Me ha llegado esta carta, no sé si reír o llorar. Memnoch sigue buscándome.
Lestat de Lioncourt
Mi gran especialidad es observar los
laberínticos pasillos de la maldad, los pasos de la humanidad hacia
la destrucción, lo cual me molesta tanto que termino irritado frente
a cada alma que pretende rebajarse por miserables triunfos. Algunos
gozan de un estatus tan alto que ya es imposible frenar sus pies.
Suben para después bajar. Debo castigar cada acción con
contundencia, pues de mí se espera sólo ruindad. Soy el mejor amigo
de la humanidad, pero he sido acusado y juzgado sin pruebas a miles
de cargos en contra de ésta.
Caí como el titán Prometeo. Él fue
encadenado a una roca en el Cáucaso donde cada día venía un águila
para picarle el hígado, ese fue el castigo por sus pecados
cometidos. Él, guardián y amante de la humanidad, que le concedió
el poder del fuego a los miserables humanos que nunca le agradecieron
suficiente su osadía. El amor de Prometeo fue en vano. El mío
también lo es. He visto deformado mi cuerpo ante otros, mis ojos
claros han llorado por cada alma que crece torcida a pesar de mis
intentos. Hay libre elección, pero Dios sólo permite la suya.
En todos estos siglos jamás he
encontrado algo emocionante, realmente tentador y liberador de mis
cadenas. Salvo él. He podido contemplar sus pasos por éste mundo
desde que conoció la vida, sintió como quedaba atrapado en una
situación devastadora en su pequeño pueblo, y la sensación de
euforia al saberse libre en París. Es el ser más fuerte e
irracional que conozco. Sus ojos azules son tan profundos y vivos
porque su alma aún goza como la de un adolescente, no adormece ni
flaquea. Sus lágrimas son demasiado dulces para mí, su forma
elegante y medida de desenvolverse es pura euforia.
«Te doy el mundo. El mundo no es lo
que tú ves ahí, con sus edificios despampantes y la vida nocturna
que tanto disfrutas. No. No es la sociedad que adolece ante cualquier
tentación, hundiéndose en las turbias aguas del placer más barato
que puedas imaginar. No es droga, destrucción, felicidad momentánea,
lujo, dinero, amor, las caricias de una madre o las canciones que
tanto te gustan. Lo bueno y lo malo de ese mundo, el mundo que tú
crees que salvas con tus descabelladas acciones, no es lo que
pretendo darte. Te daré todo. El cielo, el infierno y eso que llamas
hogar. Todo. El universo caerá ante ti. Te ofreceré la verdad. Con
la verdad podrás abrir cualquier cerradura.»
Aún espero que tome la sensata
decisión de aceptar un lugar a mi lado. Mientras, estoy usando los
viejos trucos que me obligaron a comprender, estudiar y usar en
tantas ocasiones. Él debe ser mío. Es lo único que deseo en estos
momentos. Quiero concederme un capricho después de miles de años
sufriendo.
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