Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

viernes, 11 de julio de 2014

Sí tú me quisieras...

Armand lanzó un texto desesperado a la nada y yo lo he atrapado para ustedes.

Lestat de Lioncourt


Aún intento comprender cuál es el motivo de éste sufrimiento, el cual bombea al ritmo de tus palabras decadentes y tus ojos violáceos cargados de frialdad. Llevo rogando el milagro de tu amor desde que nos conocimos. Nunca me quisiste como yo te quiero y me convertí en una marioneta en tus manos. Sin embargo, sigo implorando las migajas que jamás me quisiste dar. Ni siquiera sé si eres capaz de amar a alguien más allá de ti mismo, tus propias necesidades y esas malditas maquetas que me hacen tener celos porque las tocas y contemplas con pasión. Sí, aún lo intento. Todavía codicio tu frío calor.

Hoy me he armado de valor y he terminado a tu lado abrazándote, en una cama de frías sábanas de algodón blanco bien almidonadas y con la ropa manchada por mis propias lágrimas. Podía ver tus cabellos rubios rozando la almohada y mi nariz, parecían haber perdido su color debido a la penumbra que reina en la habitación. Te abrazaba por la espalda, con mis delgados brazos bajo tus axilas. Sabía que seguías despierto, pero no decías nada; ni una palabra ni para bien ni para mal.

Me pregunto cuán perturbado debes de encontrarte. Dije mil veces que antes prefería la muerte que verte morir, pero aún más que pensar que podrías quedar así. Te quiero tanto que he perdido por completo la razón. Busco motivos para olvidarme por completo de ti, deshacerme de tu presencia tan dolorosa, pero regreso implorando un milagro de tus labios. No he amado a nadie tanto como a ti, salvo a Marius. Los dos me condenáis al olvido y los silenciosos reproches. Confieso que me he portado mal, pero también admito que no puedo dejar de amarte.

—Armand, apártate. Me das calor.

—¿No me puedo quedar un poco más?

Silencio. Rico y doloroso silencio. El aroma de tu cuerpo contra el mío, mi nariz hundida en el hueco de tu cuello y mis dedos acariciando tu vientre por debajo de la camisa. Sí, silencio.

—Me das calor.

—Pero...

—Aparta, o te empujaré contra los cristales y saldrás despedido hacia el pavimento.


Dolor. Dolor por tener que obedecer tus caprichos, como si fuera el mago de la lámpara. Acatando cada orden con una lágrima.Aún intento comprender cuál es el motivo de éste sufrimiento, el cual bombea al ritmo de tus palabras decadentes y tus ojos violáceos cargados de frialdad. Llevo rogando el milagro de tu amor desde que nos conocimos. Nunca me quisiste como yo te quiero y me convertí en una marioneta en tus manos. Sin embargo, sigo implorando las migajas que jamás me quisiste dar. Ni siquiera sé si eres capaz de amar a alguien más allá de ti mismo, tus propias necesidades y esas malditas maquetas que me hacen tener celos porque las tocas y contemplas con pasión. Sí, aún lo intento. Todavía codicio tu frío calor.

Hoy me he armado de valor y he terminado a tu lado abrazándote, en una cama de frías sábanas de algodón blanco bien almidonadas y con la ropa manchada por mis propias lágrimas. Podía ver tus cabellos rubios rozando la almohada y mi nariz, parecían haber perdido su color debido a la penumbra que reina en la habitación. Te abrazaba por la espalda, con mis delgados brazos bajo tus axilas. Sabía que seguías despierto, pero no decías nada; ni una palabra ni para bien ni para mal.

Me pregunto cuán perturbado debes de encontrarte. Dije mil veces que antes prefería la muerte que verte morir, pero aún más que pensar que podrías quedar así. Te quiero tanto que he perdido por completo la razón. Busco motivos para olvidarme por completo de ti, deshacerme de tu presencia tan dolorosa, pero regreso implorando un milagro de tus labios. No he amado a nadie tanto como a ti, salvo a Marius. Los dos me condenáis al olvido y los silenciosos reproches. Confieso que me he portado mal, pero también admito que no puedo dejar de amarte.

—Armand, apártate. Me das calor.

—¿No me puedo quedar un poco más?

Silencio. Rico y doloroso silencio. El aroma de tu cuerpo contra el mío, mi nariz hundida en el hueco de tu cuello y mis dedos acariciando tu vientre por debajo de la camisa. Sí, silencio.

—Me das calor.

—Pero...

—Aparta, o te empujaré contra los cristales y saldrás despedido hacia el pavimento.

Dolor. Dolor por tener que obedecer tus caprichos, como si fuera el mago de la lámpara. Acatando cada orden con una lágrima.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt