Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

miércoles, 15 de octubre de 2014

A mi madre

He amado a una mujer desde que tuve conciencia de mí mismo. Siempre caminé tras su sombra. De pequeño insistía que me contara todas esas historias que tan bien conocía. Deseaba saber más sobre la mujer que me sostenía, limpiaba mis heridas y me miraba con cierta preocupación. Sabía comprender muy bien sus gestos, cada mirada o suspiro. Simplemente la adoraba. Ella es mi madre. La mujer que me dio el ejemplo que nadie más me ha dado: Hay que ser fuerte pese a todo, pues únicamente tu fortaleza podrá acabar con tus propios demonios. No hay que rendirse jamás.

La recuerdo sentada cerca del alfeizar de la ventana, como aquellos elegantes trajes que solía usar pese al hundimiento de nuestra familia. Eran ropas antiguas, pero ella sabía como usarlas para verse siempre distinguida. Su cabello lo trenzaba con cuidado mientras me hablaba. A veces, como muestra de afecto, me dedicaba a cepillar cada mechón con cuidado. No cesaba de preguntarle por los mundos que había visto y las cosas que había escuchado. Me fascinaba tener su amistad, no sólo su amor como madre. Creo que éramos más unos niños perdidos en un mundo húmedo, frío y áspero que una madre y su pequeño.

Mis dedos trenzaban rápidamente sus mechones, ella recitaba los poemas más hermosos que jamás eh escuchado. Ponía atención a todos sus consejos y sabía, que en el fondo, sólo intentaba retenerme. Pues, cuando creciera, me alejaría de su lado para encontrarme en brazos de otra mujer, una que no sería ella. Podía ver su preocupación cuando salía a cabalgar, así como sus terribles silencios cuando hablaba de las mujeres que conocía. Sin embargo, reía. La veía reír a carcajadas por cada una de mis ocurrencias. Yo también reía con las suyas. Éramos dos almas libres encerrados en gruesos muros.

Una vez se declaró egoísta. El mundo ahí fuera me esperaba, pero ya no a ella. Ella moriría en breve. Me había convertido en la única pertenencia que le hacía sentirse libre dentro de la jaula. Deseaba retenerme. Sin embargo, París me esperaba encandilándome con un futuro brillante, o quizás tan sólo un futuro más libre y feliz. Quería verme feliz. Su mayor miedo era no saber que era feliz antes de morir. Por eso me abrió la jaula y me impulsó hacia los cielos de aquella maravillosa ciudad. Hizo aquello por amor, evitando su egoísmo.

Supongo que por eso ahora me deja libre. No permite que me acerque demasiado a ella. Viene, me observa, habla conmigo un par de frases sueltas para tranquilizarme y se marcha. Creo que soy aún lo único que provoca que tenga un vínculo con el mundo. Un mundo civilizado. Ella es una mujer amante de la naturaleza y de la soledad que le ofrece. Creo que prefiere correr entre las selvas, bosques y estepas heladas antes que quedarse cómodamente sentada ante mí, con aquella femenina pose y esos ojos tristes que tan bien conozco. No veo tristeza ahora en ella. Tampoco veo a un ser sexuado. Sólo veo un ángel fiero que puede arrancar el corazón a cualquiera si se acerca demasiado.

Tal vez tenga un amor secreto, más allá de mis brazos, pero soy el único que le preocupa. Al menos, eso es lo que me ha demostrado. Para ser sinceros y claros, le importa una mierda las relaciones con mortales o inmortales. Ella disfruta de sus conocimientos, retándose a sí misma cada día, mientras se maravilla de todo lo salvaje. No hay más. Podría decirse que es como uno de esos lobos a los que me enfrenté, tan salvaje y noble a la vez. Sé que ella jamás me hará daño y siempre se preocupará por mí, por saber de mí, pero no puedo retenerla.


No necesito que me diga que me ama. Ya me demuestra su amor incondicional. Sigue apareciendo, sigue mostrándose firme en cada palabra que me da arrancada de su corazón, y ese es el mayor tesoro y legado que puede ofrecerme. Ella ya no me debe nada. Yo sigo debiéndole demasiadas cosas.

Lestat de Lioncourt   

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt