Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

martes, 3 de diciembre de 2013

Una partida de cartas

Bonsoir mes amis

Hoy traigo algo especial. Manfred ha decidido honrarnos con unas memorias sobre sus días de jugador de cartas junto a Julien Mayfair. Manfred Blackwood es compañero nuestro desde hace algunos meses, justo cuando prácticamente acababa el verano. Se unió a nosotros y nos ha dado momentos especialmente divertidos. Un nuevo ejemplo es la historia que viene a narrarnos hoy.


Lestat de Lioncourt


Una partida de cartas.


Los recuerdos a veces provocan que mis sentimientos más profundos, esos que me hacen sentirme débil y viejo, acudan a mí. Recuerdos que vienen de mi juventud y madurez golpeando fuerte, llevando a mis ojos las lágrimas que no deseo derramar y provoquen que mi mentón tiemble. Me comporto quizás como un viejo pues he vivido muchos años como mortal, los cuales me arrugaron la piel y deslucieron mi cabello. Me convertí en un hombre arrugado como una pasa y con muchos recuerdos que se apolillan hoy en día.

El último resquicio de mi vieja vida vino anoche, justo cuando paseaba por las calles de New Orleans, a pesar que jamás podría volver a mi hogar sí lo hacía a la ciudad. Me escapaba de donde vivía con Petronia y Arion siempre, muchas veces para poder respirar el aroma de los pantanos y hundirme en el bullicio de los bares que cada vez tenían una música más estruendosa.

Como decía, caminaba por New Orleans y me detuve en una vieja tienda de empeños. Había un vitrola hermoso, resplandeciente, restaurado por completo que me llamó la atención. Era muy similar al que poseía Julien. Sí, Julien Mayfair. Los Mayfair y los Blackwood estamos emparentados de algún modo, su suerte fue tan negra como la nuestra y nuestra amistad ha seguido perdurando.

Quinn sabe que tiene sangre Mayfair, sin embargo dudo que mi nieto sepa que también tiene Blackwood. Su antepasada se casaría con un Blackwood y la preñaría Julien, así era, pero ella era hija mía aunque nadie lo sabía salvo ella, la cual me lo confesó el día de la boda y logré impedir que mi hijo la dejara en cinta. Julien fue precavido no contándole la situación por completo a ese chico, tal vez se hubiese traumatizado aún más ¿quién sabe? Lo importante es que son nuestros genes y estos son importantes para ambos. ¡Ah! Ese chico de ojos claros como los de Julien, tan apuesto como un Blackwood y un Mayfair. Símbolo sin duda de haber hecho bien el trabajo, sin duda alguna.

Aquel aparato me hizo recordar los años de amistad y en concreto una noche. Yo aún no tenía tantas arrugas y mis canas no eran tan visibles, tan sólo las patillas y algunos mechones. Me sentía un chico joven pese a mis más de cuarenta años. Julien era casi un niño. Creo que él no llegaba a los veinticinco, pero era listo y todo un conquistador. Toda la ciudad ya estaba casi a sus pies, sin duda alguna.

En una de nuestras primeras partidas iba perdiendo, a pesar de hacer trampas, porque Julien las hacía mucho mejor. Era una partida a dos. Ni recuerdo bien cual era el juego de cartas, sólo que yo estaba ganando. Entonces, en uno de mis vistazos a su impresionante rostro, el cual siguió siendo bastante atractivo a pesar del paso del tiempo, noté como hacía muecas. Sonrió seductoramente, me guiñó un ojo y rió bajo.

-¿Estás ebrio?-pregunté deteniendo el juego.

-No- susurró jugueteando con sus cartas en su mano- Dime, ¿no serás el único totalmente heterosexual de la ciudad?

-No me gustan los hombres más allá del apretón de manos-respondí echándome a reír al notar que se frustraba de esa forma. Sin duda era cómico verlo molesto. Muchos sentían pavor, pero a mí me resultaba un chico bastante agradable.

-Mierda, ¿y se puede saber como voy a distraerte para ganar?-preguntó frunciendo sus cejas, para luego carraspear-Quiero decir, como voy a seducirte-susurró con su atractiva voz, la cual supongo que heredó de su padre.

-No vas a poder ni siquiera aunque sigas usando trampas, pues las mías son mucho mejores.


Nos echamos a reír y nos confesamos los trucos. Desde aquel día éramos pareja a la hora de jugar a las cartas. Pocos nos podían vencer y cuando jugábamos el uno contra el otro jurábamos no usarlas, pero estoy seguro que tanto él como yo lo hacíamos. Ah, ese Julien. Ese tipo siempre me cayó bien.

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt