Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

miércoles, 2 de julio de 2014

La mala conciencia de un Taltos

Un texto de Ashlar para explicar ciertas fantasías, o mejor dicho malos pensamientos. 

Lestat de Lioncourt 


Aquella imagen me perseguía allá donde fuera, intentara lo que intentara. Esa fotografía se había convertido en mi mayor tormento. Era tan sólo una niña, con un rostro angelical salpicado de pecas. Sin embargo, esa niña, poseía una mirada penetrante llena de dolor, sufrimiento y una inteligencia insondable. Saber que era bruja lo complicó todo. Ardía en deseos de conocerla y estrechar su menudo cuerpo contra el mío.

Yuri fantaseaba con tenerla a su lado, ser su esposo y mil plegarias más que no serían oídas ni satisfechas. Pude comprender, o al menos hasta que punto, que su historia de amor era aún más trágica, desafortunada e imposible que Romeo y Julieta. No, no había fundamento alguno para que él se enamorara de ella. No podría tener el beneplácito de sus familiares y posiblemente tampoco de la orden a la cual pertenecía. Talamasca era un grupo serio de eruditos que buscaban la verdad, así que no iban a permitir a un muchacho que se enamorara de una niña y complicara el juego que se veía sobre el tablero. No, no podía. Un peón no podía conquistar la torre donde se encontraba la bruja, una hermosa bruja, esperando ser rescatada de sí misma.

Sin embargo, el más perjudicado con su belleza era yo. Era imposible poder desprenderme de sus ojos fijos a la nada, sus labios llenos y rosados, aquella pequeña nariz y esa piel lechosa que pedía ser acariciada. Era como tocar nieve cálida, o al menos eso me decía a mí mismo, cuando recordaba la pequeña fotografía que Yuri guardaba celosamente en la cartera.

Me sentía sucio y desesperado. Hacía tanto tiempo que no sentía el calor de otro cuerpo, la sensualidad femenina dándome paso y cediéndome un poco de su suavidad. Llegué a excitarme de tal modo que intenté pensar en la contabilidad de mis empresas, me aparté de todos y pedí un vaso de leche helada. Fuera hacía un frío de mil demonios, pero la habitación estaba caldeada y podía sentir la pesada mirada de Samuel clavada en mi nuca.

—Piensas en esa bruja mientras ese chico se está muriendo ahí, con ese balazo—me reprendió.

—No se morirá—respondí—. ¿Y qué importa si pienso en ella?—cerré los ojos echando mi cuerpo hacia atrás, dejando que el respaldo de la silla se clavara en la mitad de ésta y pudiera ver el techo blanco, perfectamente pintado, mientras me llevaba el vaso a los labios—. No comprendes.

—Sí que comprendo, sí que lo hago. Sé tus impulsos, Ashlar—su voz era áspera, sobre todo cuando acababa de dar un buen trago a su petaca de whisky.

—Hace tanto... que no tomo leche de los senos de una mujer...

—¡Ashlar!—exclamó sacándome de mis ensoñaciones.

—¿Qué quieres? ¡Qué! Maldito enano, ¿qué quieres?—dije girándome para verlo allí, completamente deforme, apoyado contra los cojines cercanos a la chimenea—. ¿Qué?—susurré.

—Las brujas son atractivas, pero también son humanas.

—Podría tener genes Taltos y darme un hijo—expresé mi deseo, más allá del placer—. Podría tener de nuevo aquello que...

—Las pérdidas deben superarse, jamás suplantarlas—dijo, negando suavemente con su cabeza—. Ashlar, deja de pensar en cosas absurdas y céntrate.

—Sí, debo ir a Talamasca y poner fin a todo—comenté levantándome.

—Claro, clar... ¡Qué!—clavó sus ojos pequeño y juntos en mí, con inquietud.

—Eso haré.

Recuerdo que lo hice. Fui a Talamasca. Indagué por mi cuenta la verdad y salió a flote como un corcho. Sin embargo, la vez que conocí a Mona Mayfair fue para arrebatarle a Morrigan. Su Morrigan, su hija.



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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt