Archivo Talamasca que nos cede de nuevo David Talbot.
Lestat de Lioncourt
Archivo: XI234- C
Clasificación: Paranormal.
Datos:
Lugar: Cuba, La Habana.
Objeto: Jarrón de porcelana con
motivos asiáticos.
Persona de contacto que dio los datos:
Joaquín Jesús Olivar García hermano de Camila Olivar García,
persona que le ocurrió los hechos plasmados en la historia.
A destacar: ---
Colaborador: ---
Comprobación: Sí.
Historia fiable: Sí.
Durante más de cinco años la señora
Camila solía ver aquel jarrón, delicado y hermoso, en la tienda de
antigüedades del barrio. Tenía inscripciones chinas y un hermoso
jardín de cerezos resaltado en relieve. La base del jarrón es
blanca y la tinta, con la cual estaba pintado, era celeste. Sentía
que algo en su interior, sin saber qué era exactamente, le pedía
comprarlo. Sin embargo, debido al elevado coste de la pieza siempre
se negó el capricho. Aquel día, el que cambiaría por siempre su
vida y la de los suyos, su esposo la obsequió con el jarrón. Era su
cumpleaños número cincuenta y se merecía, según su esposo, un
regalo especial.
Camila miraba los delicados y
detallados dibujos, los tocaba con sus finos y pequeños dedos,
mientras sonreía completamente maravillada. Era el jarrón perfecto
para decorar la mesa de la sala en la cual solían hacer vida, tanto
ella como el resto de la familia, y no sería sólo un regalo para sí
sino para la casa. No iba a llenarlo de agua y colocar flores, pues
quería que el jarrón destacara por sí solo.
Esa misma noche, cuando el silencio
dominaba cada rincón de la casa, se escucharon pasos por el pasillo.
Eran pasos diminutos, casi inaudibles hasta que se convirtieron en un
trotar y una risa infantil de una niña, demasiado pequeña para ser
su hija, llenó todo el pasillo mientras las luces se encendían.
Camila y su esposo, Enrique, se sobresaltaron saliendo de la cama
pensando que estaban alucinando, teniendo ambos un sueño extraño e
incluso que habían perdido el juicio.
Con cuidado, y gran pavor, tocaron la
cerradura de la puerta de entrada y giraron el pomo, para abrirla, el
ruido cesó y las luces, que penetraban bajo la hoja de la puerta,
desapareció. Ambos se miraron el rostro desencajado y las manos
temblorosas. Aquella noche, ni ella ni él, no pudieron dormir. No
podían pegar ojo pues sentían que la niña regresaría. Por la
mañana su única hija y la mayor de sus tres hijos, Sara, comentó
que había sentido movimientos raros en el pasillo pero que pensó
que podía ser la televisión, sin embargo horrorizada confirmó que
no era así. Joaquín, de quince años, y Enrique, de dieciséis,
también habían escuchado ruidos extraños. Toda la familia estaba
en alerta y desconocían que había podido ocurrir, pues no podían
haber alucinado todos sin más.
Noches más tarde los fenómenos fueron
más perturbadores. A veces se podían escuchar frases de canciones
infantiles, un llanto amargo o risas incesantes. Las luces
tintineaban, se encendían y apagaban cuando querían, los cajones de
los muebles se abrían y lo único que permanecía en su lugar, como
si nada ocurriera a su alrededor, era el jarrón. Todos, inclusive
Camila, llegaron a la conclusión que era el jarrón quién había
invitado a ese espíritu a quedarse con ellos.
Una semana más tarde, sintiéndolo
mucho, su esposo regresó el jarrón a la tienda. La casa quedó de
nuevo en silencio, pero el misterio continuó. Dicen que en ocasiones
se ve a una niña, con un hermoso vestido azul, caminando entre los
muebles murmurando el nombre de “Camila”.
Esto último no se ha podido averiguar,
pero sí han ocurrido fenómenos extraños dentro de la tienda desde
que el jarrón fue adquirido por Salvador Gómez, propietario y
anticuario de prestigio en la ciudad. El Jarrón lleva en la tienda
seis años y ha sido devuelto siempre.
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