Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

jueves, 1 de enero de 2015

Feliz año, muchacho

Marius y Benji... son un dueto distinto a lo normal, pero me encantan ¿a ustedes no? Benji me parece muy inteligente. 

Lestat de Lioncourt


Tenía sus enormes ojos clavados en una gigantesca pecera. Su menudo cuerpo se movía de un lado a otro de la habitación dedicándose a contemplar en silencio, pero esos peces parecían entretenerle sumamente. Su pequeña cara redonda le daba un aspecto celestial, como un pequeño ángel, mientras sus traviesas manos se movían inquietas decidiendo que podría robar sin que yo me percatara. Era aún un niño y siempre lo sería. Un pequeño jovencito vestido con ropa elegante moviéndose por toda la sala.

—Creí que habías mejorado tu conducta, Benjamín—dije intentando olvidar los viejos recuerdos que se asomaron en mi alma. Él sufriendo, siendo vendido, abusado por policías corruptos, vendiendo drogas en las calles, robando de los bolsos de las mujeres que se compadecían de él, deseando algo caliente en medio de una nevada en pleno New York y esa sonrisa traviesa que escondía mil lágrimas a Sybelle. Pobre chico. Pobre, pobre, Benji. Nunca lo he amado como a mis otras creaciones, pero tengo cierta debilidad hacia él. Me enternece aunque no llego a amarlo de forma tan intensa como a Armand o Pandora.

—¿Quién dice que quiero robar?—susurró con suspicacia.

—Si deseas alguna de las pequeñas esculturas puedo dártelas, igual que los huevos de Fabergé de esa repisa.

Contaba con numerosos objetos de gran valor artístico, monetario y sentimental. Objetos que no me importaba ofrecerle porque sabía que no los vendería, sino que los llevaría a su estudio para contemplarlo durante noches. Ya no vendía lo que robaba. Sólo lo mantenía oculto a ojos de otros, contemplando su brillo y sintiendo lo especial que eran. Por eso no me importaba en absoluto si tomaba alguna de mis delicadas posesiones. Él amaba el arte, disfrutaba de la música y la buena conversación. Era el hijo que nunca había logrado tener con Pandora. Sí, eso era. Quizás eso era lo que me impulsaba ese sentimiento de cariño hacia ese muchacho.

—Me siento como un pez en una pecera, pero a la vez estoy fuera del agua—dijo colocando sus pequeñas manos sobre la pecera—. No soy libre, pero a la vez no pertenezco realmente a este mundo. Creo que los vampiros somos así, por desgracia. Unos tardan más en darse cuenta, pero otros nos percatamos enseguida que estamos condenados.

—¿Te he condenado?—pregunté, mientras me aproximaba.

—No—contestó—. Creo que hace tiempo que lo estaba. Tú sólo terminaste lo que Fox empezó—tomé sus hombros cuando dijo eso. No podía consolar a ese muchacho. Tan inteligente, tan diferente, tan buen discípulo y tan profundo incluso para ser un joven de treinta años. ¿Qué podía decirle? Si tuviese una edad mortal no llegaría aún a la que yo aparento, aún así era mucho más profundo de lo que yo jamás había logrado ser—. No te entristezcas, Marius. Sólo estoy cansado.

—¿De qué estás cansado, muchacho?—dije girándolo tomándolo del rostro.

—De ver morir a otros—sus ojos se llenaron de lágrimas mientras me abrazaba—. No quiero saber que más vampiros jóvenes mueren. No deseo morir. No quiero que Sybelle sufra. Por favor, por favor...

Me abracé a él llorando. Comprendía su dolor. Entendía su frustración. Jamás quise ver a tantos sufrir. Nunca deseé sentir ese dolor tan intenso. La locura también estuvo a punto de arrastrarme. Maharet, Mekare y Khayman ya eran cosa del pasado. Sólo eran meros recuerdos que habían sido engullidos por el tiempo. Nos abrazamos con fuerza, como hacen los hombres que sí saben desahogarse entre lágrimas y gestos intensos, para llorar por todos aquellos que se habían ido.

—Feliz año nuevo, Marius... eso es síntoma de vida. Síntoma de estar vivos...


—Feliz año mi pequeño beduino—susurré besando su frente.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt