Hoy traigo algo especial. Manfred ha decidido honrarnos con unas memorias sobre sus días de jugador de cartas junto a Julien Mayfair. Manfred Blackwood es compañero nuestro desde hace algunos meses, justo cuando prácticamente acababa el verano. Se unió a nosotros y nos ha dado momentos especialmente divertidos. Un nuevo ejemplo es la historia que viene a narrarnos hoy.
Lestat de Lioncourt
Una partida de cartas.
Los recuerdos a veces provocan que mis
sentimientos más profundos, esos que me hacen sentirme débil y
viejo, acudan a mí. Recuerdos que vienen de mi juventud y madurez
golpeando fuerte, llevando a mis ojos las lágrimas que no deseo
derramar y provoquen que mi mentón tiemble. Me comporto quizás como
un viejo pues he vivido muchos años como mortal, los cuales me
arrugaron la piel y deslucieron mi cabello. Me convertí en un hombre
arrugado como una pasa y con muchos recuerdos que se apolillan hoy en
día.
El último resquicio de mi vieja vida
vino anoche, justo cuando paseaba por las calles de New Orleans, a
pesar que jamás podría volver a mi hogar sí lo hacía a la ciudad.
Me escapaba de donde vivía con Petronia y Arion siempre, muchas
veces para poder respirar el aroma de los pantanos y hundirme en el
bullicio de los bares que cada vez tenían una música más
estruendosa.
Como decía, caminaba por New Orleans y
me detuve en una vieja tienda de empeños. Había un vitrola hermoso,
resplandeciente, restaurado por completo que me llamó la atención.
Era muy similar al que poseía Julien. Sí, Julien Mayfair. Los
Mayfair y los Blackwood estamos emparentados de algún modo, su
suerte fue tan negra como la nuestra y nuestra amistad ha seguido
perdurando.
Quinn sabe que tiene sangre Mayfair,
sin embargo dudo que mi nieto sepa que también tiene Blackwood. Su
antepasada se casaría con un Blackwood y la preñaría Julien, así
era, pero ella era hija mía aunque nadie lo sabía salvo ella, la
cual me lo confesó el día de la boda y logré impedir que mi hijo
la dejara en cinta. Julien fue precavido no contándole la situación
por completo a ese chico, tal vez se hubiese traumatizado aún más
¿quién sabe? Lo importante es que son nuestros genes y estos son
importantes para ambos. ¡Ah! Ese chico de ojos claros como los de
Julien, tan apuesto como un Blackwood y un Mayfair. Símbolo sin duda
de haber hecho bien el trabajo, sin duda alguna.
Aquel aparato me hizo recordar los años
de amistad y en concreto una noche. Yo aún no tenía tantas arrugas
y mis canas no eran tan visibles, tan sólo las patillas y algunos
mechones. Me sentía un chico joven pese a mis más de cuarenta años.
Julien era casi un niño. Creo que él no llegaba a los veinticinco,
pero era listo y todo un conquistador. Toda la ciudad ya estaba casi
a sus pies, sin duda alguna.
En una de nuestras primeras partidas
iba perdiendo, a pesar de hacer trampas, porque Julien las hacía
mucho mejor. Era una partida a dos. Ni recuerdo bien cual era el
juego de cartas, sólo que yo estaba ganando. Entonces, en uno de mis
vistazos a su impresionante rostro, el cual siguió siendo bastante
atractivo a pesar del paso del tiempo, noté como hacía muecas.
Sonrió seductoramente, me guiñó un ojo y rió bajo.
-¿Estás ebrio?-pregunté deteniendo
el juego.
-No- susurró jugueteando con sus
cartas en su mano- Dime, ¿no serás el único totalmente
heterosexual de la ciudad?
-No me gustan los hombres más allá
del apretón de manos-respondí echándome a reír al notar que se
frustraba de esa forma. Sin duda era cómico verlo molesto. Muchos
sentían pavor, pero a mí me resultaba un chico bastante agradable.
-Mierda, ¿y se puede saber como voy a
distraerte para ganar?-preguntó frunciendo sus cejas, para luego
carraspear-Quiero decir, como voy a seducirte-susurró con su
atractiva voz, la cual supongo que heredó de su padre.
-No vas a poder ni siquiera aunque
sigas usando trampas, pues las mías son mucho mejores.
Nos echamos a reír y nos confesamos
los trucos. Desde aquel día éramos pareja a la hora de jugar a las
cartas. Pocos nos podían vencer y cuando jugábamos el uno contra el
otro jurábamos no usarlas, pero estoy seguro que tanto él como yo
lo hacíamos. Ah, ese Julien. Ese tipo siempre me cayó bien.
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