Un saludo, Lestat de Lioncourt
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La libertad, la religión y otros conceptos.
La libertad, la religión y otros conceptos.
por Lestat de Lioncourt 666
Dedicado a todos mis camaradas de Valjhamia y a todos aquellos que me aguantan a diario en clase, y después de estas.
Relato filosófico bajo Licencia CC
Yo me compadezco cuando un ángel muere señalado con el dedo divino. Esta impresentable religión de egoístas y falsos dejó de interesarme, para centrarme en el notorio aspecto de la verdad. Voy más allá de lo que dicen unos viejos papeles, creo mis propias reglas y suicido las ideas que van en contra de mí la libertad del resto. Prefiero estar coartado, ser mutilado, antes que mutilar al resto…pues en ello se basa el respeto.
Aunque odio la divinidad, las santísimas escrituras han inspirado cientos de textos a lo largo de la historia y de ellos han surgido novelas maravillosas junto a mitos urbanos. La verdad ensuciada con mentiras, blasfemias dadas como notorias pruebas de fe y miles de puntos en los que el ser humano choca enérgicamente… crean conflictos. Sin embargo, como he dicho cada cual es libre de amar al dios que más le convenga, que más se aproxime a su pensamiento ya que de ello surge el idealismo, junto a un espíritu sólido que no desee marcharse. El suicidio de ateos es más numeroso que el de creyentes, simplemente porque no aguantan ciertas cargas que la fe quita.
Si bien yo soy ateo, más bien un ser extraño. Creo en las almas, en esa energía inmaterial que se recicla una y otra vez en cada nacimiento. Pero no me hagan creer en resurrecciones de cuerpo y alma, en patochadas sobre un diluvio que inundó la tierra por completo o que Satanás hizo esto o aquello. Satanás, el diablo, la concepción del mal, todo aquello que se puede adjudicar al maligno ha hecho más por las religiones que sus santos, mártires, profetas e implantadores. El miedo a lo desconocido, pavor al daño o a la mutilación de la belleza son parte de nuestras pesadillas que se enclavan en pequeñas porciones del hipotálamo.
Creo en una concepción de mal distinta. Cuando un joven rebelde reivindica sus derechos a amar a quien desee, a elegir la música que quiere escuchar, los estudios que merece cursar, una ideología basada en ideas alejadas del consumismo y pertenece a una determinada cultura como la gótica o la metal piensan que está poseído. ¿Poseído? ¿Por un idealismo? ¿Por un intento de cambio? ¿Por algo más razonable que rezarle a un trozo de madera? No sé que es más absurdo amar a un madero o negar el derecho a un beso.
La religión es amor, comprensión, igualdad, lucha por una hermandad notable…y sin embargo tan sólo veo odio, desesperación, desigualdades, luchas encarnizadas por ver cual tiene más fieles (o idiotas que crean todo a pies juntillas) para sus fines macabros. Fines como dejar desembolsen millones de euros en un paso, que se exploten ante templos de otras religiones o que vendan todos sus bienes para seguir a un supuesto iluminado. Sí, son sectas, sanguijuelas más bien.
Por ello reivindico ser más libres a la hora de la elección de cualquier materia. Esta vez he puesto como ejemplo la religión, pero puede ser también la política o una cultura urbana. He visto como se han llegado a pegar varios por una concepción distinta de la filosofía de una determinada cultura que ha surgido en las calles, como en antaño nuestras actuales tradiciones. Respeten las cosas que hasta un punto de vista sea lógico, no hagan daño al contrario porque ustedes no desearían ese mal para su familia. Aprendan a no insultar, a no mentir, a no ensuciar nombres de otros…a no plagiar ideas, a no maldecir, a no gritar, a no exasperarse demasiado y sobretodo a conquistar nuevos puntos de vista con el diálogo.
Muchos moralistas defensores de la justicia, son los que más se encarcelan en la concepción de libertad parecida a la que hay en un plató de televisión, donde se habla de las bragas que lleva una famosa. Si se dedica a tachar a otro ser humano de invalido, se le habla con faltas de respeto continuadas, este acabará replicando con la misma impunidad hacia el atacante. ¿Qué ven de extraño? Un animal herido ataca, ataca aunque esté ciego o le falte sus extremidades. No pidan luego justicia, no pidan que les comprenda y mucho menos que alguien les de apoyo…tendrán lo más parecido al asco en las caras de los ajenos al conflicto.
Estoy harto de que al llegar a algún lugar y mi opinión sea la contraria ya sea enmarcada en “como tiene veintiún años, ya se sabe”. Quizás tenga veintiún años pero soy alguien que ha leído mil cosas en los libros, que ha desempeñado esos epígrafes en su vida real y que se ha moldeado lentamente con los sucesos más extraños en el recorrido del hombre. Soy maduro para mi edad, aunque en ocasiones sea un niño en busca de un nuevo mundo. No me gusta que me consideren un bebé con pañales o alguien que no es digno de confianza por la edad que muestro. Mi físico es dantesco, lo sé, parezco un muchacho de diecisiete años con los cabellos revueltos. Me puedes encontrar en cualquier esquina de mi ciudad con la mochila al hombro, unos papeles en las manos junto a un bolígrafo, el reproductor de música bien alto y mi mirada escrutando cada viandante para tomar apuntes de ellos. Soy un estudioso de la sociedad y no merezco ser tratado como escoria. Quizás será porque la verdad duele y cuando se pronuncia un debate soy directo, busco las debilidades de mi adversario y ahí clavo la espada de la palabra.
¿Por qué digo todo esto?
Porque ayer mismo me preguntaron qué es la libertad y yo pienso que…
Tu libertad termina cuando empieza la de tu vecino.
Nadie es libre de insultar, apropiarse del trabajo de otro, decir injurias y falsedades sobre un hecho, intentar implantar tu idea en la mente de otros sea como sea, castigar sin motivo aparente porque tu idea sea distinta y mil cuestiones más.
Hace unos días me encontré con mil relatos de un foro al cual amo, como ya dije, plegados por la red bajo seudónimos de una misma persona. Me enfurecí, por supuesto, porque son amigos y conocidos e incluso había personas con la que no tengo trato. Sin embargo su libertad a la difusión de sus sentimientos, palabras de filosofía o concepciones de la vida estaban en manos de otra.
También hace poco tuve la desgracia de ver como varios sujetos se burlaban de otro muchacho que se había caído estrepitosamente, se había lastimado y lloraba. Según ellos tienen toda la libertad del mundo para mofarse, decir lo que piensan y hacer chistes de ello. Sin embargo, ese chico estuvo lastimado varios días, cojeó y apenas podía mover bien un brazo por el golpe recibido. Yo simplemente, por mi libertad personal los mandé a callar. Nadie tiene derecho a burlarse de otro, porque este otro es dañado consciente o inconscientemente. Seguramente si algún día se caen en mis narices no me reiré de ellos, pero les remarcaré este hecho en cada segundo que una lágrima por el dolor resbale por sus mejillas.
La religión, la política, los grupos de amigos, la familia, la sociedad en general y todos sus atributos intentan implantarte algo. Tú debes elegir que tomar, que hacer, que pensar…eso sí sin dañar. Pues el daño a otra persona corta las alas de tu libertad, la suya y la de todos.
También preguntaron si participaría de la semana santa. En ese momento reí. Me gustan las figuras, los palios antiguos, la música, el aroma de las calles y el ambiente. Sin embargo odio que otras manifestaciones religiosas se pidan, desde la oposición de este gobierno, ser abolidas. Creo en la pluralidad, en tomar lo bueno de cada cosa y en buscar soluciones…no echar más leña al fuego. No tolero que mientan sobre sus dictados de fe, pero no me importa pues no coarta mi libertad…hasta que intentan que yo deje de ser bisexual, que deje de oír ciertos grupos de música porque no los ven adecuados o que digan cómo debo de pensar o a quién votar.
Díganme oprimir, mentir, insultar, blasfemar, contradecir una opinión válida, mofarnos del compañero, no indultar un perdón dado de corazón y miles de gestos egoístas como insufribles…¿no son parte de la maldad?
La rebeldía, elegir otra opción que a ti particularmente no te afecta o escribir sobre lo que tú desees y exponerlo… no es maldad, es libertad, siempre que no golpeé al prójimo. Pero creo que amar no es dañino, dejar por escrito tus sentimientos mucho menos y exponerlos menos.
Gracias por su lectura

Lestat de Lioncourt