Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

viernes, 2 de septiembre de 2016

Pasado, pasado...

¡Armand! Pobre... En serio, no le odio. ¿Por qué cree la gente que sí?

Lestat de Lioncourt 

—¿Has pensado alguna vez en olvidarte del dolor que cae a plomo sobre tu alma?—pregunté.

No sé por qué lo hice. Estaba arrojado sobre su cama de satén rojo mientras observaba los bordados de oro de los cojines que me rodeaban. Mis dedos jugueteaban con las borlas de las esquinas y las flores de damasco.

—No, lo necesito—respondió sereno sentado ante aquel minúsculo escritorio que poseía en su alcoba. Una alcoba digna de un príncipe veneciano. Él era el maestro de muchos y el hijo de la nada. Su acento era de ninguna parte para mí y sus ojos eran el mismo cielo abriéndose para ofrecerme los pecados más placenteros y ufanos.

—¿Lo necesitas?—dije frunciendo el ceño mientras me incorporaba. Mis alborotados cabellos castaño rojizos rozaron mis hombros desnudos.

—Es síntoma de haber amado—comentó—. De haber sido herido por las flechas de un Cupido demasiado torpe y cruel—sus manos blancas como la nieve, suaves como la seda y perfectas como las de las estatuas griegas se movieron para apoyarse en los brazos de su elegante silla de madera pintada con pan de oro.

—Maestro, ¿acaso no me amas?—rodé por la cama hasta el borde y caminé desnudo, como mi pobre y desgraciada madre me trajo al mundo, para arrodillarme ante él, igual que los pastores ante el milagro de la venida del Mesías en Belén.

Sé que mis ojos lo miraron llenos de amor, pero también cargados de miedo. Quería ser amado por ese hombre de grandes virtudes, pues codiciaba su corazón. Deseaba que cada latido fuese mío. Pues él, mi apasionado Eros de cabellos de oro líquido, venía a buscarme cada noche.

—Tú eres bálsamo para mis viejas heridas—dijo colocando sus manos frías sobre mis mejillas calientes.

—Bálsamo...

Recordé aquella conversación observando los frescos que él había pintado para mí. Había traído consigo un trozo de Venecia a Nueva York, mi refugio, donde mudé de nuevo mi piel mostrando mis viejas raíces. Ya no era más Armand el odioso vampiro adicto a las tortuosas mentiras de una religión miserable, ni el pobre niño perdido en la nieve y ni mucho menos el muchacho amante de un demoníaco pintor de ángeles. De nuevo era yo. Había construido peldaño a peldaño lo que era y nadie me lo podía arrebatar. Aún así necesitaba acercarme a mis viejos reflejos y observar aquellos rechonchos querubines de ojos indulgentes. Podía tolerar ese dolor. Esa minúscula punzada que atravesaba mi corazón.


La música del violín sonaba de fondo recordándome que me amaban de forma entregada. Mentí a Gregory al proclamar que no había sabido amar. Supe amar, lo hice con todo mi corazón, y él me decepcionó tanto que preferí olvidarlo. Pero ahí estaba. Todavía era un niño que dormía en su lecho en mis ensoñaciones. Un muchachito estúpido. Sin embargo, no hay nada más dulce que saber que quieren sanar tu alma como algo más que un bálsamo. Cada nota es un beso, pero ¿qué será de mis recuerdos? Aún vienen a mí como fantasmas recordándome que quiero que él me haga suyo.

2 comentarios:

senrou Chigusa dijo...

¡Que sublime!
me encanta cuando publican memorias de Armand con Marius.
Este es hermoso <\3
gracias por compartirlo!
saludos

Teru Yamashita dijo...

Las memorias de ambos son tan bellas <3

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt