Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

lunes, 13 de octubre de 2014

Sólo amarte

Arjun, el hindú que acompañaba a Pandora, regresa. Va y viene, la acompaña cuando ella lo desea y desaparece cuando menos lo esperas. Un ser extraño que deja poemas y textos como este. 

Lestat de Lioncourt 



La observaba discretamente desde el marco de la puerta. Ella parecía completamente ensimismada en sus pensamientos. Redactaba en un libro algunos versos que había encontrado perdidos en libros antiguos. Tenía el ceño ligeramente fruncido, pero había una sonrisa en sus labios que iluminaba su rostro. El cabello lo llevaba trenzado, para evitar posibles molestias al usar la pluma. Llevaba un traje poco ceñido, bastante cómodo, pero igualmente elegante y de color rubí. Cuando vestía con ese tono toda su piel parecía nieve manchada de sangre. Una piel nívea, sin mácula, que se exponía al mundo como los pétalos de una rosa blanca invernal. Deseó aproximarse, pero no se sentía cómodo interrumpiendo aquel momento.

Pandora había sufrido tanto que decidió dejar de sentir. Había encerrado sus sentimientos lejos de su corazón; sin embargo, David le había recordado quien era. Ellos permanecieron en contacto, del mismo modo que ella y él seguían viéndose con frecuencia. Arjun no era un carcelero, tampoco su dueño. Él se dedicaba a visitarla de vez en cuando, vigilando sus pasos para ayudarla a levantarse si tropezaba.

—Sé que estás ahí—dijo sin levantar la vista—. Llevas un buen rato vigilando lo que hago, como siempre.

—No quería molestar, amor mío—respondió aún ensimismado—. Mi señora, he encontrado algo para que entretenga tus noches.

—Acércate—contestó deteniéndose, dejando la pluma en el tintero, para luego colocarlas sobre la falda de su vestido.

—Son unos manuscritos antiguos. He conseguido estos en una subasta—dijo colocando algunos pergaminos frente a ella—. Están bien conservados, pero aún así algunas partes son ilegibles. Pueden estar fechados sobre el siglo XV. Tienen una caligrafía exquisita. Son versos conmovedores de jóvenes escritores que no son muy conocidos. Sin embargo, son hermosos. Pensé en ti, en un regalo mejor que un diamante o una esmeralda. Supuse que era mejor que cualquier gema engarzada en un colgante de oro—comentó con una leve sonrisa—. Sólo vine a verte y dejar estos documentos, nada más.

En otra época se había sentido presa de esa amabilidad. Su poder la subyugaba. Aquellos ojos pardos la vigilaban con cierta ternura y preocupación. Hablaba de forma cortés, se comportaba como un caballero y siempre la cubría de regalos. No era como Marius. Él nunca le regaló algo más valioso que su compañía y la vida eterna. Arjun se dedicaba a dejar regalos por doquier, palabras amables, consejos que ni siquiera ella había pedido y evitaba discutir a toda costa. Por eso mismo se sentía presa. Ejercía un poder místico sobre ella. Un poder que aún no comprendía del todo. No podía negar que lo quería a su modo, igual que él a ella, pero le temía. Temía esa amabilidad pues era desconocida hasta que él apareció en su vida. Sólo había visto esa dedicación en alguien y ese alguien era Flavius, un esclavo que le robó el corazón debido a su amabilidad y bondad. Pero Arjun tenía algo de malicia, lo podía notar, y no la usaba contra ella, cosa que la confundía.

—Gracias—dijo apresurándose a leerlos—. ¡Son magníficos!—exclamó.


Cuando alzó la vista para agradecérselo infinitamente ya se había esfumado. Sólo había dejado el perfume en el ambiente. Un perfume a flores muy intenso y agradable. Arjun ya se encontraba lejos de la habitación, caminando por los pasillos de aquel departamento, a punto de salir a la calle y toparse con París. Un París cargado de sueños y luces. Un mundo fascinante donde perderse unas horas hasta su próximo encuentro con Pandora.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt