Una pequeña pelea entre Arjun y Marius ¿quieren ver a estos dos gallitos?
Lestat de Lioncourt
Todo por ella
La noche ya era cerrada. No había
demasiado movimiento en las calles, el silencio era intenso y el
calor agotaba a todos aquellos que decidían salir a pasear por las
románticas calles de París. Arjun se encontraba apoyado en la
barandilla del balcón. Había regado recientemente los geranios,
tulipanes y diversas flores que colgaban del balcón luciendo un
aspecto salvaje y frondoso. Sus ojos oscuros observaban con pasividad
las calles hasta que vio una figura aproximarse.
Cabellos rubios, traje negro con camisa
roja desabrochada, un bastón con mango dorado y esa forma de
caminar. Él era Marius. Aquello le provocó deseos de escupir desde
esa distancia. Su señora estaba en la vivienda, había rogado
descanso y no ser molestada. Ese estúpido tenía el don de la
oportunidad.
Corrió dentro cerrando el balcón
mientras caminaba de un lado a otro apagando las luces, dejando todo
en penumbra, salvo la biblioteca donde ella se deleitaba con los
diversos volúmenes que había conseguido en una tienda de segunda
mano. Eran libros en diversos idiomas, sobre temas tan interesantes
como novelas de crímenes y misterio, ensayos de poesía o tratados
científicos. Para ella el conocimiento era algo importante y solía
deleitarse con los temas más extraños.
—Arjun, ¿qué ocurre?—preguntó al
notar que estaba algo alterado.
—Nada—respondió con una leve y
cortés sonrisa—. Mi señora, ¿desea algo más de mí?—dijo
inclinándose suavemente—. Me gustaría ir a cazar.
—Puedes, por supuesto—murmuró
clavando sus ojos cafés en él. Aquellos ojos parecían gemas hechas
con granos de café. Su larga caballera negra caían sobre sus
hombros desnudos. El vestido con cuello barco que llevaba no poseía
tiranta alguna, sino que descubría por completo sus clavículas.
Arjun lo había elegido porque realzaba su belleza y ella simplemente
lo había aceptado al ser rojo. Pandora amaba el color rojo igual que
Marius—. Arjun, ¿qué ocurre?
—Se aproxima ese estúpido de
Marius—dijo finalmente—. Sólo deseaba echarlo porque deseas
descansar y leer.
Había dicho finalmente aquello con
cierta preocupación. Ella lo miró, con aquel traje negro impecable
de cuello mao, y finalmente suspiró. El enfrentamiento clásico
entre Arjun y Marius ya se dilataba desde hacía décadas en el
tiempo.
—Dile que pase—expresó su deseo
con firmeza—. Arjun, dile que pase.
—Pero, mi señora...
—Dile que pase ahora mismo. Quiero
saber qué desea lo antes posible, para poder así volver a mi calma
habitual—esas palabras fueron lo suficientemente contundentes como
para no negar su deseo.
—Sí—susurró inclinando suavemente
su cabeza.
La presencia de Marius era cada vez más
fuerte. Arjun podía sentir su colonia penetrando tras la pesada
puerta de la entrada. El timbre sonó y él abrió. Sus ojos claros
se clavaron en los suyos, de un color oscuro como la propia noche.
—Vengo a ver a mi mujer—sentenció.
—No es tu mujer. Pandora no es de
nadie—reprochó.
—Es mi primera creación, mi hija, mi
amante eterna, mi compañera y por lo tanto mi mujer—respondió con
una leve sonrisa fría mientras entraba en la casa, aunque Arjun le
bloqueó el paso.
—Considero una desfachatez considerar
algo propio cuando jamás tuvo dueño. Pandora es dueña de sí
misma. Ella maneja sus sentimientos y elige qué desea. Si usted está
aquí, ahora mismo, es porque ella ha deseado averiguar qué
pretende—confesó dando un paso atrás—. Usted no es más que una
carga de su pasado.
—Quiere verme porque tú le
aburres—dijo alzando sus cejas doradas—. Prefiere nuestras
discusiones a tu calma.
—¡Vete ahora mismo!—gritó.
Pandora los estaba escuchando discutir
y decidió hacer acto de presencia. Sin embargo, Marius ya golpeaba a
Arjun provocando que cayera, éste se levantó y golpeó a Marius del
mismo modo. Ambos se ensalzaron en una pelea mientras ella, con aquel
hermoso vestido tan elegante, simplemente colocaba lentamente sus
manos entorno a sus caderas. El ceño se frunció terriblemente, su
molestia se avivaba, hasta que Arjun logró empujar a Marius hacia el
balcón, traspasando la cristalera y cayendo a la calle.
—¡Marius!—chilló asustada—.
¡Arjun, qué has hecho!
—¡Él habla de usted como una
posesión!—dijo magullado en el suelo.
—¡No me importa! ¡Marius!
¡Marius!—gritó aproximándose al balcón para apoyarse en éste.
En el suelo estaba Marius,
incorporándose todavía, con algunas macetas que habían caído con
él. Rápidamente se levantó, sacudió la tierra de sus ropas y la
miró. Ella bajó con unos rápidos movimientos, lo hizo para quedar
en sus brazos rodeándolo. Arjun se aproximó al balcón, aún
magullado, clavando sus ojos en ellos. Detestaba que Pandora quisiera
tanto a Marius y que éste fuese tan terriblemente desconsiderado con
ella. Era un manipulador, un estúpido, un machista que aplastaba las
alas de su señora y un ser extremadamente testarudo. Para Arjun
aquello era la peor imagen.
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