluso yo me siento a veces saturado y no sé como explicar lo que siento, pero él sabe poner cada coma en su lugar.

Lestat de Lioncourt


Convirtieron el caos en religión y la religión fue absorbida de nuevo por sus inicios. La nebulosa rojiza que penetró, como pequeñas agujas, en el cuerpo de Akasha dio paso a una diosa peligrosa sedienta de sangre y poder. La misma diosa que cubierta de pecado, ambición y equívocos pensamientos creó numerosos guerreros para que extendieran su reino a lo largo de los senderos de arena, el refrescante Nilo y los diversos mares y océanos. Se convirtió en un monumento a la verdad absoluta, el poder y la belleza eterna. Venerada, amada y temida se encumbró como la única luz en la oscuridad.

Durante cientos de años fue tomada como emblema de una estirpe de condenados. Se ocultaba del sol para evitar la muerte, como si fuese una gigantesca plaga, de sus primeros soldados y descendientes. Los guerreros de la Reina Akasha se guarecían en gigantescos árboles, venerados como dioses de distintas tribus, impartiendo justicia entre los pecadores. Otros, como no, seguían caminando por el mundo, completamente sedientos y descontrolados, buscando un refugio para alzar su voz y ser temidos. Algunos iniciaron religiones sangrientas llenas de sacrificios humanos, como Azim, otros decidieron ser bondadosos y complacientes como Avicus. Cyril, por ejemplo, decidió rondar el mundo en busca de un destino, de algo que entretuviese su mente intranquila y su alma torturada, usando largos periodos de descanso bajo las ciudades que visitaba.

La primera Quema mató a muchos jóvenes, provocando que sólo los más antiguos sobrevivieran convertidos en huesos oscuros o piel terriblemente quemada. Ella fue expuesta al sol, mostrada como si fuese un objeto maldito que debe ser destruido, junto a su consorte, Enkil, durante todo un día. A lo largo y ancho del mundo cientos de hombres y mujeres, seres de la oscuridad, sintieron el sol como si estuviese bajo sus cabezas. Muchos gritaron en mitad de la noche, otros golpearon con rabia y dolor los gruesos troncos de los árboles, hay quienes intentaron calmar aquel drama hundiéndose en el mar... ¡La Sangre ardía! ¡Ellos ardían!

La segunda Quema fue cuando ella despertó. Un joven vampiro decidió mostrarle al mundo entero la verdad, un secreto que se había ocultado por supervivencia y miedo, a todos los demás que jamás habían escuchado tales testimonios. Se convirtió en un héroe, pero también en un proscrito. Muchos deseaban eliminarlo, pero la mayoría fueron sentenciados a muerte. La Reina Akasha, La Madre, lo protegía y se alzó como una fiera, igual que una leona protege a su cría, contra todo aquel que deseaba matar a su nuevo consorte, pues Enkil había perecido en sus brazos.

La vieja guerra volvió, la fe convertida en venganza surgió con fuerza y agitó los cimientos de ésta era tecnológica y ligeramente artificial. Los focos del escenario temblaron, estallaron y se convirtieron en el símbolo del desastre. Muchos jóvenes estallaban en llamas, otros corrían sintiéndose pequeñas hormigas que eran señaladas con una gigantesca lupa y miles, en todo el mundo, lloraban heridas, morían sin poder siquiera salir de su ataúd o despertarse de su largo y próspero sueño. El regreso de La Reina nos narró una historia de venganzas palaciegas, mentiras y corrupción así como un pequeño gesto de amor, bondad y respeto que se convirtió en el inicio, en el Germen, tras un ataque de una neblina rojiza llamada Amel.

Aquel espíritu vengativo estaba uniéndonos a todos, poseía vida dentro de ella aunque muy débil. Él comenzó a cobrar conciencia cuando ella despertó, pero eso no lo sabíamos. Y, cuando él tuvo fuerzas suficiente, más allá de balbucear algunas simples palabras, la siguiente Quema se inició. La Tercera Quema arrasó la noche durante semanas, iniciando focos en Brasil, India y diversos lugares de Europa. Los jóvenes ardían de nuevo. Muchos antiguos eran usados como viejos soldados que entraban en guerra mientras una voz, suave y testaruda, pedía que murieran en su nombre, por su dolor y poder.

Los seres humanos también están matando ahora. Matan en nombre de un Dios que dice hablarles, pero sólo es su ambición, estupidez y peligrosos deseos políticos que se envuelven en religión. Las verdaderas religiones fueron creadas para mostrarle al hombre la piedad, bondad, respeto, superioridad y comprensión. El hombre no era perfecto, por eso creó a Dios. Deseaba que alguien superior le mostrase el camino a seguir y, de ese modo, mejorar su vida, así como la de los suyos, pero la sed belicosa de los distintos pueblos, el deseo insaciable de llevar la razón, los convirtió en monstruos. Mataron en nombre del Dios cristiano en las viejas guerras, del mismo modo que mataron a su profeta los judíos creando esa religión cristiana, y así matan ahora, indiscriminadamente, en nombre del Dios musulmán. Mentira. Todo es mentira. Son actos crueles de personas manipuladas por el poder político y económico, pues las guerras generan dinero y éste es necesario en una sociedad capitalista. El soporte económico de éstos malditos grupos de asesinos, torturadores y tercos está en Estados Unidos. La represión, el odio, la violencia, las bombas cayendo sobre territorio musulmán generó el odio y las armas provienen de intereses armamentísticos de ese país, cuna de las libertades y las balas fáciles, así como de Europa. Nos venden miedo y compramos protección, regalamos odio y el mundo yace en ruinas, sangre y dolor.

Nosotros los vampiros nos hemos unido, sin importar nuestros orígenes, ¿por qué no lo hacen ustedes? Unan sus manos sin importar sus religiones, recen con fe aunque no sea a un Dios, y respondan con palabras sabias a las mentiras, odio y venganza que están plantando en sus corazones. Y, por favor, no olviden las víctimas de todas las guerras. A veces siento que sólo hiere cuando son atacados países occidentales, como si los orientales no sufrieran. Todos sufren.

