Lestat de Lioncourt
Un saludo, Lestat de Lioncourt
ADVERTENCIA
Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.
~La eternidad~ Según Lestat
sábado, 25 de marzo de 2017
Religión
Lestat de Lioncourt
martes, 2 de febrero de 2016
Lucifer
domingo, 17 de enero de 2016
Ídolos
Lestat de Lioncourt
domingo, 15 de noviembre de 2015
Haz bondad
Lestat de Lioncourt
sábado, 4 de abril de 2015
Mi verdad
Deudas
domingo, 29 de marzo de 2015
Egoísmo
martes, 30 de septiembre de 2014
Mi querido santo
sábado, 20 de septiembre de 2014
Sheol
miércoles, 29 de enero de 2014
La presencia el demonio
miércoles, 2 de abril de 2008
Andrei Venedetti
“Padre nuestro que estas en los Cielos, Padre misericordioso que eres capaz de quitarme el cáliz de mis labios, Padre que dio a su hijo a los hombres para que hiciéramos con él un crimen horrendo…Padre. Yo te ruego Dios que comiences a escucharme, que me otorgues un segundo de tu existencia a este humano convertido en una bestia. Sé que todos somos hijos tuyos, que podemos redimir nuestros pecados si nos arrepentimos y comenzamos a caminar a tu lado. Por favor, deja que este demonio pueda abrazarte y anclarse a tu figura. Deja que mis palabras te susurren mi dolor. Hoy llueven gotas amargan en mi piel, hoy el día no pudo ser peor pues caí en la tentación de la carne. Por favor, yo te ruego que logres conmoverte. Soy un pecador, lo sé, sin embargo me merezco tu absolución. En el nombre del Padre, del Hijo, del espíritu santo…Amen”
Mi iglesia, es tu templo
Mi alma, tu refugio
Tus manos, mi necesidad
Tu perdón, lo que persigo
Padre salvador, misericordioso y único
Aquel que con su bondad derrumbó muros
Y abrazó a cientos en el centro de su corazón
Así oraba en días próximos a
En el aire se alzaban mis susurros, sordos a los oídos de dios, y el aroma del incensario que columpiaba la imagen de un heraldo de aspecto inocente. San José con su aspecto bondadoso me observaba en una esquina, en la esquina contraria la virgen María y un niño Jesús en sus brazos. Sin embargo, las imágenes del crucifijo y la del Jesús apresado junto a un romano, de aquella galería de arte religioso que era mi iglesia, era lo que más respeto me daba. Estaba toda colmada de rosas, gardenias, margaritas y las primeras amapolas. A pesar de ser estatuas tenían un calor especial, los pliegues de sus telas eran especiales al igual que el ambiente que se creaba. Tan sólo era frío el mármol del suelo bajo mis rodillas, el cual se humedecía con mis lágrimas.
“Padre salvador de todo mal, eres mi guía. Ilumíname como antes hacías, no olvides a este humano que creyó en ti desde el día de su nacida. Padre mío, padre de todos. Por favor, perdóname porque yo no puedo hacerlo.”
Unos pasos entonces se escucharon por la galería, una risa contenida y un perfume familiar se hizo paso. Los aplausos de aquel demonio resonaron en mi cabeza, entre los muros del templo y Jesús parecía llorar junto conmigo. No me giré, sabía quien era y no deseaba rendirme de nuevo.
-Qué bien actúas.-su acento extranjero, del norte de Europa, crispó mis nervios e hizo que mi corazón bombeara.-Eres fabuloso.-su voz era jovial, un contraste irónico y cruel contra el que se había rendido ante él.
-¡Basta! ¡Dios mío! ¡Mi amado padre! ¡Apártalo de mi camino!-golpeé el suelo y mis brazos temblaron, sin embargo no fueron los únicos ya que todo mi cuerpo lo hacía.
-¿No lo sabes? Somos libres para tomar las riendas de nuestra vida, él tan sólo nos observa como un Gran Hermano.-masculló danzando por la sala, sus pasos eran cada vez más cercanos y me hizo derrumbarme al posar sus manos sobre mis hombros.-Andrei, oh mi Andrei.-susurró en mis oídos.-¡El glorioso mártir Andrei!-gritó con una carcajada ante la imagen del dolor de mi Dios.
-¡Calla!-espeté llevándome las manos a mi cabeza.-¡No quiero volver a verte! ¡Vuelve al infierno!-dije ahogado por la locura.
-¿Así tratas a tus amantes Andrei?-dijo posándose ante mí, sentándose en la mesa donde consagraba la misa.-¿Cambiaste el mantel? Claro que lo cambiarías, el otro quedó empapado por su sudor, ese sudor que aparecía con tus gemidos y la presencia blanquecina de tu orgasmo.-hizo un inciso para reír moviéndose entero, echando hacia atrás su cabellera rojiza para luego clavar sus ojos en mí.-¿Desaparecieron las manchas? Dime que sí, ese mantel parecía caro y preciado para ti.-murmuró con un tono viperino, serpenteante con aquellas marcadas eses en la punta de la lengua.
-¡Deja de blasfemar! ¡Es la casa de Dios!-la ira me consumía y su aspecto angelical me podía. Era mayor en tamaño, aparentaba mi edad pero sabía que tenía un par de siglos. Aquel odioso vampiro, aquel lujurioso amante…era mi locura, mi mayor tentación.
-Ayer parecía más una casa de citas, la verdad es que ya me tienes confundido.-rió bajo y clavó sus ojos azules en mí.
-¡Olvídame!-me abracé a mi mismo, tenía que evitar caer y liberarme de sus cadenas.
-No puedo, tus nalgas son demasiado apetitosas y eres tan vulnerable. Eres atrayente mi hermoso cura del pecado.-pasó su lengua por todos los dedos de su mano derecha y luego la llevó a su entrepierna.
-¡Ya basta!-alcé mi rostro hasta las vidrieras de la cúpula, pudiéndose ver entonces las lágrimas que recorrían mi piel y emborronaban mi vista.
-Veo que hoy no estás por la labor, voy a tener que marcharme. Pero recuerda, siempre que lo desee volveré e incluso a tus misas nocturnas para excitarme mientras te miro en el púlpito hablando de pureza.-tras ello se esfumó en la nada, como siempre.
Me levanté trémulo al cabo del rato, mi sotana rozaba el piso y mis cabellos alborotados caían sobre mis hombros. Había descubierto el pecado y era tentador, pero no caería tan fácilmente. No otra vez, no. Aquel condenado a las sombras sería alejado de mi mente, de mi corazón y dejaría de atormentar mi alma.
Decidí recluirme en mi capilla, allí oré hasta alcanzada la madrugada. Después abrí la puerta que daba a mi casa, la tenía pegada a mi iglesia. Era un lugar sencillo, con pocos muebles, pero con una hermosa chimenea que calentaba las noches más frías del invierno. No había comido nada, me sentía poco merecedor de ello. Me tumbé en mi lecho creado con lana y paja, me acomodé como pude e intentar dormir. Sin embargo, un huracán de sueños eróticos me atormentaban. Practicar aquel sexo embrutecido ante la imagen de mi señor, me resultaba demasiado tentador y placentero.
sábado, 29 de marzo de 2008
Alma en pena
Desde que nací fui condenado a un destino que mi padre marcó con su dedo, me dijo que tenía que hacer e hizo que no pensara. Soy una marioneta del supuesto bien de Dios y me siento ofuscado. Mi espada se ha blandido con demonios que tan sólo pedían libertad de pensamientos, sentimientos o un concilio con la verdad. Dios guarda todo celosamente en un pequeño cofre, lo llama el cofre de Pandora y ríe mientras ve las desgracias del mundo. Habla de que le dio a los humanos libertad y que por ello no puede ni debe intervenir, sin embargo se la niega al infierno. Los alaridos de dolor de Lucifer aún retumban en mi cabeza y yo estoy tan confuso como ese día. Mis ojos arden de tanto insomnio y fijar la vista en un mañana demasiado oscuro.
En las noches deambulo por la tierra, llevo ropa actual y los cabellos alborotados sobre mi rostro. Intento pasar desapercibido, oculto todo mi poder y me aferro a un cigarrillo. Mis ojos grises se clavan en la cenicienta ciudad, tal polvorienta y turbulenta que marea. Mi chupa de cuero negro, bastante larga cae hasta mis pies, se entalla a mi cuerpo y deja poco que ver de mi silueta. Mis pantalones son amplios, aunque a la vez algo ajustados, vaqueros y oscuros como el vacío que dejó mi corazón. Yo carezco de sentimientos, eso dice Dios, los verdaderos ángeles no tienen que desechar su vida en estos impulsos emotivos. Somos como máquinas, máquinas de guerra y exterminio. Mis labios gruesos, mi rostro frío y algo aniñado junto a un color pálido dan la imagen de un vampiro. Si supieran los escritores que todos somos criaturas de dios, que todos nos parecemos de cierto modo, no remarcarían tanto el aspecto de ciertas criaturas.
Usualmente me percato poco de lo que sucede a mí alrededor, me centro más bien en un suceso y lo sigo. He visto asesinatos, pero no he entrado en el fragor de la batalla, hasta que una noche tuve que socorrer a un muchacho. No pude soportarlo más, antes de que llegara el ángel de la muerte para otorgarle su condena le tomé en mis brazos. Abrí mis alas y corrí por los edificios para alzar el vuelo. Él se encontraba inconsciente, lo dejé en las escaleras de un hospital y durante días estuve visitándolo a la unidad de cuidados intensivos. Decía que era un amigo, me preocupaba por él como si fuera tal y al final cuando despertó había perdido la memoria. Dios en ese instante me había condenado, había borrado la historia de aquel humano por mi culpa. Desde entonces menos hago y más odio retengo.
El amor, la libertad, la furia, el sexo, el placer de un buen pitillo…todo lo ve mal. Es un viejo amargado y ha olvidado los dictámenes que dio a su hijo. Jesús está de nuestro lado, nos apoya, pero no puede hacer demasiado. En el cielo y en el infierno hay revueltas continuas, todas contra el llamado Padre de todo. No se puede llamar rey de la creación a alguien que no sabe imponer sus reglas, que no sabe controlar al rebaño y se pasa el día ajusticiando a niños a la hambruna.
Pero hoy ya fue suficiente, hoy corro por la arboleda verde de Galicia. He bajado a este trozo de paraíso tan sólo para correr por sus bosques. He desenvainado mi espada, porto orgulloso su brillo y grito cortando ramas. No iré contra Dios con ella, sino con mi lengua. Después de cortar leña me he sentado ante una pequeña fogata, he respirado el aire puro de aquel lugar y luego he apagado el fuego. Me he encaminado al cielo y me he presentado ante él, sin hacer reverencias.
“Eres peor que el peor de los hombres. Te escudas en falsas creencias, dejan que tus sacerdotes roben el cepillo de las iglesias y cada vez sea más orondos. Eres necio, das desprecio a lo que claman libertad, justicia y paz…luego te escudas en ello. Yo creo en la palabra que una vez diste, creo en ti, creo en el diálogo y odio la guerra junto a todo lo que acarrea. ¿Por qué no me escuchas? ¿Por qué no escuchas? El mundo es un desastre y no es culpa de tus criaturas, sino de quien las creó.”
Tras esto he sentido una paz enorme, mi cuerpo ha estallado y mi alma ha quedado disipada. Qué hermosa sensación…sobretodo la del vientre de una mujer, y la sabia de la vida que me otorga. Su condena es que nazca en la tierra y conviva con el hombre, que tenga sueños que no pueda conseguir y una libertad que realmente no existe. Pero es mucho mejor que ser un ángel y no poder interponerse ante sus designios.
martes, 26 de febrero de 2008
La libertad, la religión y otros conceptos.
La libertad, la religión y otros conceptos.
por Lestat de Lioncourt 666
Dedicado a todos mis camaradas de Valjhamia y a todos aquellos que me aguantan a diario en clase, y después de estas.
Relato filosófico bajo Licencia CC
Yo me compadezco cuando un ángel muere señalado con el dedo divino. Esta impresentable religión de egoístas y falsos dejó de interesarme, para centrarme en el notorio aspecto de la verdad. Voy más allá de lo que dicen unos viejos papeles, creo mis propias reglas y suicido las ideas que van en contra de mí la libertad del resto. Prefiero estar coartado, ser mutilado, antes que mutilar al resto…pues en ello se basa el respeto.
Aunque odio la divinidad, las santísimas escrituras han inspirado cientos de textos a lo largo de la historia y de ellos han surgido novelas maravillosas junto a mitos urbanos. La verdad ensuciada con mentiras, blasfemias dadas como notorias pruebas de fe y miles de puntos en los que el ser humano choca enérgicamente… crean conflictos. Sin embargo, como he dicho cada cual es libre de amar al dios que más le convenga, que más se aproxime a su pensamiento ya que de ello surge el idealismo, junto a un espíritu sólido que no desee marcharse. El suicidio de ateos es más numeroso que el de creyentes, simplemente porque no aguantan ciertas cargas que la fe quita.
Si bien yo soy ateo, más bien un ser extraño. Creo en las almas, en esa energía inmaterial que se recicla una y otra vez en cada nacimiento. Pero no me hagan creer en resurrecciones de cuerpo y alma, en patochadas sobre un diluvio que inundó la tierra por completo o que Satanás hizo esto o aquello. Satanás, el diablo, la concepción del mal, todo aquello que se puede adjudicar al maligno ha hecho más por las religiones que sus santos, mártires, profetas e implantadores. El miedo a lo desconocido, pavor al daño o a la mutilación de la belleza son parte de nuestras pesadillas que se enclavan en pequeñas porciones del hipotálamo.
Creo en una concepción de mal distinta. Cuando un joven rebelde reivindica sus derechos a amar a quien desee, a elegir la música que quiere escuchar, los estudios que merece cursar, una ideología basada en ideas alejadas del consumismo y pertenece a una determinada cultura como la gótica o la metal piensan que está poseído. ¿Poseído? ¿Por un idealismo? ¿Por un intento de cambio? ¿Por algo más razonable que rezarle a un trozo de madera? No sé que es más absurdo amar a un madero o negar el derecho a un beso.
La religión es amor, comprensión, igualdad, lucha por una hermandad notable…y sin embargo tan sólo veo odio, desesperación, desigualdades, luchas encarnizadas por ver cual tiene más fieles (o idiotas que crean todo a pies juntillas) para sus fines macabros. Fines como dejar desembolsen millones de euros en un paso, que se exploten ante templos de otras religiones o que vendan todos sus bienes para seguir a un supuesto iluminado. Sí, son sectas, sanguijuelas más bien.
Por ello reivindico ser más libres a la hora de la elección de cualquier materia. Esta vez he puesto como ejemplo la religión, pero puede ser también la política o una cultura urbana. He visto como se han llegado a pegar varios por una concepción distinta de la filosofía de una determinada cultura que ha surgido en las calles, como en antaño nuestras actuales tradiciones. Respeten las cosas que hasta un punto de vista sea lógico, no hagan daño al contrario porque ustedes no desearían ese mal para su familia. Aprendan a no insultar, a no mentir, a no ensuciar nombres de otros…a no plagiar ideas, a no maldecir, a no gritar, a no exasperarse demasiado y sobretodo a conquistar nuevos puntos de vista con el diálogo.
Muchos moralistas defensores de la justicia, son los que más se encarcelan en la concepción de libertad parecida a la que hay en un plató de televisión, donde se habla de las bragas que lleva una famosa. Si se dedica a tachar a otro ser humano de invalido, se le habla con faltas de respeto continuadas, este acabará replicando con la misma impunidad hacia el atacante. ¿Qué ven de extraño? Un animal herido ataca, ataca aunque esté ciego o le falte sus extremidades. No pidan luego justicia, no pidan que les comprenda y mucho menos que alguien les de apoyo…tendrán lo más parecido al asco en las caras de los ajenos al conflicto.
Estoy harto de que al llegar a algún lugar y mi opinión sea la contraria ya sea enmarcada en “como tiene veintiún años, ya se sabe”. Quizás tenga veintiún años pero soy alguien que ha leído mil cosas en los libros, que ha desempeñado esos epígrafes en su vida real y que se ha moldeado lentamente con los sucesos más extraños en el recorrido del hombre. Soy maduro para mi edad, aunque en ocasiones sea un niño en busca de un nuevo mundo. No me gusta que me consideren un bebé con pañales o alguien que no es digno de confianza por la edad que muestro. Mi físico es dantesco, lo sé, parezco un muchacho de diecisiete años con los cabellos revueltos. Me puedes encontrar en cualquier esquina de mi ciudad con la mochila al hombro, unos papeles en las manos junto a un bolígrafo, el reproductor de música bien alto y mi mirada escrutando cada viandante para tomar apuntes de ellos. Soy un estudioso de la sociedad y no merezco ser tratado como escoria. Quizás será porque la verdad duele y cuando se pronuncia un debate soy directo, busco las debilidades de mi adversario y ahí clavo la espada de la palabra.
¿Por qué digo todo esto?
Porque ayer mismo me preguntaron qué es la libertad y yo pienso que…
Tu libertad termina cuando empieza la de tu vecino.
Nadie es libre de insultar, apropiarse del trabajo de otro, decir injurias y falsedades sobre un hecho, intentar implantar tu idea en la mente de otros sea como sea, castigar sin motivo aparente porque tu idea sea distinta y mil cuestiones más.
Hace unos días me encontré con mil relatos de un foro al cual amo, como ya dije, plegados por la red bajo seudónimos de una misma persona. Me enfurecí, por supuesto, porque son amigos y conocidos e incluso había personas con la que no tengo trato. Sin embargo su libertad a la difusión de sus sentimientos, palabras de filosofía o concepciones de la vida estaban en manos de otra.
También hace poco tuve la desgracia de ver como varios sujetos se burlaban de otro muchacho que se había caído estrepitosamente, se había lastimado y lloraba. Según ellos tienen toda la libertad del mundo para mofarse, decir lo que piensan y hacer chistes de ello. Sin embargo, ese chico estuvo lastimado varios días, cojeó y apenas podía mover bien un brazo por el golpe recibido. Yo simplemente, por mi libertad personal los mandé a callar. Nadie tiene derecho a burlarse de otro, porque este otro es dañado consciente o inconscientemente. Seguramente si algún día se caen en mis narices no me reiré de ellos, pero les remarcaré este hecho en cada segundo que una lágrima por el dolor resbale por sus mejillas.
La religión, la política, los grupos de amigos, la familia, la sociedad en general y todos sus atributos intentan implantarte algo. Tú debes elegir que tomar, que hacer, que pensar…eso sí sin dañar. Pues el daño a otra persona corta las alas de tu libertad, la suya y la de todos.
También preguntaron si participaría de la semana santa. En ese momento reí. Me gustan las figuras, los palios antiguos, la música, el aroma de las calles y el ambiente. Sin embargo odio que otras manifestaciones religiosas se pidan, desde la oposición de este gobierno, ser abolidas. Creo en la pluralidad, en tomar lo bueno de cada cosa y en buscar soluciones…no echar más leña al fuego. No tolero que mientan sobre sus dictados de fe, pero no me importa pues no coarta mi libertad…hasta que intentan que yo deje de ser bisexual, que deje de oír ciertos grupos de música porque no los ven adecuados o que digan cómo debo de pensar o a quién votar.
Díganme oprimir, mentir, insultar, blasfemar, contradecir una opinión válida, mofarnos del compañero, no indultar un perdón dado de corazón y miles de gestos egoístas como insufribles…¿no son parte de la maldad?
La rebeldía, elegir otra opción que a ti particularmente no te afecta o escribir sobre lo que tú desees y exponerlo… no es maldad, es libertad, siempre que no golpeé al prójimo. Pero creo que amar no es dañino, dejar por escrito tus sentimientos mucho menos y exponerlos menos.
Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt
