Algunos creen que decir "Te amo" es todo por romanticismo. Yo amo a muchos. Amar a Rowan es fácil porque los hombres de verdad amamos a las mujeres que luchan por sus sueños, por salvar a otros y comprender este mundo.
Lestat de Lioncourt
Conocía algunos misterios de este
mundo, los cuales me habían sido un fuerte impacto que dejaron
cicatrices muy profundas en mi alma. Mi vida cambió radicalmente
después de conocer a mi marido Michael Curry y buscar mis raíces
más allá de la adopción que ocurrió ya hace más de cuatro
décadas. Era una mujer joven todavía, con grandes planes de futuro
y una fortaleza extraña que se debía a un duro caparazón. Evitaba
mostrar mis verdaderos sentimientos y me había convertido en una
figura fría, ligeramente enigmática y decidida a realizar los
cambios necesarios para alcanzar algunas metas. En mis manos había
sangre, pero no de mis pacientes a la hora de intervenir
quirúrgicamente. Había sangre de mis asesinatos provocados por mis
poderes en circunstancias penosas.
No soy una santa. No quiero serlo. No
deseo que nadie me vea como una mujer buena. Eso sería pueril y
barato. Agradezco al mundo en general el haberme hecho como soy.
Tengo sentimientos, que muchas veces oculto, y poseo unas habilidades
superiores a la de cualquier humano. He decidido hacer con mis
poderes psíquicos el bien, no el mal. Desde hace tiempo dirijo mi
propio hospital fruto de una herencia descomunal y descompensada. Me
convertí en la heredera de una familia llena de misterios,
fantasmas, monstruos y dolor. Fue una hecatombe. Muchos lo saben. Mi
historia se convirtió en libro y el libro en trilogía.
Hablemos ahora de la sucesora en mi
cargo, en el cargo de ser la máxima representación de la familia.
Ella se llamaba Mona Mayfair y era mi prima. Una prima de tan sólo
trece años asumiendo las responsabilidades de un adulto. Lamento
sonar apática y miserable, pero sabía que no iba a llegar demasiado
lejos. Sobre todo cuando decidió arrojarse a los brazos de lo único
que me sustentaba en esta vida. Logró cautivar a mi marido, el cual
cayó como un imbécil, y le dio una hija tan monstruosa como el hijo
que yo le ofrecí.
Michael cayó en un extraño bucle de
dolor cuando tuvo que asumir que Morrigan, como llamaron a la
criatura, se marchara de su lado y del lado de su madre en busca de
algo más que una familia. Morrigan era un Taltos como lo era el
hombre que se la llevó. Los Taltos se reproducen rápido, crecen aún
más rápido y viven durante miles de años si no se ven afectados
por enfermedades peligrosas o armas.
Mi vida no fue sencilla desde mi
nacimiento, pues fui arrebatada de los brazos de mi madre. Ella fue
sedada y tratada como enferma mental muchos años. La madre de Mona
Mayfair era una mujer alcoholica, igual que su esposo y su abuela,
Evy, no era capaz de corregir a esa maleducada que no lograba dar
amor a la pobre niña. Un hogar desecho, en una ciudad demasiado
activa y demoledora, dio como resultado a un animal salvaje que no
dudó en hacer de las suyas desde temprana edad. Admito que la adoro.
Que adoré a esa niña de ojos verdes tan vivos como los mechones
rojizos de su cabello, pero estaba enferma debido a los múltiples
abortos de Taltos que tuvo.
Desde que conoció a Tarquin Blackwood
pareció descender su forma de vivir. Ya no quería encontrar sólo a
Morrigan, sino que deseaba aferrarse a un jovencito que se parecía
demasiado a Julien Mayfair. Nada más verlo en el entierro de su tía
Queen, allí parado de pie sollozante y lleno de amargura, contemplé
en sus rasgos y movimientos al líder indiscutible de la familia.
Todos sabíamos ya que era un Mayfair, pero hasta ese momento no me
di cuenta que sus rasgos eran idénticos.
En ese mismo funeral, a esa misma hora,
apareció otro joven que jamás había visto. Creo que nunca pude
calificar un encuentro de altamente tóxico y extraño. Era muy
atractivo, pero llevaba cubierto sus ojos con unas estridentes gafas
con tintado violáceo. Me quedé impactada por sus cabellos rubios
alborotados y ondulados cayendo sobre su levita con camafeos por
botones. Era como si hubiese salido de una de esas extrañas revistas
para jóvenes inconformistas amantes del rock, la moda más extrema y
los vampiros. Su piel no era humana. Él no era humano. Pude
percatarme de inmediato.
Mi lado científico se avivó. Quería
saber qué clase de ser era. Profundizando en esto me enamoré de él
pero simbólicamente. Creí que él lo era todo. Pensé que
solucionaría mi angustia por no poder darle un hijo a mi marido, por
verme cada vez más vieja y frágil. Ashlar Templeton, el Taltos que
se llevó a Morrigan, me dijo que yo era femenina; porque lo femenino
no era tener hijos y haber jugado con muñecas cuando se es muy joven
sino sentirse mujer. Lestat, como así se llamaba este hombre de
aspecto no mayor a los veinte años, me hizo sentirme deseada y eso
me agitó. Todas mis hormonas se agitaron. Incluso cuando supe que
Mona era un vampiro ahora, gracias a él, siguieron agitadas. Quise
ser uno de esos monstruos milenarios con colmillos y adictos a la
sangre. Dejé atrás todo lo que soñaba en este mundo por ser parte
de ese selecto club. Fui estúpida.
Cuando Lestat me rechazó regresé a
casa. Entré en la vieja mansión de First Street, me senté en el
sofá en el cual suele aparecerse Julien, y suspiré. Michael estaba
despierto. Se encontraba en la cocina bebiendo una cerveza y
garabateando algunos pensamientos en su libreta. A veces lo hacía.
Los días más ocupados, debido a las reformas y los nuevos proyectos
en su empresa de arquitectura, se los pasaba en aquella enorme mesa
de madera escribiendo sobre proporciones, tipos de madera o la forma
más precisa para recuperar la belleza desgastada de alguna mansión
sureña.
En el momento que rompí a llorar como
una tonta él vino, corrió a mí como si fuese un héroe y me habló
dulcemente al oído. No me lo merecía. Él mismo vio como jugueteaba
con aquel monstruoso y seductor ser. Él mismo sabía que había ido
en busca de Lestat para ser uno de los suyos. Pero no le importó. Me
perdonó. Como perdonó la vez que le abandoné para salvar a Lasher,
nuestro extraño hijo, y los gritos de horror cuando regresé. Esos
gritos fruto de un trauma severo debido a las múltiples palizas y
sometimiento que me ofreció Lasher. Yo, por mi parte, admití sus
errores con Mona para después ver como él lo hacía con Ashlar y
con Lestat. Deseaba sentirme amada por alguien más que Michael, al
cual no le podía dar hijos. Él siempre quiso hijos. Si bien me di
cuenta esa noche que lo único que le interesaba en esos momentos era
mi felicidad. Me sentí estúpida y poco a poco he olvidado muchas
cosas. Sólo me he permitido quedarme con el amor intenso de Michael.
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