Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

miércoles, 2 de julio de 2014

Vengan a mí pecadores

Bonjour... 

Este idiota, llamado Memnoch, siempre me perseguirá. Es un maldito desgraciado que no me dejará en paz jamás. 

Lestat de Lioncourt 

Cuando miras hacia el mundo no te devuelve una sonrisa carismática, sino un lamento lleno de un insufrible dolor. Es terrible la falta de ética en la política y la ambición de la banca, así como los hilos hacia las grandes empresas que manipulan todo, y a todos, sin importarles nada. A veces, me siento un espectador más ante un Tv Show, pues simplemente miro y espero el momento álgido para presentarme.

—Mi señor, ¿saldrá hoy?—preguntó uno de mis leales súbditos—. ¿Desea dejar algún recado?

—Simplemente que mis secuaces no toquen nada. Hoy necesito más que nunca saber que no ocurrirá nada en mi ausencia—expresé levantándome del trono mientras caminaba por la sala.

Allí, en la penumbra, había estado sopesando como hacer caer a todos en mi juego. El demonio siempre juega, y nunca lo hace limpio. Me he convertido en un experto en tirar los dados y recogerlos con gracia. No hay azar, todo está planeado con antelación. Mis generales siempre vigilan, las almas que ruegan por una segunda oportunidad purgan sus pecados y comienzan a sentir rabia, dolor, impotencia o ira. Me nombraron custodio de todos sus pecados, los absorbo y expulso sobre ellos. Algún día todas las almas habrán sido salvadas, pero mientras tengo una legión sirviéndome.

Mi cuerpo desapareció como si fuera una bruma densa y gris, igual que las emisiones tóxicas de la industria de la metalurgia. Y aparecí, con elegancia, en la superficie terrestre. Mi camiseta de algodón era negra, perfecta para el logotipo de una banda de rock que rápidamente apareció, mis pantalones terminaron de ser unos vaqueros destrozados y de zapatos unas botas militares. Tomé aire y sentí en él la codicia, corrupción y mentira de siempre.

Era una ciudad común, de edificios grandes y grises, con mendigos invisibles en las aceras, iglesias atestadas de fieles carentes de escrúpulos, alguna mezquita donde se codicia tanto como en los púlpitos, miedo, odio, depravación, judíos ocasionalmente llenos de rencor, chicos de distinta raza increpándose y en definitiva una red de mentiras, rabia y opulencia cargada de miseria y desesperación. Podría decir el nombre de cualquier ciudad y todos se darían por aludidos. Sin embargo, dejaremos el nombre a parte.

Caminaba discreto, con el cabello rubio largo y suelto, mis ojos se clavaban en cada par que quedaba a mi altura. Todos estaban envenenados por un motivo u otro. Me aproximé a un mendigo, que estaba tirado en la acera apoyado en un perro y en sus ojos, en los ojos de aquel hombre, brillaba bondad, dolor y, pese a todo, esperanza. Son esos pequeños diamantes, tan minúsculos y carentes de importancia para muchos, los que me animan a creer que el mundo tiene segundas oportunidades.


Entonces, sentí algo agitar mi alma, Lestat estaba nuevamente moviéndose por el mundo. Las informaciones que me llegaban, como leve y cálidos susurros, era muy inquietante. Sonreí con una chispa de crueldad y me perdí entre la multitud. Si había alguien que podía ayudarme, aunque terminara loco y desdichado, era él. El príncipe purgaría sus delitos sirviéndome como había hecho ya una vez. Porque no se puede creer en la bondad, pero sí en la maldad. El mundo necesita un villano para poder salvarse y yo, simplemente yo, soy el más experimentado. Además, dicen que la letra con sangre entra. 

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt