Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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jueves, 25 de mayo de 2017

Recuerdo, recuerdo

Poema de Julien

Lestat de Lioncourt

Recuerdo tus piernas largas,
tus ojos de felino agreste,
el olor de tu fragancia
y el carmín de tu boca.

Recuerdo que me amabas
de forma pura y fuerte...
Así del arrebato y la elegancia
que eran olas del mar contra las rocas.

Recuerdo tu pasión, tu amor.
Recuerdo tu belleza, tu rencor.
Recuerdo tantas cosas, amor mío.
Como recuerdo tu calor
en este horrible invierno tan frío.

Recuerdo el sonido de tus tacones,
las medias de red y los encajes.
También lo hermoso que te veías
de fémina cuando eras hombre.

Recuerdo que tenías tus decisiones
revueltas en tu alma y su equipaje.
Así como de tus tonterías y las mías
cuando decíamos nuestros nombres.



viernes, 3 de octubre de 2014

Mi amistad y apoyo lo tienes, aunque tarde

Sólo diré "No lo sé. Si en algún momento necesito hablar... tal vez." 

Lestat de Lioncourt 


Podría llenar miles de páginas con todos los reproches que te mereces. Quizás algún día lo haga. Por ahora permite que me sienta a tu lado, te contemple una vez más y te diga que estás equivocado. Sé que no me debes una disculpa, creo que yo tampoco. El tiempo nos separó y terminó matándonos. Sin embargo, el odio que te tengo no supera al amor que aún te ofrezco. He tenido mil veces mis manos hacia ti, pero también las he ocultado cuando más me necesitabas. Reconozco que no he sido el mejor compañero de viaje. Soy de esos que cuando ven el peligro huyen. Tal vez algún día perdones todos los malos ratos que hemos vivido, del mismo modo que has sabido perdonar que no te abrace hoy.

Es inútil hablar contigo. Tus ojos apuntan hacia el altar como si pidieras un milagro. Tienes las manos juntas, la mandíbula apretada y las lágrimas a punto de salir. Sé que miras las velas encendidas en nombre del amor, el dolor, la enfermedad y la tragedia que puede aniquilar tantas almas como ofrecerles un pobre consuelo. Nadie bajará de ese altar, pero tú tampoco subirás hasta él.

Te queda bien ese traje blanco. Creo que nunca te lo he dicho. Tienes un aspecto algo descuidado con ese pelo alborotado y libre, como la melena de un león, pero vistes impecable para venir a ver a tu santos. No sé si estás rezando o sólo preguntándote a ti mismo sobre la vida, la muerte y nuestra eternidad. Desconozco si la has vuelto a ver. Yo sueño con ella a diario. Sigo abarcando su pequeño rostro con mis manos y mirándola con el mismo amor que el primer día. Ella nos unió y separó, pero siempre regresamos al mismo punto donde discutimos. No soy el mejor, tampoco quien tiene que echarte en cara todo. Sólo quiero que sepas que pese a todo podrás encontrarme si lo deseas, para desahogarte de tus responsabilidades con una última pelea.

Todos te están esperando. Desean grandes logros del Príncipe de los Vampiros. Espero que no los defraudes. Tu espíritu de lucha sigue intacto, pues lo he visto. Por favor, si lees esta carta contéstala. Aunque sólo sea con una carcajada tirándola a la basura.


Nos veremos pronto.  

miércoles, 10 de septiembre de 2014

El recuerdo que más amo.

Otro recuerdo de Louis. Acepto que este me hizo llorar. 

Lestat de Lioncourt 


Si tuviera el poder de controlar el tiempo y detener las frágiles manecillas del reloj, para girarlas lentamente hacia atrás y elegir un lugar determinado en una fecha exacta, elegiría el primer día de nuestras vidas. Aquella noche trágica y dolorosa. El segundo en el cual ella me rodeó con sus brazos y sentí su cuerpo cambiar mientras sollozaba. Él hizo un acto horrible. Era una abominación. Pero soy consciente que incluso yo me sentí conmovido por ver que recobraba su belleza. Sus hermosos cabellos rizados parecían aún más dorados, sus ojos eran profundos océanos y por su pequeña boca, carnosa y rosada como los carnosos pétalos de una rosa, pedía más y más.

—¿Cómo has podido hacerle algo así?—pregunté, notando como sus pequeños dedos jugaban con algunos mechones de mi cabello negro—¡Lestat!

—Sólo hice una compañía más adecuada para ti—explicó sentándose en uno de los sillones de brazos de la habitación. Parecía algo cansado. La pequeña había bebido bastante de él. Aún se tapaba el brazo aunque ya no había corte alguno—. Ahora tienes una hija, felicidades. ¿Fue duro el parto?

—Miserable—mascullé.

—¿Por qué miserable?—frunció sus doradas cejas y me miró confuso—. Iba a morir—dijo estirando su brazo derecho hacia nosotros—. ¿Qué querías que hiciera? ¿Ser bondadoso y dejarla en esa putrefacta cama en el hospital?—ella parecía frágil en mis brazos, pero no dejaba de apreciar que era una monstruosidad lo que habíamos hecho. Un pecado. Jugábamos a ser Dios. Él hablaba del dolor de la pequeña, pero no veía lo terrible que era cambiar su destino de esa forma—. Le he dado algo mucho mejor que medicinas para calmar su dolor.

—¿Y mi madre?—su tierna voz me enloqueció. Quería estrecharla contra mí hasta que ese monstruo se apartara de nosotros. Lestat sonreía maliciosamente, prácticamente saltaba y bailaba, porque todo había salido como deseaba.

—Louis es tu madre—dijo tras una risilla.

—Pero yo tengo una mamá y un papá—respondió apartándose de mí unos centímetros.

—Cherie, ahora nosotros somos tus padres—contestó abriendo sus brazos mientras se echaba hacia atrás, recostándose en el sillón.

—Tú sólo eres un monstruo—dije frunciendo el ceño.

—Gracias, gracias, gracias...—decía maravillado haciendo una reverencia sin moverse del sitio— ¿alguna queja más, Louis? Dime, estoy esperando a que te quejes de nuevo.

—¿Y mis padres?—murmuró a punto de romper a llorar, cosa que me rompió el corazón. Se apartó de mí y se acercó a él. Se refugiaba ahora en sus brazos que la rodeaban de forma fraternal. Quería matarlo.

Viéndolos juntos parecían padre e hija. Dos seres similares en belleza. Ella lo miraba con fascinación, como se mira a un padre, y él tenía una chispa de ternura y amor que no entendía. ¿La amaba? Creo que sí. La amó tanto como yo. Nada más verla deseó amarla eternamente. Sin embargo, eso no evitaba que fuese terrible.

—En el cielo, cherie—susurró alzando su mano derecha hacia el techo—. Todos van al cielo.

—¿Con los ángeles?—preguntó con una ligera sonrisa que me terminó aniquilando.

—Oui—dijo inclinándose, para besar su frente.

—Quiero más—dijo inquieta.

—Tendrás más—le aseguró.

Y aunque fue terrible para mí, a pesar de todo, iría a ese momento para abrazarla y besarla. Era inocente. Una niña eterna e inocente. Una pequeña muñeca a la cual vestir, peinar y adorar. Una niña con la cual jugar a ser padres. Tal vez jugamos demasiado. Quizás tuvimos una vaga esperanza que nos torturaría para siempre.


Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt