Armand ha deseado dejar su alma en un texto, el cual les presento, para que puedan comprender la profundidad de sus sentimientos. A veces me da hasta pena.
Lestat de Lioncourt
Arranca mis alas dejando mi espalda
desnuda, ensangrentada y cargada con el maleficio de tus mentiras.
Provocarás que mi corazón se convierta en mármol y se agite hasta
estallas. Estamos hechos para dañarnos, hundirnos en mentiras y
mirarnos a los ojos con la frivolidad que nos otorga la noche. Dices
que me amas, pero sólo guardas silencio e injustos castigos. Tus
manos que me envuelven en caricias pronto me azotarán con la ira de
tus palabras crueles, tu sonrisa fría y esos ojos azules que hacen
que caiga.
Hoy rezaré por mi alma, pues está a
punto de morir condenada con el látigo de tu frialdad. Puedo sentir
el infierno abriéndose paso bajo mis pies, los cuales están
ensangrentados y llagados por tus mentiras, mi sonrisa está
invertida como si fuera esclavo del diablo y mis manos están
pintadas con mis propia sangre. Soy un monstruo. Me he convertido en
el engendro que tanto buscabas, esclavo del sexo y aislado del
verdadero amor. Has hecho que deje de sentir, pues he sido
transformado en tu marioneta. Mi corazón se desquebrajará ésta
noche, mi alma se convertirá en humo y estos ojos pardos, esos que
te miran con melancolía, terminarán siendo los de un Lucifer
vengativo. Harás que el mundo conozca la peor parte de mí.
Sólo deseo que me abraces sin sentir
tus brazos como zarzas que se hunden en mi piel, arañándola, antes
de empezar ser llamas en plena oscuridad. No eres Dios para susurrar
salmos prohibidos a éste pecador, pero tus palabras son la biblia
del dolor y la miseria. La pintura que has derramado contra el lienzo
no es más que un ejemplo de tu ira, tus manos aferrándose a mis
brazos y esas palabras tan crueles me han hecho sentir que de nuevo
todo se acaba. Ya no queda nada entre ambos. Por favor, arranca mis
alas y déjame libre para aceptar tus mentiras, las mías y las del
pecaminoso mundo donde nos encontramos. Baña mi cuerpo en hiel, si
quieres, porque parece que mis lágrimas te hacen feliz.
No te das cuenta cuánto te amo y
cuanto llego a despreciarte cuando me miras así. A veces, siento que
no soy lo suficientemente bueno para que tú, maldito ególatra,
pueda amarme sin importarle mi pasado, presente y futuro. Sólo sabes
doblegarme con besos amargos y caricias crueles. Por eso espero que
mis almas queden liberadas, pues quiero salir corriendo de tu lado
para llorar en los páramos de la soledad, hacer allí mi hogar y
olvidarme por completo de todos los sueños que me hiciste crear.
Pero quédate tranquilo, no me expondré al sol. Soy la obra de la
ira, el hijo de las mentiras, el niño con voz de anciano que aún
guarda la esperanza que cambies y me otorgues algo más que tu
miseria.
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