Bueno, uno que va admitiendo las cosas. Una vieja carta a Richard, ¿lo sabría?
Lestat de Lioncourt
Si tuviese que escribir una carta donde
mostrase mis verdaderos sentimientos, esos que siempre oculto bajo
una sonrisa llena de carisma y desvergüenza, llevaría tu nombre en
el membrete. He sido un hombre despreciable toda mi vida. He jugado
con los sentimientos de aquellos que me han amado y he dejado en el
olvido la verdad, la honra y el respeto. De mí no se puede estar
nada bueno. Decidí bailar con el diablo cuando tan sólo era un
niño, acepté la compañía de un ser ingrato y descarado, para
acabar siendo su siervo y su amo.
Está claro que desnudar mi alma será
difícil. Soy incapaz de escribir unas simples líneas donde la
verdad resplandezca de entre las sombras de mi despacho. Sin embargo,
aquí estoy. Me encuentro frente a un papel que estoy llenando de
palabras sin sentido para muchos, pero no para mí ni para ti. Bien
sabes que es a ti a quien escribo. No necesito mencionar tu nombre
para que sepas quien eres, pues es como si invocara una vieja canción
que se reproducirá por siempre en mi victrola.
¿Cuántas veces nos hemos ocultado?
¿Cuántas veces te he hecho pasar por una simple ramera? Dímelo. Te
he vestido como si fueras una muñeca, pintado tus labios y ocultado
así las lágrimas, el dolor y la vergüenza. Me has tolerado tantas
malditas palabras, calumnias al amor y desprecios como la rabia
contenida por esos desvanes que bien sabemos que tuviste. Me convertí
en un ogro durante un tiempo, pero luego recordé todos los motivos
por los cuales estoy contigo.
No te mereces el olvido, pero tampoco
te mereces este amante que sólo juega bien sus cartas. Puedo ser un
caballero, un hombre dulce y atractivo, pero sabes que mi semblante
cambia cuando los celos se apoderan de mí. No te digo nada, tan sólo
guardo silencio tragando la hiel para luego escupírtela con una
mirada agria, casi insultante, llena de desprecio. He sido un
bárbaro, un imbécil, y tú has aceptado esa pose de dandy que tanto
me preocupa mantener. Déspota, eso he sido. Amante del dinero y las
mujeres, aunque a muchas he despreciado e incluso he odiado mientras
retozaba en sus camas.
Nunca te he sido fiel, aunque tú has
intentado serlo. No lo has logrado. Jamás has podido culminar esos
atroces hechos. Quisiste dejarme, abandonándome a mi suerte, pero
regresaste haciendo sonar tus tacones sobre el mármol de mi casa.
Lloraste en mis hombros, aceptaste mis brazos y tan sólo te dije que
te metieras en mi cama. No fui capaz hacerte el amor esa noche, pues
despreciaba que hubieses intentado dejarme atrás. Yo te desprecié a
ti, cuando yo era despreciable. No sabes la clase de monstruo que
soy, pero aún así me juras lealtad y me llamas amor. ¿Cómo puedes
amarme? Tú eres un ángel y yo vengo de las profundidades de los
infiernos, si es que existe un infierno donde ir a parar.
Creo que ya es tarde para redimir mis
pecados, ¿no es así? Quizás pienses que es un síntoma de
debilidad, un acto de fe para salvar mi alma, pero yo sé que estoy
condenado. Sólo quiero que sepas que te amo, que siempre te he amado
y que mi corazón ha sido para ti. Pese al amor que he tenido a otros
amantes, mi amor propio y las mentiras que te he obsequiado. Tú, por
encima de todos ellos, has sido el ser que he amado. Tú has sido mi
verdadera mitad y lo único puro que he logrado conservar por más de
unos años.
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