Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

jueves, 25 de junio de 2015

No me preguntes si te amo, pregúntame cómo no amarte.

Michael y Rowan se aman, eso lo sabemos todos. Sin embargo, siempre hay pequeñas conversaciones que dejan claras las palabras, las promesas, las verdades...

Lestat de Lioncourt


—¿Crees que nuestro amor es fuerte?—preguntó mirándome con aquellos enormes ojos grises.

Tuve que guardar silencio por algunos minutos. El murmullo del viento, soplando suave entre las ramas, era lo único que se podía escuchar. La ventana estaba abierta, las cortinas color crema se movían como si fuera uno de los espectros que recorrían todavía nuestra vivienda, y la luz de la luna incidía sobre el rostro de mi mujer. Tenía un cuerpo delicado, pero poseía un rostro anguloso. Sus labios carnosos se encontraban entreabiertos, como si quisiera seguir hablando. Era hermosa y la amaba. Siempre la había amado. Descubrí que no podía vivir sin ella desde que supe que me salvó la vida. Cuando la contemplé tras la mirilla de mi vivienda en San Francisco. Supe que ella sería importante para mí, mucho más de lo que era en esos momentos, y no querría apartarme jamás de su lado.

—Sí—dije girándome bien hacia ella, rodeándola con mis brazos anchos y fuertes, mientras la atraía contra mi torso.

Bajo las sábanas de blanco algodón, tan suaves y frescas, estaban nuestros cuerpos desnudos. Aún olía a sexo y palabras clandestinas. Podía notar su piel sedosa bajo mis dedos ásperos y como su figura, delicada y fina, propagaban un aroma especial a placer, sudor y perfume francés.

—¿Por qué?—su voz sonó más ronca, como si temiese una respuesta inapropiada.

—Porque no sabría vivir sin ti. No soy capaz de imaginar un mundo en el que tú no estés. Podría vivir, por supuesto, pero esa vida no merecería la pena. Se convertiría en un paraíso en blanco y negro—expliqué apartando un mechón de su cabello. Ahora lo llevaba algo más largo y eso me agradaba, pero no era yo quien debía decidir sobre su peinado. Nunca he decidido nada que ella quisiera. Jamás he tenido voz o voto sobre sus decisiones. Siempre me he mantenido al margen esperando que pidiese mi ayuda, sosteniendo su mano y apoyando sus decisiones por equivocadas que me parecieran—. Tú me has dado la vida, pues antes de conocerte sólo quería encontrarme con la muerte. No importa que estuviésemos destinados por un ente cruel y egoísta.

Ella se giró dándome la espalda. Me sentí torpe porque pensé que no me había sabido explicar. Sin embargo, pronto pude notar como buscaba mi mano, deseando que la rodeara, mientras pegaba su espalda a mi torso. Deseaba sentirse protegida.

—Tú para mí eres muy importante—dijo en un susurro suave, aunque su voz era áspera y siempre tuvo un toque masculino. Era firme en cada palabra y sabía que era porque sus sentimientos eran importantes—. Tú eres todo lo que tengo en estos momentos. El hospital es importante, pero no me hace lo suficientemente feliz. Tú logras que me sienta protegida, me has soportado demasiadas cosas y a veces pienso que te cansarás.

—No me cansaré porque cuando uno ama de verdad jamás siente el cansancio—dije besando sus hombros—. Tú siempre serás mi vida.

Recordé nuestra primera vez. Éramos dos desconocidos que necesitaban comprenderse, un respiro de la vida que nos asfixiaba, y nos aislamos de nuestros problemas, del dolor y la miseria, para hundirnos en unas aguas más misteriosas que el mar donde nos encontramos. Besé sus labios y me sentí perdido. Ella permitió que la desnudara lentamente, aunque no pude sentir su piel bajo las yemas de mis dedos. Llevaba guantes, pues mis poderes estaban demasiado desarrollados y yo no sabía controlarlos. Si la tocaba sin ellos podía atravesar su piel, su carne, sus huesos y finalmente su alma. Sin embargo, no necesité mis poderes para tocarla y sentirme anclado a ella. Me enamoré. Dejé que mi vida se convirtiera en un suspiro lejos de ella. Mi corazón comenzó a latir aceleradamente cuando pensaba en ella.


Rowan me necesitaba, pero era una necesidad más allá de la soledad reinante que había tenido toda su vida. Se convirtió en una mujer decidida mucho antes que nosotros pudiésemos confrontarnos. Era una mujer llena de belleza y poder, con una inteligencia extraordinaria, y permitió que yo fuera su bálsamo. Me convertí en su columna. Tendí mis manos hacia ella y esperé que las tomara. Comenzó a amarme y jamás ha dejado de hacerlo. Veo en ella pequeños gestos que no han cambiado, aunque el miedo permanece y a veces, en sus pesadillas, la angustia parece doblegarla.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt