Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

miércoles, 31 de diciembre de 2014

La última conversación

—Deberías decir algo, ¿no?—dijo apoyado en el quicio de la puerta. Sus ojos centelleaban en la oscuridad. Tenía una pose recta, pero relajada. Parecía haber salido de la nada. Al fin estaban de nuevo frente a frente y como únicos testigos la leña que estaba ardiendo en la chimenea. El fuego calentaba la fría alcoba que una vez fue casi una celda para él.

—¿Qué quieres que diga?—susurré sin alejarme ni un milímetro del fuego. La lumbre se alzaban como si fueran las llamas del infierno. Me agradaba el calor que transmitía, el aroma a madera quemada, la elegancia de sus siluetas que se movían elegantes acariciando los ladrillos y calentando todo.

—Llevo días aquí y aún no hemos hablado—dio un paso al frente, alejándose de la puerta, pero se detuvo.

—¿De qué quieres hablar?—me encogí de hombros y me eché a reír—. ¿De todo lo que hemos vivido? ¿De todos los que han muerto? ¿De cómo todos creen que soy el patrón salvador? Quería ser un Santo, no un Príncipe.

—¿Y aún quieres ser el Santo que obre el milagro?—interrogó.

—¡Claro que no! ¡Es una estupidez!—exclamé.

—Pues tienes que hacer uno y es unirnos a todos. Lestat, encerrado en este castillo no llegarás a casa. No son tus zapatillas rojas, mon amour, ni esto es Oz—dijo tomando asiento a mi lado.

Los sillones de orejera me encantaban. Eran cómodos. Me parecían encantadores aunque estaban fuera de época. Mi ropa era similar a la que un día llevé. Quería refugiarme un instante en esa vida. En los momentos que había vivido. Sólo un momento. Luego volvería a ser el Príncipe de todos. Por un momento deseaba estar libre del Don Oscuro sin dejar de ser yo mismo.

—Odias las responsabilidades, ¿no es así?—preguntó.

—No es eso...

—¡Oh, sí!—dijo negando suavemente su cabeza—. Huyes. Y si no es así, ¿por qué no te alejas del fuego, te pones esa ropa de rockero y sales ahí fuera? Muchos están buscándote. Benji da hoy uno de sus especiales y estoy seguro que cientos saldrán a tu encuentro—explicó con sus ojos verdes clavados en mí—¿O eres un cobarde?

De inmediato me incorporé quitándome aquella absurda ropa, tirándola al fuego hasta que se consumió, para tomar mi indumentaria habitual. Alboroté mi cabello, me vestí y le miré encendido. No era un cobarde. Jamás lo he sido. No lo iba a ser en ese momento.


Tenía por vivir muchas aventuras. Era mi año, mi década, mi siglo... era el momento de volver.


Lestat de Lioncourt
  

No hay comentarios:

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt