Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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martes, 22 de julio de 2008

En la Densidad de la Maldad


From the norm deviantart

Recuerdo que esta novela está bajo DC y LCC
cuidado, si encuentro esta novela plagiada os denunciaré ^^


Soul Society - Kamelot

Prologo.

Camino por una de las perturbadas calles de Londres. Son perturbadas porque el traqueteo matutino de cientos de pies desgastan la calzada. Los cláxones suenan y resuenan en cada uno de los putrefactos cuerpos que ven un nuevo día. Cada esquina está cuadrada al milímetro, al igual que el horario de muchos y eso llega a ser aburrido. Desde aquí puedo ver el emblema de la ciudad y en este momento resuena. Mis pasos son acallados por todo este enjambre de abejas, todas trabajando para la “reina”. La reina es aquí lo que podríamos llamar dinero. Las prisas nos juegan malas pasadas y siempre para alcanzar más poder o arañar unos centavos más. Ese es el dilema del hombre, su felicidad es la avaricia y esta suele romper el saco. Odio al ser humano, exceptuando algunos, los cuales puedo llegar a amar profundamente.

Me llamo William Landon. ¿Suena bien? Yo opino que suena francamente bien. Soy el heredero de una de las fábricas que sustentan la industria de la alimentación en este país. Se montó en plena revolución industrial y ha sido siempre la líder del mercado de pastas para el té y demás tentempiés. Pero no es el único negocio que obtuve tras la muerte, de madre y padre, sino también acciones de bolsa y varios pequeños negocios en el centro de neurálgico de Inglaterra. Para mi administrador soy su peor pesadilla. Puesto que no vivo la vida, sino que estudio para llevar yo los negocios sin que él tenga meter sus sucias garras en ellos. Hace tres años que me quedé huérfano, a mis diecinueve, y desde entonces estoy solo. No tenía más familiares, pero no se compadezca, yo no lo haría. Estudio empresariales, después querré obtener la carrera de derecho y quizás luego sociología. No lo sé, tan sólo quiero alcanzar la cima de la sabiduría. Para entender al hombre hay que entender sus empresas, sus leyes y su forma de actuar. Con ello puedes poseer a todos.

En estos momentos estoy mirando el reloj, ¿pueden imaginárselo?. Seguramente no. No he dicho ni mi aspecto físico, ni las prendas que uso y probablemente tampoco pueden averiguar cómo es mi reloj. No soy el típico rubio, de ojos azules y piel clara. Soy castaño, la piel sí es clara y los ojos son verdes. Llevo vaqueros como cualquier adolescente, de esos que se llevan ahora algo caídos y desgastados. Mis zapatos son deportivas, unas simples porque siempre odié las marcas. Lo demás es una camiseta oscura y una sudadera negra. No llevo nada más. El reloj es el Big Ben, ese que ven en tantas repetidas y aburridas postalitas. Sí, lo miro porque llego tarde a una cita. Este es el final de un nuevo principio. Ahora deje que les transporte al pasado, no a hace tres años, sino a hace prácticamente un año.

Bienvenidos, les espera unas cuantas horas de lectura. Póngase cómodos, les hará falta.


viernes, 18 de abril de 2008

Pinceladas



Esta representación de éxito y perfección es obra de Feimo. En los rasgos de este caballero, más bien arrogante hombre de negocios, han sido cruciales para la siguiente obra que os voy a mostrar.



Más de una vez he caído en la cuenta de que existo tan sólo por inercia. No hay nada que me diga levántate de la cama, desayuna, aséate y ve al trabajo; nada excepto seguir viviendo. Estoy harto de vivir por vivir, sin embargo sigo haciéndolo. Apenas tengo vida social, no me agrada conversar con otros seres humanos que no sea con mi conciencia. Odio mostrarme agradable cuando tengo un día desapacible. En realidad, creo que odio, todo incluso mi propio reflejo. No sé porqué escribo estas líneas, no hay nadie a quien yo le importe y mucho menos que yo le resulte agradable. Tengo un aspecto demasiado severo, soy de esos que llevan las penas por dentro y en la empresa me expreso como un tiburón dentro de una pequeña pecera. Para muchos soy alguien imposible de alcanzar. Soy frío, paciente y según ellos con demasiado mano dura. Tal vez por ello cada vez me siento más solo, la soledad me lleva a estar deprimido, la depresión acaba dándote una existencia vacía.

Me he comprado una libreta forrada en imitación al cuero, su contenido estaba vacío hasta ahora. Son unos ochenta folios blancos, bien encuadernados y esperando a que alguien interesante anote cosas en ellos. La mujer de la tienda dijo que era una gran elección, que muchos novelistas se hacían con él y que seguramente saldrían buenas historias de mis manos. No entiendo como las personas pueden estar tan erradas. Yo nunca he sabido escribir, aunque dicen que en nuestra alma siempre anida ese gen de querer expresar lo que sentimos. Lo que sea, voy a convertir este objeto sumamente útil en algo que podría tirarse a la trituradora.

Voy a empezar a hablar de mí, voy a ser egocéntrico una vez más. Creo que toda historia merece tener un protagonista. Esta será la historia de mi vida, mí día a día con anotaciones del pasado. Sé que nadie lo va a leer, no me gustaría que me vieran débil y que mi apariencia fuerte, además de decidida, se vea mermada por sentimentalismos extraños.

Me llamo Román, significa romano o perteneciente a Roma. Según mi nombre debería ser gentil, pero cuando un hombre sobrepasa los treinta años sin nadie con que sentirse unido se agria. Sí, se agria. No importa que no sea pareja, es que no tengo ni un amigo que me agrade y me haga sentirme perteneciente a algo. Tan sólo soy un alto cargo, eso sí lo dice el rango personal de mi nombre. Según dicen los Román no son simplemente gentiles, sino emprendedores y con ideas inusuales. A pesar de mi poco contacto humano me informo de las tendencias, de los gustos de las personas y soy un gran observador. No por nada soy el director creativo de una de las pocas empresas de publicidad de este pueblo.

Bien me he definido por mi nombre, he dado algunos datos y creo que a modo de presentación todo está sellado. Sólo quedan unos datos y se harán una idea física mía. Soy lo que se puede decir atractivo. Siento ser así, pecar de una inflada autoestima en este campo, pero es la pura realidad. Mis ojos son azules, bastante contundentes y seductores. Mis rasgos son algo asiáticos, tengo orígenes japoneses y mi padre fue uno de los primeros inmigrantes a esta tierra llamada España. Mi madre era de Suecia y por ello tengo la piel clara, una tez suave y unos labios algo perfilados junto a un mentón perfecto. Mi abuelo materno era bastante alto, tengo su constitución, mientras que mi abuelo paterno era un luchador y su espíritu junto con sus historias me hizo convertirme en alguien con ideas novedosas. Siempre visto de traje chaqueta, impecable, y con una corbata bien anudada. Si bien se puede ver tras la ropa algunos de mis músculos, son años de esfuerzos en el gimnasio. Mis cabellos están bien cortados, aunque tengo un flequillo que roza levemente mis cejas perfectas, todas las mujeres piensan que las perfilo pero no es así. Lo único que lamento es una pequeña cicatriz de adolescencia bajo mi ojo izquierdo, sobre el pómulo.

Creo que todo quedó cerrado y podemos dar como punto y final estas últimas líneas. Intentaré dejar mis memorias, frustraciones, deseos, añoranzas y pesares. Aunque sé que nadie leerá esto, sé que me hará bien.


lunes, 14 de abril de 2008

No puede ser II


A_Dark_Angels_Wing_by_darksidegoddess
Esta me gusta más que la anterior, es un guitarra muy conocido y el cual admiro
a ver si sabéis quien es...se aceptan apuestas.






Un golpeteo me despertó de mis cavilaciones y borró la respuesta que tenía preparada. Era un muchacho, de unos dieciocho años y calado hasta los huesos. Le dejamos entrar por piedad y temblando conectamos la calefacción.

-Gracias.-dijo castañeando con su melena empapada sobre el rostro.-Creía que no lo contaba.

Al entrar había encharcado el coche, llegaba el agua por encima de las rodillas y eso era mucho.

-Gracias.-volvió a decir en un susurro, echó su cabeza hacia atrás y me miró de reojo.

-De nada chico, por cierto no te voy a cobrar vampiro.-comentó el taxista con una sonrisa en sus labios.-No puedo llevarte donde pedías y apenas podemos movernos.-volvió a colocarse el cigarrillo en la boca y me miró de reojo.

Los tres estábamos sentados en los asientos traseros, a lo lejos se podían escuchar los bomberos y las ambulancias junto con los truenos más virulentos. El sonido de los brazos de los árboles centenarios, algunos, se movían violentamente mientras el granizo abollaba la chapa del vehículo.

-El chicle está inundado.-dijo el muchacho haciendo un inciso.-No dudaría que todo Jerez.-su mirada parecía perdida, en sus propios pensamientos y en lo que sucedía.

-Yo tampoco.-respondí y observé como en un acto reflejo el conductor encendía el pitillo. No le dije nada, había sido bastante amable y no iba a cohibirle darse ese capricho.

Los cláxones sonaban como gritos de socorro, pedían que los rescataran los bomberos que a lo lejos comenzaban a desalojar vehículos.

“Radio taxi informa: A todos nuestros conductores, repito a todos nuestros conductores, márchense de los taxis y permanezcan en las azoteas de los vecinos de Jerez que quieran ayudarles. Se informa que el pantano de la pedanía de Guadalcacín acaba de desbordarse y que en Jerez se están levantando estrepitosamente las alcantarillas. Por primera vez sobra el agua en la ciudad, por primera vez os pedimos, más bien rogamos, que no salgan a ningún aviso y evacuen los vehículos.”

En aproximadamente veinte minutos lograron rescatarnos del vehículo. Mi traje se empapó por completo, el muchacho gritaba clamando que le dejaran volver por sus apuntes y el taxista simplemente lloriqueaba por su taxi. La verdad sea dicha, todos perdimos algo. Nos dejaron en una azotea cercana, junto a otros conductores, pasada la lluvia resguardados bajo paraguas, pudimos bajar. El taxi estaba embarrado, el motor destrozado pero al menos el hombre tenía seguro. Los libros y apuntes del joven estaban destrozados. Entonces me acordé de mi maletín, con mis diplomas y mis cartas de referencia. Allí estaba mi vida entera, mi vida perdida para siempre.

Así comenzó todo, con la perdida de algo especial para cada uno de nosotros. En una cafetería cercana conversamos hasta bien llegada la tarde. Se nos había cortado el apetito con aquel mal despertar y aprendimos un poco de la vida de cada uno. Una amistad duradera que tras cinco años sigue en pie. Esto se llama casualidades de la vida, oportunidades que de una desgracia se puede sacar. Hubo un muerto por ahogamiento, varios heridos y personas que perdieron bienes cuantiosos. La sucursal perdió ordenadores, el sistema de seguridad se volvió loco y el dinero que no estaba en las cajas de seguridad se mojaron. Nosotros se puede decir que fuimos unos afortunados.

Texto perteneciente a “Crónicas extrañas”

viernes, 11 de abril de 2008

No puede ser






Dejaré a un lado rifirafes estúpidos con personas que creen tener la mente abierta, cuando la tienen cerrada.

Este texto comienza con un poema de Benedetti:




No puede ser.
Esta ciudad es de mentira.
No puede ser que las palmeras se doblen
a acariciar la crin de los caballos
y los ojos de las putas sean tiernos
como los de una Venus de Lucas Cranach
no puede ser que el viento levante las polleras
y que todas las piernas sean lindas
y que los consejales vayan en bicicleta
del otoño al verano y viceversa.

No puede ser.
Esta ciudad es de mentira.
No puede ser que nadie sienta rubor de mi pereza
y los suspiros me entusiasmen tanto como los hurras
y pueda escupir con inocencia y alegría
no ya en el retrato sino en un señor
no puede ser que cada azotea con antenas
encuentre al fin su rayo justiciero y puntual
y los suicidas miren el abismo y se arrojen
como desde un recuerdo a una piscina.

No puede ser.
Esta ciudad es de mentira.
No puede ser que las brujas sonrían a quemarropa
y que mi insomnio cruja como un hueso
y el subjefe y el jefe de policía lloren
como un sauce y un cocodrilo respectivamente
no puede ser que yo esté corrigiendo las pruebas
de mi propio elogiosísimo obituario
y la ambulancia avance sin hacerse notar
y las campanas suenen sólo como campanas.

No puede ser.
Esta ciudad es de mentira.
O es de verdad
y entonces
está bien
que me encierren.

(Benedetti)

Esta ciudad es de mentira, una fantasía de cuento de hadas, que se hace presente en cada esquina. Las mujeres de mala vida, las putas, te sonríen entregándote el tesoro que llevan entre las piernas, como si nada. Esta ciudad es falsa, una hipocresía cierta que te daña el alma y golpea el cerebro con sus falsas alarmas.

Esta ciudad son mentiras, es una mentira tras otra y no hay nadie en ella que te ponga certeza en la boca.

Es el Apocalipsis y el paraíso, la puerta del cielo que da al infierno con llamaradas de hielo. Los toxicómanos piden limosna y roban los bolsos de las señoras, mientras los niños ya no son niños, son adultos que juegan a parecer inocentes. La muerte, la vida y la guerra más contundentes azotan la ciudad del mañana hoy. Apología al terrorismo de la crueldad del mal amar.

En esa ciudad donde tú y yo nos conocimos, nos dijimos te quiero no te alejes de mi jamás. En esa ciudad traicionera como una jugada de dados trucados, en esa…aún te sigo recordando, aún sigo sintiéndote a mi lado y sigo contando casillas como si fuera una ficha de un parchis inacabado. Aquí, en la ciudad, te sigo esperando.

Te quería y tú decías hacerlo

Te adoraba, me dabas la mano y mentías

Mentías como tantas veces mientras reías

Me mentías y yo sin saberlo

¡Falacias extrañas en una ciudad huraña!

Así comenzó

Así comenzó todo, una mañana de Abril pluviosa que inundaba las calles cortando el tráfico. La ciudad se quedó a oscuras a eso de las siete y media, cuando las hormigas de este laberinto de hormigón caminábamos hacia nuestros trabajos. Gota tras gota el alcantarillado estallaba, las tapas de algunos lugares saltaban quedando a la vista las entrañas de la urbe. Los automóviles no se movían, era una hilera de chatarra inútil con los motores embarrados, mientras los cláxones aullaban. Me movía inquieto en el taxi, lo había pedido hacía minutos y llegaba tarde a la entrevista. Mi traje de chaqueta se arrugaba mientras desanudaba la corbata. Miraba el reloj una y otra vez, el taxista tan sólo me escrutaba por el retrovisor.

-Mal día amigo.-comentó girándose un instante.

-Se suponía que iba a ser el inicio de una nueva vida y comienza con este tiempo.-gruñí enfadado, llegaría tarde y eso me torturaba.

-Pues la calle Cristina esta inundada según me ha dicho un compañero por radio.-aquello me derrumbó. Dios santo estaba vestido con mi traje nuevo, mis zapatos nuevos, mi cabello recién cortado y mi pequeño maletín con todos los soportes necesarios para la entrevista. Había preparado originales y fotocopias de documentos que aportaban fe sobre mi experiencia, estudios y también sobre mi creatividad en otros campos.

-¿Qué? Voy a una entrevista en una de las sucursales bancarias, no puede hacerme esto mi mala estrella.-comencé a marcar nervioso el teléfono de la entidad, daba el primer tono y maldecía más allá de las nubes.

-Amigo, por eso la llaman mala estrella.-comentó con una sonrisa irónica, de esas que al mal tiempo buena cara, pero yo lo tomé como un gesto descortés.

“Buenos días, le habla el contestador de servios al cliente de CajaSol. No olvide ser conciso en su mensaje, nosotros le contestaremos lo antes posible. Pero puede elegir entre las siguientes opciones. Opción…”

-¡Maldito contestador!-grité apagando el teléfono, observando como la batería se agotaba y pitaba cerrándose por completo.

-Creo que nos vamos a quedar un buen rato aquí atrapados.-empezaron a caer granizos de todas partes y la ciudad despareció.-Me llamo Joaquín.-dijo volviéndose para estrechar su mano con la mía.

-Ángel.-respondí estirando mi brazo para corresponderle el apretón de manos.

-¿Eres un chupa tintas?-preguntó desabrochándose el cinturón, para hacer una maniobra complicada hacia atrás. Se sentó a mi lado, el coche era amplio, pero ese hombre debía ser contorsionista.

-¿Qué?-dije interrogante. Estaba asombrado por su maestría.

-Que si es un empresario, un banquero o algo así.-comentó apoyándose en el asiento. Un relámpago iluminó el cielo, parecía que Zeus volvía desde la antigüedad a hacer que brillara todo de forma fantasmagórica.

-Soy un desempleado, acabo de terminar los estudios y me dirigía a la oficina de CajaSol, está en Cristina.-Respondí con el corazón en un puño, tenía pavor a lo que sucedía. Las personas corrían por la calle, podía escucharlos, los coches y todo había quedado inútil.

-Vaya, un joven vampiro.-echó una carcajada con la última palabra.

-¿Cómo dice?-pregunté desconcertado, no había captado el chiste de todo aquello.

-Así llamaba un viejo amigo a los que son como tú, chupaban la vida de las personas con los intereses.-chasqueó los dedos y sacó de entre su ropa un cigarrillo.-¿Puedo?-preguntó colocándoselo en los labios.

-No, no quiero oler a tabaco en la entrevista.-respondí y él automáticamente lo escondió en la cajetilla.

-Tranquilo, hoy no la tendrá. Estamos a oscuras, que demonios, estamos en medio del diluvio universal.-tenía razón, indudablemente tenía razón.

Un golpeteo me despertó de mis cavilaciones y borró la respuesta que tenía preparada. Era un muchacho, de unos dieciocho años y calado hasta los huesos. Le dejamos entrar por piedad y temblando conectamos la calefacción.

-Gracias.-dijo castañeando con su melena empapada sobre el rostro.-Creía que no lo contaba.

Al entrar había encharcado el coche, llegaba el agua por encima de las rodillas y eso era mucho.



-> CONTINUARÁ

Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt