Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

lunes, 18 de agosto de 2014

Muerte misericordiosa

Ya llegó, ya está aquí, el pirómano de Louis... 

Lestat de Lioncourt 


Cada noche es el mismo ritual. Puedo sentir como todo a mi alrededor ha cambiado, aunque no lo aparenta. Puedo sentir las diferencias en el aire, el polvo acumulándose lentamente en la estantería y pequeños cambios en el mundo que afectan a nivel global a todos. Las sirenas pueden sonar durante horas corriendo por toda la ciudad, no importa si son de policía, bomberos o ambulancias. Alteran mis sentidos y me hacen dudar de mí mismo porque el sonido istriónico me afecta, como afecta a todos los que poseemos un fino oído. Aún así, aparento calma y escucho con atención el murmullo de las personas que me rodean.

Las amplias calles del centro de la ciudad, donde todos los turistas terminan cayendo en la diversión fácil, en conversaciones inútiles y risas enlatadas, me son bastante atractivas y son un lugar idóneo para conseguir mis víctimas. Ellos no lo saben, pero alguno puede morir hoy. Su mundo, el mundo de aquellos que conoce, cambiará de forma irreversible. Matar es un arte y yo soy la muerte. Soy la muerte que te ofrece belleza, consuelo y frialdad. Ya no soy como antes. No me duele ver un cadáver entre mis brazos, con sus ojos brillantes y su boca abierta exhalando su último aliento. No, no me duele. Ya para mí eso quedó en el pasado. Ellos son ganado y yo soy un depredador que no tiene escrúpulos.

No sé como será mi víctima. Ni siquiera tengo preferencias. Mis favoritos son aquellos que cometen delitos, que están llenos de maldad, y no porque sea un justiciero sino porque son fáciles de echar a un lado y que se olviden de ellos. Aún así, he tomado entre mis brazos a inocentes e incluso a jóvenes que comenzaban a vivir. Gente que simplemente tuvo la particularidad de estar ahí, verme a los ojos y saber que sería su último día en el mundo.


Antes medía mi aspecto. Elegía con gran mimo cada prenda. Pero ahora, me dejó llevar por aquello que me apetece. Mis cabellos no han vuelto a cortarse en semanas, mi aspecto es parecido al joven que fui. Hoy he decidido elegir una camisa blanca de lino, un chaleco negro y unos pantalones de vestir negros e impolutos, como mis zapatos. Visto como cualquier hombre de negocios que se olvidó la chaqueta. Hace calor, no me interesa sudar y mostrar el monstruo que soy. También hoy he decidido seguir a una joven que me recuerda a ella. Su piel tostada envolviendo sus prominentes curvas, sus pechos algo pequeños, sus labios suculentos pintados con un carmín llamativo y ese vestido blanco que la envuelve como si fuera un nardo. He podido verla durante más de una hora. He disfrutado de su risa, su mirada coqueta, palabras que he capturado al prestar atención a su conversación y esos tacones que repican sobre la acera son como campanas que me llevan al éxtasis. Hoy ella será mía y lo será para siempre. Caerá en mis brazos, me ofrecerá su sangre y su vida terminará en cuando deje de besarla. Una lástima, pero no ha cometido pecado alguno salvo parecerse a Merrick y despertar al monstruo desesperado que hay en mí.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt