Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

lunes, 18 de agosto de 2014

Miserable dolor

Bien, Armand ha decidido ir a buscar a Marius y esto es lo que obtuvo. Creo que no se aproximará en mucho tiempo a su Maestro, aunque eso no lo tengo claro. 

Lestat de Lioncourt 


Hoy he ido a su encuentro decidido a enfrentar su fría mirada, sus gestos milimétricos y para nada compasivos, con esa soberbia arrogancia que tienen los hombres santos, sabios y olvidados por el tiempo. La muerte se olvidó de él hace tanto que él ha olvidado el temor a ésta, a vivir la vida como una serie de historias que nos conmueven. Aunque realmente estamos muertos y tenemos la eternidad en nuestras manos, acunándolas como un niño recién nacido al que apreciamos y a la vez aborrecemos. Tenemos miedo, pero no lo aceptamos. El sonido del silencio siempre cae sobre nosotros como una tormenta incapaz de controlarse, pero es algo a lo que te acostumbras y terminas tomando como la canción que te llevarás cada noche a tu refugio esperando el sol, la vida y el encuentro con los sueños más osados y terribles.

Él es distinto. El universo se confabuló contra mí para crear una trágica comedia llena de un perturbador romance, una atracción instintiva hacia el peligro y la lujuria. Me contaminó con su dedo del destino, impulsándome hacia él y dejando que me atrapara. Soy víctima de las circunstancias y del deseo. Un deseo que no puedo controlar en absoluto. Recé frente a él, oré por su amor y caí del mismo modo que un ángel contra el frío mármol de la sala del Juicio Final.

Recuerdo su tacto fresco, tan suave y divino, que se convirtió en la mano de Dios. Él era el Señor, mi Maestro, el hijo del Padre que vino a salvarme y a conducirme a una dulce victoria hacia la muerte. Sin embargo, era más bien un monstruo de divina apariencia que me arrancó el aliento, me sedujo con palabras sucias y delicadas, hasta adentrarme por los canales de una Venecia que hoy está perdida. Sus besos en mi cuello, sus labios rodeando los míos y su lengua seduciendo más allá de los límites permitidos, me hizo sentir al fin libre. Sus dedos se hundieron entre mis muslos, abriéndolos para él, mientras sus ojos asechaban mis pezones duros y rosados. Era un niño infectado por el hambre, la miseria y la desmemoria.

Habían llegado a pensar que estaba mudo y loco, otros que era un espécimen perfecto de hembra con el cual jugar como si fuera el divino pecado. Él creyó que era la perfecta concepción de un ángel, con mi cabello rojizo cayendo desparramado sobre su almohada con bordado de oro. Pero sólo era un joven que esperaba tocar el cielo aquella noche, como todas las demás restantes. Y lo hice. Sentí el cielo llegando a mí, con toda su belleza cubriendo mis heridas gracias a sus dedos, besos y lamidas. Por primera vez no me forzaron, sino que me ofrecí.

Jamás me he arrepentido tanto como ésta noche en ir a buscarlo. Hace siglos que me perdió y jamás intentó recuperarme. Siempre ha rondado en mis sueños, apareciéndose como la viva imagen de la esperanza. Era mi rescatador, mi Pastor de Almas perdidas, y aún así no lo fue en esos días oscuros, temibles y grotescos. Me arrastré por el mundo con la soledad encadenada a mi garganta, llorando mis pecados y desesperado por ser de nuevo Amadeo. Siempre quise volver a ser Amadeo, pero él no oyó mi súplica y se centró en sus caprichos, sus victorias personales y sus estúpidos bajos deseos. Me convertí en la sombra de lo que fui y aún así, cuando lo tengo frente a mí, vuelvo a ser Andrei el niño perdido, el mudo ante los golpes, y el idiota que aceptó que le bañara, vistiera con sedas y oro, para finalmente desnudarme en su lecho provocando mi placer.

Hemos discutido acaloradamente en los últimos años. He visto en él mentiras crueles, trucos sucios para ocultar su soberbia y malicia, y aún así he corrido a sus brazos deseando que me sujetara como tiempo atrás. Me he dejado tocar como cualquier furcia, he gritado su nombre entre gemidos de placer y me he permitido el lujo de soñar con otra vida distinta. La vida que hubiese tenido Amadeo, y no la que vivió el líder de la Secta... Armand.


Hoy, como siempre, he gritado su nombre y he rogado que olvide nuestras rencillas. No he pedido perdón, pues no era mi culpa. La última vez que nos habíamos visto me torturó con palabras crueles, gestos aún más aberrantes y besos que me sabían a hiel. Quería olvidarlo con la sensación de sentirme abrigado entre sus brazos, con sus nobles poesías sobre sus viejos dioses en los cuales jamás creyó y el murmullo de sus dedos rozando mi piel. Lo único que obtuve fue una sonora bofetada y una mirada firme. No me permitió siquiera rozar el borde de su túnica. Me echó de su palazzo como si fuera un indeseable. Ahora me encuentro dolido, subido al borde de uno de los numerosos puentes y observando las góndolas ir y venir. Sé que está cerca, ésta vez me está buscando, pero no creo ir a su encuentro. Ya he llorado suficiente, me he perdido de nuevo y necesito encontrarme antes que él me toque. 

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt