Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

martes, 14 de octubre de 2014

El príncipe

Recuerdo mi vida como una gran aventura. Parece que la vivió cuando la miro desde fuera, observando cada libro sobre mi mesa. Algunos tomos están dañados, incluso atados con una cuerda para que no se rompan. Ni sé las veces que he leído mis propias palabras. No se trata de alimentar mi ego, sino de rememorar de forma distinta cada suceso. Uno tras otro. Como si el mundo no fuese a detenerse jamás. Observo todo con un cierto aire de superioridad, pero la verdad es que me siento pequeño. Toda mi vida se reduce a unos cuantos libros. He podido dejar en las letras, que forman una hilera tras otra de hormigas de tinta, mi alma. Si es que aún poseo alma. Todavía ni sé qué es el alma realmente. Sin embargo, ahí estoy yo. Me reflejo en cada palabra. Mi lenguaje ha ido cambiando, mi forma de ser ha madurado y mi inocencia aún sigue intacta. Aún creo en la bondad, en un mundo mejor, en algo más allá de todo lo que tenemos. Sí, soy optimista y soñador. El mundo gira y sigue latiendo porque existen sueños y los sueños hay que soñarlos primero.

Tal vez podría considerarme una gran máquina de sueños. Como esos cines antiguos de palcos forrados en terciopelo rojo y proyectores manuales. Esos que aún existen en pie esperando a ser demolidos. Una lástima. Hay tantos sueños que han surgido en sus butacas, como en los antiguos palcos de los gloriosos teatros. Casi nadie va a al teatro. Quien va es porque le resulta curioso, casi sofisticado, sentarse entre las butacas y esperar que alguien falle. Un fallo, uno cualquiera. Algo para poder comentar en la cena posterior. El ser humano se ha convertido en una especie de marioneta, que danza sin cuerdas, y que busca quizás los sueños que perdió.

Aún en vosotros. En vuestra capacidad para salir adelante. Seguís vivos pese a todo. He visto guerras terribles, hermanos matando hermanos, hombres bondadosos con las manos manchadas de sangre y niños morir en brazos de desconocidos buscando a sus madres por última vez. Comprendo el dolor del hambre, la sed, la injusticia y la mentira en los labios de un sacerdote. Los crímenes siempre ocurren, los malvados no temen a su final. Yo soy el final de muchos de ellos. Limpio las calles de los condenados al infierno. Me alimento del mal, soy fruto de ello. Soy el principio de la oscuridad, igual que muchos de mis hermanos.

Pero también hay amor. Existe el amor en mí. He amado mucho. Muchísimo. Creo que he dado todo lo que tenía a quienes he querido con todo mi corazón. Sin embargo, cuando leo las líneas sobre Claudia, mi querida muñeca, me doy cuenta de lo estúpido que fui. Debí contarle la verdad. Guardarme los secretos no fue correcto. Ellos debían saber, igual que yo, lo que ocurría. Quise protegerla, igual que a Louis, y sólo la expuse a un dolor terrible. Cometí errores tan terribles que ni sé si yo puedo perdonarme. Ella aparece ante mí con su vestido favorito, sus ojos azules profundos, sus mejillas llenas, sus labios pequeños y carnosos y ese pelo rizado y dorado tan similar al mío. Nadie hubiese dicho que no era hija mía. Me gustaría volver a tenerla entre mis brazos, como aquellos primeros años, estrechándola con ternura y explicándole el terrible secreto y precio de vivir por siempre.

Estar al lado de Louis es sentirla a nuestro lado. Puedo escuchar sus pequeños zapatos recorriendo toda la estancia, caminando de un lado a otro, mientras recita los versos que más le gustan. Él lo sabe. Sabe que en ocasiones me acuerdo de ella. Igual que me acuerdo de todos aquellos que han muerto por mi culpa. No sólo Nicolas. Akasha también murió porque yo no supe hacerle ver que estaba equivocada. No es justo que me eche toda la culpa, pero es parte de mi fortaleza. Sé cuales son mis errores, el precio que he pagado y que aún sigo vivo.

Sigo vivo para comprender a los que una vez creí odiar. Pero el odio es inútil. Me he dado cuenta que no puedo odiar siquiera a Armand. A él lo amo de una forma extraña. Quizás pueda deciros que es como un hermano al cual a ratos no soportas, y, sin embargo, no permitirías que nadie le hiciese más daño del que ya lleva consigo. Tiene un alma atormentada, pero decidida a vivir del mismo modo que yo lo hago. Ambos hemos caminado por la misma senda. Somos los hijos de la senda de la sangre y el horror. Pero también hemos compartido la victoria, el sabor de sabernos más fuertes que nunca y la gloria de mantenernos unidos pese a todo.

Debo muchas disculpas, pero no las daré. Sólo ofreceré mi amor y tenderé mi mano. Si bien, esto no remediará mi forma de ser rebelde, enloquecido, lleno de deseo de conocer más, de exponerme a todo peligro y de reírme en la cara de la muerte. Yo puedo. Yo soy Lestat. Soy el príncipe que todos esperan.



Lestat de Lioncourt 

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Lestat de Lioncourt