Autor: Avicus
El Jardín Salvaje
Lucha
El calor despiadado de la batalla,
las heridas son múltiples y profundas
las almas van buscando la victoria
con la potente voz del tambor
y los hombres al fin se creen dioses.
La hora, el tiempo de las bestias,
la compasión quedará perdida.
El eco de la voz de los ancianos,
el estandarte tejido con nuestra sangre
y los escudos de madera y metal
resplandeciendo bajo el sol.
Mírate y mírame una vez más,
somos dos colosos rugiendo
para romper el silencio de las piedras,
el murmullo de los ríos y lagos
y el mecer de las ramas de los robles.
Somos ofrendas a los Dioses de los
valles,
los mismos que gobiernan cielo, tierra
y agua.
Pisa con fuerza el fango de la derrota
e intenta enterrar a tus muertos antes
del anochecer.
Llora por aquellos que amabas y te
amaron,
esos que jamás volverás a ver en pie.
Grita con furia, no olvides la furia.
Tú eres un guerrero, jamás pierdas el
coraje.
Levántate, puedes seguir luchando.
¡Mírate los cayos de las manos!
La espada sigue en tu poder, así que
lucha.
La victoria es nuestra ¿pero existe
esa dama?
Cánticos, ofrendas, poemas y emblemas.
Alza tus armas, grita por la libertad
y ahuyenta a tus miedos y tus enemigos.
Antes de morir, si lo haces al fin,
piensa en ellos.
El poblado, las mujeres que has
amado...
Cuando llegue tu hora que sea peleando.
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