Tercera parte de éste ciclo, al cual le seguirá otro en breve.
Nos hemos reunido todos para ustedes, tengan en cuenta eso.
VOCES DISCORDANTES
El recuerdo de cientos de cadáveres
calcinados, explosiones y dolor, volvía a mí. Había ocurrido una
segunda vez después de los asesinatos de Akasha. La masacre que
habíamos vivido nos hacía temblar a todos, y sólo imaginar que eso
podría ocurrir en la humanidad, con los mortales que tanta
fascinación y fuerza nos ofrecía, me provocaba cierto pánico. Si
los mortales caían ante una nueva raza, mucho más fuerte aunque
igualmente frágil, tendríamos un gran problema. Los Taltos eran
seres impulsivos, amantes de las bromas y las adivinanzas, y
terriblemente pacífico; sin embargo, Lasher demostró que las viejas
almas, esas que habían muerto de forma terrible, podían regresar
una rabia imposible de dominar. Temía una nueva guerra y que el
mundo tuviese que padecerla. Para mí New Orleans era mi hogar, pues
en la ciudad había sido feliz y también sufrido grandes percances,
y sabía que daría cualquier cosa por mantenerla como hasta ahora.
Era mi territorio.
Arion había hablado conmigo durante
toda la noche, se había comportado como todo un caballero y mostraba
una calidez impropia de un milenario. Ante mí veía un joven de piel
oscura, ojos profundos, cabellos rizados, hermosa dentadura y una voz
profunda, muy seductora, que hablaba pausadamente sobre su vida,
Tarquin y el amor que sentía Petronia por el muchacho. Un amor que
también estaba en su corazón. No sólo sufría por los sentimientos
que pudiese tener su gran obra, su compañera, sino también por los
suyos. Si yo sufría por New Orleans, por todo lo que podría
ocurrir, ya lo hacía además por Tarquin. Temía que todo fuese
cierto y haber convivido con un extraño, un ser muy distinto, y
alguien que me afectaría por completo en mi concepción del bien y
el mal, del mismo modo que ocurrió con Memnoch.
Yo era el héroe y un héroe tiene que
poner a disposición del mundo su fuerza. Mi fuerza son mis
compañeros y éstos debían acudir.
La noche siguiente fue un caos. Admito
que fue terrible comprobar como muchos acudían con el rostro
desencajado ante la señal de peligro. Marius había logrado
encontrar a Mael y Avicus, así como a varios inmortales más que
pertenecían a su historia y la verdad que en ocasiones había
ocultado. Armand apareció con Benji de la mano, acompañado de
Sybelle y de un Daniel de ojillos aterrados. Pero la presencia de las
gemelas, de Maharet y Mekare, quitó el aliento a todos. Khayman
llevaba a Thorne tomado del brazo, guiándolo, mientras Jesse
sostenía entre sus brazos una carpeta con diversos informes sacados
de Talamasca. Todos fueron apareciendo en mi puerta y mis empleados
corrían a ofrecerles la bienvenida, así como un lugar cómodo donde
descansar, del mismo modo que yo lo hacía.
—Espero que esto sea rápido—dijo
Louis apareciendo mientras muchos tomábamos asientos—. No estoy
para soportar temas que no son de mi incumbencia—añadió mirando a
todos con unos ojos fríos completamente gélidos.
—Louis, no he llamado a todos por
algo estúpido—respondí indicándole que tomase asiento a dos
sillas de mí.
Había decidido reunirlos en una sala
donde solía mantener ciertas conferencias con mis abogados, fondos
de inversiones y diversas empresas donde tenía mi poder. También me
reunía allí, por supuesto, con mis editores y algunos seguidores
que querían saber de mí sin miedo alguno. Admiro las personas que
tienen las agallas de mantener mi mirada, a sabiendas que podría
estar tentado en leer su mente o beber su sangre.
Era una habitación fresca, carente de
demasiada decoración salvo por algunas fotografías de la ciudad, y
con algunos balcones que estaban cerrados porque había puesto el
aire acondicionado. El verano había llegado en plena primavera, con
una humedad sofocante, y era casi imposible estar sin él en medio de
aquella casa. La mesa poseía numerosas sillas, era oval y de madera
noble.
—Me siento un ejecutivo—dijo
Flavius que se había personado junto a Pandora, Marius y otros
milenarios—. Lo lamento, no debí hacer tal comentario.
—Desearía saber porque mi señora y
yo hemos sido llamados, pues no solemos tener contacto con usted y
con la ciudad—explicó Arjun que estaba a su lado, muy cerca de
Pandora que observaba a todos minuciosamente—. Te lo ruego, Lestat.
—Realmente he sido yo quien ha hecho
la reunión—confesó Arion sentado a mi izquierda—. Se trata de
uno de los nuestros, Tarquin, y un siniestro plan.
—¡Ese idiota!—farfulló Petronia.
—¿Qué ha hecho mi nieto?—se
escuchó la voz ajada de Manfred—. ¿Le ha ocurrido algo malo a mi
nieto?
—Vamos, que otro idiota como tú ha
hecho una estupidez. ¡Qué novedad! ¿Podrían quedarse los jóvenes
quietos de una buena vez? No soporto tanta imprudencia—interrumpió
Mael, el cual se hallaba a la derecha de Marius y a la izquierda de
Avicus.
—Permite a Arion hablar, por
favor—susurró Avicus. Era un ser imponente, que rozaba los dos
metros si no los alcanzaba, con un cabello negro muy espeso y algo
ondulado. Tenía una mirada color café que parecían gemas, iguales
que los de Pandora, y tenía un color acaramelado de piel, pero ya
prácticamente tan pálido como otros de nosotros. Su rostro era
ovalado, pero tenía los pómulos marcados y unos labios finos aunque
seductores. Cualquiera podría sentirse atraído por aquel ser, tan
sabio y atento.
Mael estaba allí, mal sentado por su
inquietud y mal humor, con una camiseta verde, muy fresca, con unos
jeans desgastados. Avicus había optado por un aspecto más serio,
como muchos de nosotros, con una camisa blanca y un pantalón negro
de vestir. Marius vestía una levita roja, había decidido venir
cómodo al encuentro, con unas sandalias muy simples. Pandora vestía
con un traje negro entallado, su cabello suelto, y tenía cierta
expresión de preocupación.
—Arion, Hijo de los Milenios, y padre
inmortal de Tarquin Blackwood ¿por qué has pedido la reunión? Por
favor, comprenda que estamos algo abrumados—comentó Marius—.
Sólo nos hemos reunido en dos ocasiones de éste modo y por motivos
nada agradables.
—Así es—susurró Pandora
observando a Arion, aunque sus ojos pasaron a Petronia.
Petronia tenía un aspecto muy
masculino, con un sombrero de ala ancha que cubría parcialmente sus
hermosos ojos castaños. Los labios carnosos de Petronia, de una boca
bien formada, se movían por un leve temblor de ira. Arion vestía
del mismo modo impoluto que en la noche anterior y ella tenía un
traje similar, Manfred había decidido acompañarlos con un traje
gris y una camisa negra con nudo simple. Era un anciano, pero sus
ojos tenían una chispa de locura y ternura que te provocaban desear
besarlo y consolarlo. Sí, los tres estaban preocupados.
—Por favor, no omita
detalles—Flavius, el antiguo esclavo, estaba vestido con prendas
simples pero hermosas. Llevaba una camisa roja abierta en los
primeros botones, de manga corta, y unos pantalones tejanos junto a
unas botas. Era imposible pensar que bajo esos pantalones había una
pierna ortopédica—. Le ruego, por favor, que sienta que estamos en
familia. Todos tenemos los mismos orígenes.
Khayman asintió suavemente mientras
clavaba sus ojos rasgados, enormes y oscuros, en Maharet y Mekare.
Habían traído a la fuente hasta nosotros ¿por qué? Quizás porque
les hablé de un asunto sumamente importante y desgarrador. Louis se
había sentado justo a la derecha de Mekare y ésta lo observaba con
cierto ensimismamiento. Yo vestía de blanco, como si fuese símbolo
de la paz y la pureza que residía en algún lugar de mi alma.
—He venido de Nápoles, aunque a
veces residimos en Grecia debido a mi pasado. He recorrido grandes
distancias con un terrible dolor en mi pecho—explicó Arion
cerrando sus ojos mientras intentaba hablar sosegadamente—. Tarquin
ha roto cualquier vínculo con Petronia, aunque ella no lo sabe, y la
ha traicionado—ella giró su rostro hacia él y terminó
agarrándolo de los tirantes para que se girara—. Permite que
hable, por favor.
—¡Dilo de una vez!—le gritó—.
¡Qué ha hecho ese inútil!
—Ha dejado a disposición gran parte
de su fortuna personal a Alvar, así como cambiado su apellido a
Mayfair. Julien aceptó que pudiese tomar partido de los fondos
Mayfair, así como una enorme cantidad cedida a Mona, para que pueda
vivir como un Mayfair. El Taltos es sólo la punta del Iceberg. Los
Mayfair quieren acabar con Lestat, o al menos mantenerlo al margen, y
hacerse con New Orleans y poco a poco con grandes negocios
manipulando el mundo a su antojo.
Hubo un profundo silencio entre los
nuestros, sobre todo porque en ese momento apareció Nicolas. Los
ojos tristes del viejo músico, mi amante mortal, delataban
desasosiego y un cierto sabor amargo. Él estaba allí, aunque ya no
era uno de los nuestros, y esto creó cierta alarma entre varios.
Armand agachó la cabeza intentando no cruzar siquiera una mirada con
él.
—No es un plan de Tarquin, sino de
Julien y Memnoch—dijo antes de mostrar sus alas negras, de espesas
plumas, frente a todos—. Hice un trato similar justo después que
Lestat desapareciera. Me sentía desconsolado y hundido en una
pesadilla. No podía siquiera respirar sin sentir que algo terrible,
por no decir grotesco, había ocurrido con mi amante.
—Nunca me has hablado de ese
pacto—respondí algo molesto.
—Calla—susurró meneando la
cabeza—. No soy el único que ha jugado con el demonio ¿verdad
Louis? Esa pequeña arpía de aspecto angelical, esa que te manipula
incluso ahora mismo, ha vuelto a la vida por obra y gracia del
diablo. Pero también el bueno de Talbot, el honorable Talbot, ha
caído en sus trucos y estoy seguro que incluso Armand ha jugado con
él ¿no es así? Y Santino...
—¡Yo no he hecho pactos con
Memnoch!—gritó enérgicamente—. Aunque admito que cuando se
personó ante mí estuve tentado.
—¡Armand!—grité.
—Yo al menos he dado la cara ¿y
David? David no ha tenido el valor de venir...
—David está en la biblioteca
reuniendo ciertas informaciones que le he pedido, pero está—dije
llevándome las manos al rostro para frotarlo—. Está en la
biblioteca del apartamento que tengo en la zona sur de la ciudad.
—Claudia ha vuelto y me ama, me ama
como me amó siempre. Sé que ella no quiso decir que me odiaba y sé
que volveremos a ser una familia. Ahora mismo no sé donde se
encuentra, pero estoy seguro que está asustada terriblemente. Lestat
quiso acabar con ella nada más verla ¿cómo se le ocurre? Pobre de
mi hija... —era la voz del Louis que conocía tan bien, no del
cínico despreocupado. Aquello me llamó poderosamente la atención.
Aún, a pesar de tantos años, se le quebraba la voz cuando hablaba
de nuestra damita.
Nicolas guardó sus alas y tomó
asiento muy próximo a Marius. Mi viejo maestro lo observaba con
cierta frialdad, aunque sólo era una máscara. Frente a él tenía
lo que tanto había negado. Existían los demonios y no éramos
nosotros. Había algo más, yo no era un alucinado y había pruebas
que podían moverse y sonreír como lo estaba haciendo mi viejo
amante.
—¡Quiero pruebas!—Petronia terminó
explotando—. ¡Quinn no pudo hacer eso! ¡Es demasiado bobo! ¡Ha
sido ella!
—Subestimas su inteligencia,
Petronia—contestó Arion antes de tomar un papel de su bolsillo—.
Estas son las claves de las cuentas de Quinn, las mismas que le
ofrecimos hace algunos años. Han sido cambiadas recientemente, son
claves de nuestros bienes. Su clave era sólo para poder ver los
movimientos, como nosotros transferíamos ciertos beneficios hacia la
mansión que estaba siendo restaurada, pero jamás para que él
pudiese extraer dinero. No sé como ha sucedido, pero ha podido con
esa clave sacar dinero y la ha dejado sin un dólar.
—No... —en ese momento rompió a
llorar.
—Los Blackwood han tenido un pacto
con Petronia a cambio de explotar el santuario como zona de descanso,
pues nosotros no queremos estar separados. Si bien, como en toda
pareja, surgen diferencias. Para ella ese lugar era para descansar de
mí, de su taller y de todo lo que le rodea en Nápoles—explicó
con total claridad mientras todos le observaban.
—Dybbuk—escuché hablar entonces a
Benji, que estaba sobre las piernas de Armand, y que le tomaba del
rostro—. Dybbuk, yo nunca te robaré. Así que no te entristezcas,
por favor. Si quieres luego podemos bailar y conversar—de inmediato
el pelirrojo lo estrechó contra sí. Ambos vestían ropas que un
adolescente podría llevar, camisetas sin mangas con estampados de
bandas rock y unos pantalones jeans muy simples. Sybelle acarició
los cabellos de Benji y suspiró.
La puerta sonó entonces y se abrió
para que la figura de David apareciera. Todos giramos nuestro rostro
hacia él, salvo Louis que parecía aún entristecido por las
palabras de Nicolas. Sabía que tramaba vengarse contra él, pues
ahora eran dos seres distinto y a la vez similares. Nunca me
perdonaría a mí mismo haberlos comparado, pues en parte su
enemistad era debido a mi imprudencia.
—David, antes que abras la boca ¿es
cierto que hiciste un pacto con Memnoch?—lancé esa pregunta
mientras Petronia sacaba precipitadamente el maletín que había
llevado con ella, en él había un pequeño ordenador portátil y
tecleaba las claves. Miraba aquello de soslayo, pues quería escuchar
con atención a David y estar pendiente a todos los acontecimientos.
—Quise que Mona regresara a mí, fue
hace más de seis meses. Ocurrió antes de la resurrección de
Claudia y Julien—confesó dejando estupefactos a todos—. Siempre
me ha maravillado el misterio y en ocasiones he querido
experimentarlos desde lo más profundo. Asimilar una verdad tan
contundente como la que te ofrece el demonio, aunque esté llena de
su visión y ser su verdad pero no al auténtica, es sin duda algo
magnífico. Quise que Mona regresara, pues había perdido su amor por
cuidar a Louis. Un Louis desarmado, que desprecia la vida y se siente
hundido en su monstruosidad. Lestat, tú sabes cuanto he amado a
Louis y a ti, cuanto amo aún lo que hemos tenido juntos y no quería
dejar que él se perdiera con sus propios demonios—se aproximó
hasta tomar asiento junto a Flavius.
Vestía como un hombre de negocios, con
un traje hecho a medida, y unos mocasines impecables. Cualquiera
amaría esa apariencia y la desearía como yo la había deseado. Él
era amado por todos y terminó siendo el juguete de Mona. Una mujer
que era hermosa, poderosa y vengativa. Sabía que ella se estaba
vengando poco a poco de todos, e incluso de la propia vida, porque
así sentía que debía ser.
—Mona quería resucitar a Julien. En
un principio comprendí sus deseos y pensé que si resucitaba,
volviendo a la vida como un brujo poderoso y no un demonio,
posiblemente ella se sentiría más aliviada y él no te
perseguiría—Marius negó con la cabeza y suspiró profundamente.
David tan sólo lo miró unos segundos y volvió a girar su rostro
hacia mí—. Debes creerme.
—¿Y es de ese idiota de quién te
fascinaste? Pandora, que calamidad—dijo provocando que ella se
riera.
—Al menos es un caballero y no un
patán—respondió provocando que Arjun y Flavius se miraran con una
leve sonrisa de complicidad.
—¡Ya basta!—dijo Petronia dando un
golpe sobre la mesa—. ¡Ese cabrón ha cambiado todo! ¡Se ha
llevado los documentos!
—Porque Alvar fundará nuevas
empresas Mayfair, llevándolas con Julien, para conseguir que la
familia domine el mercado—Arion asintió suavemente—. Quieren
dominar todo.
—Si dominan todo significa que
nuestras empresas estarán en peligro, ¿por eso? Tal vez desea
vengarse de todos nosotros—dijo Flavius.
—¿Vengarse?—Armand habló
entonces—. Yo no tengo contacto con los Mayfair ¿por qué se
vengarían?
—Son brujos, los brujos no soportan a
los vampiros—dijo Maharet—. Aunque hay brujos, como los de
Talamasca, que son muy distintos. La curiosidad de estos es superior
a sus capacidades, pero los Mayfair son cosa distinta. Son seres
capaces de dominar las energías, matar con la mente y también dar
vida. La bruja más poderosa ha sido Rowan, pero el brujo más
influyente en todos los sentidos es Julien. Es posible que Mona esté
en su poder, es decir, haya caído en su magnificencia y lo tenga
como un héroe—explicó acomodándose en la mesa mientras su
hermana guardaba silencio y una apariencia casi irreal.
—En Talamasca todo era distinto—habló
Jesse aferrada al brazo de Thorne—. Talamasca busca la verdad, los
Mayfair buscan otra cosa...
—Su propio beneficio, su venganza.
Quieren vengarse de la Talamasca, de todos los que han estado afines
a ellos y por supuesto de los vampiros—explicó David—. Tengo
varios documentos remitidos por la orden que os hará temblar.
Aunque, os aseguro que yo ya no formo parte. Sin embargo, ellos, me
han ofrecido informaciones precisas sobre ciertos casos que debía
solventar. Espíritus malignos que estaban usurpando el cuerpo humano
y vampiros que aniquilaban a parte de sus informantes.
David, a pesar de todo, era un hombre
fiel a sus principios. Cuando veía algo que tuviese cierto misterio
lo investigaba y si podía solventarlo lo hacía, por eso no tenía
miedo alguno a enfrentarse con sus antiguos compañeros. Sin embargo,
para él su relación con ellos estaba concluida y por eso no quería
ser miembro activo.
—La culpa la tiene esa maldita
pelirroja—susurró rabiosa Petronia.
—No lo creo. Ella simplemente hace lo
que Julien dice, igual que las otras brujas. Julien tiene una maldad
refinada y está ofreciendo sus servicios al demonio—dijo Arion con
cierto desagrado—. Tanto ella como él están cometido un peligroso
error.
—Mi hermanito no lo ve así—intervine
con la voz llena de tristeza—. Jamás volveré a ver a Rowan si
esto es así, por eso me echó prácticamente de San Francisco cuando
logré localizarla. Me dijo que Julien estaba tramando cosas
horribles, que debía irme y que Hazel era ahora la heredera.
—¡Qué!—Louis asombrado—. ¡Eres
idiota!—gritó—. Lestat, eres imbécil. ¿No ves que es
peligroso? Aunque por mí mejor, si mueres me quitarás un peso de
encima.
—Creo que he entendido todo—explicó
Avicus—. Quieren arruinarnos para que volvamos a vivir aislados,
nos echemos las culpas unos a otros y nos masacremos. Somos pocos los
que ostentamos un poder superior a los vampiros más jóvenes—su
pareja, Mael, lo observaba con cierto desasosiego—. Guerras de
vampiros, nada nuevo.
—Tan viejo como el mundo, amigo
mío—dijo Marius.
—Como esos bobos de la secta de la
serpiente—indicó Mael provocando que incluso Arion asintiera.
—¿Qué haremos? No quiero que nada
le pase a mi señora ni al resto—Arjun tuvo como respuesta a su
pregunta una suave caricia de Pandora—. Por favor, digan que puedo
hacer.
—Mantenernos unidos, vigilar nuestras
propiedades y lugares de descanso. Memnoch puede aparecer y vengarse
de todos, aunque él no es un lacayo sino el cabecilla. Julien puede
tener poder, pero es sin duda alguna parte del juego de un
monstruo—aclaró Nicolas—. Sufre porque Lestat no lo amó y ese
sufrimiento le ha cegado. Posiblemente cree que ya no le interesa lo
más mínimo vuestro príncipe, pero la verdad es distinta. Incluso
yo, que creía odiarlo terriblemente, ahora tiemblo cuando me mira y
siento que mi cuerpo cae frente a sus atenciones. Es un odio tan
intenso que se ha convertido en amor, pero aún así... hay algo en
mí que evita convivir demasiado con él.
—Yo siento lo mismo—dijo Louis
llevando su mano derecha a su pecho—. Son nuestros recuerdos los
que evitan que lo destruya, pero a la vez no puedo soportarlo. Si
Claudia nos odió, o nos odia como dices, es porque él la transformó
cuando no debió hacerlo.
—¿Aún con eso?—pregunté
molesto—. ¡Tuvimos una hija gracias a eso!
—¿A qué precio?—susurró.
—Alto—intervino David con calma—.
Deseo que todos tomen una fotocopia que voy a pasar, lean todos los
puntos y acepten los términos. Pronto tendremos que reunirnos, pero
hay que esperar al próximo paso. Tarquin y Mona ahora les pertenecen
y están a su favor, pero no sabemos que podrá ocurrir—miró a
Manfred y suspiró al ver que el anciano llevaba un buen rato
llorando—. No mantengan contacto con ellos, ni den información de
la reunión.
—Tengo que avisar a
Gabrielle—susurré—. No ha venido.
—Yo lo haré por ti—comentó
Marius—. Armand, no quiero que tengas contacto con Santino.
—Lo he entendido ¿de acuerdo? Lo he
entendido—dijo abrazando a Benji con cierto miedo.
La reunión terminó minutos después
tras leer cada punto con atención, firmarlo como si fuésemos
empresarios loables o políticos. Cuando me fui a descansar, muy
cerca del amanecer, quise llorar y lo hice. Mi hermanito y Mona
habían cometido un terrible error y David sabía todo, pero aún así
no quiso dar la voz de aviso. Tal vez, David, quería solucionarlo
él. Un nuevo peligro nos alertaba y esta vez era posiblemente algo
más terrorífico que todo lo que habíamos podido imaginar. Pensé
en mi madre, tuve ciertas preocupaciones por su seguridad, pero
pronto me relajé porque ella era alguien firme y no se dejaría
manipular o vencer.
Una regla fundamental para nosotros es
el asesinar a un igual, es cierto que yo he cazado a vampiros pero
era porque despreciaban la vida humana y ponían en peligro a otros.
Sin embargo, ellos estaban arriesgando la raza a la cual pertenecían.
Nosotros no éramos humanos, aunque algo de humanidad quedaba en
todos y cada uno, pues hace mucho que la mortalidad quedó atrás. ¿Y
ahora qué? Eso era lo que me preocupaba, el vacío de respuestas.
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