Quien guarda rencor, responde con odio, muestra rabia e indignación en vez de palabras justas, bondad y lazos de hermandad. Quien rechaza y sólo ve sus miserias, aquellos que no son capaces de pensar que también son víctimas los musulmanes, pues atacan usando su cultura y su fe, está ciego y equivocado. Ustedes son parte de La Tribu, La Familia Humana de Maharet y Khayman, y deben aprender a convivir, respetarse y no atacar desde la venganza. Y ésto, compañeros mortales, se aplica a todos sus actos. Quien posee odio en sus corazones, quien sabe que actúa mal, se pudre y se convierte en desperdicio. Haz el amor, posee integridad y sigue tu honor. Sé un ejemplo de buena voluntad y no de estupidez, mediocridad y odio.


sábado, 4 de abril de 2015

Mi verdad

Ashlar no era un monstruo. Creo que sólo intentaba sobrevivir, como cualquier otro. Llevaba consigo una carga que no era suya, pues él sólo buscaba la felicidad de los suyos. 

Lestat de Lioncourt


He aprendido que el mundo se acaba, pues el ser humano está dispuesto a destruirse dentro del círculo vicioso de la codicia. Cuando más poseen más desean, cuando menos riquezas tienen en sus manos más felices llegan a ser. He visto sonreír a niños con tan sólo unos zapatos nuevos, pero en éstos tiempos muchos arrojarían esos zapatos por la ventana si no poseen una marca de renombre. Decidí apostar por ser parte de ese círculo, aunque intentaba implicarme en la autestirdad y la bondad de otras épocas.

La soledad me consumía. Muchos creen que el dinero, el poder y las posibilidades de ir dónde uno desea, cuándo y cómo, es sin duda el origen de la felicidad. Pero yo, un ser que creía ser el último de un mundo que llegamos conquistar y comprender, me sentía lleno de una tristeza irrevocable. Como si fuese un niño intentaba alejar el espanto de la muerte, de una eternidad vacía y de unas manos monstruosas que se vieron salpicadas con la sangre de sus propios descendientes. Observaba las vitrinas llenas de ojos ilusos, aunque apagados de toda vida, sonriéndome en sus pequeños cuerpos y alzando una belleza que perduraba pese a las décadas. Mi colección de muñecas era, sin duda alguna, la fuente de mi felicidad.

Ellas sabían mi secreto. Solía conversar con aquellos juguetes como si poseyeran alma. Les di un nombre, una historia, unos sentimientos y unos cuidados propios de unos hijos. De entre todas ellas destacaba Bru, la primera y la más maravillosa. Tenía el cabello estropeado, por el paso de los años, pero poseía una belleza mágica y unas cualidades indescriptibles. Me sentaba frente a ellas, contaba mi terrible día mientras daba sorbos a un enorme vaso de leche, y sollozaba por el dolor que sentía ante lo que contemplaba día tras día desde mi despacho.

No me servía tener un museo del motor, unos grandes jardines, mansiones desperdigadas por todo el mundo, grandes inversiones, una empresa juguetera que tenía raíces en todo el mundo y millones de trabajadores orgullosos de pertenecer a mi imperio. Volvía ser el rey de un mundo de muñecas. Un rey sin reino, pero sí con súbditos fieles que siempre recordarían su paso por la historia del mundo. Ante todos los humanos era un hombre de belleza y cualidades admirables, pero en realidad era un monstruo de leyenda que hubiesen capturado, diseccionado y expuesto en su propio museo.

Recordaba las últimas palabras de mi último y gran amor, aquella hembra cuyo nombre aún me hiere. Vi en sus ojos el dolor, en las llamas la verdad y en sus palabras una sentencia de muerte terrible. Moriría solo. Ella me lo había dicho. Me arrebató el aliento el saber que quedaría destruido. Sería el rey de mi propia miseria. Sin embargo, seguía con la esperanza depositada en un posible futuro, en un encuentro con una hembra o un macho de mi especie.

El Dios humano parecía bondadoso, pero sólo trajo miseria a mi pueblo. Quise ofrecerles la redención, olvidando que nosotros teníamos nuestro propio paraíso. Acepté que me golpeara la estupidez, la sinrazón, la hipocresía y la inmoralidad. Me convirtieron en santo de una religión que aborrezco y temo. El ser humano, el hombre como bien se llaman ellos, me mostró su lado más cruel y aún así no los odié. El verdadero culpable fui yo. No comprendí que no podíamos vivir entre ellos, ser como ellos y tener sus costumbres, así como sus religiones. Sin embargo, terminé convertido en un empresario de éxito, nombrado en cientos de revistas y periódicos, llamado soltero de oro, tachado de hombre recto y bondadoso centrado en las obras sociales y en la ayuda al prójimo. Me convertí en un Mesías urbano. Fui el símbolo de muchos creyentes, pero en realidad no creía en nada. Ya no tenía esperanzas.

Entonces, cuando ya creí que el mundo me daba la espalda hacia un silencio perpetuo, los brujos vinieron con su amistad y la historia de unos Taltos que nacieron del vientre de la mujer. Ella era hermosa, fuerte, capaz de matar con sólo desearlo y él tenía el poder del arrojo, la pasión, la bondad en sus ojos azules y la culpa en sus hombros. Los amé. Creo que ellos también me amaron. Y finalmente, tras un largo encuentro, comprendí que ellos guardaban ciertos secretos que no sabían confesar. Había otra hembra. Una hembra que me llevé para mí. Una hembra tan similar a mi gran amor. Una mujer que me amó y que quedó debilitada por todos los hijos que me ofreció, los mismos que intentamos proteger y que acabaron deseando nuestra muerte.


He aprendido que los sueños deben intentar cumplirse, que las religiones pueden ser peligrosas y que no hay que rendirse jamás. También he comprendido que no todo sale como uno desea, pero siempre merece la pena intentarlo porque a eso llamamos vida.  

Deudas

Memnoch nos recuerda que para Dios la ley del "ojo por ojo" es válida. 

Lestat de Lioncourt

El dolor que causes a otros te será devuelto, arrojado a tus pies y convertido en infectos gusanos que pudran tu alma. Muchos creen que están refugiados en un mundo lleno de mentiras, hipocresía y falsos espejos donde se reflejan con gran autoestima. La verdad siempre resplandece aunque se halle en un pozo de brea. Y ese pozo, por más que deseéis ocultarlo, aparece para que cualquiera rescate de allí la verdad que deseáis silenciar.

El pozo es vuestra alma. Un alma que terminará a mi lado esperando ser tratada con benevolencia. Jamás he tratado con virtud alguna a los cretinos que aparecen en mi puerta. Siempre he pensado que en los Infiernos hay seres bondadosos, los cuales han cometido algún error, y gente tan podrida que son capaces de infectar el mundo con su aliento cargado de palabras baratas, infantiles e innecesarias.

Bajo mi mano, y con la supervisión de Dios, te ofreceré la ley más justa que se merecen las almas como la tuya. Te ofreceré “La ley del Talión”. Tu alma sufrirá el pecado que has cometido, cargarás con el peso de tu culpa, sentirás en tus ojos las lágrimas e implorarás clemencia pero nadie escuchará tus ruegos. Lo único que podrás escuchar es mi silencio. Sólo buscamos proporcionalidad al castigo.


Debo limpiar las almas de éste mundo. Tengo que darles la pureza y lustre necesarias. Debo salvar a todos. Tú te salvarás pagando el precio de tus actos. Pues el Reino de Dios espera a las almas más puras y perfectas, las cuales moldeo para poder alcanzar al fin de nuevo la luz cálida de Padre. Nadie impedirá, con sus sucios pecados, que no podamos alcanzar la felicidad codiciada.  

domingo, 29 de marzo de 2015

Egoísmo

El diablo tiene un mensaje, aunque yo sigo sin creerlo... Éste es su mensaje. Allá tú si lo quieres leer o simplemente buscar un lugar donde huir. 

Lestat de Lioncourt


El mayor pecado de Dios es su orgullo. Un orgullo que ha transmitido a todas sus criaturas. Todos pecamos mordiendo la misma manzana. Intentamos negar que poseemos esa impronta. En nuestro código genético está el terrible placer de saborear éste pecado. Las discusiones, las cuales pueden acabar en grandes y temibles guerras, se inician por un orgullo que crece y se extiende por nuestras almas, como si fuera un virus, y que nos evita poder disfrutar de la vida.

He contemplado el orgullo de Dios con mis propios ojos. He visto su paraíso, pero también he descubierto que tras su luz hay oscuridad. Una oscuridad cegadora, temible y fría. Los querubines pueden cantar alabanzas, los ángeles aplaudir los sermones inspiradores que él emite, y los arcángeles ser sus mejores guerreros. Sin embargo, en ese territorio ensombrecido, donde la esperanza parece que jamás germina, he visto las semillas del verdadero hombre. Las almas están ahí, alimentándose de su desdicha y recuerdos, ansiando tocar la luz que emana su creador.

Permití que mi orgullo negase la grandeza del hombre, pero cuando contemplé su belleza, el calor que poseían sus acciones, y la verdad intrínseca en su semilla supe que debía salvarlos. Pero yo no era el pescador de hombres, tampoco era el pastor que llevaría el rebaño, sino el ángel caído en desgracia, el mentiroso y el testigo apócrifo, que con su hipocresía sembraría terror entre los creyentes.

Me condenó a llevar un disfraz y ser la bestia de las peores pesadillas. Hizo que reptara como una serpiente. Señaló mis lágrimas como si fueran burla. Hirió mi corazón. Me olvidó y luego me pidió ser testigo de sus asesinatos. Él ha matado a millones de humanos, ha dejado atrás la huella de la sangre y el dolor, pero ha sido por una justicia sagrada, pues su mano jamás se equivoca. Yo, sin embargo, me mantengo con las manos ligeramente limpias y la vista alzada hacia los cielos. Quiero tocar sus puertas, llorar nuevamente sobre su luminoso territorio y rogar la absolución de todos los que lamentan su dolor en los valles oscuros donde la muerte no fue el final.


Y aquí estoy, contemplando los altares cargados de velas y flores. Escucho los rezos. Observo a los creyentes. Rezan por sus almas, pero los rezos no serán escuchados jamás. Cualquier tacha, por mínima que sea, será señal de condena. Ellos no lo saben. Creen en una vida cerca de Dios, pero lo único que hallarán será un sendero de espinas. Todos los que niegan a Dios, todos los que creen en él pero han tomado decisiones indebidas, aquellos que alguna vez soltaron su mano y se perdieron durante décadas, irán a las sombras y allí llorarán conmigo.  

martes, 30 de septiembre de 2014

Mi querido santo

Ya estamos con la misma cantinela. ¡Coño, Louis! Deja de hablar de tu hermano o de Claudia. Piensa en el futuro, deja de ser tan cínico y ama algo que no esté muerto.

Lestat de Lioncourt 


La culpa aún la llevo a mis espaldas. Ay no es tan pesada. Sin embargo, los recuerdos a veces nos llevan a una situación desesperada. Puedo recordar aún tus enormes ojos azules antes de caer. El murmullo de tu voz parece llegar a mí en sueños, como si desearas que fuese a tu encuentro y me tumbara a tu lado en aquel oratorio. Creí que nunca te negaría nada. Aposté seguro mis cartas. Jamás permitiría que alguien dijera que no a tus pretensiones, y sin embargo, fue tan fácil negarte aquello que más codiciaba.

Tus visiones, Paul. Aún me pregunto sin son falsas o no. El testimonio de tus santos, de los ángeles y Dios mismo. Paul, ¿podría ser cierto? Sé que ya no puedes escucharme y despejar las dudas existencias, así como las mediocres, de mi alma. Si bien, hablar conmigo mismo en voz alta, mirar hacia el cielo y creer realmente que existe un lugar donde descansas al fin, es beneficioso para mí. Sé que estoy siendo egoísta, pero a la vez quiero liberarme de esa carga.

Eras tan fuerte y frágil a la vez. Tan sólo tenías quince años cuando comenzaste a decir aquello. Creí que era absurdo, una terrible tontería, y te eché a un lado. Tu propio hermano. Yo te eché. Te reprimí. Quise destruir tus hermosas vidrieras, quemar el oratorio que tanto me costó construir y encerrarte en una habitación cualquiera para que me escucharas. No escuchabas a nadie. Creo que sólo querías escuchar las oraciones que murmurabas a todas horas. Ni siquiera descansabas. Y luego él. Tras tantos siglos. Él cae en la misma locura que tú. ¡Por eso quiero saber! Y, sin embargo, no podré.

¿Sabes lo peor de todo, hermano? Que yo debía protegerte. Nunca lo hice realmente. Cuando me percaté de mi amor por ti, un amor retorcido, quise desalentar ese sentimiento pensando que serías sacerdote. Pero, entonces, caí en la cuenta que te irías lejos, que no escucharía de nuevo tu voz como antes y entré en pánico. Deseaba abrazarte, besar tu rostro y prometerte que serías feliz con tu dichoso oratorio. No necesitabas ser sacerdote para ser el santo de todos, el hombre bueno y sabio que estabas empezando a ser. Te quería para mí. Codiciaba tu compañía. Madre no comprendía mi imperiosa necesidad. Nuestra hermana simplemente se hizo a un lado. Y yo me estaba volviendo loco.

Tu amor a Dios había llegado demasiado lejos, del mismo modo que mi amor por ti. Tenía casi diez años más que tú, me apoyaba en ti cuando eras tú quien debía apoyarse en mí. Pero creo que era porque lo sabías. Cuando te miraba con estos estúpidos ojos verdes, cuando me iba detrás tuya con mi lánguida figura buscando tus brazos fuertes, quizás me delataba. ¿Qué pasó? ¿Qué ocurrió? Aún no sé que sucedió realmente. ¿Yo te tiré por las escaleras o simplemente tropezaste? Ya no sé que creer. A pesar de los siglos no lo sé. Nunca lo sabré.


El vino ya no tiene sabor, Paul. El sol hace mucho que se ha convertido en un desconocido. Soy lo que tú llamarías demonio. La sangre me sienta muy bien. No tengo escrúpulos en matar a sangre fría, inocentes o culpables, para seguir viviendo. Dreno los corazones más tiernos y aquellos que ya son oscuros. Sin embargo, tu recuerdo y el de Claudia me hacen llorar. Si hay algo humano en mí, aunque sea mínimo, es vuestro recuerdo.  

sábado, 20 de septiembre de 2014

Sheol

Memnoch me dio esto. ¿Tengo que tener miedo? ¿Puedo salir corriendo? ¿Puedo gritar llamando a mi madre? ¡Mamá, el coco me persigue!


Maldito demonio...


Lestat de Lioncourt 


Las almas son arrastradas aquí, empujadas hacia mí, mientras contemplo como unos y otros aún se desafían. Parece que fue ayer cuando éste lugar era lóbrego, casi vacío, y las almas que estaban aquí tan sólo lloraban su penosa suerte. El infierno se ha convertido en un lugar concurrido donde todos se acusan con el dedo, señalándose furiosamente, mientras se miran con desprecio. Políticos corruptos y opulentos, banqueros sin escrúpulos, empresarios que amasaron fortuna torturando a sus empleados, jóvenes descreídos enfermos por las drogas, mujeres que decidieron quitarse la vida, hombres que mataron con sus propias manos a sus hijos, mercenarios, asesinos en masa, crueles déspotas y demás despojos. Todos unidos en un grito imposible de soportar.

Dios me dio una misión. Estoy aquí observando a todos intentando decidir las diez almas. No sé aún como elegir siquiera estas. Tal vez por los arrepentidos, los descreídos, aquellos que tuvieron una vida dura y tuvieron que robar las migajas que otros lanzaban a sus caras. No lo sé. Tan sólo observo. Y mientras miro a los ojos a esos condenados, perdiéndome en sus rostros lacerados por el miedo y el dolor, recuerdo los suyos. Él, ahí de pie, intentando ser el príncipe valiente mientra sus piernas temblaban queriendo huir.

Lestat siempre me pareció idóneo para lanzar mi mensaje. Él llegaría a las masas. Cuando él habla es como un Mesías. Todos callan, guardan sus pensamientos, y agitan sus manos hacia el cielo esperando un milagro. Todos. No hay nadie que no crea que él pueda traer un mensaje propicio. Muchos le detestan, pero cientos le veneran. El amor se hizo de odio, o quizás es el odio, cuando él apareció triunfante mostrando su mejor sonrisa. Es un vampiro con corazón de niño, pues aún tiene inocencia y la malicia que desprende, esa que siempre dice tener, no es más que la travesura de un niño. Quiere ser libre y eso lo hace diferente, pues muchos dicen desear la libertad pero la temen. Él no teme a nada, salvo a la soledad. Sin embargo, aprendió a caminar por sus calles y se hizo eco de su voz. Él sabe estar solo, pero no es agradable escuchar sus pensamientos a cual más atrevidos.

Lo elegí a él. Como Dios eligió crear a los hombres, las aves o las plantas. Yo lo decidí. Fue bueno que lo hiciera. Sin embargo, ¿sabía yo que lo amaría? Tal vez ya lo amaba. Sentía una atracción casi magnética cuando deposité mis ojos en él. Siempre sería ese muchacho que cabalgaba entre los bosques, con su escopeta cargada, buscando una nueva pieza de caza para llevar a la mesa. Nunca fue cobarde, salvo en contadas ocasiones porque temió por todos. El miedo fue su jaula, pero pronto fue arrancando barrotes. Ya casi no hay nada que lo retenga, ni siquiera la soledad.

Sentado aquí me compadezco. Amar no es propio de demonios. La obsesión no es aceptable. Mi reino se derrumba entre sollozos y gritos de horror, pero yo sigo siendo el príncipe que se recrea con la visión del mundo, que no es el que se postra ante él, donde Lestat es otro monarca, uno muy distinto, con colmillos y capa.


Lestat, ven a mí una vez más.  

miércoles, 29 de enero de 2014

La presencia el demonio

La nieve se acumulaba sobre el gris castillo familiar, así como en los campos, el pueblo y los valles. Las montañas parecían enormes montones de harina. El frío era casi insoportable. La leña crujía en el piso interior y olía dejando una fragancia única. El amanecer de aquel día no tenía intensos colores y tampoco poseía un sol brillante, pues seguía cayendo la nieve sin control ni pausa. Mis hermanos estaban discutiendo nuevamente sobre como repartirse las amantes, pero ellos desconocían que su hermano pequeño ya había estado con todas ellas. Mi padre dormía en su cama cubierto de mantas y tosiendo fuertemente. Podía ver la figura de mi madre a su lado, tomándole de la mano y posiblemente rezando para que el demonio se lo llevara.

En aquel castillo teníamos una pequeña capilla. Desde mis días como intento de sacerdote, los cuales llegaron a su fin porque así lo quiso mi padre, solía visitarla con frecuencia. Limpiaba los escasos bancos, colocaba velas y meditaba sobre mi fe. No tenía fe. Había perdido la fe. Intentaba pensar en Dios pero lo único que veía era un camino vacío hacia una salvación que no sabía si quería.

Tal vez por eso quise estar en aquella capilla. Quedé como una estatua, igual que la de un santo, tumbado en el altar mientras mi alma estaba lejos. Por aquel ojo, el cual me sacó el diablo y después me lo entregó, podía verlo a él y a Dios conversando como en aquel café que decía David. Pero no era una conversación normal y era más bien una discusión. Jesús no amaba a ninguno de sus hijos, no le importaba que ocurriera con la humanidad, y Memnoch decía que para eso había bajado a la Tierra. Otra discusión similar como en aquel campo de batalla donde mi alma se estremecía ante la crueldad. Y después de esa acalorada discusión donde nadie ganó, pues no tenía que ganar uno u otro para ser menos monstruosa, el Diablo se dirigió a mí.

Sus largos cabellos rubios, ondulados y con betas más oscuras caían sobre sus hombros, su espalda y también rozando sus mejillas. Tenía el rostro algo alargado, el mentón levemente cuadrado y unos ojos tan intensos que me provocaban escalofrío. Pero lo que más miedo me daban eran sus alas. Aquellas alas abiertas mientras él caminaba hacia mí sin importarle mi terror.

—Lo lamento. Lamento que hayas tenido que presenciar otra larga discusión—susurró con una sonrisa gentil mientras se acomodaba a mi lado. Podía sentir su presencia también envolviendo mi cuerpo.

Desconozco donde estaba, pero en aquella capilla no era. Podía sentir el viento meciendo mis cabellos e incluso ciertos rayos de sol que no me hacían nada. No era un sueño, pues era demasiado atroz para calificarlo así.

—¿Me perdonas ya por tu ojo?—interrogó con una sonrisa cálida.

—Permite que me vaya—murmuré con la voz reseca—. Me esperan y necesitan. Soy su príncipe.

—No, sólo eres un vampiro demasiado engreído—dijo tras una larga risotada—. Te ves sumamente atractivo en esa posición.

Noté como se arrodillaba acariciando mis cabellos. Él decía amarme y necesitarme. No sabía para que exactamente. El velo de la Verónica llegó a mis manos porque él intercedió. Decía que no amaba, pero a la vez rogaba por ser amado y sentir en su pecho algo más que el vacío existencial que en ocasiones las discusiones con Jesús le dejaban.

Estuve en su compañía todo el tiempo. Una presencia que el resto no podía ver y mi alma no estaba allí. No estábamos allí y a la vez sí. Me mostró momentos de mi vida en los cuales él estuvo presente con una y otra imagen. Pude sentirlo incluso en el momento en el cual me enfrenté a los lobos. Él había dirigido mi vida para que fuese fuerte y me admiraran. No sabía porque me dio esa oportunidad y porque jugaba con mi destino. En esos momentos quería marcharme.


Cuando me recuperé sufrí al ver el horror en el cual se había convertido Louis. Era una masa oscura que intenté reanimar. Armand pensaba, como muchos de nosotros, que no tendría el valor de hacerlo. Pero él lo intentó, aunque después se arrepintió. Quiso irse y nosotros evitamos que lo hiciera. Aquella aventura y los recuerdos de Claudia me hicieron desear ser un santo y estar cerca de Dios, hacer que viera el amor y lo respetara como antaño.  


Lestat de Lioncourt

miércoles, 2 de abril de 2008

Andrei Venedetti






Padre nuestro que estas en los Cielos, Padre misericordioso que eres capaz de quitarme el cáliz de mis labios, Padre que dio a su hijo a los hombres para que hiciéramos con él un crimen horrendo…Padre. Yo te ruego Dios que comiences a escucharme, que me otorgues un segundo de tu existencia a este humano convertido en una bestia. Sé que todos somos hijos tuyos, que podemos redimir nuestros pecados si nos arrepentimos y comenzamos a caminar a tu lado. Por favor, deja que este demonio pueda abrazarte y anclarse a tu figura. Deja que mis palabras te susurren mi dolor. Hoy llueven gotas amargan en mi piel, hoy el día no pudo ser peor pues caí en la tentación de la carne. Por favor, yo te ruego que logres conmoverte. Soy un pecador, lo sé, sin embargo me merezco tu absolución. En el nombre del Padre, del Hijo, del espíritu santo…Amen

Mi iglesia, es tu templo

Mi alma, tu refugio

Tus manos, mi necesidad

Tu perdón, lo que persigo

Padre salvador, misericordioso y único

Aquel que con su bondad derrumbó muros

Y abrazó a cientos en el centro de su corazón

Así oraba en días próximos a la Semana Santa, pues había caído en pecado y el mundo caía ante mis pies o quizás mi templo ante el pecado. Estaba indefenso, o eso sentía, y mi mirada se volvía turbia en cada alce de esta hacia la imagen de Jesús. Acababa de terminar la misa, había cerrado la iglesia y quedé postrado de rodillas, ante el retablo recargado de imágenes de pasajes de la Biblia entre la madera bien ornamentada por flores del paraíso. La imagen del señor crucificado ante mí, con aquellos ojos parados en la agonía del momento, sus labios en el último suspiro y en su costilla la mueca de la última lanzada. Me hallaba entre dos tierras, la fe y el deseo. Detrás de mi figura, se encontraban ocho columnas a cada lado, en sus capiteles se recreaba la serpiente con la manzana en la boca y en sus pies las llamas del infierno. En las vidrieras que había en la cúpula, bajo la que rezaba, se representaba la creación de Adán. Las bancas de madera estaban vacías, mi voz hacía eco chocando contra las figuras y la luz nocturna que se colaba por las ventanas ayudando a realzar las llamas de las velas.

En el aire se alzaban mis susurros, sordos a los oídos de dios, y el aroma del incensario que columpiaba la imagen de un heraldo de aspecto inocente. San José con su aspecto bondadoso me observaba en una esquina, en la esquina contraria la virgen María y un niño Jesús en sus brazos. Sin embargo, las imágenes del crucifijo y la del Jesús apresado junto a un romano, de aquella galería de arte religioso que era mi iglesia, era lo que más respeto me daba. Estaba toda colmada de rosas, gardenias, margaritas y las primeras amapolas. A pesar de ser estatuas tenían un calor especial, los pliegues de sus telas eran especiales al igual que el ambiente que se creaba. Tan sólo era frío el mármol del suelo bajo mis rodillas, el cual se humedecía con mis lágrimas.

“Padre salvador de todo mal, eres mi guía. Ilumíname como antes hacías, no olvides a este humano que creyó en ti desde el día de su nacida. Padre mío, padre de todos. Por favor, perdóname porque yo no puedo hacerlo.”

Unos pasos entonces se escucharon por la galería, una risa contenida y un perfume familiar se hizo paso. Los aplausos de aquel demonio resonaron en mi cabeza, entre los muros del templo y Jesús parecía llorar junto conmigo. No me giré, sabía quien era y no deseaba rendirme de nuevo.

-Qué bien actúas.-su acento extranjero, del norte de Europa, crispó mis nervios e hizo que mi corazón bombeara.-Eres fabuloso.-su voz era jovial, un contraste irónico y cruel contra el que se había rendido ante él.

-¡Basta! ¡Dios mío! ¡Mi amado padre! ¡Apártalo de mi camino!-golpeé el suelo y mis brazos temblaron, sin embargo no fueron los únicos ya que todo mi cuerpo lo hacía.

-¿No lo sabes? Somos libres para tomar las riendas de nuestra vida, él tan sólo nos observa como un Gran Hermano.-masculló danzando por la sala, sus pasos eran cada vez más cercanos y me hizo derrumbarme al posar sus manos sobre mis hombros.-Andrei, oh mi Andrei.-susurró en mis oídos.-¡El glorioso mártir Andrei!-gritó con una carcajada ante la imagen del dolor de mi Dios.

-¡Calla!-espeté llevándome las manos a mi cabeza.-¡No quiero volver a verte! ¡Vuelve al infierno!-dije ahogado por la locura.

-¿Así tratas a tus amantes Andrei?-dijo posándose ante mí, sentándose en la mesa donde consagraba la misa.-¿Cambiaste el mantel? Claro que lo cambiarías, el otro quedó empapado por su sudor, ese sudor que aparecía con tus gemidos y la presencia blanquecina de tu orgasmo.-hizo un inciso para reír moviéndose entero, echando hacia atrás su cabellera rojiza para luego clavar sus ojos en mí.-¿Desaparecieron las manchas? Dime que sí, ese mantel parecía caro y preciado para ti.-murmuró con un tono viperino, serpenteante con aquellas marcadas eses en la punta de la lengua.

-¡Deja de blasfemar! ¡Es la casa de Dios!-la ira me consumía y su aspecto angelical me podía. Era mayor en tamaño, aparentaba mi edad pero sabía que tenía un par de siglos. Aquel odioso vampiro, aquel lujurioso amante…era mi locura, mi mayor tentación.

-Ayer parecía más una casa de citas, la verdad es que ya me tienes confundido.-rió bajo y clavó sus ojos azules en mí.

-¡Olvídame!-me abracé a mi mismo, tenía que evitar caer y liberarme de sus cadenas.

-No puedo, tus nalgas son demasiado apetitosas y eres tan vulnerable. Eres atrayente mi hermoso cura del pecado.-pasó su lengua por todos los dedos de su mano derecha y luego la llevó a su entrepierna.

-¡Ya basta!-alcé mi rostro hasta las vidrieras de la cúpula, pudiéndose ver entonces las lágrimas que recorrían mi piel y emborronaban mi vista.

-Veo que hoy no estás por la labor, voy a tener que marcharme. Pero recuerda, siempre que lo desee volveré e incluso a tus misas nocturnas para excitarme mientras te miro en el púlpito hablando de pureza.-tras ello se esfumó en la nada, como siempre.

Me levanté trémulo al cabo del rato, mi sotana rozaba el piso y mis cabellos alborotados caían sobre mis hombros. Había descubierto el pecado y era tentador, pero no caería tan fácilmente. No otra vez, no. Aquel condenado a las sombras sería alejado de mi mente, de mi corazón y dejaría de atormentar mi alma.

Decidí recluirme en mi capilla, allí oré hasta alcanzada la madrugada. Después abrí la puerta que daba a mi casa, la tenía pegada a mi iglesia. Era un lugar sencillo, con pocos muebles, pero con una hermosa chimenea que calentaba las noches más frías del invierno. No había comido nada, me sentía poco merecedor de ello. Me tumbé en mi lecho creado con lana y paja, me acomodé como pude e intentar dormir. Sin embargo, un huracán de sueños eróticos me atormentaban. Practicar aquel sexo embrutecido ante la imagen de mi señor, me resultaba demasiado tentador y placentero.

sábado, 29 de marzo de 2008

Alma en pena


Dedicado a todo aquel que se sintió frustrado, que deseó cambiar el mundo y le rechazaron...pero que jamás se cansó de intentarlo.



Desde que nací fui condenado a un destino que mi padre marcó con su dedo, me dijo que tenía que hacer e hizo que no pensara. Soy una marioneta del supuesto bien de Dios y me siento ofuscado. Mi espada se ha blandido con demonios que tan sólo pedían libertad de pensamientos, sentimientos o un concilio con la verdad. Dios guarda todo celosamente en un pequeño cofre, lo llama el cofre de Pandora y ríe mientras ve las desgracias del mundo. Habla de que le dio a los humanos libertad y que por ello no puede ni debe intervenir, sin embargo se la niega al infierno. Los alaridos de dolor de Lucifer aún retumban en mi cabeza y yo estoy tan confuso como ese día. Mis ojos arden de tanto insomnio y fijar la vista en un mañana demasiado oscuro.

En las noches deambulo por la tierra, llevo ropa actual y los cabellos alborotados sobre mi rostro. Intento pasar desapercibido, oculto todo mi poder y me aferro a un cigarrillo. Mis ojos grises se clavan en la cenicienta ciudad, tal polvorienta y turbulenta que marea. Mi chupa de cuero negro, bastante larga cae hasta mis pies, se entalla a mi cuerpo y deja poco que ver de mi silueta. Mis pantalones son amplios, aunque a la vez algo ajustados, vaqueros y oscuros como el vacío que dejó mi corazón. Yo carezco de sentimientos, eso dice Dios, los verdaderos ángeles no tienen que desechar su vida en estos impulsos emotivos. Somos como máquinas, máquinas de guerra y exterminio. Mis labios gruesos, mi rostro frío y algo aniñado junto a un color pálido dan la imagen de un vampiro. Si supieran los escritores que todos somos criaturas de dios, que todos nos parecemos de cierto modo, no remarcarían tanto el aspecto de ciertas criaturas.

Usualmente me percato poco de lo que sucede a mí alrededor, me centro más bien en un suceso y lo sigo. He visto asesinatos, pero no he entrado en el fragor de la batalla, hasta que una noche tuve que socorrer a un muchacho. No pude soportarlo más, antes de que llegara el ángel de la muerte para otorgarle su condena le tomé en mis brazos. Abrí mis alas y corrí por los edificios para alzar el vuelo. Él se encontraba inconsciente, lo dejé en las escaleras de un hospital y durante días estuve visitándolo a la unidad de cuidados intensivos. Decía que era un amigo, me preocupaba por él como si fuera tal y al final cuando despertó había perdido la memoria. Dios en ese instante me había condenado, había borrado la historia de aquel humano por mi culpa. Desde entonces menos hago y más odio retengo.

El amor, la libertad, la furia, el sexo, el placer de un buen pitillo…todo lo ve mal. Es un viejo amargado y ha olvidado los dictámenes que dio a su hijo. Jesús está de nuestro lado, nos apoya, pero no puede hacer demasiado. En el cielo y en el infierno hay revueltas continuas, todas contra el llamado Padre de todo. No se puede llamar rey de la creación a alguien que no sabe imponer sus reglas, que no sabe controlar al rebaño y se pasa el día ajusticiando a niños a la hambruna.

Pero hoy ya fue suficiente, hoy corro por la arboleda verde de Galicia. He bajado a este trozo de paraíso tan sólo para correr por sus bosques. He desenvainado mi espada, porto orgulloso su brillo y grito cortando ramas. No iré contra Dios con ella, sino con mi lengua. Después de cortar leña me he sentado ante una pequeña fogata, he respirado el aire puro de aquel lugar y luego he apagado el fuego. Me he encaminado al cielo y me he presentado ante él, sin hacer reverencias.

“Eres peor que el peor de los hombres. Te escudas en falsas creencias, dejan que tus sacerdotes roben el cepillo de las iglesias y cada vez sea más orondos. Eres necio, das desprecio a lo que claman libertad, justicia y paz…luego te escudas en ello. Yo creo en la palabra que una vez diste, creo en ti, creo en el diálogo y odio la guerra junto a todo lo que acarrea. ¿Por qué no me escuchas? ¿Por qué no escuchas? El mundo es un desastre y no es culpa de tus criaturas, sino de quien las creó.”

Tras esto he sentido una paz enorme, mi cuerpo ha estallado y mi alma ha quedado disipada. Qué hermosa sensación…sobretodo la del vientre de una mujer, y la sabia de la vida que me otorga. Su condena es que nazca en la tierra y conviva con el hombre, que tenga sueños que no pueda conseguir y una libertad que realmente no existe. Pero es mucho mejor que ser un ángel y no poder interponerse ante sus designios.

martes, 26 de febrero de 2008

La libertad, la religión y otros conceptos.




La libertad, la religión y otros conceptos.
por Lestat de Lioncourt 666
Dedicado a todos mis camaradas de Valjhamia y a todos aquellos que me aguantan a diario en clase, y después de estas.
Relato filosófico bajo Licencia CC





Yo me compadezco cuando un ángel muere señalado con el dedo divino. Esta impresentable religión de egoístas y falsos dejó de interesarme, para centrarme en el notorio aspecto de la verdad. Voy más allá de lo que dicen unos viejos papeles, creo mis propias reglas y suicido las ideas que van en contra de mí la libertad del resto. Prefiero estar coartado, ser mutilado, antes que mutilar al resto…pues en ello se basa el respeto.

Aunque odio la divinidad, las santísimas escrituras han inspirado cientos de textos a lo largo de la historia y de ellos han surgido novelas maravillosas junto a mitos urbanos. La verdad ensuciada con mentiras, blasfemias dadas como notorias pruebas de fe y miles de puntos en los que el ser humano choca enérgicamente… crean conflictos. Sin embargo, como he dicho cada cual es libre de amar al dios que más le convenga, que más se aproxime a su pensamiento ya que de ello surge el idealismo, junto a un espíritu sólido que no desee marcharse. El suicidio de ateos es más numeroso que el de creyentes, simplemente porque no aguantan ciertas cargas que la fe quita.

Si bien yo soy ateo, más bien un ser extraño. Creo en las almas, en esa energía inmaterial que se recicla una y otra vez en cada nacimiento. Pero no me hagan creer en resurrecciones de cuerpo y alma, en patochadas sobre un diluvio que inundó la tierra por completo o que Satanás hizo esto o aquello. Satanás, el diablo, la concepción del mal, todo aquello que se puede adjudicar al maligno ha hecho más por las religiones que sus santos, mártires, profetas e implantadores. El miedo a lo desconocido, pavor al daño o a la mutilación de la belleza son parte de nuestras pesadillas que se enclavan en pequeñas porciones del hipotálamo.

Creo en una concepción de mal distinta. Cuando un joven rebelde reivindica sus derechos a amar a quien desee, a elegir la música que quiere escuchar, los estudios que merece cursar, una ideología basada en ideas alejadas del consumismo y pertenece a una determinada cultura como la gótica o la metal piensan que está poseído. ¿Poseído? ¿Por un idealismo? ¿Por un intento de cambio? ¿Por algo más razonable que rezarle a un trozo de madera? No sé que es más absurdo amar a un madero o negar el derecho a un beso.

La religión es amor, comprensión, igualdad, lucha por una hermandad notable…y sin embargo tan sólo veo odio, desesperación, desigualdades, luchas encarnizadas por ver cual tiene más fieles (o idiotas que crean todo a pies juntillas) para sus fines macabros. Fines como dejar desembolsen millones de euros en un paso, que se exploten ante templos de otras religiones o que vendan todos sus bienes para seguir a un supuesto iluminado. Sí, son sectas, sanguijuelas más bien.

Por ello reivindico ser más libres a la hora de la elección de cualquier materia. Esta vez he puesto como ejemplo la religión, pero puede ser también la política o una cultura urbana. He visto como se han llegado a pegar varios por una concepción distinta de la filosofía de una determinada cultura que ha surgido en las calles, como en antaño nuestras actuales tradiciones. Respeten las cosas que hasta un punto de vista sea lógico, no hagan daño al contrario porque ustedes no desearían ese mal para su familia. Aprendan a no insultar, a no mentir, a no ensuciar nombres de otros…a no plagiar ideas, a no maldecir, a no gritar, a no exasperarse demasiado y sobretodo a conquistar nuevos puntos de vista con el diálogo.

Muchos moralistas defensores de la justicia, son los que más se encarcelan en la concepción de libertad parecida a la que hay en un plató de televisión, donde se habla de las bragas que lleva una famosa. Si se dedica a tachar a otro ser humano de invalido, se le habla con faltas de respeto continuadas, este acabará replicando con la misma impunidad hacia el atacante. ¿Qué ven de extraño? Un animal herido ataca, ataca aunque esté ciego o le falte sus extremidades. No pidan luego justicia, no pidan que les comprenda y mucho menos que alguien les de apoyo…tendrán lo más parecido al asco en las caras de los ajenos al conflicto.

Estoy harto de que al llegar a algún lugar y mi opinión sea la contraria ya sea enmarcada en “como tiene veintiún años, ya se sabe”. Quizás tenga veintiún años pero soy alguien que ha leído mil cosas en los libros, que ha desempeñado esos epígrafes en su vida real y que se ha moldeado lentamente con los sucesos más extraños en el recorrido del hombre. Soy maduro para mi edad, aunque en ocasiones sea un niño en busca de un nuevo mundo. No me gusta que me consideren un bebé con pañales o alguien que no es digno de confianza por la edad que muestro. Mi físico es dantesco, lo sé, parezco un muchacho de diecisiete años con los cabellos revueltos. Me puedes encontrar en cualquier esquina de mi ciudad con la mochila al hombro, unos papeles en las manos junto a un bolígrafo, el reproductor de música bien alto y mi mirada escrutando cada viandante para tomar apuntes de ellos. Soy un estudioso de la sociedad y no merezco ser tratado como escoria. Quizás será porque la verdad duele y cuando se pronuncia un debate soy directo, busco las debilidades de mi adversario y ahí clavo la espada de la palabra.

¿Por qué digo todo esto?

Porque ayer mismo me preguntaron qué es la libertad y yo pienso que…

Tu libertad termina cuando empieza la de tu vecino.

Nadie es libre de insultar, apropiarse del trabajo de otro, decir injurias y falsedades sobre un hecho, intentar implantar tu idea en la mente de otros sea como sea, castigar sin motivo aparente porque tu idea sea distinta y mil cuestiones más.

Hace unos días me encontré con mil relatos de un foro al cual amo, como ya dije, plegados por la red bajo seudónimos de una misma persona. Me enfurecí, por supuesto, porque son amigos y conocidos e incluso había personas con la que no tengo trato. Sin embargo su libertad a la difusión de sus sentimientos, palabras de filosofía o concepciones de la vida estaban en manos de otra.

También hace poco tuve la desgracia de ver como varios sujetos se burlaban de otro muchacho que se había caído estrepitosamente, se había lastimado y lloraba. Según ellos tienen toda la libertad del mundo para mofarse, decir lo que piensan y hacer chistes de ello. Sin embargo, ese chico estuvo lastimado varios días, cojeó y apenas podía mover bien un brazo por el golpe recibido. Yo simplemente, por mi libertad personal los mandé a callar. Nadie tiene derecho a burlarse de otro, porque este otro es dañado consciente o inconscientemente. Seguramente si algún día se caen en mis narices no me reiré de ellos, pero les remarcaré este hecho en cada segundo que una lágrima por el dolor resbale por sus mejillas.

La religión, la política, los grupos de amigos, la familia, la sociedad en general y todos sus atributos intentan implantarte algo. Tú debes elegir que tomar, que hacer, que pensar…eso sí sin dañar. Pues el daño a otra persona corta las alas de tu libertad, la suya y la de todos.

También preguntaron si participaría de la semana santa. En ese momento reí. Me gustan las figuras, los palios antiguos, la música, el aroma de las calles y el ambiente. Sin embargo odio que otras manifestaciones religiosas se pidan, desde la oposición de este gobierno, ser abolidas. Creo en la pluralidad, en tomar lo bueno de cada cosa y en buscar soluciones…no echar más leña al fuego. No tolero que mientan sobre sus dictados de fe, pero no me importa pues no coarta mi libertad…hasta que intentan que yo deje de ser bisexual, que deje de oír ciertos grupos de música porque no los ven adecuados o que digan cómo debo de pensar o a quién votar.

Díganme oprimir, mentir, insultar, blasfemar, contradecir una opinión válida, mofarnos del compañero, no indultar un perdón dado de corazón y miles de gestos egoístas como insufribles…¿no son parte de la maldad?

La rebeldía, elegir otra opción que a ti particularmente no te afecta o escribir sobre lo que tú desees y exponerlo… no es maldad, es libertad, siempre que no golpeé al prójimo. Pero creo que amar no es dañino, dejar por escrito tus sentimientos mucho menos y exponerlos menos.

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt